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Cantorales del siglo XIX en la Catedral de MAi??xico

Silvia Salgado
Instituto de Investigaciones BibliogrA?ficas, UNAM
Revista BiCentenario #7

 

Mientras que afuera de la Catedral de la ciudad de MAi??xico se desarrollaba la hazaAi??a libertaria que separA? a la Nueva EspaAi??a de su matriz imperial y permitiA? el nacimiento de una naciA?n independiente, dentro de la Iglesia metropolitana se celebraban las misas y los oficios divinos que se habAi??an practicado a lo largo de los tres siglos de dominaciA?n hispana y, mA?s aA?n, se seguAi??an elaborando y comprando libros de coro o cantorales para cantar las alabanzas a Dios y ataviar el culto.

Desde la llegada de los espaAi??oles y hasta fines del siglo XIX, la Iglesia Catedral de MAi??xico elaborA? y utilizA? los cantorales, artilugios surgidos de la tradiciA?n judeocristiana, indispensables para sus celebraciones, sin que el final del orden virreinal y el surgimiento de otro orden polAi??tico, las guerras civiles y exteriores, las reformas socioeconA?micas, etcAi??tera, interrumpieran esta labor. FormA? asAi?? una de las colecciones mA?s ricas del paAi??s.

De esta colecciA?n se conservan, a la fecha, tan sA?lo 123 ejemplares, ya que muchos se perdieron por saqueo, ventas, descuido y exposiciA?n a diversos desastres naturales, al olvido y la ignorancia ai??i??que les dio otro uso considerA?ndolos sin valor. Los que quedan deben ser estimados como objetos culturales A?nicos. Son parte de nuestro patrimonio bibliogrA?fico y artAi??stico y la labor de hallazgo, inventario, preservaciA?n, estudio y difusiA?n ha de seguir.

Los cantorales son los libros de coro, escritos por lo general sobre pergamino, si bien los hay en papel artesanal o fabril, con textos basados en la Biblia y una notaciA?n musical vinculada a formas medievales y renacentistas. Su objetivo principal era ayudar en la alabanza ritual del Dios catA?lico, alabanza que ocurrAi??a en el altar catedralicio, en el coro alto o las naves laterales de los conventos masculinos, el coro oculto de los femeninos y en el altar de cualquier iglesia. Se caracterizan por su gran tamaAi??o ai??i??pueden medir entre 90 x 65 y 60 x 40 centAi??metros (alto por ancho) y tener un peso de hasta 50 kilogramosai??i??, lo cual resultaba preciso para que pudieran ser leAi??dos por todos los integrantes del coro, situados alrededor del facistol o gran atril que los sostenAi??a.

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Empresarias y tandas

Gabriela Pulido Llano
DEH-INAH
Revista BiCentenario #6

Semana tras semana: seleccionar un nuevo repertorio, contratar a los actores, mantener la disciplina en los ensayos, tener a mano a los sustitutos, encender las marquesinas aun en tiempos de guerra, difundir desde dentro la luz hacia las calles ocupadas por la noche, recibir a un pA?blico caprichoso e inconforme, sobrevivir a la censura, administrar la austeridad… El teatro en la ciudad de MAi??xico fue una empresa cansada y riesgosa durante las tres A?ltimas dAi??cadas del siglo XIX y la tres primeras del siglo XX. De las miles de puestas en escena que hubo en esos aAi??os se desprende la misma cantidad de anAi??cdotas acerca de las innovaciones y extravagancias de este arte efAi??mero, que a la vez fue uno de los medios de informaciA?n mA?s eficaces y crAi??ticos del paAi??s. A travAi??s de la tanda, expresiA?n teatral que podAi??a agrupar gAi??neros diversos ai??i??zarzuela, opereta, comedia, tragedia-, los capitalinos pudieron conocer los matices de muchos de los eventos de gran trascendencia polAi??tica y reAi??rse de ellos. AsAi??, en 1910, el gran escritor y poeta JosAi?? Juan Tablada llevA? al escenario una sA?tira titulada Madero Chantecler. Tragicomedia zoolA?gico-polAi??tica de rigurosa actualidad en tres actos y en verso, que incluAi??a una apologAi??a a Victoriano Huerta. A Madero le dirAi??a:

A?QuAi?? paladAi??n vas a ser,
te lo digo sin inquinas;
Gallo bravo quieres ser,
Y te falta, Chantecler,
Lo que ponen las gallinas!
Ai??

