Archivo de la categoría: BiCentenario #16

Sumario #16

BiCentenario #16

Editorial

Correo del lector

ARTÍCULOS

Entre Sevilla, La Habana y Orizaba: Una fábrica de cañones en el siglo XVIII

Eder Antonio de Jesús Gallegos Ruiz

La gran inundación de San Antonio de Béxar

Andrew J. Torget

Mujer de altos vuelos

María de los Ángeles Avelar Mayer

Intrigas y pasiones, el oro frente a la batalla del 5 de mayo

Rosalía Martha Pérez Ramírez

La celebración del Centenario del Natalicio de Benito Juárez en Jalapa, Veracruz (1905-1906)

Rogelio Jiménez Marce

De fotógrafos y fotografías en Campeche

José Manuel Alcocer Bernés

Esta fue su bandera

María Eugenia Arias Gómez

Mujeres “incorregibles” y el Hospital Morelos en tiempos posrevolucionarios

Rosa Lili Salguero Báez

DESDE HOY

¿Quién triunfará en los comicios de 2012?

Diana Guillén

DESDE AYER

Testimonios

Carta desde Nuevo México

Alexander B. Dyer

Imágenes

La capirotada en México en los siglos XIX y XX

CUENTO

El jusilado

Armando Alanís

ARTE

Una capital porfiriana: Mérida la parisienne (1860-1914)

ENTREVISTA

Taxi Libre(ría)/ entrevista a Juan Manuel Landeros Romero

Guadalupe Villa Guerrero

Taxi Libre(rAi??a). Biblioteca sobre ruedas

Juan Manuel Landeros en su taxi libre(rAi??a)

Juan Manuel Landeros en su taxi libre(rAi??a)

Ai??

En los aAi??os 20, cuando JosAi?? Vasconcelos fungiA? como secretario de EducaciA?n PA?blica, iniciA? un proyecto alfabetizador a travAi??s de las Misiones Culturales Rurales cuyo propA?sito subrayaba el papel de la educaciA?n en el cambio social. El flamante funcionario considerA? que el trabajo desarrollado no tendrAi??a ningA?n sentido sin dotar de lecturas a los ya alfabetizados y concibiA? un plan editorial masivo de literatura universal destinado a promover el crecimiento personal de los lectores.

Obras de Romain Rolland, Goethe, Rabindranath Tagore, Dante, Tolstoi, Esquilo, EurAi??pides, Homero y Plutarco, entre otros, se destinaron mayoritariamente a las bibliotecas pA?blicas y la intenciA?n fue que llegaran hasta los mA?s apartados lugares en los que hubiera escuelas rurales. El costo de la producciA?n fue de 94 centavos y el precio final de venta al pA?blico un peso.Ai??

La selecciA?n bibliogrA?fica del seAi??or secretario fue celebrada por unos y criticada por otros al considerar que gente no avezada en la lectura difAi??cilmente podrAi??a entender y concluir cualquiera de dichas lecturas. Sin instrumentos confiables de mediciA?n, difAi??cilmente podremos saber, mA?s allA? del mAi??tico proyecto educativo vasconcelista, el impacto real que tuvo. El aAi??o pasado, como parte de las conmemoraciones por el nonagAi??simo aniversario de la SecretarAi??a de EducaciA?n PA?blica (sep), se reeditaron aquellos clA?sicos ai???popularizadosai??? por Vasconcelos.Ai??

Desde aquel entonces, no han cesado los esfuerzos por convertir a MAi??xico en un paAi??s de lectores, como lo demuestran los gobiernos de las A?ltimas tres dAi??cadas, encabezados por Miguel de la Madrid, Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo, Vicente Fox y Felipe CalderA?n. Este A?ltimo mandatario afirmA? que la falta de lectura en nuestro paAi??s es un problema crA?nico. A?En dA?nde radica el fracaso de casi treinta aAi??os de intentos fallidos, para que los mexicanos leamos mA?s y mejor? La Ley de Fomento para la Lectura y el Libro A?correrA? con buena fortuna?

En un pasado reportaje sobre A?QuAi?? se lee en MAi??xico? la premiada escritora y periodista cultural Magali Tercero seAi??alA? que los mexicanos sAi?? leen y mucho, pero lo que eligen estA? lejos de la literatura. El ejemplo puesto por ella muestra que anualmente se venden casi 42 millones de ejemplares de El libro vaquero, mientras que el 60 por ciento del tiraje de autores como el escritor brasileAi??o Rubem Fonseca tiene como destino la trituraciA?n.

La pregunta obvia es A?por quAi?? en lugar de hacer ai???picadillo de librosai??? las editoriales no donan sus excedentes a las bibliotecas? La respuesta es porque es tan engorroso el procedimiento legal que prefieren pasarlos por la guillotina. Los libros tienen una dualidad contradictoria: son bienes culturales y a la vez mercancAi??as que tienen como todo producto industrial un ciclo comercial de vida: despuAi??s de sus diversas ediciones, experimentan distintos precios de descuento, saldos y remates, y es muy costoso almacenar los ejemplares invendidos; la ley fiscal permite su destrucciA?n.Ai??

Volvemos al punto de partida A?quAi?? lee la gente? A?Se puede cuantificar la lectura? La respuesta es A?no! Se pueden cuantificar los libros mA?s no la lectura ni los lectores. Tenemos que considerar que hay obras cuya circulaciA?n es casi infinita, va de mano en mano. Los libros se recomiendan y se compran o se prestan. La primera forma es medible, la segunda imposible.

La OrganizaciA?n de las Naciones Unidas para la EducaciA?n, la Ciencia y la Cultura (unesco) recomienda para el sano desarrollo de la sociedad leer mAi??nimo cuatro libros al aAi??o, pero la misma Magali Tercero refiere mucha gente prefiere adquirir revistas de lectura rA?pida porque estA?n llenas de ilustraciones o imA?genes que las hacen mA?s atractivas, sin importar su calidad.

Otro aspecto que se ha destacado es que los libros buenos no siempre son los que se venden. El Ai??xito comercial depende, en estos tiempos, de la promociA?n o la publicidad que se le de en los medios: radio, televisiA?n, internet, prensa. Lo A?nico cierto es que desconocemos cuA?les libros se leen, cuA?ntos, cA?mo y con quAi?? frecuencia. Son muchos los fenA?menos queAi??ocurren alrededor de las publicaciones que, ademA?s, cuentan en su haber con mala distribuciA?n, mal que aqueja a editoriales comerciales, gubernamentales y universitarias.Ai??

Una de las personas entrevistadas por Magali Tercero, seAi??ala que es difAi??cil decir quAi?? se debe leer, de acuerdo a los cA?nones culturales. Para lo que necesita la industria editorial, hay muy pocos compradores: ai???te lo demuestran nuestras deplorables librerAi??as. Hay millones de mexicanos que no consideran que la librerAi??a sea algo tan importante como cualquier otro lugar de esparcimientoai???.Ai??

A?SerA? esa una de las razones por las que varias librerAi??as han cerrado? En el Distrito Federal, dicen las estadAi??sticas, hay un 70 por ciento menos de las que habAi??a hace 30 aAi??os. En Estados Unidos, Barnes & Noble, prestigiosa cadena de librerAi??as, clausurA? uno de sus mayores locales en la ciudad de Nueva York. Aparentemente el fenA?meno es debido al impacto del libro electrA?nico. A?EstA? destinado a desaparecer el libro impreso? A?SerA? acaso una combinaciA?n de nuevas tecnologAi??as y piraterAi??a? En MAi??xico, de acuerdo a la CA?mara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (caniem), dos de cada diez libros son pirateados o reprografAi??ados. A?CuA?les son las obras pirateadas? A?CuA?l es su nicho de lectores?Ai??

En la actualidad se producen volA?menes importantes con temas esotAi??ricos, de superaciA?n personal, autoayuda, ai???exigencias del mercado creado por lectoresai???. Como bien seAi??ala Magali, los hA?bitos de lectura no son responsabilidad de la industria. Probablemente aquellos temas tengan que ver con la situaciA?n por la que estA? pasando nuestro paAi??s: A?a quiAi??n invocar para superar la crisis econA?mica, polAi??tica y social? A?CA?mo superarnos para conseguir un mejor nivel de vida? A?CA?mo no caer en la depresiA?n? Estos asuntos tienen que estar Ai??ntimamente ligados a requerimientos y necesidades muy puntuales.

Un diario espaAi??ol publicA? que ai???uno de los grandes problemas actuales es la sobreoferta de lectura, lo que hace que el pA?blico se paralice y al final no escoja nada ni lea nadaai???. De ahAi?? quizA? que editoriales como Taurus orienten con libros como Todo lo que hay que leer.

La promociA?n de la lectura se estA? dando, en algunos casos, de manera ingeniosa. En algunos paAi??ses de LatinoamAi??rica se estA?n desarrollando polAi??ticas pA?blicas para promover la lectura y aunque no sabemos a ciencia cierta quAi?? tan exitosas han sido, algunas se asemejan a las que se estA?n efectuando en MAi??xico, por ejemplo en Argentina existe el proyecto ai???VagA?n Biblioteca del Subte MetrovAi??asai??? y hay otro que es conmovedor, el de los abuelos lectores.

Cualquier esfuerzo que se haga en pro de la lectura es encomiable, pero desde luego convendrAi??a analizar de manera seria y profunda los porquAi??s del reiterado fracaso de cuanta campaAi??a se ha instrumentado.Ai??

Leer, sAi??. Pero A?quAi??, para quAi??, por quAi??? Estas preguntas siguen buscando respuestas, no obstante las reiteradas campaAi??as instrumentadas en pro de la lectura durante los A?ltimos treinta aAi??os.Ai??

Pero lo que aquAi?? quiero resaltar es que en MAi??xico, ademA?s de las polAi??ticas educativas gubernamentales, hay esfuerzos paralelos que deben conocerse y reconocerse, como la muy original y creativa idea del ai???Taxi-Libre(rAi??a)ai???, sobre la cual nos cuenta su promotor principal, Juan Manuel Landeros Romero.Ai??

Captura de pantalla 2013-10-21 a las 11.12.34

Guadalupe Villa GuerreroAi??

Instituto Mora

Me llamo Juan Manuel Landeros Romero, soy originario de la Ciudad de MAi??xico. Mi madre fue Rita Romero Rosales y mi padre es JosAi?? Rosario Landeros Oria; provengo de una numerosa familia, somos diez hermanos.

A mAi?? me surgiA? el gusto por la lectura desde que estaba cursando la secundaria. Las recomendaciones de los maestros fueron determinantes porque, en casa, mis padres no eran lectores, aunque mi papA? solAi??a llevarme a una biblioteca de Tlalpan, ubicada en San Fernando. Yo si les he inculcado a mis hijos el interAi??s y gusto por la lectura. Prefiero sobre todo, como gAi??nero, las novelas y los cuentos.

