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El fantasma de la intervenciA?n: las argucias del embajador Henry Lane Wilson

Graziella Altamirano Cozzi -Ai??Instituto Mora

RevistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 13.

El peligro de una inminente invasiA?n militar se cernAi??a sobre MAi??xico en febrero de 1913.

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El fantasma de la intervenciA?n acechaba amenazante en los cAi??rculos polAi??ticos y diplomA?ticos del gobierno de Francisco I. Madero como resultado ai??i??y parte esencialai??i?? de la estrategia de presiA?n instrumentada por el embajador de Estados Unidos, Henry Lane Wilson, la cual contribuirAi??ade una manera decisiva para precipitar los graves acon- tecimientos polAi??ticos de la Decena TrA?gica que culminarAi??an con el derrocamiento del gobierno mexicano y los asesinatos del presidente Madero y el vicepresidente JosAi?? MarAi??a Pino SuA?rez.

Sobre la Decena TrA?gica aA?n quedan numerosas preguntas que responder sobre las causas que produjeron la caAi??da del rAi??gimen maderista y los mA?viles de los grupos polAi??ticos que lo derrocaron, pero sobre todo en tornoa los grandes intereses que estuvieron detrA?s de la diplomacia de Estados Unidos, compuesta de amenazas, provocaciones e intrigas a travAi??s de un embajador, del que se ha dicho que actuaba sin el consentimiento de su gobierno, aun cuando existen fuentes que sugieren que sAi?? compartiA? con Ai??l la responsabilidad de lo sucedido en MAi??xico del 9 al 22 de febrerode 1913. El rAi??gimen de Madero, ademA?s de enfrentarAi??conspiraciones y levantamientos armados, de padecer las crAi??ticas de una implacable prensa y no contar con el apoyo cabal de sus colaboradores, tuvo que sortear las exigencias y los reclamos del gobierno de Estados Unidos, asAi?? como la evidente hostilidad de su embajador.

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Cuando Madero ocupA? la presidencia, en noviembre de 1911, todo parecAi??a indicar que contaba con la aceptaciA?n del gobierno de Estados Unidos. Lo que mA?s le interesaba en ese momento al presidente William H. Taft era que se preservara la tranquilidad interna en MAi??xico, con el fin de que los intereses econA?micos de su paAi??s prosperaran en un ambiente de orden y legalidad.

Sin embargo, ante la fragilidad que presentaba el orden social por la ola de huelgas y las crecien- tes revueltas antimaderistas que tuvieron lugar en algunas regiones del paAi??s, esa polAi??tica de apoyo muy pronto habrAi??a de cambiar, y la tolerancia y aceptaciA?n que aquel gobierno mostrA? en un principio al presidente mexicano se irAi??a transformando en una actitud hostil y amenazante basada en las exigencias de protecciA?n a las vidas y a los intereses estadunidenses.

Sin duda, fueron muchos los factores que contribuyeron al cambio de actitud de Estados Unidos. Se ha afirmado que influyA? la hostilidad personal del embajador Henry Lane Wilson hacia el presidente mexicano y su poca confianzaAi??en la polAi??tica interior; que tuvo efecto, desde luego, el peligro que corrAi??an los intereses de algunos estadunidenses con grandes inversiones en MAi??xico, con los que el embajador mantenAi??a estrechos vAi??nculos financieros. Se ha dicho, tambiAi??n, que algunas medidas tomadas por el gobierno de Madero afectaban ciertos intereses enfilados hacia los campos petroleros. Lo cierto es que todo sirviA? de pretexto y argumento para que, a lo largo del aAi??o de 1912, Estados Unidos llevara a cabo una agresiva polAi??tica hacia MAi??xico, que pasA? de los avisos y advertencias a las exigencias y amenazas, y cuyo mA?vil aparente fue la protecciA?n de los ciudadanos de aquel paAi??s residentes en el nuestro.

Desde los primeros meses de ese aAi??o, la polAi??tica estadunidense hacia MAi??xico se volviA? mA?s dura, y las relaciones se tornaron A?speras, principalmente por la antipatAi??a del embajador Wilson hacia el presidente Madero, a quien consideraba incapaz de sofocar las revueltas y restau- rar el orden y al que constantemente descalificA? y calumniA? en los informes alarmistas que enviA? a su gobierno. DecAi??a que la oscilante actuaciA?n de Madero, apA?tico, ineficaz, cAi??nicamente indiferente o estA?pidamente optimista, se debAi??a a cierta debilidad mental que lo imposibilitaba para el puesto.

