Huellas de MAi??xico en Estados Unidos

Ana Rosa SuA?rez ArgA?ello / Instituto Mora

Revista BiCentenario # 19

zorroA?Te has preguntado, lector, por quAi?? en tantas pelAi??culas producidas por Hollywood aparecen tantos elementos culturales de origen mexicano? Recuerda, por ejemplo, las decenas de producciones con el tema de El Zorro ai??i??desde la primera, en 1922ai??i?? en que algunos personajes son hidalgos, o bien mineros que trabajan del lado sur de la frontera, o pastores que siguen a las marchas de ovejas, o vaqueros que participan en rodeos y practican todo tipo de suertes y todos ellos hablan espaAi??ol y son originarios o descendientes de personas nacidas en nuestro territorio.

A?CA?mo es que antes del inicio de la gran migraciA?n de mexicanos a fines del siglo XIX habAi??a ya en Estados Unidos una presencia cultural mexicana? La razA?n es que esta presencia comenzA? en realidad en 1845, aAi??o en el que Texas se convirtiA? en parte de la UniA?n. Se ampliarAi??a entre 1848 y 1854, cuando MAi??xico perdiera mediante la guerra y la compra lo que hoy son los estados de California, Arizona y Nuevo MAi??xico, ademA?s de parte de los actuales estados de Colorado, Nevada y Utah.

mapa california

La poblaciA?n que nuestro paAi??s vecino del norte adquiriA? por ocupaciA?n o conquista pasA? a ser una minorAi??a tan pronto los ciudadanos estadunidenses comenzaron a llegar en gran nA?mero a los territorios asAi?? adquiridos, en una minorAi??a desplazada del mando polAi??tico, excluida de la direcciA?n de las actividades econA?micas y ademA?s obligada a trabajar en condiciones de inferioridad. Vistos como inferiores por sus rasgos raciales y culturales, los 75,000 mexicanos que allA? se encontraban en el momento de cambio de los linderos nacionales se transformaron en extranjeros en su propia tierra, ajenos al idioma, las leyes y el modo de vida que se les impuso.

A ellos se sumarAi??an los cientos de miles de inmigrantes procedentes del sur del rAi??o Bravo que llegaron en los decenios posteriores, ya que los nuevos y porosos lAi??mites entre ambos paAi??ses no impidieron los cruces de la frontera. Por lo pronto, y fieles a viejas prA?cticas, los residentes de los estados mexicanos de Baja California, Sonora, Chihuahua, Coahuila, Nuevo LeA?n o Tamaulipas no cesaron de viajar libremente a Estados Unidos para atender sus asuntos, comerciar o ganarse la vida. Desde entonces, el paAi??s vecino del norte les ofreciA? posibilidades de empleo como vaqueros, pastores, mil usos, criados, operarios, mineros, vendedores o en la prostituciA?n. En sA?lo dos aAi??os despuAi??s de la firma del tratado de paz, cuando la noticia del descubrimiento del oro en las cercanAi??as de la ciudad de San Francisco, California, se habAi??a esparcido en Europa, Estados Unidos y el resto del continente americano, recibirAi??a a cerca de 20,000 mexicanos. Muchos fueron enviados por dueAi??os de tierras de los estados del nuevo norte de MAi??xico, donde hubo quienes se hicieron cargo de sus gastos de viaje y subsistencia, a cambio de la mitad del oro que descubriesen. Otros eran comerciantes, atraAi??dos por la posibilidad de hacer negocios del otro lado, que cargaban sus mulas y partAi??an hacia donde pensaban encontrar compradores para sus mercancAi??as; otros trabajaron para patrones estadunidenses en los rAi??os aurAi??feros.

Es cierto que esta poblaciA?n tuvo durante muchos aAi??os una existencia casi invisible, que sin embargo resultA? fundamental en el desarrollo de lo que habAi??a pasado a convertirse en el suroeste de Estados Unidos, en tanto que no solo suministrA? la mano de obra indispensable para el desarrollo de la regiA?n y del paAi??s, y porque a travAi??s suyo los reciAi??n llegados conocerAi??an los reglamentos, tecnologAi??a, herramientas y prA?cticas para ellos desconocidos, que utilizarAi??an en la minerAi??a, la crAi??a de ovejas y la ganaderAi??a.

Los mexicanos, herederos de la gran tradiciA?n minera del pueblo espaAi??ol, seAi??alaron la ruta a los mineros estadunidenses, quienes carecAi??an tanto de los precedentes legales como de la experiencia para explotar los yacimientos de oro, plata, cobre y mercurio que se encontraron en el suroeste durante los aAi??os siguientes. La minorAi??a mexicana proporcionA? el trabajo, la tecnologAi??a, las palabras ai??i??bonanza o placer, por ejemploai??i?? y un cuerpo completo de ordenanzas, aplicadas en la penAi??nsula ibAi??rica y en AmAi??rica Latina durante mA?s de 350 aAi??os y que serAi??an base de la legislaciA?n minera estadunidense. AsAi??, las ordenanzas espaAi??olas asignaban la posesiA?n de los minerales del subsuelo a la corona, pero permitAi??an derechos privados sobre la superficie. Como seAi??alA? Dan De Quille (1829-1898), testigo de lo anterior, ai???el negocio de trabajar minas de plata entonces era nuevo para nuestro pueblo, y mucho dependAi??an al principio de lo que les decAi??an los mineros de plata mexicanos que se congregaban en el paAi??sai???.

