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La astrología en el mundo novohispano

Revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 52.

Manuel Suárez Rivera
Instituto de Investigaciones Bibliográficas, UNAM

Los habitantes de Nueva España tuvieron en las publicaciones de efemérides –pronósticos, lunarios, calendarios y reportorios– una forma de organizar su vida. Sus advertencias sobre el clima, la presencia de enfermedades y las perspectivas futuras que indicaban los signos del zodiaco, basadas en el movimiento de los planetas, se conjuntaban con los santorales y obligaciones propias de las creencias católicas.

Georg Pencz, Astrologia, grabado, ca. 1500-1550. The Miriam and Ira D. Wallach Division of Art, Prints and Photographs: Print Collection, The New York Public Library.

El 14 de septiembre de 2015 sucedió un acontecimiento revolucionario en el mundo de la ciencia, el cual muy probablemente cambiará nuestro entendimiento sobre el universo. Dos laboratorios en Estados Unidos, llamados ligo, separados por más de 2 000 km entre sí y encargados de detectar ondas gravitacionales, lograron registrar una alteración en el tiempo-espacio, lo cual confirmaba las teorías que Einstein había desarrollado un siglo antes.

Se trataba del primer registro de estas ondas, emitidas por un choque de dos hoyos negros ubicados a 1 300 millones de años luz; una explosión de magnitudes inimaginables que pudo ser registrada en la tierra ¡1 300 millones de años después! Para dimensionar la magnitud de la distancia, imaginemos que con la tecnología actual tardaríamos alrededor de 40 000 años en recorrer tan solo un año luz. Con el descubrimiento de hace cinco años, las ondas gravitacionales lograron alterar el tiempo-espacio, y lo seguirán haciendo, ya que a partir de este primer registro se han detectado algunos más.

Con esto no pretendo ahondar en cuestiones astronómicas y de ciencia dura, simplemente rescato una pregunta que la humanidad se ha hecho: ¿pueden las estrellas influir en nuestra realidad? Tras el experimento de ligo, la respuesta es claramente afirmativa.

Esta pregunta se la han planteado muchas civilizaciones, y lo seguimos haciendo en la actualidad. Las respuestas han sido muy diversas y, en términos generales, se puede decir que la astrología se ha encargado de estudiarlas. A diferencia de la astronomía, la astrología tiene a la tierra por centro y estudia el movimiento de los astros en relación con nuestra perspectiva. Su práctica ha caído en el desprestigio científico, alimentada por la charlatanería adivinatoria que recibimos a diario; sin embargo, la astrología como práctica científica tiene varios milenios de respaldo.

La organización del conocimiento que entendemos por astrología está basada esencialmente en el paradigma que entiende al mundo bajo cuatro elementos: tierra, agua, aire y fuego, los cuales están presentes en un zodiaco que se divide en doce partes, las cuales se distribuyen de tal forma que tenemos tres signos de agua, tres de fuego, tres de tierra y tres de aire. Cada signo está vinculado con características generales; por ejemplo, los nacidos bajo los signos capricornio, tauro y virgo somos tierra y tendemos a ser más prácticos, mientras que géminis, libra y acuario, que son aire, supuestamente tienden a ser seres del intelecto.

Dentro de esta distribución, los movimientos de los planetas inciden en el equilibrio de los signos bajo lo que se denomina “aspectos”: los más famosos son las conjunciones y las oposiciones. Bajo el paradigma aristotélico, las diferencias de posiciones impactan directamente en el equilibrio de estos elementos y, por ende, en nuestros humores. Si a ello agregamos la relevancia de la hora en la que se nace y el signo que estaba ascendiendo en ese momento (ascendente), nos daremos cuenta de que se trata de una actividad nada sencilla, que aún hoy es practicada y tiene seguidores en la sociedad.

El almanaque

Ahora bien, ¿cómo registraban los novohispanos los días del año, el clima del mes, las actividades a realizar en determinadas fiestas cristianas, el conteo de los años, y un sinfín de cosas que hoy en día logramos saber simplemente con indagar en nuestro smartphone? La simplicidad de nuestra realidad hace que olvidemos lo complejo que esto ha sido para todas las generaciones que compartieron nuestro espacio en siglos pasados.

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