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El cine como propaganda

HAi??ctor Luis Zarauz LA?pez / Facultad de EconomAi??a, UNAM

BiCentenario #21

La Ai??poca revolucionaria fue clave en el desarrollo de un cine documental que informaba pero a su vez estaba muy influenciado por promover la figura de los lAi??deres polAi??ticos. Francisco Villa fue uno de los que mejor provechA? le sacA?. Los intentos por hacer un cine menos politizado hallaban escaso eco

Enrique MoluniniAi?? y su pemresa familiar dedicada a la exhibiciA?n itinerante. Col. Ma. de Lourdes MouliniAi?? de Altamirano

Enrique MoluniniAi?? y su pemresa familiar dedicada a la exhibiciA?n itinerante. Col. Ma. de Lourdes MouliniAi?? de Altamirano

Como si fuera un set cinematogrA?fico, el paAi??s estaba listo en noviembre de 1910 para ser filmado. Entonces, el largo gobierno de Porfirio DAi??az era cuestionado por la vAi??a armada, Madero y sus seguidores habAi??an decidido explorar un nuevo guiA?n despuAi??s de las fallidas elecciones de ese aAi??o. La trama, el escenario, las luces y los actores, toda parecAi??a preparado para escuchar el llamado a cA?mara.

La revoluciA?n mexicana fue la primera que se dio en los albores del siglo XX. Su desarrollo coincidiA? con el establecimiento del cinematA?grafo en el mundo y en MAi??xico adonde apareciA? desde 1896 cuando llegaron los primeros representantes de la casa LumiA?re y de la casa Edison, considerados como los inventores del cine.

Como el cine ya habAi??a dado sus primeros pasos en nuestro paAi??s, la revoluciA?n fue un proceso histA?rico razonablemente bien filmado para su tiempo. Sin embargo, gran parte de los materiales fAi??lmicos que se hicieron entre 1910 y 1920 desaparecieron, ya sea porque fueron mutilados, fragmentados o destruidos. Aun asAi?? ha quedado suficiente de Ai??l para utilizarlo como un elemento reconstructivo de la historia de la revoluciA?n y de esa Ai??poca.

Anuncio Gran Cine Morelos, De la revoluciA?n hasta la caAi??da de Madero en ARCHIVO HISTAi??RICO DEL DISTRITO FEDERAL (AHDF), Carlos de SigA?enza y GA?ngora

Anuncio Gran Cine Morelos, De la revoluciA?n hasta la caAi??da de Madero en ARCHIVO HISTAi??RICO DEL DISTRITO FEDERAL (AHDF), Carlos de SigA?enza y GA?ngora

Actualidad revolucionaria

Al haber sido depuesta la dictadura de DAi??az, las temA?ticas que habAi??an interesado al cine de ese tiempo desaparecieron (hasta entonces, don Porfirio y su comitiva aristA?crata habAi??an sido uno de los imanes de taquilla) y en lo sucesivo el cinematA?grafo se centrA? en el movimiento revolucionario. El espectador dejA? de observar imA?genes de concordia y abundancia de esa supuesta belle Ai??poque que el cine se empeAi??aba en captar. Ahora el espectA?culo serAi??a ver al pueblo mismo en la pantalla y el enfrentamiento armado en contra del dictador y entre las facciones en rebeliA?n.

Durante los aAi??os de la RevoluciA?n (considerando la dAi??cada de 1910 a 1920), predominaron dos corrientes en la producciA?n nacional: por una parte, el documental sobre la RevoluciA?n, y por otra, las piezas del cine argumental que ya se venAi??an realizando.

Casi la totalidad de filmaciones que se hicieron en estos aAi??os fueron documentales-reportajes. Por el contrario, se realizaron muy pocas ficciones, lo cual es interesante si tomamos en cuenta que en el mismo periodo en Estados Unidos se filmaron mA?s de cien dramatizaciones sobre el tema revolucionario. Esto podrAi??a responder primero al hecho de que en MAi??xico la industria no habAi??a alcanzado un desarrollo pleno que permitiera hacer este tipo de cine, y segundo a que muy probablemente el pA?blico demandaba materiales de carA?cter informativo que consideraba mA?s fidedignos por ser el retrato de la realidad revolucionaria. De manera que estas cintas son muy cercanas a un trabajo periodAi??stico. Sin embargo, no debe perderse de vista que muchos de estos documentales fueron auspiciados por los propios caudillos que vieron en la filmaciA?n un vehAi??culo de promociA?n de sus figuras.

