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Justicia privada

Darío Fritz.

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 37.

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María del Pilar Moreno escoltada por policías durante un juicio, 1922,  inv. 3242. Secretaría de Cultura.INAH-MEX.

Ensimismada y hasta relajada, pensando en lo que fue o lo que puede llegar a ser, desentendida del presente de miradas y ubicada en el centro de atención, cargando un velo luctuoso que quizá asuma la muerte por partida doble, sola como tantas mujeres suelen quedar ante el infortunio o la valentía de sus actos, y por lo mismo incomprendidas, es una adolescente apenas, con 16 años, pero que observada por la multitud de hombres, y unas pocas mujeres, a su espalda, con admiración y temor, atracción y respeto, en la elocuencia del silencio, responde con el garbo de tantas que como ella, en diferentes épocas y lugares, dejan azorada a la audiencia. Mujeres que nunca pasaron desapercibidas ni por el destello de una mirada o la inteligencia de sus reflexiones y proezas. En aquella vista fija en un horizonte indescifrable no hay altivez ni derrota, sino un sano equilibrio de quien se sabe segura y consciente de ser ella misma. Podría levantar la vista y recibir miradas y dedos índices acusadores, sin expresar el menor atisbo de culpa o sumisión. El drama no la absorbe, la seguridad está en sus pies y manos entrelazados. Podría entrar a correr la filmación de una cámara de cine, levantarse y pararse frente al auditorio, que tan solo dejaría escuchar un murmullo, o, en todo caso, se podría esperar una tempestad de aplausos. Hay carácter y madurez en el gesto impasible como en el cuerpo relajado acomodado en la silla de madera. La tenue lejanía del resto en una circunferencia imaginaria de tan solo uno o dos metros le dan un aura de fortaleza y feminidad incuestionable. Se pudo haber sacrificado, pero no fue en vano. Lo que hizo, así lo quiso y decidió. Los instantes de felicidad o de sufrimiento ella los determinó. Creyó en sus fuerzas y no esperó a las frases aprobatorias o negativas de otros. María del Pilar Moreno a sus 14 años había matado de varios disparos al diputado Francisco Tejada Llorca, en venganza porque este asesinó a su padre, Jesus Moreno, también legislador, y el fuero lo protegía de ir a la cárcel. Franca, imperativa, moralista, racional y emotiva, de un amor desgarrador por su padre, puso de relieve la necesidad de la igualdad de género y hasta fue inspiradora de otras historias similares de mujeres. Durante su defensa se ganó el apoyo del público y la prensa, respaldada también en una autobiografía escrita durante el juicio. Un jurado la absolvió en 1924. Y ya luego no se supo más de ella.

Terrorismo

Darío Fritz

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 35.

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Terroristas hay por todos lados. Detrás de un burka o de unos rasgos de piel oscura. De un boleto de avión que diga Teherán, Saná o Kabul, por tener un tatuaje que identifica a cualquiera con alguna tribu urbana de un barrio marginal, por el acento extranjero o la dificultad al pronunciar, por llevar tenis gastados o por el simple hecho de escribir o comentar posiciones públicas críticas. Porque no acredita una estancia legal o porque no trae tarjeta de crédito ni más pesos que los necesarios para pagarse una comida mínima y continuar con hambre. Por subirse a un bote hasta casi hundirlo con otras decenas de iguales o recorrer asfixiado un desierto a 45 grados centígrados. Por tener pasaporte de un país paria o por pasarse el alto de un semáforo. Terroristas hay por todos lados, al menos de eso intentan convencernos. La nueva ola mundial xenófoba toca muchas puertas. Y la asociación terrorismo-migrantes la define. Si bien la migración ha hecho al mundo más integrado y multifacético, algunos no parecen entenderlo así, cuando tocan a sus puertas pasan a la amnesia los retratos de sus padres, abuelos o bisabuelos bajando de un barco apenas con lo que llevaban puesto. ¿Y cómo les habría ido a estos señores de bigote? En sus rasgos mexicanos o sirio-libaneses, el mostacho top de 1910 los podría haber delatado, hecho sospechosos o puestos en la mira. El estilo italiano o turco de esos pelos cincelados a mano lo usaban también los anarquistas, los terroristas de entonces. Razones para desconfiar había. Hacia mediados y fines del siglo XIX la pauperización económica trajo a Yucatán a los migrantes sirio-libaneses, atraídos por el oro verde del henequén. Con la ley de Extranjería y Naturalización de 1886, el atractivo creció y los inmigrantes también. Tuvieron mejor suerte que los chinos. Se asentaron junto a mercados y en las zonas céntricas para ofrecer su principal portento comercial: la venta de textiles, asociada al financiamiento de las compras que tantos réditos les daría. Los hermanos Borge fueron unos de ellos. En Mérida abrieron dos establecimientos que perdurarían por largo tiempo en la memoria peninsular: La Moda Real y La Ninfa. Se adaptaron a un nuevo mundo y utilizaron la publicidad como esta imagen, posada para seguir ganándose un lugar entre los yucatecos. La migración, hija de la pobreza, les dio nombre y dignidad. Justo lo que se les quiere quitar un siglo después a quienes siguen sus pasos.