Cuando entrAi?? a la vocacional ya era un buen lector, porque compraba obras en una librerAi??a de viejo que estaba tambiAi??n en Tlalpan, en la calle de Once MA?rtires: Crimen y Castigo de Fedor Dostoievsky, Cien aAi??os de soledad de Gabriel GarcAi??a MA?rquez, Las batallas en el desierto de JosAi?? Emilio Pacheco, son algunos de mis libros preferidos.

EstudiAi?? la licenciatura en contadurAi??a en la Escuela Superior de Comercio y AdministraciA?n (ESCA) de Tepepan, y ejercAi?? mi carrera como contador pA?blico a nivel gerencial en una empresa, sin embargo luego de 35 aAi??os me liquidaron. Con el dinero obtenido intentAi?? poner un negocio que no prosperA? y entonces optAi??, desde 2006, dedicarme al taxi.

Captura de pantalla 2013-10-21 a las 11.11.11La idea del Taxi Libre(rAi??a) me surgiA? porqueAi??el trA?nsito y el estrAi??s son frecuentes para quienes se transportan en la ciudad de MAi??xico. Al prever la situaciA?n, decidAi?? hacer placentero el trayecto de los pasajeros, por lo que instalAi?? ai???Taxi Libre(rAi??a)ai???. PensAi?? en agregarle un plus a mi servicio para que los pasajeros no se aburrieran y debido a que soy aficionado a la lectura, se me ocurriA? compartir con ellos el gusto por los libros. De este modo interactA?o con las personas y ayudo a que ambos, pasajero y chofer, tengamos una plA?tica amena en donde aprendamos algo nuevo cada dAi??a.

Este proyecto, que tambiAi??n se denomina ai???textoservidoresai???, estA? integrado ademA?s por JosAi?? Luis Landeros Romero, Ulises Landeros EnrAi??quez, IvA?n Landeros ServAi??n y Mauricio SA?nchez Romero.

Muchas personas piensan que los pasajeros no cuentan con el tiempo suficiente ai??i??entre uno y otro trayectoai??i?? para ai???engancharseai??? en la lectura de una obra, pero estA?n equivocados. En tAi??rminos culturales mi idea ha sido un Ai??xito, pues la mayorAi??a de los pasajeros muestran interAi??s por el cartel del Taxi Libre (rAi??a) que estA? colocado en el respaldo del asiento del copiloto, ahAi?? pueden ver la lista de tAi??tulos que recomiendo: El libro vacAi??o, Un hilito de sangre, El frA?gil latido del corazA?n de un hombre, Los ojos de los hombres, 52 tips para escuchar a Mozart, La ira de Dios es mayor y Los tamaAi??os del amor.

Entre los cinco integrantes del proyecto decidimos la selecciA?n de estos tAi??tulos, porque hemos leAi??do a estos autores, nos pareciA? que tienen calidad en su escritura y no son tan conocidos como Octavio Paz, Carlos Fuentes o Elena Poniatowska.

La reacciA?n de la gente cuando se da cuenta de que abordA? una biblioteca ambulante es de sorpresa y de agrado. Recuerdo que el primer dAi??a, por la maAi??ana, una seAi??ora de mediana edad abordA? el taxi, observA? el cartel y dijo:

ai??i??A?Esto lo traen todos los taxistas, o solamente usted?

ai??i??Por el momento, sA?lo yo, contestAi??.

ai??i??Oiga A?es una excelente idea! ai??i??exclamA?ai??i??. Es la primera vez que veo en un taxi que el chofer trae libros. Lo habAi??a visto en el metro con el programa ai???Para leer de boletoai???. A?QuAi?? bueno que se le ocurriA?! OjalA? que haya mA?s taxistas que hagan lo mismo, porque si algo nos hace falta es leer.

Para leer el artAi??culo completo,Ai??suscrAi??baseAi??a la RevistaAi??BiCentenario.

Una capital porfiriana. MAi??rida “Ai?? la parisienne” (1860-1914)

Emiliano Canto MayAi??n / Universidad AutA?noma de YucatA?n

BiCentenario #16

Quinta Montes Molina, en el Paseo Montejo

Quinta Montes Molina, en el Paseo Montejo

La ciudad de MAi??rida, se modernizA? a la francesa a finales del siglo XIX y principios del XX. Se afirma lo anterior, debido a que la Ai??lite polAi??tica y cultural yucateca rompiA?, en este periodo, con las caracterAi??sticas mA?s emblemA?ticas de esta urbe de origen colonial y reemplazA? esta tradiciA?n constructiva con las ideas y preceptos de la metrA?poli francesa. AsAi??, el trazado de las calles dejA? de ser el que se habAi??a cumplido religiosamente desde su fundaciA?n, las residencias se ornamentaron con motivos arquitectA?nicos neoclA?sicos y los espacios y dependencias pA?blicas se volvieron laicos. En esta misma lA?gica, la infraestructura, los servicios y medios de transporte que se introdujeron entre 1860 y 1914 buscaron hacer de la Ciudad Blanca una capital limpia, ordenada y cA?moda y pregonaron que, en esta localidad, se gozaba del mismo desarrollo que en los paAi??ses mA?s avanzados.

Para entender cabalmente cA?mo se iniciA? este cambio, es necesario relatar la introducciA?n de elementos franceses en nuestro paAi??s y cA?mo se fueron adoptando Ai??stos en la regiA?n henequenera y en su capital, a fines del siglo XIX y principios del XX.

Lo francAi??s en MAi??xico

El afrancesamiento de las Ai??lites en MAi??xico representa la expansiA?n del cosmopolitismo. IdeologAi??a ecumAi??nica que se recuerda en nuestra repA?blica, entre otras razones, por sus anhelos de obtener el ingreso de nuestro paAi??s al catA?logo de los llamados paAi??ses civilizados.

Con respecto a las prA?cticas que lo distinguen, el afrancesamiento consistiA? en el aprendizaje de la lengua de MoliA?re, la adopciA?n de modas parisinas y la construcciA?n de paseos, edificios pA?blicos, monumentos y mansiones de estilo neoclA?sico que rompAi??an con el centenario cuAi??o criollo de la ex colonia hispA?nica.

Las primeras manifestaciones mexicanas de estas prA?cticas, se registraron en el siglo XVIII. A inicios de esta centuria, ascendiA? al trono de EspaAi??a la familia BorbA?n, casa reinante que implantA? en Madrid una corte similar a la de Versalles. A causa de este cambio dinA?stico, los virreyes nombrados para la Nueva EspaAi??a, trajeron consigo arquitectos, artistas, cocineros y sastres afrancesados, con el deseo de mejorar su estadAi??a en la Ciudad de los Palacios.

Palacio CantA?n, en el Paseo Montejo

Palacio CantA?n, en el Paseo Montejo

Posteriormente a estos antecedentes, el conocimiento y gusto por lo francAi??s incubA? como larva entre las Ai??lites. Esto se debiA? a que las prohibiciones, motivaron que los postulados filosA?ficos y polAi??ticos de los pensadores ilustrados, solo se discutieran en el Ai??ntimo A?mbito de la vida privada, cautela que se recrudeciA?, a fines del siglo XVIII y principios del XIX, por la reacciA?n en contra de la RevoluciA?n francesa y sus secuelas napoleA?nicas.

El germen del afrancesamiento mexicano se desarrollA? despuAi??s de la Independencia, debido a que toda prohibiciA?n cesA? con el fin del dominio hispano y a causa de que los puertos y mercados nacionales abrieron sus rutas y escaparates a las mercancAi??as extranjeras. Esta apertura inaugurA? un proceso de cambio en los hA?bitos, vestimenta y espacios de la vida cotidiana, en donde los antiguos modelos criollos cedieron ante la imitaciA?n y adopciA?n de galicismos y modas importadas de la Ciudad Luz.

La MAi??rida Porfiriana

Durante el siglo XIX, el desarrollo material y polAi??tico de Francia fue admirado en AmAi??rica Latina como la cA?spide de la elegancia y del progreso. En esta centuria en la cual el vapor, el hierro y la electricidad extendieron sus adelantos a travAi??s del hemisferio occidental, ParAi??s se convirtiA? en la ciudad moderna por excelencia.

Lo anterior se debiA? a que las universidades, los hospitales, la iluminaciA?n, el drenaje, el metro, el cine y demA?s adelantos que tuvieron como cuna la Ciudad Luz, fueron proyectados al mundo en las exposiciones universales y permitieron,Ai??a su vez, que se erigiera en hierro, el mA?s increAi??ble monumento al progreso humano: la Torre Eiffel.

En nuestro paAi??s, el afA?n del gobierno porfiriano y la sociedad civil por igualar a las capitales de las naciones consideradas ai???civilizadasai???, motivA? la remodelaciA?n de los espacios pA?blicos y privados de la ciudad de MAi??xico y de las principales localidades estatales. A causa de este afA?n modernizador, la capital del estado de YucatA?n acogiA? durante la llamada Bella Ai??poca, la influencia francesa que se extendiA? a travAi??s de todo el mundo occidental.

Residencia porfiriana El Pinar, en la calle 60

Residencia porfiriana El Pinar, en la calle 60

Dos factores primordiales provocaron el despliegue del afrancesamiento en MAi??rida: en lo polAi??tico, esta ciudad fungAi??a como la capital de YucatA?n desde su fundaciA?n, en 1542, y en lo econA?mico, las fabulosas ganancias del henequAi??n ai??i??industria que alcanzA? su auge a finales del siglo XIXai??i?? se invirtieron en construcciones y mejoras materiales que embellecieron a esta urbe.

A lo largo del periodo que va de 1860 a 1914, MAi??rida registrA? un crecimiento sin precedentes. Entre 1860 y 1870, distintos gobiernos yucatecos, ante la imposibilidad de disponer de fondos para construir edificios ex profeso, fundaron el Hospital General en un convento abandonado, el Instituto Literario de YucatA?n en la sede del Comisariato imperial de YucatA?n y el Instituto Literario de NiAi??as en el ex convento de monjas concepcionistas.

En la siguiente dAi??cada, en el porfiriato temprano, se inaugurA? un periodo constructivo inAi??dito: en cuanto a la obra pA?blica, se comenzA? a erigir un nuevo palacio de gobierno (1879ai??i??1892), se inaugurA? el servicio de tranvAi??as entre los suburbios meridanos (1880), se concluyA? el ferrocarril MAi??ridaai??i??Progreso (1881) y se proyectA? el Paseo Montejo (1888ai??i??1906).

