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Memoria de mi infancia

Ana Rosa SuA?rez A.
Instituto Mora

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 12. Ai??Ai??

La historia de la infancia mexicana ha merecido pocos estudios. Si bien el campo se ha abierto en los A?ltimos aAi??os y cuenta ya con varios trabajos de nivel acadAi??mico excelente, Ai??stos se concentran, sobre todo, en los niAi??os del Porfiriato y la RevoluciA?n mexicana. En tal sentido, el testimonio que ofrecemos a continuaciA?n tiene un gran interAi??s, pues aborda la vida de JoaquAi??n Moreno, quien sufriA? los efectos del abandono de su padre, cuando Ai??ste se incorporA? a las filas de la guerra de Independencia y su hijo era aA?n tan pequeAi??o que a su vuelta no lo pudo reconocer, de la prematura muerte de la madre, agobiada por las carencias y el cuidado de varios hijos, que entonces comenzaron a rodar de casa en casa, entre familiares o conocidos.

A?QuiAi??n era JoaquAi??n Moreno? Un desconocido, uno de tantos mexicanos que pasarAi??a inadvertido de no ser porque gustaba de llevar un diario y Ai??ste no fue destruido a su muerte, sino que cambiA? de mano en mano hasta ir a dar a un puesto de libros viejos. AllAi?? lo descubriA? un bibliA?filo, quien permitirAi??a su publicaciA?n por Genaro Estrada, entonces director del Archivo HistA?rico DiplomA?tico Mexicano en el aAi??o de 1923. Sabemos asAi?? que Moreno llegA? a ser el escribiente de la legaciA?n de MAi??xico en Francia cuando Lorenzo de Zavala fue el enviado extraordinario y ministro plenipotenciario del primer gobierno de Antonio LA?pez de Santa Anna (1833-1835). Sus anotaciones de ese lapso ofrecen la mirada viajera de un mexicano sobre Nueva York, ParAi??s y Roma y se extienden hasta marzo de 1835, cuando regresA? al paAi??s. Moreno se pierde despuAi??s en las tinieblas de la historia, pero antes nos proporcionA?, sin quererlo, y por lo mismo fresco y autAi??ntico, un relato de los negocios de tierras texanas de Zavala, que explican las razones por las cuales se convirtiA? en el primer vicepresidente de Texas, la conocida entonces como RepA?blica de la Estrella Solitaria.

JoaquAi??n Moreno habAi??a nacido en la villa de Jalapa, intendencia de Veracruz, hacia 1808. Al quedar huAi??rfano de madre y sin aparecer el padre, fue recibido por un pariente, quien le educA? con gran severidad. Sin recursos, estudiA? como colegial de beca, hasta que pasA? a la tutorAi??a de su cuAi??ado, que le trataba muy mal. El regreso de su progenitor, al tAi??rmino de la guerra de Independencia, no le significarAi??a alivio alguno, hasta que, con aproximadamente unos 18 aAi??os de edad, Ai??l decidiA? tomar las riendas de su vida y comenzA? a trabajar.

El fragmento que presentamos a continuaciA?n forma parte del titulado Diario de un escribiente de legaciA?n, uno de los escasos testimonios existentes acerca de la vida de un niAi??o de clase media durante la dAi??cada de la insurgencia y los primeros aAi??os del MAi??xico independiente. Ilustra la vida de un pequeAi??o que, por la ausencia y la irresponsabilidad del padre, enfrentA? no sA?lo una situaciA?n socioeconA?mica difAi??cil, sino abandono y maltrato. No obstante tuvo la oportunidad de estudiar, siendo la escuela el eje de su vida, siempre con referencia a la iglesia: clAi??rigos, jesuitas, mercedarios, etcAi??tera. Oigamos pues a JoaquAi??n contA?ndonos su historia, cuando era un joven escribiente de legaciA?n.

