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Los pioneros de la astronomía mexicana

Rogelio Jiménez Marce
Universidad Iberoamericana-Puebla

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm.  21.

Escasos de recursos económicos y de instrumentos técnicos, un grupo de astrónomos mexicanos brillaron en diciembre de 1874, en Japón, durante una observación de Venus que permitiría calcular la distancia entre el sol y la tierra. Demostraron que los científicos locales podían estar a la altura de sus pares en las naciones más avanzadas

El 5 de junio de 2012 se observó en territorio nacional el tránsito de Venus por el Sol. Este fenómeno astronómico, que ocurre cada 113 años y se puede observar en dos ocasiones con una diferencia de ocho años –el tránsito anterior sucedió en el 2004–, se considera en nuestros días como un acontecimiento espectacular, si bien carece de la importancia que se le dio en el pasado.

Observatorio de Francisco DAi??az Covarrubias, Viaje de la ComisiA?n AstronA?mica Mexicana al JapA?n para observar el trA?nsito del planeta Venus por el disco del sol el 8 de diciembre de 1874, por Francisco DAi??az Covarrubias, MAi??xico, C. Ramiro y Ponce de LeA?n, 1876

Observatorio de Francisco Díaz Covarrubias, Viaje de la Comisión Astronómica Mexicana al Japón para observar el tránsito del planeta Venus por el disco del sol el 8 de diciembre de 1874, por Francisco Díaz Covarrubias, México, C. Ramiro y Ponce de León, 1876

Los astrónomos antiguos consideraban que la contemplación de ese paso permitiría determinar la paralaje, esto es, la medida de la distancia que parece recorrer un cuerpo celeste en relación con los objetos que están detrás de él. Uno de los primeros intentos de especificarla fue hecho por el astrónomo inglés Edmund Halley, quien en 1716 presentó ante la Royal Society de Londres el trabajo titulado Un nuevo método para determinar la paralaje del sol, o su distancia desde la tierra.

Allí planteaba que para conocer la distancia entre la tierra y el sol, se requería hacer dos observaciones, a fin de obtener la paralaje con base en las diferencias del tiempo de tránsito y la exacta posición de los lugares desde donde las mismas se llevaron a cabo. Y como los tránsitos siguientes ocurrirían el 6 de junio de 1761 y el 3 de junio de 1769, dejó instrucciones precisas de los lugares en donde se deberían llevar a cabo las mediciones.

A partir de sus ideas, el mundo científico se preparó para presenciar el evento cósmico. El astrónomo francés Joseph Jerôme Le Français de Lalande preparó un mapa en el que mostraba los lugares del globo en el que éste se advertiría.

ImA?genes de las expediciones de 1874 y 1882. Publicado en MAINREVIEW

Imágenes de las expediciones de 1874 y 1882. Publicado en MAINREVIEW

La observación de 1761 movilizó a 120 observadores que se repartieron en 62 estaciones. Sin embargo, y a pesar de los buenos oficios de los astrónomos, la contemplación no fue del todo satisfactoria. El segundo tránsito reunió a 151 observadores, de los cuales 80 eran ingleses, 32 franceses, 15 suecos, trece rusos, siete españoles y cuatro alemanes. Los científicos se instalaron en 77 estaciones y una de ellas, integrada por los españoles Salvador de Medina y Vicente Doz, y el francés Chappe D’Auteroche, se estableció en la península de Baja California en Nueva España.

Los españoles calcularon que la distancia del sol a la tierra era de 98 480 020 millas, en tanto que el francés la determinó en 96 162 840 millas. Ahora bien, como estas observaciones y las de 1761 proporcionaron datos dispares, los astrónomos confiaron en obtener mejores cálculos en los tánsitos del 9 de diciembre de 1874 y el 6 de diciembre de 1882, y en que con los avances de la fotografía y el desarrollo de aparatos como el heliómetro y el espectroscopio, pudiera determinarse el valor de la paralaje con un margen de error mínimo.