Residencia de la familia Regil de PeA?n, en el Paseo Montejo

Residencia de la familia Regil de PeA?n, en el Paseo Montejo

Entre 1886 y 1889, las lAi??neas fAi??rreas y telegrA?ficas (y alguna que otra telefA?nica) se extendieron de la capital peninsular hacia Temax, Campeche, Valladolid, Espita y TizimAi??n y comenzA? a funcionar la primera planta elAi??ctrica que iluminA? las cuadras en torno a la Plaza Grande.

En esta Ai??poca, los liberales yucatecos tuvieron una manAi??a por rebautizar el nombre de lugaresAi??pA?blicos con el de prA?ceres de la Guerra de Castas y de la lucha contra el Segundo Imperio, las calles y las poblaciones del interior del estado recibieron el nombre de militares y polAi??ticos distinguidos, el teatro de San Carlos se renombrA? JosAi?? PeA?n Contreras (1879), el Hospital General se llamA? AgustAi??n Oai??i??HorA?n (1883) y las plazas de los barrios recibieron apelativos como AndrAi??s Quintana Roo (barrio de Santa Anna) o Vicente MarAi??a VelA?zquez (barrio de San Juan).

Ya en las postrimerAi??as del porfiriato, las plazas se embellecieron con estatuas como las de Manuel Cepeda Peraza (1895), Justo Sierra Oai??i??Reilly (1906) y Benito JuA?rez GarcAi??a (1910), y los edificios emblemA?ticos de la urbe yucateca se decoraron con bustos de prA?ceres como AgustAi??n Oai??i??HorA?n, JosAi?? PeA?n Contreras, Olegario Molina SolAi??s, Norberto DomAi??nguez Elizalde, Crescencio Carrillo Ancona, Rita Cetina GutiAi??rrez, Porfirio DAi??az y Francisco CantA?n entre muchos otros.

Para leer el artAi??culo completo,Ai??suscrAi??baseAi??a la RevistaAi??BiCentenario.

Carta desde Nuevo MAi??xico. Alexander B. Dyer

Gerardo AlcalA? Dyer /Ai??Facultad de FilosofAi??a y Letras, UNAMAi??

Captura de pantalla 2013-10-21 a las 10.54.21

Alexander B. Dyer

A menos de un aAi??o de la declaraciA?n de guerra contra MAi??xico por parte del Congreso de Estados Unidos, tuvo lugar la ocupaciA?n de las provincias del noroeste de MAi??xico por este paAi??s: Nuevo MAi??xico y California, en los primeros meses de 1847. El mando del ejAi??rcito que invadirAi??a la primera fue confiado al general Stephen Watts Kearny, un veterano que se habAi??a distinguido en la guerra de 1812 contra Gran BretaAi??a. Como medida preparatoria para su avance hacia territorio mexicano, Kearny publicA? una proclama el 22 de agosto de 1846, anunciando su intenciA?n de buscar la alianza con, y mejorar la condiciA?n de sus habitantes. Ai??stos eran una mezcla seudo civilizada de espaAi??oles e indios, en ese entonces bajo la completa influencia de Manuel Armijo, el gobernador de Nuevo MAi??xico, quien habAi??a reunido una fuerza compuesta por indios y unos cuantos soldados regulares, en un caAi??A?n cercano a la capital, Santa Fe, para detener el avance del enemigo. Sin embargo, no llegA? a dar la batalla pues el miedo lo dominA? y huyA? de manera precipitada, dejando a la provincia desprotegida ante la invasiA?n.Ai??

Sin hallar resistencia alguna, Kearny tomA? posesiA?n de Santa Fe el 15 de agosto. ErigiA? allAi?? un fuerte para una guarniciA?n de 250 hombres y estableciA? un gobierno civil semejante al de los territorios de Estados Unidos. Fue asAi?? que, en un periodo de 100 dAi??as, se las habAi??a arreglado para reunir y organizar a sus tropas, marchado 1,600 km, adquirido una nueva posesiA?n y establecido en ella el gobierno estadunidense. MAi??xico, en cambio, habAi??a perdido un territorio. Kearney se dirigiA? despuAi??s hacia California.Ai??

Todo pareciA? continuar armoniosamente en Nuevo MAi??xico hasta el 15 de diciembre, cuando el coronel Sterling Price, quien estaba al mando, recibiA? informes de una prA?xima insurrecciA?n, la cualAi??en efecto estallA? el 14 de enero de 1847. Congregando sus fuerzas con rapidez, Price partiA? al valle de Taos con 350 efectivos, y el 24 rastreA? y encontrA? a 1,500 insurgentes cerca del pueblo de Santa Cruz de la CaAi??ada. Poco despuAi??s, con el refuerzo de los dragones del capitA?n John Burgwin, marchA? a travAi??s de pasos escabrosos y profundas capas de nieve rumbo al pueblo de Taos, el cual tomA? por asalto el 14 de febrero con una cuantiosa baja de mexicanos.Ai??

La siguiente carta de Alexander Brydie Dyer, en ese entonces teniente de artillerAi??a del ejAi??rcito invasor, nos ilustra, entre otros aspectos, acerca del pensamiento de un soldado estadunidense situado en Nuevo MAi??xico respecto a la guerra, asAi?? como sobre los sucesos ocurridos en las semanas posteriores a la toma del pueblo de Taos, y la represiA?n del complot para acabar con los invasores. Nos brinda tambiAi??n detalles acerca de los ataques que las tribus indAi??genas de Nuevo MAi??xico emprendAi??an contra los convoyes militares y cA?mo su relaciA?n con las nuevas autoridades estadunidenses se tornaba cada vez mA?s tensa. A lo largo de la carta, Dyer puso Ai??nfasis en la disciplina y la superioridad del ejAi??rcito al que pertenecAi??a, en comparaciA?n con el ejAi??rcito enemigo. En esta carta, asAi?? como en otros escritos que elaborA? durante su estancia en Nuevo MAi??xico, califica a los mexicanos de ignorantes y pobres diablos, considerando que no merecAi??an el privilegio de convertirse en ciudadanos estadunidenses. Se hacAi??a vocero, de esta manera, de la ideologAi??a del ai???Destino manifiestoai???, que veAi??a a las poblaciones al sur del rAi??o Bravo como racial y culturalmente inferiores.

Captura de pantalla 2013-10-21 a las 10.55.23

A?QuiAi??n era el autor de esta carta? Alexander Brydie Dyer naciA? el 10 de enero de 1815, en Richmond, Virginia. A temprana edad habAi??a adquirido una buena educaciA?n primaria, sentando asAi?? bases formativas que le servirAi??an en el futuro. A los 18 aAi??os de edad, apoyado por el general William H. Ashley, un integrante del Congreso por parte del estado de Missouri, Dyer fue designado cadete, y el 1A? de julio de 1833 ingresA? a la Academia Militar de West Point, en la cual se graduA? aAi??os mA?s tarde como sexto de su clase. El 1A? de julio de 1837 fue promovido al rango de teniente segundo en el tercer regimiento de artillerAi??a, con el que desempeAi??A? labores en el Fuerte Monroe, Virginia, y durante la segunda guerra contra los indios seminolas en Florida. A partir de la ampliaciA?n del Departamento de Ordenanza, el 9 de julio de 1838 fue transferido a Ai??l, y desempeAi??A? labores en varios arsenales hasta los aAi??os de la guerra con MAi??xico. En este conflicto no tuvo la suerte de servir bajo las A?rdenes de los generales Zachary Taylor o Winfield Scott, en cualquiera de las grandes lAi??neas de invasiA?n. Asignado a una esfera de menor actividad militar, fue en cierto modo recompensado, a pesar de ser apenas teniente segundo, con el nombramiento de jefe de Ordenanza del ejAi??rcito que ocupA? Nuevo MAi??xico. Al aceptar este cargo, Dyer asumiA? la responsabilidad de garantizar el abastecimiento de armas y municiones para las tropas de ocupaciA?n. A. B. Dyer demostrA? tal energAi??a, fervor y habilidad en el manejo de la artillerAi??a que el 16 de marzo de 1848, cuando el conflicto aA?n no se habAi??a terminado, fue ascendido al grado de capitA?n, por su valiente y meritoria conducta.

Trece aAi??os despuAi??s de la salida de las tropas invasoras de la repA?blica mexicana y, ante la amenaza de secesiA?n por parte de los estados del Sur, se vio obligado a elegir entre la ConfederaciA?n y la UniA?n. A pesar de haber nacido en Virginia, un estado sureAi??o, no dudA? en jurar lealtad a la segunda. No le fue fA?cil pues, en un principio, fue calumniado por su origen. Sin embargo, todas las calumnias y las sospechas cedieron ante la incansable industria y la eficiencia que Dyer demostrA? en todos los departamentos que tuvo bajo su mando. AsAi??, el 21 de agosto de 1861 el Congreso no encontrA? razones para no otorgar a un sureAi??o el mando de la ArmerAi??a de Springfield, Massachussetts, en ese entonces uno de los mA?s importantes centros de producciA?n armamentAi??stica de Estados Unidos. El modo en como desempeAi??ara tal cargo determinarAi??a en gran medida el triunfo o la derrota de la UniA?n. No decepcionA? a la A?ltima, pues mientras sirviA? como superintendente de la ArmerAi??a, sus instalaciones se ampliaron y la calidad del personal mejorA? notablemente. Estos aspectos se vieron reflejados en la producciA?n, que se cuadruplicA? a mil rifles por dAi??a. DesempeAi??A? el cargo hasta el 12 de septiembre de 1864, dAi??a en que, con el rango de general brigadier, fue nombrado jefe del departamento de Ordenanza a nivel federal, con la responsabilidad de supervisar la producciA?n y distribuciA?n de armamento, asAi?? como la modernizaciA?n de las instalaciones para el aumento de la producciA?n de armas cortas y municiones. Al tAi??rmino de sus labores en Springfield, 3 mil oficiales y empleados le otorgaron como felicitaciA?n por haber sido promovido a jefe de su departamento una charola de plata de 82×50 cm, con una imagen grabada de la ArmerAi??a.Ai??

Captura de pantalla 2013-10-21 a las 10.50.16

El 13 de marzo de 1865, un mes antes de ser asesinado, el presidente Lincoln, quien lo estimaba grandemente, le confiriA? el rango de general de divisiA?n del ejAi??rcito de Estados Unidos, por sus fieles, meritorios y distinguidos servicios en el departamento de Ordenanza durante la guerra civil, cargo que desempeAi??A? hasta su muerte, el 20 de mayo de 1874. Dyer fue inhumado en el Cementerio Nacional de Arlington, Virginia. Yacen en la misma tumba su esposa, Elizabeth Allen Dyer y 4 de sus 6 hijos.Ai??

