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El ferrocarril en México. Asombro del pasado, fantasma del presente

Ethel Brillana Tweedie (ALEC)

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 3.

ferrocarril

En la actualidad pocas cosas admiran a los habitantes de las grandes ciudades, donde los adelantos científicos y tecnológicos se acogen sin mayor asombro. Lejana quedó la hazaña del Apolo XI que posó al primer hombre en la luna. Hoy las noticias de los vuelos espaciales se reciben como cualquier revelación cotidiana pues hemos perdido la capacidad de asombro. Los avances en informática y la telefonía celular por mencionar algunos ejemplos, pasaron a formar parte de nuestra vida sin mayores agobios, pero, ¿alguna vez te has preguntado cómo vivía la gente del pasado los adelantos científicos y tecnológicos? En el siglo XIX tres avances modernizaron a nuestro país; el teléfono, el telégrafo y el ferrocarril. Estos elementos conectaron a México tanto de manera interna como con el extranjero.

Ethel Brilliana Tweedie (Alec), viajera escocesa nacida en 1867, visitó nuestro país por primera vez en 1901 y recogió sus impresiones en un libro llamado Mexico As I saw it (1911). Cuando llegó a México fue invitada a viajar a bordo de un tren privado, el de Lorenzo M. Johnson, gerente general del Mexican International Railroad, con quien visitó Monterrey, Torreón y Durango. En este último estado recorrió la línea ferroviaria en construcción, Durango-Tepehuanes, y describió profusamente el sistema de obras; el interior de su carro privado; el paisaje y el impacto que en los nativos causó la llegada del moderno medio de locomoción.

Sin título¿Por qué escogí México? Me preguntan continuamente. Porque esa tierra parece ofrecer un mayor pasado histórico que cualquier otro país. Los hombres aún portan armas y, por otra parte, las ruinas aztecas y viajar a caballo a través de las montañas invitan a vibrar. En algunos aspectos México, en el año de gracia de 1901, está altamente civilizado, pero en otros, permanece completamente bárbaro. Verdaderamente es una tierra de paradojas. Es interesante, siempre pintoresco, a veces horripilante y frecuentemente triste. Que México tiene pasado, lo sé, que México tiene futuro, lo he aprendido tardíamente. su futuro no descansa en guerras y colonización, sino en su propia riqueza mineral y desarrollo agrícola.

La vida en un carro privado

¿Qué podría ser más delicioso, después de pasar ocho o nueve días en esos bárbaros carros Pulman del ferrocarril de Estados [Unidos], rodeada por una roncadora humanidad, que ser invitada a pasar unos días en un tren privado perteneciente al gerente general de una importante línea.

Me sentí encantada cuando me pidieron que acompañara a unos ingenieros en la última inspección de una nueva vía férrea que sería abierta al público. De hecho, sería yo la primera pasajera a Santiago (Papasquiaro). A un cuarto, pienso en ello, ¡y todo para mí sola! sin camas altas o bajas que durante el día se giran hacia arriba y se bajan por la noche, sin conductores o porteros “oscuros” entrando y saliendo continuamente. ¡Oh, la alegría de esos carros privados, en los cuales pasé muchas semanas felices en México!

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