En boca de todos

DarAi??o Fritz

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 33.

VehAi??culo en los aAi??os 20's (640x442)

A estos seAi??ores la puntualidad no les trae preocupaciA?n. El horario en la ciudad es mero ardid para cubrir apariencias. Con overol o con corbata, todo a su debido momento porque es hora de ganarse una pronta inmortalidad en foto. Una selfie, podrAi??a decirse hoy, y seguimos, que es mi segundo de fama, antes de que nos ganen el mandado. A estos jA?venes, en cambio, le va aquello de Umberto Eco, de que una cosa es ser famoso ai??i??el mejor chofer, por ejemplo, en el recorrido Tacubaya-Mixcoac-San A?ngel, si eso interpretamos del joven que lleva peinado con brillantina, o el mejor obrero de la fA?brica, en el caso del moreno de sombreroai??i??, pero muy distinto es estar en boca de todos. Ese era otro menester. Estar en boca de todos, asAi?? sea por un desliz de esos que la moralidad circundante seAi??ala con el Ai??ndice de culpabilidad, nadie lo querAi??a. Hoy, estar en boca de todos es necesario para apantallar, llamar la atenciA?n sin importar el cA?mo. En esa adustez, seriedad y tranquilidad de nuestros dos retratados hay otra visiA?n del mundo. Despacio, pero seguros, parecen decir. Y no hagamos caso a cierta seriedad sibilina porque por entonces no se estilaba sonreAi??r para las fotos. CorrAi??an los aAi??os veinte del siglo pasado, los tiempos de sangre y fuego de la revoluciA?n se habAi??an acabado, un paAi??s se tenAi??a que construir. A?Por quAi?? correr entonces? Treinta o cuarenta minutos en el camioncito de Mixcoac a San A?ngel o a Tacubaya, podAi??a parecer mucho tiempo, en caminos de tierra, con agujeros por doquier (aA?n no eran baches, esos los trajeron el asfalto y los presupuestos engordados en sobreprecios), paradas con esperas infinitas para los usuarios, y unos asientos de madera que hacAi??an trizas hasta la mA?s pulposa de las nalgas. Pero aun asAi?? se trataba de regresar del trabajo a casa a la hora de la comida, y despuAi??s todos a correr a las seis de la tarde, hora de salida. En camioncito o en tranvAi??a, atravesando RevoluciA?n, Patriotismo u otras calles como Tamaulipas, Rodin o Holbein, subirse al transporte pA?blico hace casi un siglo no era una experiencia muy diferente a la de hoy. Nuestros asientos serA?n mA?s cA?modos, los camiones no brincan tanto como aquellos, pero quAi?? tan apretados y hacinados viajaban comparado con la actualidad. QuizA? les ganemos unos 20 minutos en el recorrido, pero en algo no podemos asemejarnos: esascaras de despreocupaciA?n no abundan en estos dAi??as.

Consulte la revistaAi??BiCentenario.

Sedentarismo

DarAi??o Fritz.

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 32.

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Todas las profesiones se asocian a los cinco sentidos. Pero en algunas se fortalecen mA?s. El olfato en el polAi??tico, el gusto en el sommelier, el tacto en el masajista, la vista en el guardaespaldas, el oAi??do en el adulador. Hay profesiones atribuAi??bles a las manos como la de los artesanos o a los pies en el caso de los desaparecidos pisadores de uvas. A los brazos en el campesino. EstA?n las del sexto sentido, si es que eso existe: espiritistas, tarotistas, chamanes o apostadores. Profesionales de la suerte como los alpinistas, de la muerte como los taxidermistas o de la vida como los paramAi??dicos. Y hay tambiAi??n profesiones asociadas al sedentarismo. QuAi?? podAi??an hacer ante eso empleados de comercio como los de la imagen si pretendAi??an combatir la rutina detrA?s de un escritorio haciendo cA?lculos, revisando estados bancarios, haberes y deberes, o atendiendo a sus clientes.

Los empleados de la foto rompieron la rutina cierto domingo de 1909 para admirar la musculatura del especialista en lucha grecorromana. Sin abandonar el saco, la corbata, el sombrero ni el zapato de charol de la semana ai??i??la elegancia no siempre se relaciona con la practicidadai??i??, sacaban boleto para echar el ojo en las luchitas que se daban en los desaparecidos jardines del TAi??voli del Eliseo, donde en la actualidad se cruzan Insurgentes y Puente de Alvarado. La asistencia a las luchas era todo un acontecimiento en tiempos de elites porfirianas y tambiAi??n un servicio de la Sociedad Mutualista de Empleados de Comercio para sus agremiados, que alentaba a disfrutar del espectA?culo, pero escasamente a su prA?ctica en momentos en los que hacer deportes era cosa de rara avis.

