Entre caballos y fraccionadores: La colonia Hipódromo Condesa

María del Carmen Collado - Instituto Mora.

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 2.

Sin título

 

La colonia Hipódromo Condesa está de moda en la Ciudad de México. En sus calles arboladas, que cuentan con amplios camellones y glorietas, han surgido cafés, restaurantes, bares, librerías, galerías y distintos tipos de negocios aprovechando su hermoso diseño semi circular inspirado en la Ciudad Jardín, sus construcciones art déco, que ya son patrimonio histórico, y su privilegiada ubicación, cercana al casco histórico de la capital. Estos atractivos hacen que muchos jóvenes quieran vivir en esta zona —que cumplió ya su primer siglo—, que cientos de visitantes recorran sus grandes áreas verdes o acudan a sus comercios. Al mismo tiempo, la proliferación de los establecimientos ha provocado tensiones entre los comerciantes y los residentes derivadas de los cambios en el uso del suelo. Pero no es la primera vez que este territorio sufre grandes transformaciones, antes de surgir como fraccionamiento fue sede del Hipódromo de la Condesa del Jockey Club. El centro de diversiones abrió sus puertas en 1910 con una carrera en el marco del Centenario de la Independencia y las cerró en 1925 para convertirse en una nueva colonia como consecuencia de la Revolución.

La demanda de espacios habitables generada en la década de 1920 resultó de la Revolución, que provocó la migración de miles de mexicanos a la gran ciudad, en busca de un refugio que los pusiera a salvo de las batallas y las carencias que generó la lucha armada. Así, mientras la población del país se redujo 5.2 por ciento entre 1910 y 1920, la del Distrito Federal creció 25.7 por ciento. Durante los años veinte del siglo pasado surgieron alrededor de 32 nuevas colonias en el Distrito Federal, esparcidas en el Ayuntamiento de la Ciudad de México y en las municipalidades que la rodeaban.

El incremento de pobladores fue un acicate para el desarrollo de los negocios urbanos, los que, a juzgar por su expansión, constituyeron inversiones rentables y seguras en los primeros años posrevolucionarios, signados por un lento crecimiento económico. Algunos de los viejos ranchos y haciendas que rodeaban a la capital se transformaron en colonias para todas las clases sociales a un ritmo más acelerado que en la segunda mitad del siglo XIX . Tales fueron los casos de la hacienda de los Morales, en parte de cuyos terrenos se creó Chapultepec heights, luego conocida como las Lomas de Chapultepec, o del rancho de Anzures transformado en la colonia del mismo nombre.

[...]

Para leer el artículo completo, suscríbase a la Revista BiCentenario.