Dentro de los documentales habAi??a dos fines fundamentales. El primero fue el periodAi??stico, por lo cual las temA?ticas estaban evidentemente ligadas a los eventos de actualidad. Se trataba de filmar aquello que acababa de suceder en torno a las movilizaciones armadas a fin de que el espectador estuviera enterado. Entre estas se pueden citar: Las conferencias de paz en el norte y toma de Ciudad JuA?rez (1911), Viaje triunfal del jefe de la revoluciA?n don Francisco I. Madero desde Ciudad JuA?rez hasta la Ciudad de MAi??xico (1911), La revoluciA?n orozquista (1912), La revoluciA?n en Veracruz (1912), La revoluciA?n felicista (1913). AdemA?s, el camarA?grafo JesA?s H. Abitia filmA? campaAi??as militares de ObregA?n y Carranza, Francisco Villa contaba con camarA?grafos de la Mutual Film Corporation, que filmaron la toma de Ojinaga, TorreA?n y GA?mez Palacios, y los zapatistas tuvieron tambiAi??n camarA?grafos que editaron La revoluciA?n zapatista (1914). Las huestes huertistas llegaron a hacer uso del cinematA?grafo al filmar Sangre hermana (1914). Asimismo, fue registrada la invasiA?n estadunidense por Salvador Toscano, bajo el tAi??tulo de Sucesos de Veracruz (1914).

Anuncio Cine Academia sobre Francisco I. Madero 1911, en AHDF, Carlos de SigA?enza y GA?ngora

Anuncio Cine Academia sobre Francisco I. Madero 1911, en AHDF, Carlos de SigA?enza y GA?ngora

El otro uso importante que tuvo el documental en estos aAi??os fue el propagandAi??stico, ya que los documentos cinematogrA?ficos, fotogrA?ficos, periodAi??sticos, etcAi??tera, eran parte de la lucha de los distintos bandos de la RevoluciA?n. Estamos pues ante pelAi??culas vinculadas a una causa especAi??fica y que, en consecuencia, no son piezas desinteresadas y meramente testimoniales que se limitaban a registrar los sucesos del paAi??s.

Para saber mA?s

LEAL, JUAN FELIPE. El documental nacional de la RevoluciA?n mexicana. FilmografAi??a: 1915-1921. MAi??xico, Juan Pablos Editores, 2012.

MIKELAJA?UREGUI, JOSAi?? RAMAi??N. La historia en la mirada. MAi??xico, Filmoteca de la UNAM.

MIQUEL, A?NGEL.Ai?? ai???Las historias completas de la RevoluciA?n de Salvador Toscanoai???, Fragmentos. NarraciA?n cinematogrA?fica compilada y arreglada por Salvador Toscano, 1900-1930. MAi??xico, Imcine-Conaculta, 2010.

____________. En tiempos de RevoluciA?n. El cine en la ciudad de MAi??xico. 1910-1916. MAi??xico, UNAM, 2012.

ROSAS, ENRIQUE. El automA?vil gris. MAi??xico, 1919, dvd. Filmoteca de la UNAM.

TOSCANO, SALVADOR. Memorias de un mexicano. MAi??xico, 1950, dvd. FundaciA?n Carmen Toscano.

Para leer el artAi??culo completo,Ai??suscrAi??baseAi??a la RevistaAi??BiCentenario.

“El Mixcoac de mis recuerdos…”

Graziella Altamirano
Instituto Mora

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 12.

Las reminiscencias de la seAi??ora Guadalupe MartAi??nez de Ritz sobre su infancia en el Mixcoac de los aAi??os veinte del siglo pasado, comprenden la entrevista que presentamos a continuaciA?n. Se refieren al pueblo de los apacibles callejones y nuevas calzadas; el de los establos y huertas de A?rboles frutales; el de los jardines e iglesias; el que ya era recorrido por los nuevos tranvAi??as elAi??ctricos y en el que se detenAi??an los trenes que iban a los pueblos mA?s alejados que rodeaban la ciudad. El Mixcoac del legendario barrio de San Juan con su placita llena de plantas, su Santuario de la Virgen de Guadalupe y la vieja y adusta casona decimonA?nica que fuera hogar del prA?cer liberal ValentAi??n GA?mez FarAi??as, y que ahora alberga al Instituto Mora.

