México, 6 de octubre de 1910: La ceremonia de la apoteosis

Guillermo Brenes Tencio / Historiador, Costa Rica. 

BiCentenario #9

Que el sol del Centenario ilumine el camino de la falange heroca que vencer. al destino fecundando la tierra y domeñando al mar. ¡Voz de la apoteosis, que brotas de la historia, lleva hasta nuestros padres, como un canto de gloria, la vibración inmensa del alma popular!

Justo Sierra, 6 de octubre de 1910

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El año de 1910, Centenario de la Independencia de México, fue harto memorable. Fastuosas ceremonias y fiestas enmarcaron el gran aniversario de la República Mexicana, que contaba entonces con una población de 15 160 369 habitantes. Como agentes de la memoria oficial, las fiestas patrias de septiembre de 1910 sirvieron para erigir y develar estatuas y monumentos a los héroes de la historia patria. La construcción de los recuerdos pasados a través de los monumentos no es ingenua. La imaginación cívica que se forma con el desarrollo de los Estados nacionales modernos tiene entre sus objetivos principales encarnar a la comunidad política en un pasado común. La enseñanza que los monumentos propician es histórica y “moral”: evocan las gestas del pasado y representan los “valores” que distinguen a los héroes que sacraliza el Estado. Justamente el Paseo de la Reforma, con los monumentos, entre otros muchos, dedicados a Colón, Cuauhtémoc, la Independencia y el Hemiciclo a Benito Juárez, eran ya entonces una síntesis de los episodios constructores de la “comunidad imaginada e imaginaria” llamada México, un libro de historia en bronce, mármol y granito, que se leía al pasear, un homenaje a los héroes que dieron libertad y patria.

El aspecto simbólico aparece en los ritos de la nación. Así, podemos figurarnos la noche del 6 de octubre de 1910, cuando en el patio principal del Palacio Nacional en la Ciudad de México se efectuó una “emotiva y brillante ceremonia” que no sólo sirvió para clausurar con magnificencia y liturgia detallada las fiestas del Centenario, sino también un intento oficial para recuperar de una vez a varios de los héroes que se relacionaban con la gesta independentista de 1810, cuyos restos y cenizas reposaban desde el 17 de septiembre de 1823 en la bóveda de los virreyes bajo el Altar de los Santos Reyes de la Catedral Metropolitana, en espera del gran mausoleo que algunos suponían como panteón nacional.

Captura de pantalla 2013-09-27 a las 12.20.42Bien es sabido que la reconstrucción didáctica del pasado –centrada en la edificación de monumentos perennes o temporales y en actos para recordar gestas o personajes que alentaban el sentimiento patriótico— fue tarea del Estado porfiriano que buscaba su legitimación y se orientó, sobre todo, al culto cívico en una dimensión republicana. Honrar los despojos y pertenencias sagradas de los héroes mártires y la ofrenda máxima de su vida en el altar de la patria es una tarea básica para formar la conciencia nacional.

La Apoteosis, proveniente de la Antigüedad clásica, consistía en la posibilidad de los mortales más insignes de ser parte del “Olimpo” histórico y adquirir así pasaporte a la inmortalidad. En una estructura jerárquica como la porfiriana, constituyó una ceremonia cívica de índole oficial y elitista, en la que estuvieron presentes el general presidente Porfirio Díaz y las altas esferas civiles, militares y eclesiásticas de la nación. En las invitaciones para el evento se hacía hincapié en el atuendo de los caballeros: uniforme y condecoraciones; para las señoras y señoritas, vestido de gala. En el mundillo de las representaciones sociales, el ritual cívico se reservó a la gente de alto nivel y de buen ver y se excluyó a los sectores populares.

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PARA SABER MÁS:

ENRIQUE AYALA ALONSO, “El Panteón Nacional”, en Carlos Alberto Mercado Limones y Luz de Lourdes Serna Cerrillo (comps.), Catrina y Sepulcro, México, Universidad Autónoma Metropolitana–Unidad Xochimilco, 2006, pp. 141 – 155.

GENARO GARCÍA, Crónica Oficial de las Fiestas del Primer Centenario de la Independencia de México (facsimilar), México, Centro de Estudios de Historia de México Condumex, 1990.

LOUISE NOELLE GRAS, “México: las fiestas del Centenario, 1910”, en Apuntes, vol. 19, n.m. 2, julio–diciembre de 2006, pp. 228–235.

VERÓNICA ZÁRATE TOSCANO, “La conformación de un calendario festivo en México en el siglo XIX”, en Erika Pani y Alicia Salmerón (coords.), Conceptualizar lo que se ve. François-Xavier Guerra, historiador: Homenaje, México, Instituto Mora, 2004, pp. 182-214.

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