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Fórmula Matemática

DarAi??o Fritz

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 21.

FotA?grafo JosAi?? Bustamante ValdAi??s, Francisco Escudero, Escuela primaria NA? 7, Pachuca, Hidalgo, 1909. Col. RamA?n Aureliano AlarcA?n

FotA?grafo JosAi?? Bustamante ValdAi??s, Francisco Escudero, Escuela primaria NA? 7, Pachuca, Hidalgo, 1909. Col. RamA?n Aureliano AlarcA?n

Las matemA?ticas no puede decirse que tengan buena prensa. Desde la niAi??ez siempre han sido un quebradero de cabeza. Cuando se evalA?a la educaciA?n de los hijos en casa, en la propia escuela o el mismo paAi??s siempre estA?n allAi?? para recordarnos que son la insignia que marca el horizonte. Por eso cuesta tanto formar ingenieros, transforman en imperiosa la necesidad de los contadoresAi?? y nos dicen que sin conocerla a fondo no hay prosperidad posible. Pero siempre habrA? un imprescindible maestro Francisco Escudero Hidalgo que pueda hacernos mA?s legible el camino para domarlas y convivir con sabidurAi??a con ellas. La profesiA?n de educar ha de ser una de las mA?s nobles de las que nos rodean. Da todo sin pedir nada a cambio mA?s que atenciA?n, no persigue el dinero, desalienta la fama y deja huellas imborrables en la memoria. Se puede educar al aire libre y hasta sin necesidad de pupitre. La nobleza estA? en transmitir el conocimiento. Escudero Hidalgo daba clases como las de la imagen en el Hidalgo de 1909, y llevaba muy en las entraAi??as la enseAi??anza. DirigiA? escuelas en su estado, Tlaxcala y el Distrito Federal, participA? en debates nacionales sobre educaciA?n y tambiAi??n escribiA? textos sobre pedagogAi??a e historia. A juzgar por el porte y su actitud directriz hacia la fA?rmula matemA?tica del pizarrA?n, sin duda habrAi??a validado con creces el mA?s complejo de cualquier examen de evaluaciA?n. Y sus doce atentos y atildados alumnos, a los que ni un mosco intentarAi??a interrumpirlos, seguramente hubiesen superado con prestancia cualquier prueba ENLACE. SA?lo la ausencia de niAi??as hace imperfecto el momento que captA? el fotA?grafo JosAi?? Bustamante ValdAi??s.

El dibujo se populariza en el siglo XIX

Maria Esther PAi??rez Salas C.
Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 21.

La proliferaciA?n de la enseAi??anza del dibujo fue mucho mA?s allA? que formar a grandes artistas. Se impuso en distintos estratos sociales, y entre niAi??os y mujeres, de la mano de maestros extranjeros. Las clases personalizadas y los manuales fueron las claves para el aprendizaje.

La pintura. De una revista del siglo XIX. Col. Ma. Esther PAi??rez Salas

La pintura. De una revista del siglo XIX. Col. Ma. Esther PAi??rez Salas

Tanto en Europa como en MAi??xico, se considerA? desde finales del siglo XVIII que la enseAi??anza del dibujo era fundamental para el buen ejercicio de cualquier actividad. No importaba si el alumno se interesaba por el arte o la artesanAi??a, o por estudiar medicina, abogacAi??a o ciencias. Lo transcendental era que mediante el dibujo se expresaba el gusto por la belleza el cual llevarAi??a a perseguir grandes ideales.

Desde el punto de vista escolarizado, en un principio se destacA? que mediante el dibujo se desarrollaba la capacidad de observaciA?n y el pensamiento abstracto en apoyo del conocimiento cientAi??fico, pero en poco tiempo la prA?ctica del dibujo adquiriA? una dimensiA?n mA?s amplia, al convertirse en parte de una cultura general. De ahAi?? que, ademA?s de las clases que se impartAi??an en la Academia de San Carlos, destinadas a los futuros artistas del paAi??s, empezaron a proliferar cursos y manuales para aquellos que querAi??an acercarse al dibujo de una manera menos especializada.

Una de los primeros acercamientos fue a travAi??s de los cursos impartidos por maestros que se anunciaban en los periA?dicos. La mayor parte de ellos eran artistas extranjeros que se ofrecAi??an como retratistas, pero que encontraron en la enseAi??anza del dibujo una manera de subsistencia. Para atraer mayor clientela, aseguraban que el alumnado obtendrAi??a en breve tiempo importantes avances.