Sin lugar a dudas, Wilson fue el promotor del envAi??o de las amenazantes notas de su gobierno a la cancillerAi??a mexicana en ese aAi??o, como la del 15 de septiembre, considerada por historiadores como Friederich Katz como la mA?s insultante exposiciA?n que se haya hecho a gobierno alguno. En ella, con un tono arrogante y ofensivo se hacAi??a responsable al gobierno de los actos que ponAi??an en peligro las vidas y los intereses de los estadunidenses residentes en MAi??xico, en particular en los casos concretos de un reducido grupo de inversionistas, a quienes empezaba a afectar la polAi??tica maderista de suspender subsidios y prebendas de la Ai??poca del porfiriato.

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MAi??xico y la Guerra Civil estadunidense

Gerardo Gurza -Ai??Instituto Mora

RevistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 13.

Tropas de la UniA?n

El 12 de abril de 2011 se cumplieron 150 aAi??os del bombardeo al fuerte Sumter en la bahAi??a de Charleston, Carolina del Sur, Ai??acontecimiento que marca el inicio de la Guerra Civil en Estados Unidos (1861-1865). El choque armado entre el Norte libre y el Sur esclavista cobrarAi??a las vidas de mA?s de 600 mil soldados, incontables civiles, y llevarAi??a a la antes prA?spera y estable repA?blica al borde del derrumbe. La guerra representa un autAi??ntico hito en la historia estadunidense, una lAi??nea que marca un antes y un despuAi??s en el siglo XIX, e incluso en la totalidad de su vida como naciA?n. La victoria del Ai??Norte tuvo como consecuencia la aboliciA?n de la esclavitud (emancipando a cuatro millones de hombres, mujeres y niAi??os sujetos a servidumbre involuntaria); provocA? cambios sociales y econA?micos de alcances revolucionarios, y estableciA? de manera mA?s firme la supremacAi??a del poder federal sobre el de los estados.

Abraham Lincoln

Abraham Lincoln

Anotar las consecuencias mA?s notables de la guerra, aun de manera resumida, serAi??a materia de un volumen muy grueso. AquAi?? intentaremos simplemente una exploraciA?n muy breve de los efectos que la Guerra Civil(tambiAi??n llamada GuerraAi?? de SecesiA?n) tuvo en el vecino del sur. En MAi??xico,Ai?? Tropas de la UniA?n. la conmemoraciA?n de esos 150 aAi??os nos invita a reflexionar y preguntarnos: A?quAi?? significA? para nuestro paAi??s la victoria del Norte, el restablecimiento de la UniA?n y el fin de la esclavitud?

QuizA? el efecto mA?s evidente fue la presiA?n que ejerciA? el gobierno victorioso de la UniA?n para apresurar la retirada francesa de nuestro paAi??s en 1866-67. Es cierto que para 1866, despuAi??s de mA?s de cuatro aAi??os de iniciada la intervenciA?n, NapoleA?n III se encontraba ya decepcionado de los resultados de su proyecto mexicano, y que ni el tesoro francAi??s, ni la creciente oposiciA?n polAi??tica, hubieran soportado mucho tiempo mA?s el gasto de dinero y vidas francesas para sostener a Maximiliano. Sin embargo, no puede dudarse que NapoleA?n tuvo que acelerar el regreso de sus soldados una vez que Estados Unidos superA? su crisis domAi??stica y pudo nuevamente mirar con atenciA?n hacia el exterior. Por obvias razones, a lo largo del conflicto interno el gobierno estadounidense mantuvo una actitud completamente pasiva con respecto a la intervenciA?n francesa. La A?nica manifestaciA?n clara de su repudio al experimento imperial fue su negativa a otorgar el reconocimiento oficial al gobierno de Maximiliano y su insistencia en considerar al de JuA?rezAi?? como el legal y legAi??timamente constituido. Al final de la guerra, Washington mantuvo una postura cautelosa (demasiado cautelosa para el gusto de militares como Ulysses Grant, quien creAi??aAi?? que aplacada la rebeliA?n sudista el ejAi??rcito debAi??aAi?? enviarse a desalojar a los franceses de territorio mexicano), pero empezA? a insistir en la necesidad de que las tropas galas abandonaran el territorio mexicano. Si el gobierno de Maximiliano no era una imposiciA?n al pueblo mexicano, sino una expresiA?n legAi??tima de la voluntad de las mayorAi??as, como habAi??an sostenido hasta el cansancio los diplomA?ticos franceses, entonces habAi??a llegado el momento de que las bayonetas europeas dejaran de apoyar al rAi??gimen imperial y se embarcaran de regreso. MA?s aA?n, William Seward, el secretarioAi?? de Estado, instruyA? a su ministro en ParAi??s para que seAi??alara a sus anfitriones que Washington no podrAi??a continuar ignorando por mucho tiempo la presiA?n de la opiniA?n pA?blica, y que tarde o Ai??temprano tendrAi??a que tomar medidas mA?s decisivas encaminadas a provocar la retirada francesa.