El relato estA? salpicado de anAi??cdotas y vivencias, a veces con un asomo de nostalgia por los tiempos idos, y a la vez con ese entusiasmo vivaz y esa frescura de la memoria no inmediata, que a menudo permite viajar por los recuerdos de los primeros aAi??os y evocar nAi??tidamente los lugares, las personas y los hechos que dejaron huella y que se observaron a tra- vAi??s de los prismas de la niAi??ez.

AsAi??, doAi??a Guadalupe MartAi??nez nos transporta por el tiempo al barrio de San Juan y nos muestra el devenir cotidiano de una familia de clase media que vivAi??a muy cerca de la plaza, enfrente de la casa de don Irineo Paz, el abuelo porfiriano de Octavio Paz y junto a la huerta donde fuera sepultado don ValentAi??n GA?mez FarAi??as porque la iglesia impidiA? su inhumaciA?n en el camposanto.

Es un conjunto de recuerdos que nos permite vi- sualizar un rincA?n de los alrededores de la ciudad; un espacio donde transcurre el devenir cotidiano del Mixcoac aA?n campirano y en el que se refleja la problemA?tica polAi??tica encarnada en la persecuciA?n religiosa que viviA? la ciudad en los aAi??os posrrevolucionarios. Encuentran tambiAi??n un lugar los fantasmas, las leyendas del barrio y las festividades, asAi?? como las calles, las plazas y las escuelas, mucho de lo cual ha logrado sobrevivir al paso del tiempo, a pesar de los cambios vertiginosos sufridos por la gran ciudad.

Ladrillera en Mixcoac

Ladrillera en Mixcoac

NacAi?? el 4 de octubre de 1918 en la colonia San Rafael. Mi padre fue el abogado Juan MartAi??nez y mi madre, Victoria Meana, dedicada al hogar, como en aquAi??l entonces. Llegamos a Mixcoac porque mi papA? tuvo un accidente, al poco tiempo muriA?, mi mamA? quedA? viuda y en Mixcoac vivAi??an mi abuelita con sus otros hijos que eran solteros. Mis tAi??os y mi abuelita ya no quisieron que mi mamA? regresara hasta la colonia San Rafael, que entonces estaba muy distante y le dijo: ai???no, tA? ya no te vasai???, porque yo tenAi??a un aAi??o de nacida. Dijo: ai???quAi?? vas a hacer con la niAi??aai???, entonces ya nos quedamos en Mixcoac.

Uno de mis tAi??os rentA? una casa de ahAi??, enfrente a la casa de Octavio Paz, era el nA?mero 72 de la calle que se llamaba en esa Ai??poca avenida CuauhtAi??moc, ahora se llama Rubens, entonces, rentA? esa casa muy grande que tenAi??a huerta, un corral, una alberca, estaba muy bien esa casa. AhAi?? vivimos muy bien, se casA? otra de mis tAi??as, se casA? uno de mis tAi??os, entonces ya quedamos nosotros ahAi?? con mi abuelita. Vivimos hasta que tenAi??a yo once aAi??os de edad. De ahAi?? nos cambiamos a la calle de la Empresa, que es tambiAi??n paralela a Rubens. Casi vivAi??amos en la esquina de Augusto Rodin. Es el mismo rumbo, pero yo de lo que mA?sAi??me acuerdo es de cuando vivAi?? en Rubens porque, A?cA?mo le dirAi???, entre mA?s chica es una, como que recuerda con mA?s claridad que cuando ya es una mA?s grande.

Mi casa era… una casa muy grande, tenAi??a siete ventanas. El zaguA?n y siete ventanas, entonces, adentro, tenAi??amos un jardAi??n. Primero… ya ve cA?mo eran los corredores para las puertas de las recA?maras y de la sala y todo, era una sala enorme. El corredor y unas escalerillas y el jardAi??n. AtrA?s del jardAi??n estaba la huerta, una huerta enorme, tenAi??amos hasta chirimoyas y casi todas las frutas conocidas, tenAi??amos A?rboles frutales. DespuAi??s, mi tAi??o comoAi??hobbieAi??puso su estadAi??a, puso un establo, entonces empezaron a poner los macheros y acondicionar para el establo. HabAi??a en la zona varios establos. HabAi??a uno muy grande hacia adelante, para avenida RevoluciA?n.

