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Ciudad Juárez en 1911 Un capítulo de la fotografía documental

Miguel Ángel Berumen

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 14.

La revolución mediática de Madero

No todos los actos de la política y la guerra son documentados fotográficamente. Tiene que haber una voluntad implícita entre los actores y los fotógrafos, sobre todo cuando se trata de conflictos militares. Cuando circula una fotografía de un frente de batalla lo regular es que hubo autorización explícita del jefe que domina ese territorio, quien sólo será complaciente con los fotógrafos en la medida que el registro fotográfico no le perjudique ni táctica ni mediáticamente.

Madero con su esposa y Elena Arizmandi en la casa del cA?nsul alemA?n Weber en Ciudad JuA?rez, mayo 1911

Madero con su esposa y Elena Arizmandi en la casa del cónsul alemán Weber en Ciudad Juárez, mayo 1911

En el caso de la revolución maderista fue evidente la conciencia de su líder al respecto y aunque al inicio atendió de modo correcto los aspectos políticos y militares siempre fueron aparejados con la intención de causar un efecto en la prensa nacional y extranjera. Cuando pudo y lo creyó conveniente propició el acercamiento de los fotógrafos.

En carta fechada el 25 de abril de 1911 dirigida a William Randolph Hearst, magnate del periodismo en Estados Unidos, el jefe revolucionario ponía de manifiesto las verdaderas intenciones de su campaña política, y dejaba muy en claro la importancia y el poder que le otorgaba la prensa:

Usted ha sido siempre un defensor de los principios democráticos y de las libertades públicas, valiéndose para defender estos principios de la palanca más poderosa de que dispone el mundo civilizado, la Prensa, que en ninguna parte mejor que en esa gran nación merece el título del cuarto poder… se imaginaban que yo creía en la eficacia absoluta del voto público para luchar contra el Gral. Díaz. Sin embargo, yo comprendía que al Gral. Díaz sólo se le podría derrocar por medio de las armas; pero para hacer una revolución era indispensable una campaña democrática, porque ésta prepararía la opinión pública y justificaría el levantamiento armado. Hicimos la campaña democrática como si no tuviésemos la idea de recurrir a las armas.

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