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Una lecciA?n de historia. La RevoluciA?n Mexicana en la pintura mural

Guadalupe Villa Guerrero -Ai??Instituto Mora

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 1.

David Alfaro Siqueiros (1896-1974), naciA? en Santa RosalAi??a Camargo, Chihuahua. ingresA? a la Academia de Bellas Artes de San Carlos a mediados de 1911. Posteriormente, en 1914, se incorporA? a la revoluciA?n sumA?ndose a las fuerzas del Cuerpo de EjAi??rcito del Noroeste, bajo las A?rdenes del general Manuel M. DiAi??guez, jefe de la DivisiA?n de Occidente. En 1919 el gobierno de MAi??xico lo enviA? becado a Europa a continuar con los estudios interrumpidos en Bellas Artes. De regreso en MAi??xico, se involucrA? ai??i??a partir de 1924ai??i?? activamente en las luchas obreras. Su incorporaciA?n al Partido Comunista y su actividad partidaria lo llevA? a prisiA?n en varias ocasiones ai???por cuestiones polAi??ticasai???. Vinieron despuAi??s su destierro a Estados Unidos, su viaje a EspaAi??a y su incorporaciA?n al EjAi??rcito Republicano EspaAi??ol en la 82A? brigada mixta (Teruel), para posteriormente pasar a la 46A?Ai?? Brigada Motorizada en el frente de Extremadura. regresA? a MAi??xico en 1944. Miembro prominente del Partido Comunista, siguiA? sus actividades como agitador sindical y polAi??tico que le valieron volver a Lecumberri. Como pintor alcanzA? fama internacional por sus obras de caballete, frescos y grandes murales que pintA? en diversos edificios pA?blicos, entre ellos el de la Escuela Nacional Preparatoria, el del Palacio de Bellas Artes y el del Museo Nacional de historia. Su A?ltima obraAi?? fue El Poliforum Siqueiros iniciada en 1970 en la Ciudad de MAi??xico.

0. El primer mural

El trabajo que Siqueiros realizA? para la Sala de la RevoluciA?n en el Castillo de Chapultepec no fue continuo. El artista participA? durante 1959 en varias manifestaciones encaminadas a obtener la libertadAi?? de Demetrio Vallejo ai??i??dirigente ferrocarrileroai??i?? y otros activistas presos; dictA? conferencias en las que criticA? acerbamente la polAi??tica laboral del gobierno y fue acusado, entre otros delitos, de disoluciA?n social, por lo que se le encarcelA? en el llamado Palacio Negro de Lecumberri. En 1964 se le concediA? el indulto y en 1967 concluyA? el mural que constituye, indudablemente, una obra maestra tanto por su plasticidad como por su sAi??ntesis didA?ctica. Siqueiros no pinta la revoluciA?n Mexicana sino sus antecedentes y, sobre todo, a los precursores e ideA?logos que con su influencia o acciA?n directa la hicieron posible.

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UN KIOSCO MORISCO EN LA CIUDAD DE MAi??XICO

Ma. Esther PAi??rez Salas C. / Instituto Mora
Revista BiCentenario, No.5, pA?g. 79

Kiosco B-5

Hablar del kiosco morisco situado en la alameda de Santa MarAi??a la Ribera en la ciudad de MAi??xico nos remite de manera inmediata a la capital del Porfiriato. A esa capital que conservaba aA?n sus paseos y lugares de encuentro coloniales, pero a la vez luchaba por abrirse paso en el mundo moderno y cada vez mA?s integrado de las A?ltimas dAi??cadas del siglo XIX. Es justamente este kiosco el que permitirA? que nos refiramos al carA?cter internacional que privaba en gran parte de la producciA?n artAi??stica de la Ai??poca.