La carta que sigue, dirigida por Dyer al coronel George H. Talcott, se localiza en la secciA?n de Documentos Familiares (colecciA?n 2087), en la DivisiA?n de Manuscritos y Colecciones Raras de la biblioteca de la Universidad de Cornell, en Nueva York.Ai??

Ai??

Para leer el artAi??culo completo,Ai??suscrAi??baseAi??a la RevistaAi??BiCentenario.

 

16. Esta fue su bandera

MarAi??a Eugenia Arias GA?mez / Instituto Mora

BiCentenario #16

Mire, seAi??or Madero, si yo, aprovechA?ndome de que estoy armado, le quito su reloj y me lo guardo, y andando el tiempo nos llegamos a encontrar, los dos armados con igual fuerza A?TendrAi??a derecho a exigirme su devoluciA?n?Sin duda, le dijo Madero; incluso le pedirAi??a una indemnizaciA?nPues eso, justamente termina diciendo Zapata, es lo que nos ha pasado en Morelos, en donde unos cuantos hacendados se han apoderado por la fuerza de las tierras de los pueblosai??i?? Mis soldados (los campesinos armados y los pueblos todos) me exigen diga a usted, con todo respeto, que desean se proceda desde luego a la restituciA?n de sus tierras.Ai??

Captura de pantalla 2013-10-21 a las 10.45.05Hace cien aAi??os, Emiliano Zapata Salazar se suma a la RevoluciA?n en 1911. Este jefe morelense, que inicia con unos cuantos seguidores en su entidad, reA?ne a miles durante el curso revolucionario en el que sostiene una causa agrarista que hereda y por la que da la vida. DespuAi??s de ser asesinado a traiciA?n, su firmeza en la guerra trasciende en la historia, convirtiAi??ndolo en sAi??mbolo del agrarismo en Morelos, a lo largo y ancho de los Estados Unidos Mexicanos, asAi?? como en otros paAi??ses del mundo.

La autenticidad de esa causa no data del tiempo de Emiliano. Para entenderla como la fuerza palpitante y resurgida que es a la fecha, hay que retroceder muy atrA?s: a la Ai??poca colonial, porque inicia entonces el problema entre pueblos y haciendas por el agravio de estas A?ltimas unidades en contra de los campesinos al despojarlos de sus tierras, aguas, pastos, bosques y demA?s recursos naturales. El conflicto acontece en diversas comarcas, principalmente en el centro sur de nuestra repA?blica, en la regiA?n que hoy se llama estado de Morelos y donde nace Zapata.

A travAi??s de varias centurias, los campesinos reclaman sus derechos mediante representantes que llevan los tAi??tulos de propiedad ante las autoridades en forma pacAi??fica, pero otras veces lo hacen con las armas en la mano. Aquella causa ancestral, sustentada por los precursores agraristas, se asociarA? al liderazgo del sujeto histA?rico que con tenacidad reclamarA? la devoluciA?n de la tierra a sus legAi??timos dueAi??os y que tendrA? un nombre nuevo: zapatismo.

El problema agrario, que se recrudece, culmina en la Ai??poca porfiriana y al momento en que Francisco I. Madero llama a la guerra, buena parte del campesinado se suma a ella esperanzado en que se harA? justicia, pues el artAi??culo 3A? del plan de San Luis seAi??ala que se regresarA? la tierra a quien le pertenece. La participaciA?n de este sector significa una fuerza poderosa que promueve la caAi??da del gobierno dictatorial encabezado por Porfirio DAi??az, fin por el que se convocara a la revoluciA?n y una vez que se logra, Francisco LeA?n de la Barra sube al poder de manera interina y luego Madero.

David Alfaro Siqueiros, "Revolucionarios a caballo" (fragmento)

David Alfaro Siqueiros, “Revolucionarios a caballo” (fragmento)

Pluma y fusil apuntan contra los combatientes desde que se incorporan a la lucha en marzo de 1911, hasta que muere el caudillo en abril de 1919. Una campaAi??a de desprestigio llevada a cabo sobre todo por la prensa conservadora del aAi??o once en la ciudad de MAi??xico exhorta a ir contra ai???la barbarieai???, ya que los zapatistas se manifiestan como ai???rebeldes y elementos mA?rbidos que brotan del subsuelo y atentan contra la civilizaciA?nai???; es entonces que se aplican los peores denuestos a Zapata para concebirlo como bestia y bandido, como la apariciA?n del subsuelo que quiere borrar todas las luces de la superficie, y para llamarlo Gengis Kan y Atila del Sur.

Un hecho importante en el proceso histA?rico del zapatismo es cuando Emiliano adquiere el mando al ser reconocido por gente del municipio de Ayala y jefes locales de otros lugares en su estado, lo que acontece tras la muerte de Pablo Torres Burgos, cabeza del maderismo y director inicial del movimiento en los A?ltimos meses de 1910 y los primeros de 1911; uno mA?s, el momento en que los zapatistas se separan de Madero considerA?ndolo traidor, porque da prioridad al licenciamiento de armas y a la instauraciA?n de un orden democrA?tico.

A mediados de 1911, Emiliano se entrevista con Madero en la ciudad de MAi??xico, expone las razones de su levantamiento y le solicita que cumpla lo prometido, pero aquAi??l insiste en que desarme a sus tropas. Y es, de acuerdo con Gildardo MagaAi??a, que Zapata acercA?ndose, seAi??ala la cadena de oro que trae y en el que ambos sostienen el diA?logo con que iniciA? el relato.

A poco de que Madero resultara electo como presidente constitucional, en noviembre de 1911,Ai??los zapatistas se manifiestan a travAi??s de un documento que enarbolan como su bandera: el Plan de Ayala, cuya versiA?n original, que data del 25 de aquel mismo mes y aAi??o, se atribuye principalmente a Otilio Edmundo MontaAi??o; dAi??as antes, Zapata y unos seguidores son perseguidos en la zona de Ayala y arrojados de Morelos a Puebla por fuerzas del gobierno y, cerca de Miquetzingo, Ai??l y MontaAi??o revisan lo que ambos han bosquejado por escrito desde que Madero postergara las demandas agrarias, terminan de redactarlo y lo proclaman en Ayoxustla, Puebla.

Captura de pantalla 2013-10-25 a las 12.54.16Los jefes locales, respondiendo al llamado del caudillo, se concentran con su gente en Ayoxustla y esperan inquietos. Zapata y MontaAi??o salen del jacal donde han ultimado detalles; el primero los exhorta: ai???A?Ai??sos que no tengan miedo, que pasen a firmar!ai??? Luego, de pie, junto a una pequeAi??a y rA?stica mesa que sirve de base, se lee el plan. Sorprendidos y emocionados, pasan a firmarlo. Unos mA?sicos traAi??dos de Miquetzingo interpretan el himno nacional que se canta en posiciA?n de firmes. Unos cohetes truenan y se hace la jura de la bandera de MAi??xico que, puesta en alto, es flanqueada por Emiliano y Eufemio Zapata ante los que desfilan las tropas.

DespuAi??s, cada quien toma su camino. Emiliano regresa a Morelos y estando acampando en una rancherAi??a cercana al mineral de Huautla, ordena que traigan una mA?quina de escribir, papel carbA?n y al cura local. Emigdio Marmolejo le pregunta: ai???A?Y si no quiere venirai???, a lo que aquAi??l contesta que no va a consultarle su opiniA?n, que lo lleve y que si se resiste lo obligue a caminar con la mA?quina en la cabeza. El sacerdote acude y reproduce el plan.

Zapata envAi??a carta a Gildardo MagaAi??a, comisionado en la ciudad de MAi??xico, y le recomienda que lo imprima; le expresa no le importa que la prensa mercenaria les llame bandidos y los colme de oprobios; que Ai??l como no es polAi??tico, ni entiende de esos triunfos en que los derrotados son los que ganan, estA? resuelto a luchar contra todo y todos sin mA?s baluarte que la confianza, el cariAi??o y el apoyo de su pueblo. Es entonces que la primera versiA?n impresa se publica en el periA?dico liberal Diario del Hogar, a mediados de diciembre de 1911, y es la que se conoce en la capital del paAi??s; en ella, hay correcciones gramaticales, varias modificaciones de contenido y el lema original de la manuscrita (Justicia y Ley), aumenta a Libertad, Justicia y Ley.

El plan de Ayala legitima a la causa agrarista y determina la identidad del zapatismo. Constituye un programa radical que seAi??ala cA?mo resolver la problemA?tica en el campo tanto en Morelos y sitios donde se enarbola, como en todo el paAi??s. Plantea ademA?s la manera de seguir la lucha y con quAi?? mecanismos legales se sostendrA?. Hace suyo y reforma al plan de San Luis; revela las ideas que lo inspiran, entre ellas las de los hermanos Flores MagA?n a travAi??s del Partido Liberal Mexicano y de RegeneraciA?n, su portavoz, asimismo las de Paulino MartAi??nez y los hermanos MagaAi??a.

EstA? integrado con una breve introducciA?n y quince artAi??culos. Inicia diciendo que quienes lo suscriben, se han constituido en junta revolucionaria para sostener y llevar a cabo las promesas que hiciera la revoluciA?n de 1910; que declaran ante la faz del mundo civilizado que los juzga y ante la naciA?n a que pertenecen y aman, los propA?sitos que formulan para acabar con la tiranAi??a que los oprime y redimir a la patria de las dictaduras que se les imponen, las cuales determinan en el plan.

Arnold Belkin, "Serie Zapata II"

Arnold Belkin, “Serie Zapata II”

El plan advierte por quAi?? Madero es traidor y exige su renuncia, asAi?? como la de otros representantes polAi??ticos. Demanda que haya otros gobernadores y que tenga lugar una reuniA?n de revolucionarios para designar a un ejecutivo interino en MAi??xico, quien ha de convocar a elecciones de los poderes federales. Propone como Jefe de la RevoluciA?n Libertadora a Pascual Orozco y en su defecto a Emiliano Zapata. Plantea la restituciA?n agraria inmediata, la expropiaciA?n previa indemnizaciA?n, la nacionalizaciA?n de bienes de los enemigos y cA?mo pensionar a los deudos de quienes caen en la guerra. Termina exhortando al pueblo mexicano para que lo apoye con las armas en la mano.

En sostAi??n de dicha insignia estA?n las personas que han sufrido el despojo agrario y el ultraje; campesinos pobres y medios, peones acasillados, medieros y arrendatarios; rancheros que tienen que pagar a las haciendas por derechos de peaje y paso de animales. Y si la tierra es el eje en torno al que gira la presencia zapatista, tambiAi??n hay otros motivos por los que muchos se suman a la guerra: el temor a los amos y los capataces, a la leva y a las autoridades, a las campaAi??as de persecuciA?n; por tener libertad, o porque sus mayores o compaAi??eros se han ido con Emiliano.

