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La guerra contra el narcotráfico (2006-2012)

Jacques Coste Cacho
Instituto Mora

Revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 51.

Un análisis de la estrategia contra el crimen organizado en el gobierno de Felipe Calderón a partir de la violencia generalizada, el apoyo de Estados Unidos, su impacto mediático, el papel de las fuerzas armadas, la detención de criminales de alto rango y la dispersión de los grandes cárteles.

TEMAMATLA, ESTADO DE MEXICO., 19 DE FEBRERO DEL 2012. EL PRESIDENTE DE LOS ESTADOS UNIDOS MEXICANOS, LIC. FELIPE CALDERON HINOJOSA, DURANTE EL 99 ANIVERSARIO DEL DIA DEL EJERCITO MEXICANOS Y 97 ANIVERSARIO DE LA FUERZA AEREA MEXICANA, QUE TUVO LUGAR EN LA ZONA MILITAR NUMERO 37. FOTO ALFREDO GUERRERO

Los mexicanos nos hemos acostumbrado a hablar sobre la “guerra contra el narcotráfico” con tal naturalidad que rara vez nos preguntamos sobre la exactitud o la pertinencia de los términos. Esto se debe a que la abrumadora presencia del crimen organizado, en buena parte de la geografía nacional por un tiempo tan largo, ha ocasionado que ya no encontremos novedad alguna en las cifras descomunales de homicidios diarios o en las desgarradoras imágenes de matanzas, balaceras y toda clase de hechos violentos que ocupan las primeras planas de los periódicos y los noticiarios estelares de televisión.

Propongo hacer un alto en el camino para reflexionar sobre la guerra contra el narcotráfico más allá de las connotaciones políticas que ha adquirido el término en el actual ambiente de polarización. El objetivo de este escrito es presentar una radiografía de dicha guerra para explicar por qué es adecuado el término para referirse a esta estrategia de seguridad y establecer sus características fundamentales.

Antes de comenzar, vale la pena aclarar que la mayoría de los expertos en la materia considera que la guerra contra el narcotráfico no ha terminado, ya que la administración de Enrique Peña Nieto siguió valiéndose de las fuerzas armadas para combatir al crimen organizado, al igual que lo continúa haciendo el actual gobierno, encabezado por Andrés Manuel López Obrador. Como botón de muestra, basta con mencionar que la Guardia Nacional, creada a principios de este sexenio, es prácticamente un apéndice de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) en materia presupuestaria y de personal. Un segundo ejemplo que valida este argumento es el reciente decreto presidencial, publicado en el Diario Oficial de la Federación (dof) el 11 de mayo de 2020, que admite la participación del ejército y la Marina en labores de seguridad pública durante el tiempo restante de la administración del presidente López Obrador.

A pesar de la continuidad de la estrategia de combate frontal y armado contra el narcotráfico (aunque con algunos cambios en las materias presupuestaria, operativa y comunicativa), me limitaré a examinar la guerra contra el narcotráfico en el sexenio de Felipe Calderón (2006-2012), en aras de propiciar un análisis más focalizado y profundo.

Lo primero que hay que decir cuando hablamos de la guerra contra el narcotráfico es que este término no es una simple construcción de los medios de comunicación o de algún actor político de oposición. Se trata de un concepto adecuado para nombrar la estrategia de seguridad del gobierno calderonista. De acuerdo con el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, “guerra” se define como “lucha armada entre dos o más naciones o entre bandos de una misma nación”. Ateniéndose a esta simple definición, lo que Calderón inició con el crimen organizado fue una guerra, ya que ambos bandos (las autoridades federales y los cárteles) se enfrentaron por la vía de las armas.

Más allá de la definición del concepto, las características de la estrategia calderonista de combate al crimen organizado corresponden a una guerra. En el terreno simbólico, Calderón se vistió de militar en más de una ocasión. En la arena retórica, los discursos del presidente exaltaban las virtudes del ejército, al tiempo que pintaban un panorama de la vida nacional ennegrecido por un enemigo mortal, los cárteles de la droga, a los cuales juraba combatir con una voluntad inquebrantable. En cuanto a las labores de gobierno, el mandatario gastó buena parte de su capital político, de sus esfuerzos legislativos y de sus acciones diplomáticas en legitimar y reforzar su lucha.

Es más, el mismo Calderón se refería a su estrategia de seguridad como una guerra. El discurso que el presidente pronunció el 22 de enero de 2007 en la XXI Sesión del Consejo Nacional de Seguridad Pública es un ejemplo perfecto de estas cuestiones:

Para ganar la guerra contra la delincuencia es indispensable trabajar unidos, más allá de nuestras diferencias, más allá de cualquier bandera partidista y de todo interés particular. La sociedad espera mucho de nosotros, espera resultados tangibles. Los mexicanos exigen que sus parques, sus calles, sus escuelas, sus colonias sean espacios seguros para sus familias donde los hijos puedan vivir y desarrollarse en paz, con tranquilidad y seguridad. Por eso nuestra entrega debe ser total y sin descanso. No cederemos ni claudicaremos ante el reto de brindar seguridad porque en ello está en juego el progreso de la nación. Lo haremos por el bien de los mexicanos que vienen, lo haremos por el bien de nuestras familias y de nuevas generaciones de mexicanos que tienen derecho a un país más seguro y mejor, lo haremos por el bien de México.

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