En otros casos, las clases de dibujo formaban parte de un programa educativo mA?s completo, ya que se complementaba con cursos de lengua francesa, geografAi??a, historia y religiA?n cristiana. Dado que no se contaba con establecimientos especAi??ficos para la enseAi??anza, por lo general las clases se impartAi??an en los domicilios de los maestros.

Las alumnas de la clase de dibujo del Colegio de NiAi??as del Estado de Tlaxcala dedican esta colecciA?n a su digno fundador el seAi??or J. Mariano Grajales como un recuerdo de gratitud, Tlaxcala, 1886

Las alumnas de la clase de dibujo del Colegio de NiAi??as del Estado de Tlaxcala dedican esta colecciA?n a su digno fundador el seAi??or J. Mariano Grajales como un recuerdo de gratitud, Tlaxcala, 1886

Autodidactas

Pero en el siglo XIX tambiAi??n fue posible aprender dibujo de manera autodidacta con el apoyo de manuales que comenzaron a circular a partir de 1840. SA?lo se requerAi??a tener ciertas habilidades y seguir las indicaciones puntualmente, sin necesidad de un maestro.

En sus inicios, los manuales que circulaban en MAi??xico fueron traducciones de los que circulaban en Francia, como el Manual del dibujante, de Aristide Perrot, que ofrecAi??a adquirir en tan sA?lo seis meses, las destrezas de un alumnos con dos aAi??os de estudio. Con tal aseveraciA?n, se ponAi??a de manifiesto que resultaba mucho mA?s productivo aprender el dibujo a partir de los principios fundamentales establecidos en el texto, en lugar de los mAi??todos tradicionales de copiar los modelos sin reglas que guiaban al discAi??pulo.

Figuras planas, en Semanario de las seAi??oritas mexicanas, MAi??xico, Vicente GarcAi??a Torres, 1841-1852

Figuras planas, en Semanario de las seAi??oritas mexicanas, MAi??xico, Vicente GarcAi??a Torres, 1841-1852

Este manual fue uno de los mA?s exitosos de su Ai??poca. Estaba dividido en cuatro grandes rubros: dibujo de delineaciA?n a simple vista, dibujo natural que comprendAi??a figura humana y paisaje, dibujo de topografAi??a y mA?quinas e instrumentos para dibujar. AdemA?s de incluir dos secciones novedosas como eran el paisaje y los instrumentos de dibujo, en cada uno de los apartados de cada secciA?n habAi??a una buena cantidad de ejercicios. AdemA?s, se proporcionaba una serie de consejos como nociones sobre los huesos, mA?sculos y movimientos del cuerpo humano, cA?mo elegir el sitio para realizar un paisaje natural, o informaciA?n sobre los instrumentos, papeles, colores y elaboraciA?n de dibujos topogrA?ficos. En pocas palabras, cumplAi??a cabalmente con las caracterAi??sticas de una publicaciA?n para aprender de manera autodidacta, ya que en un solo ejemplar se contaba con la informaciA?n y ejercicios necesarios.

Tal fue el alcance de estos manuales que por todos los medios se buscA? darlos a conocer. Los Calendarios, publicaciones de formato pequeAi??o pero de tirajes muy alto que era habitual encontrar en las casas mexicanas del siglo XIX, fueron importantes para su difusiA?n. Eran la guAi??a para todas las actividades del aAi??o, desde saber los dAi??as de ayuno o los obligatorios de asistir a misa, asAi?? como para consultar el santoral y dar nombre al reciAi??n nacido. En el DAi??cimocuarto calendario de Abraham LA?pez, se incluyA? para 1852 la traducciA?n del manual Elementos de dibujo natural, publicado por el inglAi??s Rudolph Ackermann y traducido por JosAi?? de Urcullu. AdemA?s del texto, a travAi??s de quince imA?genes se mostraba paso a paso este mAi??todo de dibujo, que hacAi??a hincapiAi?? en los ejemplos de las proporciones del cuerpo y sus partes. TambiAi??n explicaba el tratamiento de las sombras y el ropaje.

