Estudiar la Revolución

Jesús Anaya Rosique

Publicado en MILENIO

Dedicado a la Revolución, circula el número 10 de BiCentenario, la revista trimestral de divulgación histórica que publica el Instituto Mora, en la que un grupo de historiadores difunden temas e interpretaciones novedosas, así como imágenes y testimonios poco conocidos o recién descubiertos acerca de la conmoción social y política que transformó a nuestro país en las primeras décadas del siglo XX.

Al presentar los textos de este número especial, Ana Rosa Suárez Argüello llama en el editorial a “estudiar y pensar juntos nuestra Revolución que dejó sentir sus efectos sobre todos los habitantes del país, si bien de manera desigual; después de que concluyó la etapa armada una década después, durante los años de la reconstrucción e incluso hasta hoy, los mexicanos hemos tenido que enfrentar sus resultados”.

Dos artículos muestran a Madero, Carranza, Zapata, Villa, Obregón y otros personajes en su dimensión humana: Luis Barrón retrata a Carranza; los textos contenidos en “Miradas extranjeras” ofrecen visiones originales sobre los líderes revolucionarios; y el cuento de Alfredo Vargas narra el asesinato de Villa. “Una revolución de las dimensiones de la nuestra fue, en realidad, la suma de muchas que expresaron las necesidades individuales y regionales de ese mosaico social que era y es México”. Así, Griselda Zárate trata la historia de las hermanas Villarreal, que debieron exiliarse en 1905 en EU y militar en las filas del magonismo para luchar contra la dictadura porfirista; Javier Rico cuenta la experiencia revolucionaria del padre del poeta Octavio Paz, que se unió a las tropas zapatistas; Alberto del Castillo selecciona fotos del archivo de Isidro Fabela, figura destacada del carrancismo e importante diplomático de los gobiernos posrevolucionarios; José de J. Ángel escribe sobre los agentes anA?nimos que descifraban y codificaban los mensajes de los jefes revolucionarios; y Eva Salgado selecciona y edita los testimonios de los combatientes zapatistas guardados en el Archivo de la Palabra del Instituto Mora.

Otros dos artículos nos llevan al sureste “donde, si bien el movimiento revolucionario se demoró, provocó un cambio profundo”: Marisa Pérez relata el experimento socialista en Yucatán de los gobiernos de Salvador Alvarado y Felipe Carrillo Puerto, que en la década de los aAños 20 “dieron un giro completo a la historia local”; Diana Guillén, a través del relato de la boda de su abuela en Chiapa de Corzo, deja ver cómo “algunos sucesos (aun de índole privada) pueden provocar otros de carácter público o ser afectados por éstos”. A propósito de experimentos sociales, Alfredo Pureco aborda las utopías puestas en práctica en la Tierra Caliente de Michoacán, primero durante el Porfiriato por el inmigrante italiano Dante Cusi en sus fincas Lombardía y Nueva Italia y, más tarde, por el presidente Lázaro Cárdenas al decretar la colectivización agraria en esas mismas tierras. Los efectos de la Revolución en la vida cultural son descritos desde diferentes perspectivas: Laura González estudia los cuadros cubistas que pintó el joven Diego Rivera durante su estancia en Europa en 1915; Elvia Montes de Oca se ocupa de la educación socialista de los niños del cardenismo; en las páginas dedicadas a la ceremonia del 20 de noviembre podemos ver cómo ha sido, hoy y ayer, un “recurso para justificar proyectos políticos”; y finalmente Eugenia Meyer nos pregunta si hay que “festejar o conmemorar” el acontecimiento-

BiCentenario.El ayer y hoy de México, vol. 3, número 10, octubre-diciembre 2010 (México), revista trimestral del Instituto Mora,http://revistabicentenario.com.mx

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