De todos modos, los espectadores no parecen muy emocionados por el concentrado luchador que hace gala de fuertes bAi??ceps, su pantalA?n de malla ajustado con cinturA?n de cuero, borceguAi??es y una axila devoradora de desodorante. Eran los comienzos de un deporte obviamente amateur en el paAi??s, que no estaba aA?n para olimpiadas ni para plantarle cara al mA?s benjamAi??n de los luchadores japoneses de sumo. SegA?n las expresiones de los parcos integrantes del pA?blico, no parece que aquello de levantar 125 libras (casi 57 kilos) sea lo suyo. Su pasiA?n estaba por otro lado. Nada que los asociara con la ai???vuelta de caderaai???, la ai???cabeza a tierraai??? o el ai???puenteai???, como se conocAi??an algunas de las tAi??cnicas de la lucha grecorromana. SA?lo el joven semiagazapado parece tomarse en serio la demostraciA?n. Al menos para salvar el pellejo ante una eventual debacle del luchador.

El seAi??or X

DarAi??o Fritz

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 31.

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QuiAi??n no detesta estar varado en algA?n lugar, sin noticiasAi??sobre cuA?ndo continuarA? el viaje, ansioso por llegar aAi??destino y que alguien llegue para decirnos que estemosAi??en calma porque la demora va para largo. Una huelgaAi??en la aerolAi??nea, sobrecupo de pasajes, una tormenta queAi??conflictA?a llegadas y salidas, son razones suficientesAi??para echar a andar la verborragia del desencanto. LaAi??impotencia toma cuerpo de enojo y derroche de bilis,Ai??mientras las agujas del reloj pasan a cuentagotas. El seAi??orAi??de barba de candado da sus explicaciones al grupo, atentoAi??a que le resuelva su encrucijada. La calma no se ha roto.Ai??Hay atenciA?n, pero no se ve exasperado. La sufren lasAi??maletas en su funciA?n de asientos mullidos. No habAi??aAi??celulares por entonces para distraerse. A?CaminamosAi??hacia la izquierda?, podrAi??a decir el hombre con su gesto.

Era el 1 de diciembre de 1969 y aquellos jA?venesAi??que en su mayorAi??a no pasaban los 23 aAi??os estaban enAi??trA?nsito en el aeropuerto de la ciudad de MAi??xico paraAi??viajar a La Habana donde les esperaban tres meses deAi??trabajo solidario en la dura zafra cubana. En realidad,Ai??fueron cerca de un centenar que pasaron por allAi?? desdeAi??el 28 de noviembre, provenientes de Chicago, CaliforniaAi??o Misuri, y el abogado neoyorquino William CraigAi??cumplAi??a su papel de bombero ante las inclemencias deAi??la guerra frAi??a. El peligro de una detenciA?n o la posibilidadAi??de que fueran regresados era real. Evitarlo era suAi??misiA?n. Por eso los servicios secretos mexicanos marcaronAi??con una X sobre la cabeza de Craig para seAi??alarlo.Ai??Ellos mismos tomaron la foto de aquel hombre al queAi??le seguAi??an todos sus pasos desde dAi??as anteriores en queAi??se alojA? en un hotel en el Centro HistA?rico. Es posibleAi??que Craig les estuviera explicando que en grupos deAi??cinco debAi??an ir a una oficina del aeropuerto donde laAi??DirecciA?n Federal de Seguridad (DFS) les tomarAi??a unaAi??foto conjunta para ser fichados. Algunos quedarAi??anAi??registrados con un nA?mero sobre el pecho como si entraranAi??a un reclusorio.

PodAi??an sospecharlo o mantener algo de inocencia,Ai??pero la foto de cada uno de ellos tendrAi??a como destinoAi??tambiAi??n la oficina en MAi??xico de la CIA, a tono con laAi??cooperaciA?n permanente que se daba desde que a finalesAi??de los aAi??os cuarenta el gobierno de Harry TrumanAi??ayudA? a que las pesquisas anticomunista mexicanasAi??fueran eficientes.

La ai???Brigada Venceremosai???, que integraban estos estudiantes,Ai??profesores, carpinteros, heladeros o contadores,Ai??segA?n le declararon a la DFS, pretendAi??a romper elAi??bloqueo econA?mico a Cuba y hacerle ver a su gobiernoAi??que ai???el pueblo estadunidense desea la amistad con todosAi??los pueblosai???. Fue una quimera aquello como sabemos.Ai??Tuvieron que pasar mA?s de 55 aAi??os para que la relaciA?nAi??Estados Unidos-Cuba comenzara en 2016 a tener cordura.Ai??MAi??xico fue una visagra de esos vAi??nculos duranteAi??varias dAi??cadas, desde el momento en que los hermanosAi??Castro, el Che y su gente fueran detenidos en la ciudadAi??de MAi??xico antes de emprender el viaje revolucionarioAi??en el Granma. De eso se cumplen seis dAi??cadas en junioAi??de este aAi??o. Algo que forma parte del baA?l de la Ai??pica,Ai??al igual que el viaje solidario de estos jA?venes espiadosAi??como si fueran clones de JosAi?? Stalin.