Otro medio a partir del cual tambiAi??n se tuvo acceso a los distintos mAi??todos de dibujo fueron las revistas literarias, las cuales estaban dirigidas a niAi??os y mujeres de las clases medias y altas de la poblaciA?n, como Diario de los niAi??os y Semanario de las seAi??oritas mejicanas. Su principal objetivo era brindar instrucciA?n de forma amena.

PA?blico femeninoAi??

Ahora bien, a pesar de que se podrAi??a pensar que en las revistas para niAi??os fue donde mA?s se insertaron temas sobre el dibujo, en realidad ese lugar lo ocuparon las revistas femeninas que fomentaron con mayor insistencia que las lectoras jA?venes se acercaran.

En efecto, de acuerdo con el concepto de educaciA?n orientado a la mujer, se consideraba que el dibujo constituAi??a parte importante en la formaciA?n de cualquier joven, aunque no se fuera a dedicar a la pintura. En el siglo XIX estaba mal visto que una mujer acudiera a clases en las academias de arte, por lo cual se les ofrecAi??a la posibilidad de aprenderlo con maestros particulares o a travAi??s de las revistas literarias.

Portada libro francAi??s de dibujo, Ai??cole de dessin. Col. Ma. Esther PAi??rez Salas

Portada libro francAi??s de dibujo, Ai??cole de dessin. Col. Ma. Esther PAi??rez Salas

El dibujo era una herramienta muy A?til para el desarrollo de las manualidades, en especial para el bordado, de ahAi?? que en las publicaciones no faltaban artAi??culos y estampas dedicadas a este aprendizaje. Sobre todo aquellas en las que se ofrecAi??an las bases para aumentar o reducir una imagen sin perder la proporciA?n, o bien para dar volumen a una figura mediante tAi??cnicas de sombreado. A pesar del objetivo meramente prA?ctico y de adorno que se confiriA? a la instrucciA?n del dibujo entre la poblaciA?n femenina, muchas perfeccionaron sus habilidades y llegaron a convertirse en excelentes artistas.

En relaciA?n a los niAi??os, a mediados del siglo XIX quedaron establecidas dentro del A?mbito escolar las bondades del aprendizaje del dibujo, por lo que se publicaron mAi??todos y manuales para su prA?ctica en las aulas. Pero, al mismo tiempo, se editA? gran nA?mero de cuadernos de dibujo para que los infantes se acercaran a la actividad de manera lA?dica, libre y directa. Libros con temas atractivos y tonalidades vistosas atraAi??an a los pequeAi??os a colorear siluetas, copiar figuras sencillas o seguir cuidadosamente los puntos marcados en cuadernos especiales. Estos materiales fueron importantes para desarrollar en la poblaciA?n infantil el interAi??s por el dibujo, a la vez que se sentaban las bases para una enseAi??anza escolarizada.

Sea cual fuere la vAi??a a partir de la cual la sociedad decimonA?nica mexicana aprendiA? a dibujar, lo que queda claro es que en el siglo XIX prevaleciA? un interAi??s por aprender una manera grA?fica para expresarse, hacerse de una herramienta para sus actividades cotidianas, asAi?? como contar con un medio para apreciar la naturaleza. En este sentido, el dibujo fue el elemento aglutinador que permitiA? que se pudieran llevar a cabo estas premisas.

Para saber mA?s

Consultar revistas dirigidas a la mujer en el siglo XIX: http://xurl.es/tgdki

[...]
Para leer el artículo completo, consulte la revista BiCentenario.

 

Una revuelta estudiantil en 1858

Ana Rosa Suárez Argúello
Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 21.

El Colegio de Minería fue escenario de protestas por el golpe de Estado del general Félix María Zuloaga que obligó a cerrar sus puertas durante diez días. Hubo sancionados y expulsados hasta que los estudiantes se retiraron en bloque de la institución. Sólo quedaron catorce

Felix Zuloaga. MAi??xico a travAi??s de los siglos, MAi??xico, BallescA? y compaAi??Ai??a, 1887-1889

Felix Zuloaga. MAi??xico a travAi??s de los siglos, MAi??xico, BallescA? y compaAi??Ai??a, 1887-1889

Las protestas estudiantiles han sido parte de nuestra historia. Sin embargo, conocemos poco de ellas, a excepción del movimiento universitario de 1968. Un ejemplo fue la ocurrida a raíz del golpe de Estado que en enero de 1858 entregó el Poder Ejecutivo al general conservador Félix María Zuloaga en la capital del país y obligó a los liberales presididos por Benito Juárez a refugiarse en el puerto de Veracruz.