Detalle de ex voto siglo XIX

[...] QuAi?? vida tan llena de aventuras la mAi??a y cuA?n incierta ha sido siempre mi suerte. Tuve la desgracia de ser hijo de padres pobres; en lo mA?s tierno de mi infancia, a los dos aAi??os, quedo abandonado del autor de mis dAi??as, lo mismo que madre y tres hermanas niAi??as, porque le fue indispensable reunirse a las filas americanas en que estaba tan comprometido. A?QuAi?? de trabajos no soportA? mi madre hasta su A?ltima hora por procurar a sus hijos una miserable subsistencia y muy mediana educaciA?n! El peso de tantos trabajos, aunque en los A?ltimos aAi??os ya le prestaban algA?n auxilio mis jA?venes hermanas y un hermano suyo, ya para procurarnos juntamente con sus padres la subsistencia, ya que para nuestra educaciA?n, para mal vestir, juntamente con las continuas meditaciones de nuestro porvenir sin auxilio, le arrancan la vida y quedo huAi??rfano a los diez aAi??os de edad, en poder de un tAi??o materno, una abuela y dos jA?venes hermanas, sin mA?s capital que el golpe de haber perdido a una admirable y ejemplar madre [...].

El padre don Alejandro Campos, de 97 aAi??os de edad, que era compadre de mi madre y padrino de la hermana que muriA?, y que nos daba el auxilio en casa, recogiA? a mis dos hermanas y yo quedAi?? con mi tAi??o, que para procurarnos a su madre y a mAi?? la subsistencia, estaba obligado a sacrificarse dAi??a y noche en pintar. Al aAi??o muriA? mi abuelo y mis hermanas cuidaban de que fuese a la escuela cuando vino una orden terminante de un padre don JosAi?? Santos Coy [superior de los frailes mercedarios], residente en Puebla y propietario de dos haciendas y una casa, que no sAi?? con quAi?? tAi??tulo se decAi??a tAi??o nuestro y con quien vivAi??an aAi??os ha dos hermanas de mi padre, para que pasA?semos a dicha ciudad. La idea de estar mejor y de la novedad nos hizo aceptar y ponernos en marcha, no obstante el parecer contrario del padre Campos, quien nos ofrecAi??a no abandonarnos ni olvidarse de nosotros en su testamento.

Egerton, Paisaje de Puebla, 1840

Llegamos a Puebla el A?ltimo dAi??a del aAi??o de 1819, fuimos bien recibidos y luego se nos impuso que a nuestras tAi??as debAi??amos llamarles, a ejemplo de otras dos huAi??rfanas y una prima bastarda mAi??a, mamita a la una y mamita quica a la otra y al padre Tata, padrecito. Pasaron las dos semanas de miel y comenzaron los trabajos domAi??sticos con una dureza para mis delicadas hermanas y la escuela para mAi??. A las otras jA?venes les llamA?bamos hermanas, aunque no sabAi??amos quiAi??nes eran ni de dA?nde procedAi??an. El padre comenzA? muy pronto a usar conmigo el sistema bA?rbaro de azotes por travesuras muy naturales en todo niAi??o, o porque me acostaba mA?s tarde de lo prevenido, y era tal su vicio en azotar, que muchas veces, sin motivo, [Ai??l] lo provocaba para satisfacer su infame costumbre. En fin, al finalizar de 1820, salAi?? de la escuela, bien honrado y con el primer premio [...]. Quise abrazar el comercio; pero como dicho padre ni sabAi??a quAi?? cosa era ni habAi??a tomado otra educaciA?n que la de fraile mercedario, me metiA? en un colegio de jesuitas, quienes fueron suprimidos al mes de estar yo con ellos [1821].