[...]
Para leer el artAi??culo completo, consulte la revistaAi??BiCentenario.

La expulsiA?n del delegado papal en 1923

Ai??
MarAi??a Gabriela Aguirre Cristiani
Universidad AutA?noma Metropolitana-Xochimilco
Revista BiCentenario #6
DedicaciA?n del monumento a Cristo Rey 11 de enero 1938. Instituto Mora

DedicaciA?n del monumento a Cristo Rey 11 de enero 1938. Instituto Mora

A?lvaro ObregA?n tomA? posesiA?n de su cargo como presidente de MAi??xico el 1A? de diciembre de 1920. Para entonces la relaciA?n que existAi??a con la Iglesia catA?lica no era del todo armoniosa pues la reciAi??n promulgada ConstituciA?n de 1917 acotaba el poder de la instituciA?n eclesiA?stica. Por dar un ejemplo, el artAi??culo 24A? prohibAi??a el ejercicio del culto pA?blico fuera de los templos, es decir, al aire libre, limitA?ndolo a que se realizara nada mA?s en los edificios destinados a ello. Esta disposiciA?n tambiAi??n afectaba a los catA?licos mexicanos quienes acostumbraban a celebrar las fiestas religiosas en los atrios, plazas y calles, como parte de una tradiciA?n arraigada desde mucho tiempo atrA?s y por lo mismo, era una prA?ctica que se habAi??a convertido en una expresiA?n propia de la vida cotidiana.

Pese a que el marco jurAi??dico no favorecAi??a un ambiente cordial entre el Estado y la Iglesia, el presidente ObregA?n mostrA? signos de condescendencia al permitir el arribo, al paAi??s, de un delegado apostA?lico designado por la Santa Sede el 22 de julio de 1921. Si recordamos que habAi??an pasado casi ocho aAi??os de ausencia de un representante papal en MAi??xico, la posibilidad de que el cargo fuera nuevamente ocupado generA? buenas expectativas para la comunidad catA?lica de entonces y mostrA? la actitud conciliadora del Ejecutivo Federal, quien tampoco tomA? en cuenta el artAi??culo 130 constitucional que limitaba el ejercicio del culto sA?lo a los mexicanos.

El primero de diciembre de 1921, a un aAi??o exacto de la presidencia de ObregA?n, monseAi??or Ernesto Filippi llegA? a Veracruz para despuAi??s ser trasladado a la ciudad de MAi??xico, donde estableciA? su residencia. Nadie podAi??a pensar que su presencia mostrarAi??a la frA?gil estructura de la relaciA?n Iglesia-Estado.

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Miradas extranjeras

Revista BiCentenario #10

El fenA?meno de la RevoluciA?n llamA? la atenciA?n de diversos extranjeros que por alguna razA?n estuvieron en MAi??xico. Las grandes movilizaciones populares despertaron suAi??interAi??s y curiosidad por entender lo que estaba pasando en nuestro paAi??s. Periodistas, polAi??ticos, diplomA?ticos e inmigrantes, entre otros, describieron a los protagonistas en distintos momentos de la lucha. Sus testimonios son singulares pues presenciaron los sucesos en que aquAi??llos participaron y subrayan la simpatAi??a o antipatAi??a que sintieron.

Francisco I. Madero

Francisco I. Madero

Manuel MA?rquez Sterling, embajador de Cuba en MAi??xico a partir de enero de 1913, fue testigo de los aciagos dAi??as de la Decena TrA?gica que culminaron con el derrocamiento y la muerte de Madero, a quien retrata en las siguientes lAi??neas extraAi??das de su libro Los A?ltimos dAi??as del Presidente Madero (1917):

Al fondo, en el centro de su Consejo de Minis- tros, D. Francisco I. Madero, de frac, pequeAi??o y redondo, con la banda presidencial sobre la tersa pechera de su camisa, me aguarda en la verde y sedosa alfombra. Reacciona mi espAi??ritu, y asoma a los ojos, todo Ai??l en mis puplas, dispuesto a interpretar, a su manera, la inquietud nerviosa, amable y regocijada, en mezcla extraAi??a y A?nica, del magistrado que saborea la victoria [...]