Diversos países enviaron comisiones para el primer tránsito: Rusia preparó 25, Estados Unidos ocho, Inglaterra y Francia seis, Alemania cinco e Italia una. Para sorpresa de propios y extraños, México, un país carente de tradición científica, mandó a la Comisión Astronómica Mexicana, expedición dirigida por el astrónomo Francisco Díaz Covarrubias. A diferencia de otras naciones, los mexicanos contaron con poco tiempo y dinero para llevarla a cabo.

Venus collage 10 trA?nsito de Venus. Col. RamA?n Aureliano AlarcA?n

Venus collage 10 tránsito de Venus. Col. Ramón Aureliano Alarcón

Primeros pasos

Los estudios astronómicos en el México independiente estaban circunscritos, en su mayor parte, al ámbito privado. Por iniciativa de Benito Juárez y con la asesoría de Díaz Covarrubias, en enero de 1863 se estableció el primer observatorio oficial en Chapultepec, pero dejó de funcionar el 31 de mayo del mismo año debido a la ocupación de la ciudad de México por las tropas francesas. Después de la victoria sobre el segundo imperio, el gobierno de Juárez pidió al mismo Díaz Covarrubias que evaluara la situación en la que esa institución había quedado. El informe fue deprimente, decía que la mayoría de los instrumentos se habían estropeado por la falta de uso.

La situación económica y política del país impidieron que el observatorio se reinstalara. Sin embargo, en 1870, cuando los medios científicos internacionales comenzaron a discutir sobre el mejor lugar para observar el tránsito de Venus por el disco solar, el debate encontró eco entre los científicos mexicanos, que al año siguiente plantearon la posibilidad de enviar una expedición. El interés de constituirla aumentó en 1872, a raíz de un artículo que Francisco Jiménez publicó en el Boletín de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística. Un año después, se instó de manera informal en el seno de la Cámara de Diputados a preparar una comisión nacional para observar el fenómeno, pero la propuesta fue descartada por considerarse que aún faltaba mucho tiempo.

Para saber más

  • ARGUETA ACEVEDO, José, “Introducción”, en Viaje de la Comisión Astronómica Mexicana al Japón, Francisco Díaz Covarrubias, edición facsimilar, México, Senado de la República, Mesa Directiva LX Legislatura, 2008, pp. 7-24.
  • BIRO, Susana, “La fundación del Observatorio Astronómico Nacional en México”, México, UNAM, 2010, http://xurl.es/v9d3c
  • DIEGO, Hugo. “Itinerario astronómico. Científicos mexicanos en Japón”, en Elementos, México, BUAP, enero-marzo del 2006, pp. 3-7,Ai?? HYPERLINK “http://bit.ly/12qXpkQ” http://bit.ly/12qXpkQ
  • GALINDO TREJO, Jesús, “Mayapán y el tránsito de Venus de 2012″, Arqueología Mexicana, México, Ríces, 2012, pp. 43-45. HYPERLINK “http://bit.ly/1d6pQKJ” http://bit.ly/1d6pQKJ
  • SMOOT, GEORGE F., DE LA MACORRA. AXEL y CERVANTES COTA, JORGE L. “Los misterios del Universo”, en Ciencia. Revista de la Academia Mexicana de Ciencias, México, Academia Mexicana de Ciencias, 2012, pp. 85-92. HYPERLINK “http://bit.ly/17LPvm2″ http://bit.ly/17LPvm2

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TESTIMONIO DE UN JAPONÉS RADICADO EN MÉXICO DURANTE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL / TEIJI SEKIGUCHI

Teiji Sekiguchi

Testimonio de un japonés radicado en México durante la Segunda Guerra Mundial

 

Cuando el presidente Manuel Ávila Camacho supo, en el curso del día 7 de diciembre de 1941, que aviones del Imperio japonés habían a atacado a las 7.55 a.m. la la flota de Estados Unidos anclada en Pearl Harbor y, posiblemente, bombardeado Manila, no debió dudar sobre el camino que iba a seguir. Le obligaban los pactos de cooperación hemisférica y de defensa de la costa del Pacífico firmados meses antes con el gobierno de Estados Unidos y que facultaban a la fuerza aérea de este país a servirse de nuestros aeropuertos para el aterrizaje y el servicio de las unidades en tránsito a otros puntos, a transmitir a Washington los datos que se recabaran sobre los agentes y ciudadanos del Eje Berlín-Roma-Tokio y a no vender materiales estratégicos a países no americanos.