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A?Hubieran sido diferentes las cosas si la ConfederaciA?n sudista hubiese mantenido su independencia? Es imposible saberlo con certeza, peroAi?? es ilustrativo tener en cuenta que, por una parte,Ai?? Maximiliano declarA? varias veces su convicciA?n de que el futuro de su gobierno dependAi??a del Ai??xito de la lucha confederada, y, por la otra, que los dirigentes de la ConfederaciA?n hicieron intentos reiterados de lograr una alianza con los franceses, apoyA?ndose siempre en el argumento de que Francia jamA?s podrAi??a consolidar su satAi??lite mexicano si la UniA?n era restablecida. En este sentido, los sudistas ofrecAi??an olvidarse para siempre de la famosa doctrina Monroe (la cual postulaba que AmAi??rica era un continente vedado a nuevas aventuras colonialistas europeas) a cambio de que se les reconociese como naciA?n independiente. PorAi?? lo tanto, es posible aventurar la conjetura de que el imperio hubiese tenido al menos un poco mA?s de vida de haberse producido una victoria confederada en la guerra. Todo esto, por otra parte,Ai?? debe sopesarse tambiAi??n con la certeza de que, para empezar, la intervenciA?n francesa en MAi??xicoAi?? seguramente no se hubiera llevado a cabo sin el estallido de la Guerra Civil, de modo que es posible ver el choque entre el Norte y el Sur como una circunstancia que posibilitA? la intervenciA?n y que, una vez consumado, tambiAi??n contribuyA? a su terminaciA?n. Este es quizA? el ejemplo mA?s claro de que existen episodios de la historia de MAi??xico que simplemente no se entienden sin saber lo que estaba ocurriendo en Estados Unidos.

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La batalla de Cerro Gordo (1847)

Faustino A. Aquino SA?nchez
Instituto Mora

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 12.

Bandera de las tropas mexicanas en Cerro Gordo

La guerra entre MAi??xico y Estados Unidos, y la derrota final del primero han sido interpretadas como el resultado lA?gico de la vecindad entre una potencia en expansiA?n y un paAi??s atrasado e inmerso en el caos polAi??tico. Sin embargo, desde el punto de vista mexicano, se han subrayado al mismo tiempo varios hechos y aspectos del conflicto que desconciertan, decepcionan e inquietan porque, en cada batalla, la victoria estuvo casi siempre al alcance de la mano. Y es que los ejAi??rcitos estadunidenses que invadieron el territorio nacional por el norte y el oriente fueron de tamaAi??o reducido (nunca pasaron de 10,000 soldados), lo cual los obligA? a combatir en inferioridad numAi??rica y al borde del desastre para ser salvados en el momento decisivo por alguna desgracia o algA?n error en el lado mexicano.

AsAi??, en Monterrey, el general Pedro Ampudia entregA? la plaza en el momento en que, agotados al extremo, los invasores estaban a punto de emprender la retirada; en La Angostura, el general Antonio LA?pez de Santa Anna decidiA? abandonar el campo de batalla aduciendo el agotamiento de los soldados y una acuciante carencia de vAi??veres (razones que fueron cuestionadas por testigos presenciales) cuando tenAi??a el triunfo en las manos; en Veracruz, los comandantes de la guarniciA?n entregaron la plaza cuando estaba a punto de ser auxiliada por un ejAi??rcito de 14,000 hombres; en Cerro Gordo, como veremos, el general Santa Anna hizo una mala elecciA?n del campo de batalla; en Padierna, los generales Santa Anna y Valencia pudieron infringir al invasor una derrota decisiva pero no fueron capaces de coordinar esfuerzos; en Molino del Rey el general Juan A?lvarez lanzA? de manera dea?i??ciente una carga de caballerAi??a que pudo terminar en victoria y en Chapultepec y las garitas de la ciudad de MAi??xico el general Santa Anna dejA? en reserva a por lo menos 9,000 soldados mientras con tan sA?lo 2,000 enfrentaba el ataque de 7,000 estadunidenses.

Ante tal muestra de ineptitud militar, el pA?blico lector ha juzgado siempre que hubo traiciA?n en el bando mexicano, especAi??ficamente por parte del general Santa Anna. Los historiadores, por su parte, se han dividido entre quienes apoyan el juicio popular, quienes dea?i??enden a Santa Anna con base en que las pruebas que existen de una traiciA?n (documentos sobre las relaciones secretas entre Santa Anna y James K. Polk, el presidente de Estados Unidos, publicados por historiadores de este paAi??s despuAi??s de la guerra) son insuficientes y quienes optan por reservar su juicio a la apariciA?n de evidencias nuevas y definitivas.