El nuevo mandatario, pese a sus enemigos, era un hombre virtuoso [...] traAi??a su fe en el rAi??gimen democrA?tico, su fe en el pueblo, su fe en la ConstituciA?n, hasta entonces, por ningA?n gobierno practicada; sentAi??a, como nunca, ademA?s, la mano directora de la Providencia sobre su hombro; sentAi??a la divinidad en su alma pura y cristalina; y en su polAi??tica, suave, indulgente, paternal, vibraban las grandes afirmaciones de un sincero apostolado [...].

La presencia de Madero ya no despertaba [meses despuAi??s] el entusiasmo de antes en las clases inferiores, en el siervo a quien habAi??a redimido; y su aura popular, un tiempo extraordinaria, se esfumaba, lA?nguida y triste, en cielos de tormenta. La oposiciA?n habAi??a inculcado a sus antiguos adoradores la desconfianza y el recelo.

[...] La noche del 18 de febrero [de 1913] fue noche muy triste para quienes, amando profundamente a la patria mexicana, comprendieron que [Victoriano Huerta] era presa del furor de la ambiciA?n… Resolvimos ir a la Intendencia del Palacio a ver a los vencidos. El mismo oficial nos condujo hasta la puerta. Pino SuA?rez, escribAi??a en un bufete rodeado de soldados. En un cuarto contiguo, varias personas, en estrado, acompaAi??aban a Madero. [...] Me hizo sentar en el sofA? y a mi izquierda ocupA? una butaca. PequeAi??o de estatura, complexiA?n robusta, ni gordo ni delgado, el Presidente rebosaba juventud. Se movAi??a con ligereza, sacudido por los nervios; y los ojos redondos y pardos brillaban con esplendente fulgor. Redonda la cara, gruesas las facciones, tupida y negra la barba, cortada en A?ngulo, sonreAi??a con indulgencia y con dignidad. Reflejaba en el semblante sus pensamientos que buscaban, de continuo, medios diversos de expresiA?n. SegA?n piensa, habla o calla, camina o se detiene, escucha o interrumpe; agita los brazos, mira con fijeza o mira en vago; y sonrAi??e siempre; invariablemente sonrAi??e. Pero, su sonrisa es buena, franca, generosa [...] Era como el gesto del rAi??gimen que con Ai??l se extinguAi??a [...]

Era la una de la maAi??ana [...] Madero, en es- tos instantes inolvidables, de tres sillas forja un lecho para el Ministro de Cuba, rogA?ndole que se acueste. De una maleta… saca varias frazadas y mantas que suplieron sA?banas y almohadas; y revela [...], en el semblante, la divertida gentileza de quien afronta, dichoso, las peripecias de una cacerAi??a feliz en la montaAi??a profunda [...] Eran rasgo de su carA?cter el orden, la simetrAi??a, la regularidad [...]

A las diez de la maAi??ana todavAi??a me hallaba en la Intendencia del Palacio Nacional de MAi??xico. El dormitorio recobrA? sus preeminencias de ai???sala de reciboai??? y Madero, en el remanso de su dulce op- timismo, formulaba planes de romA?ntica defensa. Desde luego, no concebAi??a que tuviese Huerta deseos de matarle; ni aceptaba la sospecha de que FAi??lix (DAi??az) permitiese el bA?rbaro sacrificio de suAi??vida, siAi??ndole deudor de la suya. Pero, a ratos, la idea del prolongado cautiverio le inquieta; y sonrAi??e compadecido de sAi?? mismo. Educado al aire libre, admirable jinete, gran nadador y, ademA?s,Ai??amante de la caza, la tAi??trica sombra del calabozo le afligAi??a.

[...] el 22 de febrero [...] mediada la noche, al parecer tranquila, me di blandamente al sueAi??o [...] Un sirviente llama desde fuera de la alcoba [...] avisa que la seAi??ora de Madero quiere hablar por el telAi??fono [...] Son las siete de una frAi??a maAi??ana. Corre mi esposa al receptor y escucha el desolado ruego: ai???A?SeAi??ora, por Dios; al Ministro que averigA?e si anoche hirieron a mi marido! A?Es preciso que yo lo sepa, seAi??ora!ai??? [...] Y no podAi??a consolarla, desmintiendo aquella versiA?n, piadoso anticipo de la dolorosa realidad, porque, en ese instante, su doncella le mostraba, a todo el ancho del periA?dicoAi??El Imparcial, en grandes letras rojas, la noticia del martirio.

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