El trato duro que sufrAi??an mis hermanas y los intereses del padre se combinaron para sacrificar a mi hermana PlA?cida, de quince aAi??os, casA?ndola [ese mismo aAi??o] con un tal [JosAi?? Manuel] Figueroa, de bajo nacimiento y vil educaciA?n, que durante su vida dio un trato durAi??simo a miAi??hermana y a mAi??, que tuve la desgracia de estar con Ai??l por las circunstancias que seguirA?n. Ignoro por quAi?? causas luego que se hizo este matrimonio resolviA? el padre irse a vivir a la hacienda de Santa A?gueda, dejA?ndome de colegial de beca, recomendando[me] al canA?nigo don A?ngel Pantiga [prefecto de una academia], y mi tAi??a la menor de niAi??a del convento de Santa Clara. Tres meses o cuatro se pasaron de libertad para mAi?? y de duros sufrimientos a mi hermana, sobre todo a la menor, cuando repentinamente viene una orden del padre para que se encargase de mAi?? mi cuAi??ado, porque Ai??l me abandonaba enteramente, haciAi??ndome la gracia, por algunos empeAi??os, de no crucificarme. El motivo fue dizque rompAi??a dos pares de zapatos al mes y que andaba hecho pedazos, segA?n le informA? Pantiga. Y yo pregunto A?quiAi??n es el muchacho que no vistiAi??ndose mA?s de una vez a la semana, pueda estar limpio, y sobre todo cuando Ai??ste sea vivo, fogoso y de carA?cter violento? Pero en fin, me fue indispensable pasar a ser propiedad de mi cuAi??ado y empeorAi?? bajo todos los aspectos.

[...]
Para leer el artAi??culo completo, consulte la revistaAi??BiCentenario.

La Casa del Estudiante IndAi??gena, ai???un experimento psicolA?gico-socialai??? (1926-1932)

SofAi??a Crespo Reyes
Instituto Mora

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 12.Ai??Ai??

El Presidente entrega la bandera en la Casa del estudiante indAi??gena
Ai??

La Casa del Estudiante IndAi??gena o, como tambiAi??n se le llamA?, Internado Nacional IndAi??gena, fue un proyecto educativo pre-sentado en la clausura de la campaAi??a electoral de Plutarco ElAi??as Calles, en junio de 1924, como el mA?s grande experimento psicolA?gicoai??i??social que realizarAi??a el nuevo gobierno, dirigido a incorporar a los grupos indAi??genas a la vida civilizada.

Se trataba de reunir en la ciudad de MAi??xico a indios varones de raza pura, originarios de comarcas con densa poblaciA?n indAi??gena, que hablaran una lengua autA?ctona y contaran con inteligencia, vigor fAi??sico y salud. Los jA?venes seleccionados recibirAi??an instrucciA?n primaria y la enseAi??anza de un oa?i??cio manual, agrAi??cola o industrial. Una vez concluidos sus estudios regresarAi??an a sus comunidades como lAi??deres y gestores del desarrollo, enseAi??ando las formas de vida civilizada y moderna que las motivarAi??an a salir del atraso en que se hallaban.

Casa del estudiante indAi??gena

Pese a que hubo diversos proyectos dirigidos a la incorporaciA?n de estos grupos durante el decenio de 1920, la Casa del Estudiante IndAi??gena sobresaliA? por sus objetivos: anular la distancia evolutiva que separa a los indios de la Ai??poca actual, transformando su mentalidad, tendencia y costumbres, probar su capacidad intelectual por medio de la educaciA?n, promover una solidaridad Ai??tnica que animarAi??a a los alumnos a volver a sus pueblos a enseAi??ar y fomentar el alma nacional en sus hermanos de raza.

Joven huichol y su padre al llegar a la casa del estudiante indAi??gena

El plantel se inaugurA? el 1A? de enero de 1926 ai??i??sin acto polAi??tico algunoai??i??, con 200 alumnos, cuyas edades oscilaban entre los 11 y 19 aAi??os, procedentes de 27 grupos indAi??genas. El plantel se encontraba en la Calzada la VerA?nica nA?m. 85, colonia Santa Julia, Tacuba. El doctor JosAi?? Manuel Puig Casauranc, secretario de EducaciA?n PA?blica, cuenta en La casa del estudiante indAi??gena. 16 meses de labor (1927) cA?mo se pretendiA? que el lugar fuera sobrio y de buen gusto y que se dio un Ai??nfasis particular a los espacios amplios, ventilados, higiAi??nicos y bien iluminados, para acostumbrar a los alumnos a vivir en un ambiente sano y limpio, distinto del jacal al que ai??i??diceai??i?? estaban acostumbrados.