En efecto, mientras tropas de ambos bandos combatían con denuedo en distintos puntos del territorio, en la ciudad de México muchos jóvenes procedían como quinta columna del Partido Liberal y trabajaban y urdían planes a su favor. Sabemos por Ignacio Manuel Altamirano, quien entonces era profesor en el Colegio de Letrán, y lo relataría 30 años después, de las reuniones celebradas en secreto en algunos cuartos del Colegio de Minería o la Escuela de Medicina por escritores y estudiantes. Constituían focos de conspiración en que mantenían el fuego revolucionario Francisco Prieto (hijo de Guillermo); Mariano Degollado (hijo de D. Santos); Ignacio Arriaga (hijo de Ponciano); Juan Díaz Covarrubias y Juan Mirafuentes.

Por el mismo Altamirano sabemos que los participantes se dispersaron poco a poco. Unos prefirieron ocultarse, pero otros fueron desterrados, se sumaron al ejército de Juárez o permanecieron en la capital y padecieron la falta de libertad políica que se respiraba entonces hasta en la atmósfera. Fue así que tuvieron que conformarse con la intriga, la escritura de hojas liberales y su impresión clandestina.

Pedro Gualdi, Colegio de MinerAi??a, Monumentos de MAi??xico, MAi??xico, Decaen, 1841

Pedro Gualdi, Colegio de MinerAi??a, Monumentos de MAi??xico, MAi??xico, Decaen, 1841

Cómo pudo expresarse esta protesta en el Colegio de Minería, donde reinaban un rígido orden jerárquico y gran disciplina, y donde los jóvenes no querrían arriesgarse a ser expulsados? Si bien la consumación de la independencia había significado la intervención del Poder Ejecutivo en sus asuntos internos y la pérdida de autonomía presupuestal, la institución fundada en el siglo XVII para formar peritos en la dirección y administración de las minas y haciendas de beneficio, gozaba aún de gran renombre. Egresar de allí después de seis años en sus aulas y prácticas in situ, conllevaba prestigio.

El reglamento era estricto y sometía a los alumnos a una férrea disciplina. Los directivos -el capellán, entre otros- se preocupaban por la conducta de alrededor de 300 colegiales de entre 14 y 21 años de edad, tanto como de atender a su educaciA?n cristiana y buenas costumbres, y dividían estrictamente su tiempo entre prácticas religiosas, cursos, horas de estudio, comida y descanso. Las actividades daban inicio a las seis de la mañana y terminaban alrededor de las diez de la noche. Los domingos y días de fiesta, después de cumplir con sus deberes cristianos, los jóvenes podían salir de paseo y/o reunirse con sus familiares.

Los testimonios que siguen nos ilustran al respecto y nos permiten apreciar el valor y la resolución de los revoltosos en 1858. Uno de ellos procede de los Datos para la historia del Colegio de Minería recogidos y compilados bajo la forma de efemAi??rides por el antiguo alumno, el ingeniero de minas Santiago Ramírez (1890). El otro -intercalado en letras cursivas para dar más sentido a la narración fue tomado del Libro en que constan los castigos impuestos a los alumnos del Colegio de Minería, resguardado en el Archivo Histórico de la Ciudad de México.

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1858

Enero 7.- Se verifica la apertura de las clases. [...]

Marzo 1.- En la Sala de Actos, en presencia de los profesores, empleados y alumnos, toma posesión de la dirección del Colegio, el señor don Joaquín Velázquez de León, quien en breve discurso desarrolla el programa que se propone seguir, de moralidad y progreso. [...]

Mayo 31.- Comienza una tanda de ejercicios espirituales en la Casa de la Profesa, dada expresamente para los alumnos del Colegio, y dirigida por los RR. PP. don Gil Alamán y don Felipe N. de Barros. Entran, además de los alumnos en número de 68, el director don Joaquín Velázquez de León, el capellán presbitero don Patricio Pevidal y los profesores don Joaquín Mier y Terán, don Patricio Murphy, don Diego Velázquez de la Cadena y don Juan C. Barquera. [...]

Junio 1A?.- Por su conducta irreligiosa son expulsados de la Casa y del Colegio, tres alumnos. [...]