En la industria ovina, las instituciones, prA?cticas, costumbres, organizaciA?n y personal dedicado a ella derivaron su existencia en Estados Unidos de los conocimientos y la pericia de los patrones, pastores y trasquiladores mexicanos, alumnos a su vez de los patrones, pastores y trasquiladores espaAi??oles. El sistema de propiedades extensas, la prA?ctica de asignar derechos fijos de apacentamiento a los particulares, la divisiA?n laboral ai??i??una pirA?mide cuya base eran los pastores y la cA?spide los patronesai??i??, prevalecen en las fincas ovejunas mA?s grandes del suroeste. Asimismo, el sistema de trashumancia, que en EspaAi??a salvaguardaba la asamblea de la Mesta, facilitA? las marchas de ovejas en California, Arizona, Colorado, Nevada, Utah, Idaho, Wyoming y Montana. Equivale a las actuales asociaciones de rancheros de nuestros dAi??as. Cuenta Sarah Bixby Smith, quien viviA? en un rancho ovejero del sur de California en la dAi??cada de 1870:

Llegaban los trasquiladores, una banda alegre de mexicanos sobre caballos inquietos, con bridas maravillosas ribeteadas de plata, hechas de cuero crudo o pelo de cabello trenzado, y sillas de montar de cuernos altos, grandes estribos y amplio y bello cuero labrado. Los hombres iban vestidos con fino paAi??o negro, camisas blancas fruncidas, botas de tacA?n alto y altos y anchos sombreros ornados de plata galoneada, sostenidos con una cuerda bajo la nariz. Entraban 50 A? 60, amarraban los caballos, hacAi??an a un lado sus galas y aparecAi??an overoles cafAi??, con bandanas rojas en la cabeza, y vivAi??an y trabajaban en el rancho durante mA?s de un mes, tantas eran las ovejas que trasquilaban.

La poblaciA?n de origen mexicano tuvo ademA?s un papel de trascendencia en el desarrollo ganadero del suroeste. El vaquero fue el antecedente del cowboy, que adoptA? sus utensilios y mAi??todos, fusionA? ambos idiomas, acuAi??A? expresiones tales como chaparral, cavyard (de caballada), stampede (de estampida) y facilitA? la incorporaciA?n de palabras en espaAi??ol como chaparral, reata, burro, rebozo y tortilla. Y hoy, como entonces, utiliza una silla de montar diferente a la anglosajona, aplica el sistema hispanoamericano de marcas y registros y acude a los rodeos con una indumentaria surgida en la Ai??poca colonial y que le transmitieron los vaqueros, aplica tAi??cnicas para lazar que le enseAi??aron los mexicanos y se somete a las decisiones de los jueces de ganado, descendientes directos de los jueces de campo que solAi??an arreglar disputas, primero en la penAi??nsula ibAi??rica, y luego a ambos lados del rAi??o Bravo. La distribuciA?n del trabajo en los ranchos ganaderos tuvo y tiene, como en los ovejeros, un carA?cter semifeudal y sus propietarios siguen unidos en fuertes y bien organizadas asociaciones basadas en la instituciA?n espaAi??ola de la Mesta y muy poderosas.

El arte de la arrierAi??a fue aprendido por los estadunidenses de los arrieros mexicanos, como es evidente en diversos tAi??rminos lingA?Ai??sticos utilizados: alforja, aparejo, burro, corral, lazo, atajo,
mulada, etcAi??tera. Se reconocAi??a a los A?ltimos como los expertos en el oficio; se recurrirAi??a a ellos para el comercio que se desarrollA? en toda la regiA?n.

La tradiciA?n hispanomexicana influyA? asimismo en la legislaciA?n. Muchas instituciones heredadas de EspaAi??a, que MAi??xico conservA? y afinA? entre 1821 y 1846, siguieron funcionando. En ese sentido, hubo tres aportaciones jurAi??dicas a varios cA?digos de los estados del suroeste de Estados Unidos:

1) La disposiciA?n por medio de la cual se concede el derecho de usar las aguas corrientes para la irrigaciA?n o la producciA?n de fuerza motriz, sin necesidad de consultar a los dueAi??os de las tierras por donde pasen las corrientes. Es el caso de los estatutos que aA?n garantizan el acceso al agua en esa extensa regiA?n.