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Los niAi??os de Pancho Villa

Guadalupe Villa Guerrero -Ai??Instituto Mora

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 1

Uno de los personajes mA?s controvertidos de la revoluciA?n Mexicana es, sin duda, Pancho Villa. En torno suyo se han escrito una buena cantidad de libros que, sin tAi??rminos medios, se han nutrido con historias fantA?sticas que subrayan los rasgos negativos de su carA?cter. Otros, en cambio, exploran la actuaciA?n del lAi??der revolucionario analizA?ndolo de manera integral, sin embargo, la relaciA?n que tuvo con los niAi??os ha sido una veta prA?cticamente inexplorada. A Villa le duelen la pobreza, el abandono, la ignorancia y el maltrato infantil porque todo esto lo conociA? de cerca. Como si el tiempo se hubiese detenido, hoy, a cien aAi??os de distancia, los mismos problemas persisten invariables sin que sociedad o gobierno encuentren la fA?rmula definitiva que resuelva esa afecciA?n. Los llamados ai???niAi??os de la calleai??? en el campo y en las urbes, siguen lacerando la conciencia social.

Los niAi??os de Pancho Villa

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Los niAi??os mexicanos de las escuelas elementales socialistas 1934-1940

Eliva Montes de Oca Nava
Sociedad Mexicana de Historia de la EducaciA?n
Revista BiCentenario #10
NiAi??o en escuela

NiAi??o en escuela

Hoy que son tan inciertos los rumbos que sigue el sistema educativo mexicano y que ademA?s se reclama por una pAi??rdida general de valores, resulta A?til revisar los modelos que se han puesto en prA?cticaAi??en nuestro pasado. Y un caso poco conocido es el de la escuela socialista que se implantA? en el paAi??s durante el gobierno de LA?zaro CA?rdenas (1934- 1940), de sumo interAi??s por los valores democrA?ticos y de responsabilidad social, asAi?? como por los sentimientos nacionales que se propuso transmitir a la niAi??ez. Enseguida intentaremos un acercamiento, a travAi??s de su programa de estudios y de varios de los libros de texto que se publicaron de acuerdo con este programa.

El modelo de enseAi??anza socialista ai??i??seguido, por lo demA?s, en otros lugares del mundoai??i?? defendAi??a la educaciA?n laica dentro y fuera de las aulas y criticaba a la educaciA?n liberal del siglo XIX y principios del XX por aceptar que los niAi??os re- cibieran explicaciones basadas en la religiA?n. El propA?sito fundamental era crear en la juventud un concepto racional y exacto del universo y la vida social, para lo cual era preciso excluir toda doctrina religiosa y combatir fanatismos y prejuicios no sustentados en las ciencias y la razA?n.

El proyecto se llevA? a la prA?ctica, pese a la oposiciA?n del clero catA?lico y muchos padres de familia, que la calificaron, entre otros, de impAi??a e inmoral. Pero el gobierno intervino en casi todos los niveles de la enseAi??anza pA?blica y privada ai??i??salvo en la Universidad Nacional de MAi??xico que se pronunciA? por la libertad de cA?tedraai??i??, a travAi??s de inspectores que aplicaron una estrecha vigilancia.

Sin embargo, los valores que se impulsaban no eran ni impAi??os ni inmorales pues se pretendAi??a alcanzar, mediante su enseAi??anza, el Programa de estudios y de acciA?n de la escuela socialista, donde se planteaba que la educaciA?n impartida por el estado debAi??a promover el sentido de servicio a los demA?s, despertar un espAi??ritu de solidaridad humana, entender la cultura como un producto comunitario y social y e impulsar, a travAi??s de las ciencias y la investigaciA?n, que los alumnos adquirieran un concepto racional de su sitio en el mundo natural y en la sociedad asAi?? como conciencia de las posibilidades de cambiarlo.