La mayorAi??a que defiende el plan de Ayala en Morelos, es de campesinos armados que dedican un tiempo a la lucha y otro al cultivo; forma bandas que no viajan juntas, que sA?lo se reA?nen para atacar objetivos comunes y que dan la impresiA?n de vivir diseminados en las montaAi??as. Como cuerpo militar, integra al EjAi??rcito Libertador del Centro y Sur, cuyas unidades son tropas pequeAi??as no siempre bien organizadas y que practican la guerra de guerrillas como tA?ctica principal, basada en el ataque sorpresivo y la dispersiA?n inmediata.

La supervivencia del movimiento en ese estado se debe a quienes enarbolan el plan con fervor, mujeres y hombres apoyados por ancianos, jA?venes y niAi??os. El carA?cter popular y campesino del zapatismo se advierte en la ropa de los guerrilleros, que visten por lo general con camisa y calzA?n de manta, sombreros de ancha ala y huaraches, vestimenta por la que se han dado en llamar las liebres blancas y por su agilidad, que les permite escabullirse en los montes, donde andan a salto de mata al ser perseguidos por sus enemigos.

Rasgo singular e incipiente del movimiento que enarbola aquel emblema es su sentido original agrarista y local. Sin embargo, al paso de los aAi??os, el zapatismo tiene carA?cter regional y nacional cuando gana mayor espacio y amplAi??a sus metas, a partir de que se propaga en los estados circunvecinos y alcanza otras comarcas, adhiriAi??ndose a Ai??l mA?s adeptos con diversas ideas. Aun asAi??, en el comportamiento de los locales y en la expresiA?n de sus demandas, hay signos en los que prevalecen la tradiciA?n o la costumbre morelenseai??i?? Emiliano, por ejemplo, siendo el jefe mA?s reconocido en la regiA?n centro sureAi??a de MAi??xico, se remite a veces a la autoridad de los ancianos.

Conforme avanza la lucha, la enseAi??a zapatista incluye considerandos, reconocimientos, desconocimientos, adiciones; variantes que explican el porquAi?? de su separaciA?n de otros movimientos. Entre sus enmiendas cabe la de fines de mayo de 1913 mediante la que se desconoce a Pascual Orozco como lAi??der, por haber simpatizado con el gobierno de Victoriano Huerta, y por la que Emiliano Zapata queda a la cabeza del EjAi??rcito Libertador del Centro y Sur.

Captura de pantalla 2013-10-25 a las 12.53.00DespuAi??s que Huerta cae del poder, las controversias de los revolucionarios tratan de allanarse en la ConvenciA?n reunida en la ciudad de MAi??xico y en la de Aguascalientes en octubre de 1914; a esta A?ltima asiste una comisiA?n zapatista, encabezada por Paulino MartAi??nez. El plan de Ayala es reconocido casi en su totalidad, gracias a la participaciA?n del ideA?logo Antonio DAi??az Soto y Gama. El gobierno convencionista, a poco de constituirse inicia y promueve cambios en Morelos y en los lugares donde se adopta el plan, al tiempo que es desacreditado y perseguido por el que instituyen los carrancistas.

A partir de ese aAi??o catorce se produce un gran nA?mero de edicionesdel plan con sus ratificaciones; en una de las publicaciones salida a la luz en MAi??xico en 1915 destaca el ai???Proemioai??? debido a pluma de Dolores JimAi??nez y Muro, quien, afiliada al zapatismo, escribe una alabanza a Emiliano, donde lo compara con Hidalgo, Morelos, Guerrero y JuA?rez, y seAi??ala ademA?s que aunque le pese a muchos, hasta los mismos poderosos comprenden y reconocen la justicia que abriga la bandera de Ayala.

Firme compromiso en apoyo de aquel pabellA?n, considerado como una cosa sagrada convertida en blasA?n, se revela en las fuentes a las que recurre el historiador: ya la palabra escrita y la oral, ya el corrido popular, aA?n en otros materiales como la literatura y la iconografAi??a en su diversidad. ai???Plan de Ayala-lucha agrarista-Emilianoai??? constituyen una frase, un sAi??mbolo que, tras morir el caudillo y a partir de los aAi??os veinte sugiere,Ai??connota, cA?mo la Historia da el fallo a favor, yAi??al hacer justicia mueve a la bandera, la causa y alAi??hombre en heroico nicho donde ha de venerarseAi??al antes ai???Atila del Surai??? como ai???el reivindicadorAi??agrarioai??? de todo un paAi??s.

Ai??PARA SABER MA?S:

FELIPE A?VILA ESPINOSA, Los orAi??genes del zapatismo,Ai??MAi??xico, Centro de Estudios HistA?ricos-El ColegioAi??de MAi??xico/Instituto de Investigaciones HistA?ricas-Ai??UNAM, 2001.

FRANCISCO PINEDA GAi??MEZ, La irrupciA?n zapatista,Ai??1911, MAi??xico, Era, 1997.

* Ver A?Viva Zapata!, dir. Elia Kazan, 1952, DVD.

* Visitar el museo de Anenecuilco, Morelos.

* Escuchar el Corrido del Plan de Ayala, de Leonardo

Kosta, interpretado por el grupo Tribu en http://www.bibliotecas.tv/zapata/corridos/corr03.html

De fotA?grafos y fotografAi??as en Campeche

Ai??JosAi?? Manuel Alcocer BernAi??s / Cronista de Campeche

BiCentenario #16Captura de pantalla 2013-10-21 a las 10.31.02

La fotografAi??a se ha convertido con el paso del tiempo en un documento histA?rico. A travAi??s de las imA?genes captadas podemos revivir tiempos pasados, reconocer en ellas cA?mo ha ido evolucionando una ciudad, cA?mo era la arquitectura, sus habitantes, cA?mo vestAi??an e incluso conocer las comidas que formaban parte de las tradiciones de un paAi??s, una ciudad, un pueblo o incluso una familia.

Mirar las imA?genes captadas por la lente de fotA?grafos distintos que en diversas Ai??pocas retrataron a Campeche, nos permite conocer la evoluciA?n histA?rica de la ciudad amurallada. ImA?genes permanentes que dan cuenta de cA?mo Campeche se ha ido transformado gracias a las fotografAi??as tomadas por un aficionado o por uno profesional, de estudio. Su labor captA? la vida cotidiana de la ciudad.

Familia campechana (ambrotipo, dAi??cada de 1870)

Familia campechana (ambrotipo, dAi??cada de 1870)

Para empezar a saber acerca de cA?mo se fue recogiendo en fotografAi??as la imagen de Campeche y los campechanos, habrAi??a que preguntarnos A?quiAi??n o quiAi??nes tomaron las primeras imA?genes de Campeche?

Se sabe que para 1840, empezaron a circular los primeros daguerrotipos en MAi??xico que habAi??an sido traAi??dos al paAi??s por el francAi??s Jean-FranAi??ois Prelier, quien realizA? las primeras impresiones sobre habitantes, ciudades y paisajes del paAi??s. En la Biblioteca Nacional de Austria se encuentra un daguerrotipo de ese aAi??o de Emanuel von Friedrichsthal, quien fuera primer secretario de la LegaciA?n austriaca en MAi??xico y uno de los primeros extranjeros que se interesA? por las ruinas mayas, despuAi??s de haber leAi??do las obras de John L. Stephens y Frederick Catherwood. Este aventurero llegA? al puerto de Campeche con direcciA?n a MAi??rida, pero antes de continuar su viaje tomA? algunas imA?genes de la ciudad de las que solamente se conserva una, la que corresponde a la calle 59. En ella, podemos ver las ventanas tAi??picas de las casas campechanas y al fondo la puerta de mar que formaba parte del conjunto arquitectA?nico que fue destruido a principios del siglo XX. A partir de entonces hay un flujo constante de fotA?grafos extranjeros que llegaban al puerto, atraAi??dos por las ruinas mayas.

Pero la fotografAi??a no sA?lo sirviA? para captar ruinas o ciudades como lo muestra el periA?dicoAi??local El Amigo del Pueblo, de 1847. Un anuncio seAi??alaba que ai???Ricardo Carr reciAi??n llegado de Europa ofrece una mA?quina nueva que permite sacar retratos con la mejor exactitud tanto con coloresAi??como sin ellos y de una o mA?s personas sobre la misma placaai???. AdemA?s, ofrecAi??a que sus ai???retratos saldrA?n perfectamente iguales al originalai???, con un costo por retrato de cinco pesos. Brindaba un amplio surtido de cajas y marcos en su estudio, ubicado en la Casa de la Sociedad Campechana que se encontraba frente al muelle fiscal.

Captura de pantalla 2013-10-21 a las 10.38.09

No sabemos si Carr seguAi??a en la ciudad o ya se habAi??a marchado, cuando dos aAi??os despuAi??s, otro fotA?grafo extranjero, el seAi??or H. Custing, que se habAi??a salvado de un naufragio frente a las costas de Campeche, y que milagrosamente habAi??a podido rescatar su aparato fotogrA?fico, puso un estudio frente a la casa de doAi??a Salvadora Duque de Estrada, anunciando en el periA?dico El FAi??nix sus servicios, ai???ai??i??tomar retratos y vistas al daguerrotipo [ai??i??] sobre planchas de diferentes dimensiones, hasta el tamaAi??o de un fistolai??? y comunicaba a sus posibles clientes que traAi??a muestras de su trabajo para que el pA?blico comprobara la calidad.

Los anuncios fueron un medio para promover la fotografAi??a y el que siguieran publicitA?ndose revela que en Campeche los fotA?grafos tuvieron Ai??xito. No hay que olvidar que era un puerto deAi??entrada a la penAi??nsula y que numerosos barcos llegaban con viajeros deseosos de conocer el paAi??s y su historia y entre ellos se contaron a los fotA?grafos. La presencia de estos personajes revela una parte de la historia de la fotografAi??a pues va dando cuenta de los adelantos que se hicieron en ese campo, asAi?? como mostrar que se iniciA? como una profesiA?n de extranjeros que atrajo a los de casa y que se llevA? a las distintas poblaciones con el propA?sito de tener Ai??xito.

PARA SABER MA?S:Ai??

GASPAR CAHUICH RAMA?REZ, Cicero & PAi??rez y las postales del Campeche antiguo, Campeche, 2008.

Campeche celebraciA?n de la memoria, Campeche, Gobierno del Estado, 2010.

DELIO CARRILLO, El lenguaje de la cal y el canto, Campeche, Universidad AutA?noma de Campeche, 2010.

* Visitar la ciudad de Campeche.

Para leer el artAi??culo completo,Ai??suscrAi??baseAi??a la RevistaAi??BiCentenario.