Para calmar el temor del vecino del norte a que Japón empleara territorio mexicano para atacarlo, directamente o a través de sus súbditos, para asegurar la paz interna mediante la vigilancia de una !quinta columna” y para cumplir con los acuerdos panamericanos, a administración de Ávila Camacho condenó el proceder de Japón, con el cual de inmediato rompió relaciones. Poco después tomó medidas que afectaron severamente la vida y los bienes de los inmigrantes japoneses. Ordenó a los que residían en el norte y en las costas del país que se concentraran en Celaya, Guadalajara y el Distrito Federal, embargó sus propiedades, congeló sus cuentas bancarias y suspendió sus garantías individuales. Dejó de otorgarles cartas de naturalización y revocó las otorgadas los dos años anteriores. Hizo todo esto antes aun de que declarara la guerra a las potencias del Eje el 22 de mayo de 1942.

¿Cuántas personas padecieron estas medidas? Sin restar el dolor, las pérdidas y las penas que sufrieron, se calcula que fueron unos 6,000. Y es que la colonia nipona, surgida a fines del siglo XIX, era pequeña, humilde y dispersa. A partir de la firma del Tratado de Comercio y Navegación con el Imperio Japonés en 1924, México pudo regular y medir el número de entradas al país, ya que se requirió a quienes llegaran con intención de quedarse que tuvieran la invitación de un connacional aquí radicado. Así, entre los 2,183 japoneses que se contaron hasta 1932 se hallaba Teiji Sekiguchi, autor del testimonio que, gracias a la generosidad de sus hijos, Concepción y Jorge, reproducimos enseguida, y que se publicó por primera vez en su país de origen en 1993. Nos relata en él sus primeros años en la que acabó por ser su segunda patria y moriría. Años en los que con trabajo y empeño inició un sólido negocio de ferretería, vinculado siempre en forma estrecha a sus compatriotas. Nos relata también los tiempos difíciles que vivieron los nikkei (inmigrantes de origen japonés y sus descendientes) en vísperas y durante la segunda guerra mundial. Tiempos difíciles en los que, como si fuera poco, hubieron sin duda de sobrevivir en una sociedad tradicional y católica, en parte discriminadora y racista, como era y es aún la sociedad mexicana.

A pesar su número escaso, los nikkei se organizaron y ayudaron uno a otro ante el impacto de sucesos lejanos, de los que no eran responsables, pero que no los dejaron escapar. Se formó el Comité de Ayuda Mutua Kyoeikai, dirigido por tres de los más reconocidos por su alcance político y económico, el cual albergó en el edificio que rentó en la colonia Santa María la Ribera a quienes habían sido reubicados y comenzaban a presentarse en la capital, luego de malbaratar sus bienes y deshacer sus hogares en unos cuantos días. Vistos como “prisioneros de guerra” y sin dinero hasta para comer, su traslado se realizó, muchas veces, en condiciones infrahumanas.

A quienes llegaron con algún recurso, se les permitió instalarse en departamentos o casas de renta módica, por lo general situados en barrios pobres como eran entonces la colonia Obrera y la Jardín Balbuena. La mayoría llegó al edificio de la Santa María, que pronto se volvió insuficiente. El Sr. Sanshiro Matsumoto, dueño de un importante negocio de jardinería y floricultura, puso entonces a su disposición la Hacienda Batán, de su propiedad, cerca del pueblo de San Jerónimo dice, al sur de la ciudad de México.

Sin embargo, la Hacienda Batán llegó también al límite y con rapidez; así, un informe de la secretaría de Gobernación da cuenta a mediados de 1942 de que era habitada por 569 personas, que dormían sobre colchones y sin otra cosa que comer que lo que les podían llevar sus connacionales más afortunados. El Comité de Ayuda Mutua propuso entonces la compra de una propiedad rural, para lo que primero hubo de obtenerse el permiso gubernamental. Lo facilitó la amistad de Matsumoto y Maximino Ávila Camacho, hermano del presidente y poderoso secretario de Comunicaciones y Obras Públicas.

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