Esta educaciA?n tendrAi??a que dar al trabajo honrado un valor fundamental para el sano desarrollo de los seres humanos en lo individual y de la sociedad en su conjunto. Las labores manuales gozarAi??an del mismo reconocimiento que las intelectuales, por ser ambas A?tiles y productivas y de importancia igual en hombres y mujeres. Para conseguirlo, se alentarAi??a la formaciA?n de cooperativas escolares de producciA?n, venta y consumo.

La escuela socialista practicarAi??a la igualdad ai??i??a travAi??s de la educaciA?n mixtaai??i??, a fin de que ni- Ai??os y niAi??as fueran vistos como iguales, independientemente de sus diferencias sexuales, raciales, econA?micas, religiosas, etcAi??tera; serAi??a integral, es decir, tenderAi??a a la formaciA?n equilibrada de los alumnos en todos los elementos y facultades que componen al ser humano; ai???desfanatizanteai???, librando con esto a las escuelas y a la sociedad en su conjunto de toda forma de idolatrAi??a y supersticiA?n, que hasta entonces habAi??an fomentado la sumisiA?n y el conformismo en el pueblo mexicano; emancipadora, es decir, se eliminarAi??a todo aquello que favoreciera el acatamiento y la explotaciA?n de unos hombres por otros; y vitalista, en el sentido de pedir que la prA?ctica acompaAi??ara a la teorAi??a y el escolar participase activamente en la obtenciA?n de conocimientos que satisficieran sus intereses y que les fueran A?tiles para mejorar la condiciA?n de sus familias y su comunidad, en par- ticular a los sectores mA?s necesitados.

NiAi??os

NiAi??os

La reforma educativa hizo necesaria la elaboraciA?n de libros de texto que, en cuanto a mAi??todos y contenidos, respondieran al nuevo programa. Se trazA? un plan editorial e integrA? una comisiA?n con ai???escritores revolucionariosai???, a quienes se les dio la tarea de escribir y dictaminar los nuevos textos, mismos que, desde luego, habrAi??an de seguir los lineamientos trazados, sin descuidar las estipulaciones de la enseAi??anza moderna. AdemA?s de ser ideolA?gica y pedagA?gicamente distintos, los nuevos libros tendrAi??an que estar al alcance de todas las posibilidades econA?micas y, si era posible, serAi??an gratuitos.

Una recomendaciA?n fue retirar de las escuelas los libros que se estuvieran usando en ellas, en especial los de lectura y literatura ai??i??como la serie titulada Rosas de la infancia de MarAi??a Enriqueta Camarillo. Se argumentA? que estos libros estaban llenos de personajes fantA?sticos que ai???domesticabanai??? a los lectores, inculcA?ndoles sentimientos de resignaciA?n frente a la situaciA?n en que vivAi??an. Representaban una sociedad ideal en la que la armonAi??a reinaba entre las clases y los trabajadores recibAi??an salarios justos de los patrones y se ocupaban alegremente en sus labores. Asimismo, los hijos de los hacendados eran amigos de los hijos de los campesinos y los hijos de los obreros de los hijos de los empresarios. La religiA?n tenAi??a un peso definitivo; de acuerdo con ella, los ricos se mostraban caritativos con los pobres, obsequiA?ndoles sus sobrantes.

Libro de lectura de primer grado

Libro de lectura de primer grado

Para sustituir estos textos, el maestro Rafael RamAi??rez escribiA? la serie llamada Plan SexenalAi??Infantil. AquAi?? nos referiremos al Libro de Lectura para el Ciclo Intermedio de las Escuelas Rurales, que ilustra con claridad acerca de la formaciA?n de los niAi??os en las escuelas socialistas. En este libro, destinado al tercero y cuarto aAi??o de primaria, el autor se propuso impulsar a la acciA?n a sus pequeAi??os lectores, sumarlos a las inquietudes de los mayores e incorporar la escuela a la comunidad, de forma que dejara de verse como una instituciA?n separada del resto social.