Junio 9.- Salen los alumnos de ejercicios, y son obsequiados con un banquete que se sirve en el comedor del Colegio, al que asisten todos los profesores. [...]

Julio 17.- En la hora de recreación que sigue a la última distribución de la noche, algunos alumnos hicieron una manifestación política con marcado desorden, que el vice-prefecto de estudios don Javier Stávoli se apresuró a contener, imponiendo a los cinco alumnos promotores uno de los castigos de reglamento, que se negaron a obedecer, apoyados por uno de los jefes de la sección.

[...]
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Ponciano Arriaga: sus aAi??os formativos

Sergio A. CaAi??edo Gamboa – El Colegio de San Luis

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m.Ai??15.

ImA?genes integradas 1

 

A pesar de sus valiosas contribuciones a la vida polAi??tica y constitucional de MAi??xico, Ponciano Arriaga Leija es un personajeAi??poco conocido por los mexicanos y de menor interAi??s para nuestra historiografAi??a mexicana. Tal desconocimiento y desinterAi??s es injusta pues Ai??l contribuyA? a la instauraciA?n por el gobierno, en 1846, de las ProcuradurAi??as de Pobres,Ai??las cuales defendAi??an a los desvalidos y demandaban la reparaciA?n de cualquier exceso,Ai??agravio o maltrato que los poderes judicial, polAi??tico o militar o cualquier autoridad, funcionario o agente pA?blico cometiera en su contra, y en 1857, en el marco del Congreso Constituyente, su voto particular sobre la propiedad de la tierra promoviA?, entre otros aspectos, la divisiA?n de los latifundios, la prohibiciA?n de las adjudicaciones de tierra a las corporaciones religiosas, cofradAi??as o manos muertas, e insistiA? en que el fruto del trabajo de la tierra debiera pertenecer a los trabajadores, siendo fundamental para la integraciA?n y el enfoque que se le dio en la ConstituciA?n proclamada en ese mismo aAi??o y tuvo incluso influencia importante en la de 1917.

Dado que en 2011 se celebran los 200 aAi??os de su nacimiento, este texto propone contribuir a su conmemoraciA?n, centrA?ndose en sus aAi??os formativos mA?s que en sus ya conocidas aportaciones. Nuestro interAi??s por explicar las tres primeras dAi??cadas de la vida de Ponciano Arriaga, dAi??cadas fundamentales en su carrera como abogado, polAi??tico e intelectual, asAi?? como sus acciones en el escenario potosino deriva de que en este tiempo adquiriA? el conocimiento, la experiencia y las habilidades que lo impulsaron del escenario pA?blico de su ciudad natal a escenarios de transcendencia nacional. En efecto, hacia finales de la dAi??cada de 1840, Ponciano Arriaga dejarAi??a San Luis PotosAi?? con destino a la ciudad de MAi??xico, si bien residirAi??a tambiAi??n en otras ciudades del paAi??s donde ocupA? posiciones de importancia e, incluso susAi??opiniones polAi??ticas lo forzaron al exilio por unos meses, en Estados Unidos, durante la dAi??cada de 1850. RegresA? a MAi??xico, donde reanudarAi??a su carrera pA?blica, y a su patria chica en 1865, aAi??o en que adquiriA? una pequeAi??a casa en la cAi??ntrica calle del Arenal, donde muriA? el dAi??a 12 de julio.

John Phillips, San Luis PotosAi??, Londres, 1848 (480x315)

El momento en que se dio su nacimiento y su vocaciA?n y filiaciA?n polAi??tica ubican a Ponciano Arriaga temporal e ideolA?gicamente dentro de la llamada generaciA?n de la Reforma. La mayorAi??a de los integrantes de esta generaciA?n nacieron, como Ai??l, pocos aAi??os antes o despuAi??s del principio de la guerra de Independencia de 1810, y hacia el final de la dAi??cada de 1820 e inicios de la siguiente recibieron su educaciA?n en los reciAi??n fundados colegios de estudios mayores, tales como el Guadalupano Josefino en San Luis PotosAi?? y el Instituto de Ciencias y Artes de Oaxaca, entre otros. Aquellos estudiantes que fueron mA?s inquietos y con mejores dotes para la vida pA?blica se incorporaron muy pronto y en forma decidida como actores del proceso de formaciA?n del estado mexicano, participando en la vida polAi??tica e intelectual de algunas ciudadesAi??provinciales mexicanas desde los ayuntamientos y los congresos de los estados. Con el paso de los aAi??os, hacia las dAi??cadas de 1840 y 1850, todos ellos, en su edad madura, es decir, entre sus 30 y 40 aAi??os de edad, comenzaron a trascender a nivel nacional.

