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La batalla de Cerro Gordo (1847)

Faustino A. Aquino SA?nchez
Instituto Mora

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 12.

Bandera de las tropas mexicanas en Cerro Gordo

La guerra entre MAi??xico y Estados Unidos, y la derrota final del primero han sido interpretadas como el resultado lA?gico de la vecindad entre una potencia en expansiA?n y un paAi??s atrasado e inmerso en el caos polAi??tico. Sin embargo, desde el punto de vista mexicano, se han subrayado al mismo tiempo varios hechos y aspectos del conflicto que desconciertan, decepcionan e inquietan porque, en cada batalla, la victoria estuvo casi siempre al alcance de la mano. Y es que los ejAi??rcitos estadunidenses que invadieron el territorio nacional por el norte y el oriente fueron de tamaAi??o reducido (nunca pasaron de 10,000 soldados), lo cual los obligA? a combatir en inferioridad numAi??rica y al borde del desastre para ser salvados en el momento decisivo por alguna desgracia o algA?n error en el lado mexicano.

AsAi??, en Monterrey, el general Pedro Ampudia entregA? la plaza en el momento en que, agotados al extremo, los invasores estaban a punto de emprender la retirada; en La Angostura, el general Antonio LA?pez de Santa Anna decidiA? abandonar el campo de batalla aduciendo el agotamiento de los soldados y una acuciante carencia de vAi??veres (razones que fueron cuestionadas por testigos presenciales) cuando tenAi??a el triunfo en las manos; en Veracruz, los comandantes de la guarniciA?n entregaron la plaza cuando estaba a punto de ser auxiliada por un ejAi??rcito de 14,000 hombres; en Cerro Gordo, como veremos, el general Santa Anna hizo una mala elecciA?n del campo de batalla; en Padierna, los generales Santa Anna y Valencia pudieron infringir al invasor una derrota decisiva pero no fueron capaces de coordinar esfuerzos; en Molino del Rey el general Juan A?lvarez lanzA? de manera dea?i??ciente una carga de caballerAi??a que pudo terminar en victoria y en Chapultepec y las garitas de la ciudad de MAi??xico el general Santa Anna dejA? en reserva a por lo menos 9,000 soldados mientras con tan sA?lo 2,000 enfrentaba el ataque de 7,000 estadunidenses.

Ante tal muestra de ineptitud militar, el pA?blico lector ha juzgado siempre que hubo traiciA?n en el bando mexicano, especAi??ficamente por parte del general Santa Anna. Los historiadores, por su parte, se han dividido entre quienes apoyan el juicio popular, quienes dea?i??enden a Santa Anna con base en que las pruebas que existen de una traiciA?n (documentos sobre las relaciones secretas entre Santa Anna y James K. Polk, el presidente de Estados Unidos, publicados por historiadores de este paAi??s despuAi??s de la guerra) son insuficientes y quienes optan por reservar su juicio a la apariciA?n de evidencias nuevas y definitivas.

Investigaciones recientes nos permiten afirmar que el juicio popular fue siempre certero: el general Santa Anna propiciA? la derrota mexicana en todas las batallas que dirigiA? con el objeto de permitir el avance del ejAi??rcito invasor hacia la capital de la RepA?blica y asAi?? obligar al Congreso a sancionar un tratado de paz que entregara a Estados Unidos los territorios del norte (California, Nuevo MAi??xico y la franja texana comprendida entre los rAi??os Bravo y Nueces), a cambio de apoyo, primero para eliminar al partido monA?rquico de Lucas AlamA?n y Mariano Paredes y Arrillaga, y despuAi??s para imponer una dictadura.

La batalla de Cerro Gordo es un ejemplo de lo anterior; el objetivo que se trazA? el caudillo jalapeAi??o al regalar al invasor una nueva victoria fue el de quebrantar el espAi??ritu de resistencia que trataba de suscitar entre la poblaciA?n, hacia marzo-abril de 1847, el presidente Pedro MarAi??a Anaya,Ai??cuyo gobierno procedAi??a de la alianza entre la rama moderada del partido liberal y el general Santa Anna y sus partidarios.

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“El mA?s leal”, el villista Toribio Ortega

Pedro SalmerA?n SanginAi??s / ENAH
Revista BiCentenario No. 5, pA?g. 42-43

Gral. Ortega B-5Entre los caudillos revolucionarios que, con sus hombres, constituyeron la famosa DivisiA?n del Norte eligiendo a Pancho villa como jefe de la misma, el general Toribio Ortega RamAi??rez, jefe de la Brigada JesA?s GonzA?lez Ortega, era conocido como “el mA?s leal”. Pero ademA?s de eso, Toribio Ortega era uno de los generales de la DivisiA?n del Norte con mayor claridad polAi??tica: desde 1903 encabezA? la AsociaciA?n de Habitantes de Cuchillo Parado, que tenAi??a por objeto continuar el viejo pleito legal que los campesinos de ese pueblo sostenAi??an contra el hacendado Carlos MuAi??oz, que al amparo de las leyes de terrenos baldAi??os y con el aval de la CompaAi??Ai??a Deslindadora de Juan A. Creel (hermano de un influyente polAi??tico del grupo de los “cientAi??ficos” que fue embajador de MAi??xico en Washington, secretario de Relaciones Exteriores y gobernador de Chihuahua de 1903 a 1911), se apoderA? de buena parte de las tierras que el pueblo tenAi??a amparadas por tAi??tulos de propiedad otorgados por el presidente Benito JuA?rez en 1865.

Durante seis aAi??os Toribio Ortega encabezA? la lucha legal del pueblo contra el hacendado y el gobernador, sin obtener ningA?n resultado favorable, por lo que en 1909 decidiA? fundar un Club Antirreleccionista, corresponsal del que en la ciudad de Chihuahua dirigAi??a don Abraham GonzA?lez. Ortega y sus compaAi??eros lograron que en Cuchillo Parado y otros pueblos del desierto oriental de Chihuahua ganara Madero las elecciones de julio de 1910, a pesar de la acciA?n y las amenazas del gobierno. Y cuando Madero llamA? a la revuelta, Ortega se comprometiA? a levantarse puntualmente el 20 de noviembre… lo que no cumpliA?, pues el dAi??a 13 recibiA? el aviso de que gendarmes montados habAi??an salido del pueblo de Coyame para aprehenderlo a Ai??l y a sus principales partidarios, por lo que al amanecer del dAi??a 14 se apoderA? del pueblo y se retirA? a la sierra del PegA?is para esperar el dAi??a 20. Desde entonces, la gente de Cuchillo Parado reclama para sAi?? el honor de haber empezado la revoluciA?n, pues Ortega y los suyos se levantaron en armas cuatro dAi??as antes de que en Puebla cayera Aquiles SerdA?n.

Villa y Ortega B-5

Villa y Toribio Ortega

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