La trama del libro se desarrolla en un pequeAi??o pueblo campesino llamado ai???El porvenirai???, que evidentemente representaba la sociedad que, a juicio de los educadores socialistas, se tenAi??a que construir. El trabajo en la escuela era siempre en grupo, el maestro instruAi??a a los niAi??os, pero tambiAi??n se encargaba de alfabetizar y dirigir a los padres en sus demandas sociales, entre ellas la tierra y el ejido. Se discutAi??an y solucionaban los problemas en asambleas de distinto tipo ai??i??por toda la poblaciA?n, o los padres, o los alumnos, o un grado o grupo escolarai??i??, en las que se oAi??an y valoraban todas las opiniones. Tarea central acordada en estas reuniones para los niAi??os fue que lucharan contra la injusticia y la explotaciA?n humana. Para el profesor RamAi??rez, se trataba de es- cuelas efectivas de organizaciA?n social futura.

La escuela socialista mexicana

La escuela socialista mexicana

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Ser niño o niña

Laura Suárez de la Torre – Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 5.

En el siglo XIX

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Un niño de posición acomodada recibía una educación cuidadosa y una serie de privilegios que, con el tiempo, le sumarían a los grupos rectores del país, desde un punto de vista político o económico o aun religioso. Su vida transcurría sin preocupaciones, o cuando menos eso se pretendía, para que pudiera dedicarse a forjar con denuedo una profesión de abogado, médico, maestro y, más tarde, quizá como ingeniero en los colegios establecidos para ese fin. Su infancia pasaba entre el estudio con silabarios y catecismos, libros de fábulas y máximas de buena educación. Gozaba con los juegos al aire libre y, en casa, con trompos y soldados de latón o cartulina de vivos colores, marionetas de trapo, una corneta o juguetes de madera pintada: un caballito risueño, luchadores enfrentados, un torero, el juego de la oca y la lotería. Se le enseñaba la religión con el catecismo del Padre Ripalda; en ella iban las prácticas devotas, pero además la celebración de fiestas, acompañadas por juguetes como los alfeñiques y los judas, las matracas y las calaveras.

[...]

En el siglo XX

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Niños y niñas tuvieron la posibilidad de mejorar su condición de vida, que intentó abrirles la Revolución mexicana. La educación no se enfocaría a formar buenos cristianos, sino a instaurar una educación científica y difundir los principios cívicos y nacionalistas de un Estado liberal que desde el XIX se perseguían sin gran éxito. Los niños privilegiados no fueron los únicos que pudieron aspirar a ser médicos y abogados y las niñas dejaron de tener como única opción la de ser esposas y madres o monjas.

Niños y niñas pudieron, poco a poco, asistir a escuelas primarias en todo el país y aspirar a un progreso, aunque no todos, pues las diferencias continuaron entre los niños y las niñas de los distintos sectores sociales y entre los del campo y la ciudad. Las acostumbradas y populares rondas o las canciones de Cri-Crí y los entretenimientos tradicionales que se practicaban en el hogar o al aire libre fueron desapareciendo. Por dar un ejemplo, los niños y las niñas de las ciudades salieron a las calles a disfrutar de los parques y jardines en nuevas urbanizaciones; anduvieron en bicicletas, triciclos y patines; jugaron futbol y beisbol. Asistieron a los cines y se pasaron muchas horas ante las televisiones, las computadoras y los videojuegos. Todos (unos mA?s, otros menos) recibieron los beneficios de los avances médicos, que les permitieron traspasar los primeros años de vida, lo cual en siglos anteriores, no era común. Por último, el autoritarismo que se ejercía sobre ellos se fue perdiendo y se proclamaron abiertamente sus derechos, derechos que, lamentablemente, no se han conquistado a plenitud.

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