La celebración del Centenario del natalicio de Benito Juárez en Jalapa (1905-1906)

Rogelio Jiménez Marce 

Universidad Iberoamericana-Puebla

Revista BiCentenario #16

ImA?genes integradas 1

 

Durante el Porfiriato, la figura de Benito Juárez alcanzó gran relevancia en el panteón patrio. No sólo el 18 de julio se incorporó como festividad cívica, sino que el mismo presidente Díaz lo consideraba su antecesor, pese a que habían sido enemigos políticos. Es más, como en 1906 se iban a celebrar 100 años de su natalicio, el mandatario ordenó que se formara la Comisión Nacional del Centenario del Natalicio de Benito Juárez, con la tarea de organizar los eventos alusivos en la capital del país, así como de coordinar las actividades de las delegaciones que se establecerían en cada uno de los estados.

La nueva comisión se constituyó en agosto de 1905 y estaba integrada por Félix Romero (presidente), Pablo Macedo (vicepresidente), José Casarín, Adalberto A. Esteva, Victoriano Salado Álvarez y Ramón Prida (secretarios), Carlos Rivas (tesorero), Gabriel Mancera, José de Landero y Cos, Rosendo Pineda, Emilio Velasco, Jesús Alonso Flores y José B. Cueto (vocales). Una de sus primeras determinaciones fue erigir un monumento en honor a Juárez en la ciudad de México, para lo cual se invitó a los gobernadores a cooperar económicamente. Con tal de que la iniciativa se llevara a cabo, Aurelio G. Venegas, en representación de la Junta Patriótica de Toluca y de un comité de estudiantes de la misma ciudad, propuso que la Comisión Nacional no se disolviera sino hasta que se hubiera concluido con la edificación del monumento. Otra iniciativa de la comisión fue que el 21 de marzo se realizara, en todas las escuelas públicas de la nación, una conferencia sobre el Benemérito de las Américas –título que fue otorgado a Juárez en 1867 por el Congreso de Colombia–, cuyo objetivo sería hacer a los niños partícipes de la celebración.

Los dos proyectos fueron recibidos con beneplácito, pero la construcción del monumento implicó dificultades, ya que no todos los gober- nadores contribuyeron con la parte que les correspondía. Así, el 24 de septiembre de 1905 la Comisión Nacional informó que los mandatarios de los estados de México, Tlaxcala, Aguascalientes, Durango, Veracruz, Oaxaca, Puebla, Sonora y Michoacán no habían entregado su respectiva colaboración pecuniaria.

Respecto a las conferencias, la comisión indicó que no sólo despertaron un “gran entusiasmo” en las escuelas públicas, sino también en las privadas. Ejemplo de ello era un colegio particular de Pachuca que les había informado acerca del nombramiento de una mesa directiva y varias comisiones con la tarea de organizar la festividad del 21 de marzo. En este “patriótico empeño” eran ayudados por el profesor Teodomiro Manzano.

Para alentar la participación de los infantes, la Comisión Nacional indicaba que, en los primeros días de marzo de 1906, publicaría un libro donde se haría una crónica de los festejos e incluiría una sección con las composiciones literarias en honor de Juárez, tanto de niños como de “escritores notables”.

ImA?genes integradas 2

Se recibieron diversas notas de personas que buscaban colaborar, de una u otra forma, en los festejos. Jesús A. Flores sugirió que se efectuara un concurso pictórico, un señor apellidado Salas López propuso que el día de la celebración en todas las poblaciones del país se pusiera el nombre de Juárez a una calle o plaza y el profesor Ildefonso Estrada y Zenea informó que él mismo costearía la impresión de 600 ejemplares de un monólogo titulado Juárez, que se repartiría de manera gratuita en las escuelas de la capital.

Es de advertirse que las propuestas anteriores no fueron incluidas en el programa general de la celebración del Centenario del Natalicio de Juárez, pues lo estipulado era que el 21 de marzo sería día de asueto para los empleados y obreros de toda la república y realizarían concursos literarios y arquitectónicos en honor al Benemérito. Se colocaría, además, la primera piedra de su monumento; se efectuaría una gran manifestación popular a la que concurrirían los delegados de los ayuntamientos, los representantes de las delegaciones, los comités de la Comisión Nacional y las asociaciones invitadas; se realizaría una velada en la que se entregarían los premios de los concursos; se organizarían conferencias en las escuelas públicas y privadas; se fijarían 21 lápidas conmemorativas en los edificios en los que Juárez ejerció como presidente de la República de manera transitoria o permanente y las distintas representaciones estatales incluirían una manifestación popular en su programa.

Como hubo problemas para determinar los lugares donde se colocarían las lápidas, la Comi- sión Nacional acordó el 13 de enero de 1906 que sólo se pusieran en los estados de Puebla, México, Veracruz, Querétaro, Guanajuato, Jalisco, San Luis Potosí, Coahuila, Durango, Nuevo León y Chihuahua, motivo por el que se solicitó a los gobernadores de esas entidades que formaran co- misiones para investigar los lugares de residencia de Juárez.

En el caso de Veracruz, el gobernador Teodoro Dehesa solicitó, en octubre de 1905, el envío de 1,000 ejemplares de una biografía de Juárez, a fin de repartirlas en las escuelas cantonales, así como el programa general de la Comisión Nacional. El 9 de diciembre de 1905 ordenó que cada ayuntamiento nombrara uno o dos delegados para que acudieran a la manifestación popular que se llevaría a cabo en la ciudad de México. Ellos recibirían un “subsidio de viaje”, el cual saldría de las arcas municipales. El mandatario acordó también que se formara un comité encargado de los festejos en cada cantón.

Para leer el artículo completo, suscríbase a la Revista BiCentenario.

 

Intrigas y pasiones, el otro frente de la batalla del 5 de mayo

Rosalía Martha Pérez Ramírez - Instituto Alfonso Vélez Pliego, BUAP

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 16.

ImA?genes integradas 1

¿Quién no recuerda alguna película en la que una carta lo decidió todo, como aquella que le rindió homenaje a un amor trágico durante la guerra contra los franceses? Se llamó Una carta de amor y en ella Jorge Negrete, en el papel de oficial del ejército republicano le escribe a su esposa antes de ser pasado por las armas. En novelas, radio novelas, cuentos y relatos históricos o policíacos una carta o un legajo de cartas ocasiona suicidios, cárcel, la pérdida del honor… ¿Alguna vez pensó usted que alrededor de la célebre batalla del 5 de mayo se escribieron cartas comprometedoras, y algunas en lenguaje cifrado? La noche de la victoria de Zaragoza fue interceptado un mensaje que salía del campamento francés urgiendo la presencia del general conservador José María Cobos. ¿Quién lo enviaba? Una buena película podría empezar con el mensaje interceptado, pero sugiero dejarlo para la última escena, o el último párrafo de este breve texto.

Multitud de cartas comprometedoras que tuvieron que ver con la intervención de los franceses en México y con la batalla del 5 de mayo de 1862, se escribieron hace siglo y medio. A pesar del tiempo que ha pasado, todavía se desprende de ellas un halo de intriga y quiérase o no, siguen siendo comprometedoras para sus autores, los cuales acababan de perder la guerra de Reforma contra Juárez. Las escribieron con el anhelo de cambiar la suerte de un país cuya dirección no se resignaban a perder; muy grande fue su desesperación por la entrada triunfal de los liberales en la ciudad de México y por el recrudecimiento de las persecuciones contra los derrotados. Las cartas que vamos a leer, por lo menos en parte, provienen de uno de los bandos en pugna, el autodenominado grupo reaccionario. Por mi parte, asumo la sinceridad de un testigo de estos hechos, el poblano Tirso Rafael Córdoba, quien retrató a los conservadores como “hombres que amaban de corazón a México”, y lamentó “las desgracias extremas que [los] impulsaron a implorar de la nación más gloriosa de la tierra [Francia] un auxilio poderoso y vital”. Pero la lectura de estas cartas revela que no siempre hubo pureza de intenciones, pues destilan deseos de protagonismo, intolerancia y burda competencia entre ellos.

Tales misivas fueron escritas por muchos corresponsales y sería imposible mencionarlos a todos, así que propongo revisar algunas, enviadas o recibidas por mexicanos conocidos internacionalmente como “los emigrados”, los cuales habían sido empleados de legaciones de México en el extranjero desde la última dictadura de Santa Anna, quien desde entonces les dio la encomienda de conseguir un príncipe extranjero. También provienen de otros personajes que fueron expulsados o desterrados por distintas razones y se agruparon en torno a la vieja idea de instituir una monarquía en México presidida por un príncipe europeo, o quizá por algún mexicano.

Esas cartas cruzadas entre los emigrados y otros personajes de su partido buscaban la manera de allanar el camino a la intervención extranjera, todos urgidos por el apremio y el deseo ferviente de que los liberales mexicanos fueran derrotados y muestran, a quien lo quiera ver, la exacerbación de sus pasiones y los deseos de gloria personal, sentimientos que se confundieron con la gran crisis del partido conservador que sobrevivía solamente en torno a una utopía: que un país extranjero viniera a salvar a México de los bárbaros liberales, como los veían ellos. No era otro el propósito de la campaña francesa y por lo tanto, de la batalla de Puebla, según creyeron erróneamente.

Siglo y medio después podemos leer estas cartas con respeto, pero es probable que no sintamos el mismo apremio con el que se pensaron ni la sensación de peligro que los obligó a firmarlas con nombres supuestos y enviarlas o recibirlas a través de terceras personas. Algunas están escritas con desesperación; otras con rabia por las traiciones de sus socios en esa empresa y algunas más muestran la labia de sus autores, como el general Santa Anna. Eran tiempos de guerra, y no hay que olvidar que en la guerra cabalgan los jinetes del Apocalipsis. Observaremos que no solamente el poder corrompe, sino también la ambición de poder, por explicables que puedan ser estos deseos dentro de una ideología y su particular visión del parto de una nación. Votaría porque la lectura de estas cartas prueba su desesperación ante las eras de poder perdidas.

ImA?genes integradas 2Sabemos que cada bando llamó al otro traidor, pero no considero que podamos conformarnos con su propuesta de que la salvación del país sólo la podría hacer un príncipe extranjero. La revisión de esta correspondencia revela cómo un grupo de mexicanos se vio envuelto en la desesperación cuando el héroe que, sin lugar a dudas, fue Ignacio Zaragoza, demostró la superioridad del ejército mexicano al vencer en los tres asaltos intentados por los franceses, al mando del conde de Lorencez, a su bastión de Guadalupe; que esa victoria fue el resultado de las modificaciones acertadas del valiente general mexicano a sus posiciones, en plena acción; del orden con que mandó apoyar los puntos en riesgo, moviendo al conjunto acertadamente por cinco horas, atacando y defendiendo con precisión, eficacia y valentía. Eso fue para ellos una derrota, pero hay que preguntarnos ¿quiénes eran esos personajes que tanto lamentaron el triunfo mexicano?