Debemos seAi??alar tres elementos que distinguen al kiosco que presentamos. El primero son los elementos formales A?rabes, el segundo que se construyera con los materiales mA?s modernos y el tercero, que se concibiera como PabellA?n de MAi??xico para la ExposiciA?n Universal de 1884-1885, que se llevA? a cabo en la ciudad de Nueva OrleA?ns para conmemorar el centenario del mayor envAi??o de algodA?n de Estados Unidos a Inglaterra, producido en 1784.

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El sueAi??o de Julio Ruelas en Montparnasse

Julieta Ortiz GaitA?n -Ai??Instituto de Investigaciones EstAi??ticas, UNAM

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 4.

Julio Ruelas SuA?rez

Un profundo dolor debiA? invadir el A?mbito de la Revista Moderna de MAi??xico cuando llegA? la noticia de la muerte de Julio Ruelas acaecida en ParAi??s, el 16 de septiembre de 1907. En un editorial, sus compaAi??eros se declararon heridos en pleno corazA?n por el golpe inesperado que arrancA? a su mA?s conspicuo ilustrador, intAi??rprete fiel del espAi??ritu del modernismo mexicano a travAi??s de su abundante repertorio iconogrA?fico. El vacAi??o que deja Ruelas, afirmaron, ai???todavAi??a no lo podemos medirai???.

En aquel MAi??xico de principios del siglo XX, los artistas vivAi??an en una bohemia obligada que dio tono a la Ai??poca y consumiA? vidas y talentos en dolorosas muertes prematuras. Pintores, escultores, mA?sicos y literatos compartieron este destino, entre el precario medio local y la avasallante ebulliciA?n cultural de las ciudades europeas a las que viajaban, pensionados en un empeAi??o por seguir vocaciones que dejaron, finalmente y a costa de sacrificios, grandes legados para el arte mexicano.

Tal fue el caso de Julio Ruelas, quien naciA? en Zacatecas el 21 de junio de 1870, cuya vida efAi??mera y atormentada encarna la figura del artista bohemio, extraordinario dibujante de lAi??nea refinada y expresiva, quien desarrollA? una obra pictA?rica compuesta por retratos, paisajes y temas fantA?sticos de una imaginaciA?n morbosa y doliente, que encontrA? abundante motivaciA?n en el A?mbito literario del modernismo.

Sepulcro Ruelas (640x342)

Sepulcro del artista mexicano en el cementerio de Montparnasse

Antes de ingresar a la Academia de San Carlos, Ruelas cursA? estudios en el Instituto CientAi??fico e Industrial de Tacubaya y posteriormente en el Colegio Militar, entonces en el Castillo de Chapultepec. JosAi?? Juan Tablada, quien fue su condiscAi??pulo en el A?ltimo, menciona en sus memorias diversos episodios y anAi??cdotas que viviA? con su amigo. Recuerda las visitas que le hacAi??a en su taller de la calle del Indio Triste, una vasta pieza sobre las azoteas, desde donde se dominaba un panorama de cA?pulas y campanarios, la luz entrando a rA?fagas por los anchos ventanales y, en medio de la estancia, una mesa enorme, como de refectorio conventual, llena de dibujos y cartones con bocetos al A?leo. Tablada evoca en sus memorias esas reuniones de contertulios, un grupo Ai??ntimo, en las que se tocaba el piano, ai???leAi??amos, contemplA?bamos grabados o espiA?bamos el trabajo del pintor ensimismado y silenciosoai???.

Ai??[...]

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