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Criar hijos ajenos: Las nodrizas en México durante los siglos XVIII y XIX

Luis Ernesto Hernandez Morales
Facultad de Filosofía y Letras, UNAM.

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 14.

Contratar chichiguas fue algo común en México durante los años de la Colonia y en el siglo XIX pues las madres no siempre querían o podían amamantar a los recién nacidos, a pesar de que la alimentación infantil es, por razones naturales, su tarea y en nuestro país, las fuentes revelan que la crianza de los hijos ha sido parte central en las actividades cotidianas de las mujeres desde tiempos inmemoriales. Por ejemplo, en la época prehispánica, el cuidado de los niños era considerado asunto de gran vigilancia y cuidado; Fray Diego de Landa en su Relación de las cosas de Yucatán refiere que entre los mayas, los niños eran alimentados por sus madres biológicas hasta los cuatro años de edad, por lo que crecían sanos y fuertes. Sabemos también que los mexicas consideraban que atenderlos era obligación de las madres quienes, sólo en caso de verse incapacitadas para amamantarlos, podían disponer de una chichigua (palabra náhuatl para referirse a las nodrizas) con buena leche para hacerse cargo de esa labor por un periodo que podía ser bastante largo hasta cuatro años, pues los niños tardaban en ser destetados.

Durante la época colonial, Fray Toribio de Benavente Motolinía relata que si una mujer tenía gemelos, les daba a ambos la teta y no buscaba ama de leche para que los amamantara. Estamos al tanto de que la Santa Inquisición permitía a las madres presas tener a sus hijos en la celda durante el tiempo de lactancia y, en caso de que no pudieran alimentarlos adecuadamente, se buscaba a una nodriza para que lo hiciera.

Nodrizas mexicanas

Nodrizas mexicanas

Sin embargo, existieron innumerables casos entre las familias novohispanas (principalmente de clase alta y media) en las que el cuidado de los hijos fue depositado en manos de nodrizas. En este caso, la existencia de las amas de leche obedecía principalmente a que los recién nacidos no recibían el pecho de su madre, la que guardaba cama durante 40 días, atendida y alimentada por sus familiares y criados para que recuperaran su fuerza y vitalidad. Inmediatamente después de nacer, el niño era puesto en manos de una cuidadora de leche, que visitaba la casa varias veces al día pues podía trabajar para más de una persona o incluso vivía allí hasta que el niño era destetado.

José Alfarón, Castas, 1787

José Alfarón, Castas, 1787

El fraile español Francisco de AjofrAi??n, durante su estancia en nuestro país en el siglo XVIII, escribía: La crianza de los hijos en la gente principal es como corresponde a su carácter, aunque nunca calificaría por acertado el estilo de entregarlos a mulatas y mulatos… El testimonio del fraile capuchino muestra que el empleo de amas de leche de raza negra para el cuidado de los hijos de familias españolas, criollas y, en algunos casos, mestizas, era algo muy común para las madres del México colonial.

Castas, 1787

Castas, 1787

El uso de amas de crianza fue una práctica tan extendida entonces que instituciones como la Casa de Niños Expósitos requerían de sus servicios. En efecto, como la madre biológica no estaba disponible para alimentar a los infantes abandonados, no quedaba más que acudir a las nodrizas para que los amamantaran; había, por así decirlo, un mercado de trabajo para mujeres que pudiesen dar el pecho a una criatura y quisieran hacerlo a cambio de una remuneración. Y en varias ocasiones, el exceso de infantes o la falta de amas de leche hizo que una solo mujer amamantara a más de una criatura y que los encargados de la Casa se vieran en la necesidad de buscar más nodrizas para llenar la necesidad alimenticia de los expósitos. Para satisfacer esta demanda, recurrieron a mujeres indígenas con hijos recién nacidos que, como ya señalamos, buscaban un ingreso. Esto ocurría en pleno siglo XIX, tal y como lo muestra madame Calderón, quien en sus cartas de viaje nos cuenta:

En medio de la revolución nos divirtía el más pacífico de los espectáculos: la llegada de todas las nodrizas de la [Casa de] Cuna, que venían de los pueblos para recibir su mesada. Cuando el niño [nace] se le confía a una nodriza india en uno de los pueblos inmediatos a México. [...] Estas nodrizas tienen una fiadora, persona responsable que vive en el mismo pueblo y responde por su buena conducta. Se le paga a cada nodriza cuatro pesos al mes, suma suficiente para decidir a una india pobre y con familia, a que se agregue un ser más a la que ya tiene.

[...]
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