Misterios insondables reposan en el fondo de la historia. Hubo un acontecimiento increíble en los momentos de la batalla… sólo puedo decir que un prisionero mexicano de nombre Luis Nava, que iba a ser pasado por las armas en el campo francés, pudo ver e informar después a Zaragoza que en ese campamento estuvieron mirando la batalla el general mexicanoJuan Nepomuceno Almonte (el Juan Pamuceno de las canciones de los chinacos) y un grupo de poblanos: el padre Francisco Javier Miranda, el general Antonio Haro y Tamariz, el padre Villalobos, el gobernador de la mitra de Puebla y un López de Amozoc ¿qué hacían militares y religiosos mexicanos en el campo francés? Estaban esperando avanzar en seguida a la ciudad de México y tomar el poder, seguros de que Juárez había salido corriendo de la capital por miedo a los franceses, y luego concederle el trono al archiduque. Pero no eran los únicos mexicanos deseosos de encumbramiento por esa hazaña, y quien quiera saber más de ese “grupito” puede leer libros sobre el general Juan Prim, dado que los altos comisionados de la llamada Triple Alianza habían roto los acuerdos entre ellos apenas unas semanas antes a causa de la entrada al país de esos emigrados y de la necedad del general Lorencez de no reembarcarlos, como lo exigía el gobierno de Juárez y lo pedían sus socios de Inglaterra y España. Él respondió que Almonte era “honrado con la benevolencia de Su Majestad” y prefería romper la alianza y todos sus acuerdos antes que reembarcarlo, y tampoco a los otros, pues esperaba mucho de ellos lo mismo que el emperador Napoleón III. Sin embargo, sabemos que cinco horas después del cañonazo que anunció el inicio de la batalla ese grupo cayó de su gracia y junto con ellos muchos falsos supuestos sobre México y los mexicanos. Sucedió lo increíble: Francia había sido derrotada.

Tampoco eran los únicos personajes que participaban en esta intriga internacional, pues varios diplomáticos urdían, organizaban y se disputaban entre sí el llamado negocio de la intervención (negocio significaba asunto en ese tiempo) desde Roma, París, Nueva York, Madrid y el castillo de Miramar: José María Gutiérrez de Estrada y José Manuel Hidalgo y Esnaurrúzar, ambos máximos impulsores de la monarquía extranjera en este país; Antonio López de Santa Anna “desde su exilio en la isla caribeña de Santo Tomás” y una cauda de ayudantes y socios. Otro grupo que participó en la intriga pero que no estaba al tanto de las maquinaciones que desde hacía años unían a los anteriores era la cúpula militar conservadora, que lejos de pisar alfombras pasaba hambre en los frentes de batalla: Félix Zuloaga, presidente por el golpe de Tacubaya; su sucesor en la presidencia, Miguel Miramón; el jefe máximo de las fuerzas reaccionarias, Leonardo Márquez, y muchos otros. Lo más interesante en este breve texto es que la pista de sus actividades nos conduce a algunas explicaciones de los errores tácticos que el general Lorencez cometió frente a Puebla, frente al cerro de Guadalupe, frente al general Zaragoza y para vergüenza de Francia, frente a la historia.

Uno de estos personajes es el doctor Francisco Javier Miranda, rijoso párroco de la diócesis poblana, ex diputado y miembro prominente del partido conservador, al que habían exiliado los presidentes Juan Álvarez e Ignacio Comonfort por abrir paso a la última dictadura del general Santa Anna, según explicaciones que Miranda dio en un libro en el que hizo su defensa. En él se declaró inocente y víctima del gobierno y el partido liberal, de los que se expresaba en los peores términos y cuyo desprecio fue sin duda un mal ejemplo para los oficiales franceses que se burlaban igualmente del ejército mexicano. Este doctor de la Iglesia mantenía relaciones con Santa Anna, al que en las películas vemos ya viejo y con su pata de palo, pero en su juventud fue muy apuesto; y también con el citado Gutiérrez de Estrada. Según expresan algunas cartas, este último se sentía muy dolido por las preferencias que Napoleón III, a quien la historia ha llamado el pequeño, tenía por Almonte (Juan Pamuceno) y eso fue motivo de rivalidad entre ellos, al grado de que instó al exiliado Santa Anna a presentarse en el teatro de los hechos. Ni tardo ni perezoso, éste le respondió en una carta reservada del 15 de octubre de 1861: “desde la profanación de nuestros templos me he decidido a ser el vengador de tan sacrílego ultraje… pronto estará en México”. Gutiérrez le respondió: “Usted… debe tomar las riendas del gobierno… desbarate usted los planes de Prim y Miramón (que explicará adelante)”. Pero Santa Anna no pudo entrar al país.

Estaba también el joven general mexicano de ascendencia francesa, Miguel Miramón, quien se concebía a sí mismo como el monarca que necesitaba México y por esos sueños era enemigo declarado de todos los anteriores. En su exilio se topó con la intriga francesa; decidió venir a México, trató de desembarcar en Veracruz bajo un pseudónimo que nadie le creyó y no pudo hacerlo. Otro personaje en esta intriga es el joven y encantador diplomático José Manuel Hidalgo, tan experimentado en su oficio que causa sonrojo leer lo que escribió al padre Miranda desde París sobre Miramón, el 30 de noviembre de 1861: Miramón ha salido de aquí furioso…contra la intervención que se ha hecho sin consultarle. Riñó con el Sr. Gutiérrez de Estrada…quiso ver al Emperador pero Almonte se negó a pedir la audiencia… los periódicos mencionan el terrible desaire. Y se atrevió a escribir al propio Miramón: En Madrid decía usted que para monarca ahí estaba usted… Tenía hasta preparada la diadema para su esposa…que regresa a Mexico porque los intervencionistas no sabrían a quién dirigirse…que la idea monarquista ¡me trae extraviada la razón!

Pues resulta que el aludido general no se quedA? con las ganas de reclamar a su vez al padre Miranda el 5 de noviembre 5 de 1862: ai???A?TendrA? usted inconveniente en decirme… cuA?les eran las miras polAi??ticas que supo usted llevaba yo a la repA?blica cuando se me impidiA? desembarcar en Veracruz por la marina inglesa?ai??? Y es que se enfureciA? cuando supo que el padre habAi??a aconsejado impedir su ingreso al paAi??s. El negocio de todos ellos era traer a Maximiliano, no coronar a MiramA?n y a su esposa, como Ai??ste soAi??aba.

Sin embargo, la victoria de Zaragoza cayó como una lápida sobre todos ellos, aun cuando temeroso de que algo semejante sucediera, Gutiérrez de Estrada había dispuesto un recurso extraordinario: “si la expedición por una desgracia imprevista no da el resultado que se apetece, el doctor Miranda procurará sacar el mejor partido… una presidencia vitalicia, o una dictadura de diez años”, según escribió en un manual con el que regulaba las actividades del religioso, y naturalmente que Miranda esperaba sacarse ese as de la manga. Pero sucedió lo que no se esperaba: la derrota francesa ocasión una guerra entre él y Almonte, a un grado tal que escribió a Santa Anna: “No se detenga usted para decidirse por el movimiento iniciado a favor de Almontea -a quien se proponía como jefe máximo-, pues la incapacidad de este general hará perder todo lo que he construido”. El diablo dictó la respuesta del colmilludo Santa Anna: “Mi presencia allá en estas complicadas circunstancias me desprestigiaría”. Y conforme se complicaba la trama, el descontento entre ellos también subía de tono.

Ante un negocio tan confuso, el general en jefe del ejército nacional reaccionario, Leonardo Márquez, escribió a Miranda: “Me avisa una persona… que… se han de seguir las instrucciones de usted… [pero] estando establecido el gobierno [conservador] es el único que debe hablar”. Y ya porque quería que aceptara o como un gesto indicativo de la posición subordinada que le correspondía, le envió el nombramiento de ministro.¿Apostarían a que Miranda lo aceptó? Su respuesta llegó desde Veracruz: “no puede figurarse cuánto he trabajado para que los aliados reconociesen al gobierno que usted preside” (lo que era una gran mentira). Así las cosas, Miranda anotó a Márquez entre sus enemigos.

Hacía meses que el cura poblano se mostraba desesperado. Había escrito a Gutiérrez Estrada: “Jurien de la Graviére [jefe de la expedición francesa]…es la nulidad más grande, el hombre más débil, versátil e irresoluto…que él [Jurien] no podía decidirse por un solo partido, que Maximiliano no podía ser emperador de un partido sino de la nación…he sido engañado miserablemente”… Para colmo, su hermano Rafael le había informado el 20 de marzo desde París: “El almirante ha escrito aquí diciendo que han sido engañados que no hay en México tal partido conservador, que es menester hacer la guerra… a pesar de todo el emperador sigue firme… van ya más tropas”. Y no puede ignorarse la carta del general Bruno Aguilar a Miranda del 12 de febrero: “Por Dios que urja usted para que se muevan [los franceses] y que sea hasta esta ciudad [de México] si no somos perdidos”. Por todo esto los mexicanos que estaban en el campamento francés imploraban que la capital fuera tomada y para eso era indispensable derrotar a Zaragoza en Puebla. Lo prometido es deuda: un correo que salió del campamento francés en la noche del 5 de mayo fue interceptado y entre sus ropas se encontró un papelito en el que el padre Miranda llamaba desesperadamente al general conservador José María Cobos, instándolo a que esa misma noche fuera tomado el fuerte de Guadalupe, importándole un comino que los franceses estuvieran llorando su derrota y la muerte de dos oficiales de alta graduación.

 

PARA SABER MÁS:

  • ANTONIA PISUAÑER LLORENS y AGUSTÍN NCHEZ ANDRÉS, Una historia de encuentros y desencuentros. México y España en el siglo XIX, México, Secretaría de Relaciones Exteriores, 2001.
  • LUIS RAMÍREZ FENTANES, Zaragoza, Puebla, Gobierno del Estado, 2012. CATALINA SIERRA y AGUSTÍN YAÑEZ, Puebla a cien años del 5 de mayo de 1862, Puebla, Gobierno del Estado, 2012.

 

Para leer el artículo completo, suscríbase a la Revista BiCentenario.

 

La inundación de San Antonio de Béxar

La inundación de San Antonio de Béxar

Andrew J. Torget

Universidad del Norte de Texas

Revista BiCentenario #16

 

Traducción: Gabriela Montes de Oca

 

* Las palabras resaltadas en cursivas a lo largo del texto corresponden a términos usados en español en la versión original en inglés.