En efecto, a los angloamericanos les faltaba toda experiencia en cultivos de regadAi??o cuando llegaron a ella. Sus leyes eran producto de culturas en las que el agua abundaba y protegAi??an los derechos ribereAi??os, a diferencia de las legislaciones espaAi??ola y mexicana, que enfrentaban el problema de la carencia de agua y la necesidad de irrigaciA?n en la agricultura. La mayorAi??a de los nuevos estados y territorios surgidos de la invasiA?n de MAi??xico tuvo que desistir o modificar, despuAi??s de aAi??os de litigios y conflictos, la doctrina de origen anglosajA?n y adoptar la ley mexicana que conferAi??a al estado la propiedad de las aguas y el derecho de permitir que las aprovechase cualquier particular ai??i??ribereAi??o o no; a la fecha, estos preceptos forman parte de su sistema legal.

AdemA?s de adoptar estas leyes y estas prA?cticas, en Texas, Nuevo MAi??xico, Arizona, Colorado y California, donde la aridez constituAi??a una dura realidad, los reciAi??n venidos debieron recurrir a la experiencia de sus predecesores ai??i??mexicanos, espaAi??oles e indios puebloai??i?? para dar prosperidad a sus ranchos y granjas. Se apartaron asAi?? extensiones de tierra y destinA? el agua que corrAi??a por ellas para beneficio de todos. Lo mismo se harAi??a con la reserva de pastizales para todos.

Fue tambiAi??n preciso construir y mantener canales, represas y pozos al modo mexicano, a los que se considerA? y tratA? como propiedad y responsabilidad colectivas. A fines del siglo XIX aA?n habAi??a poblaciones en Nuevo MAi??xico donde aquellos que no hubiera colaborado en estos trabajos y cumplido con la parte que les correspondAi??a, perdAi??an el derecho de disponer de las mercedes comunales.

Se construyeron de tal forma sistemas de acequias, que llevaban agua a las represas desde lugares lejanos ai??i??se atraAi??a la de los rAi??os y atrapaba la del deshieloai??i??, se valAi??an de tecnologAi??as avanzadas que facilitaban a los vecinos la obtenciA?n de agua potable y les permitAi??an el riego de los cultivos. Mencionemos dos ejemplos: la acequia y el acueducto de la espada, el primero un canal derivado desde el rAi??o y el segundo un sistema de caAi??erAi??as hecho de mamposterAi??a que llevaban agua a la misiA?n de San Antonio, Texas, y el embalse de la antigua misiA?n, en San Diego, California, una represa hecha de adoquines y cemento que cumpliA? un papel fundamental en el desarrollo de ese territorio.

2) Se conservA? la prohibiciA?n de vender tierras colectivas para su explotaciA?n, en todo caso se permitAi??a alquilarlas a plazos determinados.

3) ContinuA? el precedente de los intereses comunes en las propiedades matrimoniales. Una de las primeras distinciones que hubo en Estados Unidos entre las propiedades propias de la esposa y las propiedades comunes por matrimonio aparece en la primera ConstituciA?n del estado de California (1849) y dice: ai???Toda propiedad real y personal de la esposa, poseAi??da y reclamada por ella antes del matrimonio, y las adquiridas despuAi??s por donaciA?n, legado, o linaje, o ascendencia, serA?n de su sola propiedad, y se aprobarA?n leyes que definan con mA?s claridad los derechos de la mujer tanto respecto a la separaciA?n de bienes como a las tenga en comA?n con su maridoai???. Se negA? por lo mismo a los interesados la posibilidad de que cada uno dispusiera por su cuenta de los bienes comunes; para ello tendrAi??an que recurrir a los tribunales.

Estas medidas eran muy justas para las mujeres y estaban influidas por las leyes de propiedad ejercidas en MAi??xico ai??i??a donde llegaron desde EspaAi??aai??i??, y se contraponAi??an al derecho consuetudinario anglosajA?n, que otorgaba al marido un dominio ilimitado de los bienes e ingresos de la esposa, esto es, el derecho de hacer con ellos lo que quisiera. Quedaron asAi?? garantizados los derechos de las mujeres, tanto por herencia como sobre los ingresos y bienes propios o reunidos durante el matrimonio. Es interesante que un par de sociedades acusadas con frecuencia de machismo como la espaAi??ola y la mexicana fueran justamente las que brindasen a Estados Unidos un precedente legal no establecido por su propia tradiciA?n.

Podemos concluir entonces que las primeras huellas de MAi??xico en Estados Unidos cuentan con varias centurias y que la presencia de nuestra naciA?n en el vecino paAi??s del norte se siente todavAi??a en numerosas costumbres y tradiciones a la fecha imperantes, en la prA?ctica de la minerAi??a, la crianza de ovejas y la ganaderAi??a, en la distribuciA?n del agua y en la vida jurAi??dica y cotidiana de muchas de sus mujeres.

PARA SABER MA?S:

Alfredo JimAi??nez, El Gran Norte de MAi??xico: una frontera imperial en la Nueva EspaAi??a (1540ai??i??1820), Madrid, TAi??bar, 2006.
Martha Ortega Soto, Alta California: una frontera olvidada del noroeste de MAi??xico (1769ai??i??1846), MAi??xico, Universidad AutA?noma Metropolitana, 2001.
* ai???La marca del zorroai???, 1922, en http://www.youtube.com/watch?v=eDAoExVYOpc.