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Una mirada a la Plaza Mayor de MAi??xico en el siglo XVIII

Blanca Azalia Rosas B.
Facultad de FilosofAi??a y Letras, UNAM.

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 12.

Plaza mayor (800x644)

Es posible que no exista mejor manera deAi??saber cA?mo era la vida cotidiana en la ciudad de MAi??xico en el periodo colonial que acercA?ndose aAi??La Plaza Mayor de MAi??xico en el siglo XVIII, pintura anA?nima al A?leo sobre tela, de gran formato (2.66 x 2.12 m.), que se encuentra resguardada por el Museo Nacional de Historia en el Castillo de Chapultepec.

Esta obra singular se ha fechado en 1768, debido a que la escena representada es similar a la descripciA?n de la salida en pA?blico del virrey MarquAi??s de Croix, relatada en la crA?nica de Manuel de San Vicente,Ai??Exacta descripciA?n de la MagnAi??fica Corte Mexicana, Cabeza del Nuevo Americano Mundo, Significada por sus essenciales partes, para el bastante conocimiento de su Grandeza. A pesar de que estudios posteriores ubican la elaboraciA?n de la pintura en la primera mitad del siglo XVIII, con base en detalles como los de la indumentaria de los personajes representados, Lo mA?s probable es que haya sido elaborada entre 1757 y 1768, entre los gobiernos de los virreyes marqueses De las Amarillas (1755-1760) y De Croix (1766- 1771), debido a la presencia de elementos comoAi??la acequia, techada entre 1753 y 1754,Ai??y los cajones de San JosAi??, construidos en 1757. TambiAi??n destaca la columna de Fernando VI, obsequiada a la ciudad de MAi??xico por el mismo rey en 1747, que por su ubicaciA?n protagA?nica en el centro de la composiciA?n, al margen de la poblaciA?n y con el resguardo de la milicia, sugieren que el A?leo pudo estar dedicado a ese monarca, aunque fuera en los aAi??os inmediatos a su muerte en 1759.

Podemos identificar el tema de la pintura como una vista urbana con escenas costumbristas. Se trata de la Plaza Mayor de la ciudad de MAi??xico, observada de oriente a poniente. DebiA? pintarse desde el Palacio Virreinal, hoy Palacio Nacional, pues en la parte inferior, a manera de marco, se distingue el almenado de este edificio.

Hay que recordar la importancia de las plazas mayores. Eran, dentro de las ciudades, el espacio pA?blico por excelencia, el sitio donde se llevaban a cabo las actividades cotidianas. Fueron por ello un elemento indispensable tanto en las ciudades americanas como en las europeas y se inspiraban en el urbanismo clA?sico. En el siglo XVIII la Plaza Mayor de la ciudad de MAi??xico no sA?lo fue unAi??centro de actividades comerciales, fiestas religiosas y civiles, imparticiA?n pA?blica de justicia, sino tambiAi??n fue el lugar donde se reunAi??a la sociedad novohispana para ponerse al tanto de los acontecimientos mA?s recientes, de poca o mucha relevancia, las modas y las ideas en boga.

El A?ngulo imaginario en que se acomoda la escena representada nos permite una mayor visibilidad sobre toda la plaza, es decir, la perspectiva errA?nea y la falta de una escala adecuada en los edificios nos deja apreciar con mayor detalle un espacio mA?s amplio de la Plaza Mayor. No quiere decir que el pintor de la obra careciera de conocimientos compositivos, ni que su estilo pictA?rico fuera ingenuo, sino que pudo valerse de un recurso visual para alcanzar una mirada mA?s completa sin el estorbo de los edificios circundantes.

Una lectura de la imagen, contraria al correr de las manecillas del reloj, parece iniciarse con el traslado del virrey y su comitiva del Palacio a la Catedral. En la composiciA?n, el recorrido parece prolongarse para rodear la Plaza Mayor, pasando primero entre el Portal de Mercaderes y el PariA?n, representantes de los comerciantes mA?s ricos del reino y lugar de abasto de las clases mA?s acomodadas y las provincias del interior. En seguida, al costado izquierdo de la pintura, la calle de la Acequia pasa frente a las casas de Cabildo, donde ejercAi??an sus funciones los miembros del ayuntamiento de la ciudad, importante grupo de poder local, a la par del virrey, las audiencias y la Iglesia.

Por A?ltimo, como resultado de la barrera de los numerosos espectadores del evento oficial, el camino, asAi?? como la base del aparato social jerA?rquico, desemboca en los puestos y las mesillas que componen el Mercado de Bastimentos y el Baratillo chico, sitios de reuniA?n y abasto del grueso de la poblaciA?n de escasos recursos. Este A?ltimo aspecto queda unido y sometido al poder del rey en la Columna de Fernando VI, al centro de la composiciA?n, la cual resulta indispensable para la ceremonia de afianzamiento de poder que preside el virrey.

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