[...]

Para leer el artAi??culo completo,Ai??suscrAi??base a la Revista BiCentenario.

Mujer de altos vuelos

María de los Ángeles Avelar Mayer
Facultad de Filosofía y Letras, UNAM
Revista BiCentenario #16

A?ngel ZA?rraga: NiAi??a aprendiendo la historia, 1927

Si bien durante el siglo XIX la paulatina inserción de la mujer dentro de ciertos campos como el académico o el laboral (restringido a ciertas áreas), como el magisterio fue aceptada, el que dejase en un segundo plano las tareas domésticas continuó siendo duramente rechazado por la sociedad; en este sentido, se le permitió desarrollarse personalmente siempre y cuando satisficiera primero las necesidades de los otros. Pero no todas las mujeres estuvieron totalmente de acuerdo con los cánones que se les imponían ni con la continuidad de las estructuras tradicionales que condicionaban el crecimiento personal al estricto ejercicio de los roles que les habían sido designados. Una de estas mujeres fue la tabasqueña Dolores Correa Zapata, maestra y escritora que si bien reconoció como primordiales las labores de esposa y madre, también comprendió que no todas las mujeres estaban interesadas en ejercerlas y por lo tanto consideró fundamental dotar de herramientas a sus congéneres que buscaban tener otra forma de vida. Demos un breve vistazo a la vida de esta gran mujer.
Dolores Correa Zapata nació el 23 de febrero de 1853 en Teapa, Tabasco. Fue la única hija de Juan Correa y María de Jesús Zapata; le precedían tres hermanos, Alberto, Armando y José. En 1863, ya instaurado el Segundo Imperio, llegaron a Tabasco tropas francesas lo que quizá obligó a Juan Correa, hombre de ideas liberales, a huir a la isla de Cuba en busca de asilo político en tanto que Dolores, junto con su madre y sus hermanos, salió de Tabasco para irse a vivir con la familia de su padre, los Correa Zavala, a Mérida, Yucatán.

Laureana Wright de Kleinhaas

Es en esta tierra donde Dolores pasó toda su infancia y parte de su juventud. Influenciada por sus primas Gertrudis Tenorio Zavala y Cristina Farfán, quienes más tarde serían poetisas y periodistas de suma importancia, adquirió un amor profundo por las letras y la instrucción femenina. Como parte de una familia con recursos económicos modestos, pero no escasos, recibió educación con maestros
privados (tal y como se estilaba en la época).
En 1868, a poco de caer el segundo imperio, su padre regresó a México y la familia volvió a Teapa, lugar donde, junto con su hermano Alberto, sería enviada a la escuela local. Poco tiempo después la familia se trasladó a la capital tabasqueña donde Dolores ingresaría
al Instituto Superior de San Juan Bautista. Este suceso marcaría la formación académica de Lola ya que durante el siglo XIX, si bien
empezaban a darse los primeros movimientos de emancipación femenina en América (muchos de ellos influenciados por la Ilustración),
que abogaban por un proyecto educativo que contemplase una instrucción más completa para las mujeres, en México la educación femenina se encontraba aún muy rezagada.

Diego Rivera, Picos e Inesita, 1928

Dolores, como algunas mujeres educadas de la clase media, se incorporó rápidamente al magisterio. A los veintidós años ya fungía como maestra de educación primaria en Tabasco. Tal vez la insuficiencia de escuelas para niñas en la región fue lo que la inspiró para la construcción del Colegio María (nombrado así probablemente en honor a su madre). El día en que inauguró dicha institución dirigió las siguientes palabras al alumnado:

No penséis en quiméricas glorias
La ventura del alma buscad
Que las galas del mundo ilusorias
Amarguras tan sólo nos dan, hermosas
Si queréis vuestras sienes
De brillantes laureles ornar
Si queréis de la vida, dichosas
Vuestras horas serenas pasar
Que el amor al trabajo os dirija
Por la senda preciosa del bien,
Escribid en el lema que os rija,
“La niña Dios, familia, conciencia, deber."

 

 

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