Investigaciones recientes nos permiten afirmar que el juicio popular fue siempre certero: el general Santa Anna propiciA? la derrota mexicana en todas las batallas que dirigiA? con el objeto de permitir el avance del ejAi??rcito invasor hacia la capital de la RepA?blica y asAi?? obligar al Congreso a sancionar un tratado de paz que entregara a Estados Unidos los territorios del norte (California, Nuevo MAi??xico y la franja texana comprendida entre los rAi??os Bravo y Nueces), a cambio de apoyo, primero para eliminar al partido monA?rquico de Lucas AlamA?n y Mariano Paredes y Arrillaga, y despuAi??s para imponer una dictadura.

La batalla de Cerro Gordo es un ejemplo de lo anterior; el objetivo que se trazA? el caudillo jalapeAi??o al regalar al invasor una nueva victoria fue el de quebrantar el espAi??ritu de resistencia que trataba de suscitar entre la poblaciA?n, hacia marzo-abril de 1847, el presidente Pedro MarAi??a Anaya,Ai??cuyo gobierno procedAi??a de la alianza entre la rama moderada del partido liberal y el general Santa Anna y sus partidarios.

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Cuba libre, MAi??xico soberano

Elsa V. Aguilar Casas
INEHRM-UNAM

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 12.Ai??

Vista de la Habana, siglo XIX, E. Leplante (detalle)

Mientras que potencias como Gran BretaAi??a y Francia se demoraron en fijar su posiciA?n con respecto a la Independencia de MAi??xico, en 1830 el diplomA?tico mexicano Manuel Eduardo de Gorostiza escribiA? un folleto titulado An Englishman, Cuba or the policy of England. Mexico and Spain with regard to that island, que se difundiA? en espaAi??ol como Cuba o la polAi??tica de Inglaterra, MAi??xico y EspaAi??a con respecto a la isla. Esa publicaciA?n formA? parte del plan ideado por dicho personaje para obligar a aquellos gobiernos a manifestarse con respecto a la presencia de fuerzas espaAi??olas en Cuba. AquAi?? la historia.

Al consumarse la Independencia en septiembre de 1821, MAi??xico tuvo la tarea de consolidarla frente a las grandes potencias y de defenderse de una posible reconquista por parte de EspaAi??a, que no reconociA? la reciAi??n alcanzada libertad de la Nueva EspaAi??a. Cuba adquiriA? entonces una importancia fundamental: Para decirlo de manera muy general y breve, la situaciA?n geogrA?fica de la conocida como Perla del Caribe la convertAi??a en la base de operaciones militares de la metrA?poli en el Nuevo Mundo ai??i??desde la cual podAi??a tanto proveerse de suministros como desplazarse con facilidad a las costas continentales. Era, de hecho, su A?nica base en la regiA?n puesto que habAi??a perdido el resto de sus colonias americanas.

No sA?lo el gobierno mexicano estuvo muy atento a lo que allAi?? sucedAi??a, tambiAi??n las autoridades de Gran BretaAi??a y Estados Unidos observaban con particular atenciA?n los sucesos, pues el papel que la isla jugaba en la geopolAi??tica del Nuevo Mundo les era de sumo interAi??s. Desde 1823, el imperio britA?nico comunicA? al general Guadalupe Victoria su deseo de que la isla fuera libre y que en eso no tenAi??a

mA?s miras que el impedir que la ocupe una potencia extraAi??a, dejando a [suai??i??] arbitrio [ai??i??] constituirse por sAi?? misma o unirse a MAi??xico.

Ya un aAi??o antes, el ministro estadunidense en EspaAi??a, John Forsyth, habAi??a advertido a su gobierno acerca de la posibilidad de que MAi??xico y la Gran Colombia intentaran apoderarse de ella, ya que resultaba evidente que, por puro espAi??ritu de conservaciA?n, ambos paAi??ses lucharAi??an por arrebatarla al reino espaAi??ol.

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A?SabAi??as quAi??…?

Pulque

Pulque

 

El pulque, conocido tambiAi??n como el ai???nAi??ctar de los diosesai???, y durante muchos siglos parte de la dieta del mexicano, se ha podido enlatar y son ya varias las empresas mexicanas que venden buena parte de su producciA?n no sA?lo en el paAi??s, sino en Estados Unidos y la Comunidad Europea. Por mencionar tan sA?lo un ejemplo, una de ellas dedica 100 hectA?reas a la siembra de las cactA?ceas y produce mA?s de 300 mil latas mensuales de pulque y curados de distintos colores y sabores.