Captura de pantalla 2013-10-21 a las 10.05.48

 

Durante la noche del 4 de julio de 1819 comenzó a caer una suave lluvia al norte de San Antonio. La lluvia golpeaba la tierra reseca con una interminable corriente de agua que se necesitaba con desesperación. Una grave sequía había quemado la región durante los últimos años, chamuscando vastas franjas de las praderas originarias y diezmando numerosas manadas de bisontes y ganado salvaje. Ese verano los campos marchitados por el sol habían sido incapaces de mantener las cosechas de maíz necesarias para mantener a los españoles refugiados en San Antonio y habían dejado en la aldea una grave escasez de alimentos. Incluso los caballos morían de hambre y las monturas de los españoles estaban tan desnutridas, que algunas apenas se sostenían en pie. Pero al fin la lluvia había empezado a caer. Rodando por la tierra quemada, el agua empezaba a llenar los lechos de riachuelos y los arroyos secos que serpenteaban hacia el sur. La tormenta acabó por llegar a San Antonio. Para quienes vivían en la pequeña y reseca aldea, el estrépito de la lluvia sobre sus tejados seguramente sonó como un acto de misericordia enviado desde el cielo.

San Antonio era una población necesitada de gracia divina. Fundada en 1718, poco más de un siglo antes, estaba asentada en un trecho de tierra entre el río San Antonio al este y el riachuelo de San Pedro al oeste. El pueblo original se había construido alrededor de una instalación militar conocida como presidio, que resguardaba las cinco misiones católicas que establecieron los españoles a lo largo del río San Antonio para atender a los indios del lugar. Fue creciendo por rachas a lo largo del siglo xviii y funcionaba como la capital provisional de Texas, la provincia más remota de la lejana frontera noreste de Nueva España. Sin embargo, a pesar de su estratégica ubicación en la frontera, San Antonio siempre había languidecido en aislamiento, pues las autoridades españolas de Monterrey y la ciudad de México se rehusaban a invertir recursos significativos en la región y sólo enviaban tropas y abastecimientos suficientes para mantener viva su presencia militar en Texas. Asnicamente podían encontrarse otros dos puestos de avanzada en todo Texas: Nacogdoches y La Bahía, que estaban en peores condiciones que San Antonio. En definitiva, la agobiante pobreza que padecían los españoles en Texas revelaba lo mucho que se había deteriorado la situación a lo largo de la frontera norte de Nueva España durante los años anteriores a la revuelta de Miguel Hidalgo. Cuando en 1803 el gobernador de Texas elaboró un informe sobre la región, su evaluación de San Antonio fue sombría. Se lamentaba de que la villa “carecía absolutamente de comercio y de industria” para mantener a su modesta población de 2,500 habitantes y si no hubiese sido por un puñado de cazadores que les suministraban carne de búfalo “la mayoría de las familias perecerían en la miseria”.

Si durante el siglo xviii San Antonio no logró progresar, en el siglo XIX fue devastado. Cuando estalló la guerra de independencia en México, a principios del siglo XIX una banda de rebeldes tomó el pueblo en 1813 y ejecutó al gobernador. Como represalia, las autoridades españolas lanzaron una sangrienta campaña militar para recuperar la región y asesinaron a cientos de sospechosos de rebeldía en San Antonio, además de provocar que cientos de pobladores buscaran salvar su vida huyendo hacia el campo. Quienes sobrevivieron a la despiadada confirmación de la autoridad española vivieron sitiados desde entonces. Envalentonados por la debilidad de San Antonio, los comanches y los apaches emprendieron una interminable serie de ataques que desangraron a los españoles de lo poco que les quedaba de caballos, ganado y cosechas. Para 1819, las guerras, la sequía y la hambruna habían reducido a la población de San Antonio a tan sólo mil seiscientos habitantes, casi mil personas menos que las que vivían ahí tan sólo dos décadas antes.

Sin embargo, en esa tarde de julio de 1819, finalmente llegaron las lluvias. Y continuaron durante toda la noche, aunque cayendo demasiado rápido para el suelo endurecido por la sequía. Desde el lecho de los riachuelos poco profundos pronto empezaron a canalizarse torrentes de agua a borbotones hacia el río San Antonio, que aumentaba de fuerza y velocidad conforme avanzaba hacia el sur, a la aldea. Al alba, el río, que se enroscaba alrededor del este de San Antonio, empezaba ya a desbordarse en la ribera. Una pared de agua irrumpió en el norte de la aldea poco después de las seis de la mañana, precipitándose sobre las calles a una velocidad aterradora. El único puente que cruzaba el río empezó a crujir por la fuerza de la marea creciente antes de despedazarse. El agua continuó avanzando con fuerza, anegando cada calle y plaza, antes de unirse al arroyo de San Pedro en la remota parte oeste de San Antonio. Casi tan pronto como comenzó la inundación, ya no había aldea, sólo quedó un río ancho y furioso que lo absorbió todo.

El gobernador Antonio Martínez despertó con el agua que se filtraba a su casa. El anciano patriarca inmediatamente empezó a mover documentos y a su familia para salvarlos, pero el agua avanzaba con demasiada rapidez. Cuando tres cuartas partes de la casa estaban ya bajo el agua, indicó a su familia que abandonara el hogar. Mientras vadeaba por las calles inundadas, Martínez apenas podía comprender la escena. Cada avenida se había transformado en un río furibundo que arrasaba con hombres y mujeres que gritando y agitándose intentaban desesperadamente llegar a un lugar seguro. Aquellos que tenían la suerte de atrapar la rama de algún árbol se trepaban a la cima en busca de refugio. Otros, incapaces de alejarse del agua, se quitaban la ropa a tirones para evitar ser arrastrados hacia el fondo. La fuerte corriente había incluso arrancado las casas de las amarras de sus cimientos. Las familias más pobres de San Antonio vivían en destartaladas chozas de madera llamadas jacales, construidas de vigas repelladas con lodo y barro. Martínez observaba, impotente, cómo la corriente destruía los jacales, a menudo con las familias dentro. Según recordaba después, sólo miraba mientras las “casas empezaban a desaparecer y únicamente quedaban fragmentos flotando que indicaban el desastre que las había rebasado”. El gobernador ordenó a sus soldados que sacaran del agua a todos los que pudieran y mandó a los mejores nadadores a rescatar a las personas que se habían refugiado en la copa de los árboles. Pero la lluvia seguía cayendo, de modo que Martínez decidió abandonar la aldea antes de que el agua subiera más. Ordenó a todos los sobrevivientes que lo siguieran y encabezó una marcha hacia las colinas de las afueras de San Antonio, donde se acurrucaron bajo los árboles. Y de pronto, tan rápidamente como llegaron, las aguas empezaron a retroceder.

Cuando los sobrevivientes regresaron, revisaron la extensión de la destrucción. En 1819 San Antonio estaba dividida en cuatro vecindarios que correspondían a grandes rasgos a las direcciones de una brújula. Los vecindarios del norte y del sur eran las áreas más viejas de la población, donde vivían las familias con mejores relaciones políticas, y que de algún modo se habían salvado de los peores daños. Aunque en el norte y el sur había casas inundadas, la mayoría habían quedado intactas. Al parecer la inundación había concentrado su furia en los más vulnerables.

Para leer el artículo completo, suscríbase a la Revista BiCentenario.

 

Escena en San Antonio, 1879

Escena en San Antonio, 1879

 

 

Entre Sevilla, La Habana y Orizaba Una fábrica de cañones del siglo XVIII

Entre Sevilla, La Habana y Orizaba Una fábrica de cañones del siglo XVIII

Eder Antonio de Jesús Gallegos Ruiz
Universidad Pablo de Olavide, Sevilla
Revista BiCentenario #16

El estado del armamento en la Nueva España dejó mucho que desear desde principios del siglo XVIII, pues no eran pocas las dificultades de la península para surtir al Nuevo Mundo. Los extensos territorios debían cubrirse con una Real Armada en mal estado, una burocracia ineficiente, las inclemencias del tiempo en los viajes transatlánticos y la escasez en las fundiciones de la metrópoli, que apenas podían hacer frente a sus propias exigencias.

Si a esto se suma la especulación por la abundancia y el costo de metales en América, obtendremos un resultado desastroso. Por ello, la Corona planeó la construcción de una maestranza de Indias, fábrica que dotara de artillería a la América septentrional y el Caribe, como una forma de complementar los envíos tradicionales.

El virrey Baltasar de Zúñiga había previsto desde 1717 la imperiosa necesidad de la tecnología artillera en los territorios del actual México. Por ello pidió el envío de dos fundidores expertos, a fin de erigir una maestranza para la construcción y reparación de nuevas piezas de armamento, según la disponibilidad y el bajo costo de los metales en el territorio. Su petición fue expedida dentro de una carta personal a Felipe V con fecha 11 de junio y se le respondió el 3 de enero de 1718 con la orden de envío de un operario, facultado para la edificación de una o dos fábricas de cañones.

Sin embargo, no sería sino hasta dos años des- pués que un fundidor de la maestranza de Pamplona llamado José Escartín, estaría dispuesto a ir a la Nueva España, no sin antes establecer un contrato con la Corona en el que se estipulaban las condiciones para su pago, fletes, viáticos para él y su familia, la designación de tres ayudantes y su reconocimiento como Maestro Mayor Fundidor. Tras su llegada a Veracruz, Escartín decidió peinar la zona, pues consideraba que la maes- tranza debería erigirse estratégicamente en las proximidades del puerto, escogiendo dos caseríos ubicados en la calle de Tres Cruces en la villa de Orizaba.

Fue el primer intento de la recién entronizada casa real de los Borbones por introducir una tecnología que mejoraba a pasos agigantados. Pero los beneficios para el erario público no eran muy obvios y, al parecer, el peligro aún no parecía acuciante como para generar tales gastos, estimados según los fundidores auxiliares y los maestros carpinteros en $63,197 pesos de antaño, sin incluir $2 mil pesos del costo de dos hornos de fundición y gastos posteriores, como madera para las cureñas y carbón destinado a los hornos de fundición.

De allí que en 1722 el virrey decidiera cancelar el proyecto, presionado además por una carta de José del Campillo (secretario de José Patiño, Intendente General de la Marina y el Ejército), donde éste dejaba entrever que existiría una nueva instrucción para erigir la fabrica, no en Orizaba, sino en La Habana. Posteriormente se aclararía que todo había sido un malentendido, pero la vicisitud alimentó el escepticismo sobre la viabilidad del proyecto por parte de Juan de Acuña, el nuevo virrey, quien se inclinaba más por el tradicional sistema de envíos de artillería desde Sevilla.

 

De este curioso antecedente podemos inferir que, si bien la especulación sobre la calidad, abundancia y bajo costo de metales en el territorio novohispano (cobre y estaño para fabricar artillería de bronce) desde la península eran clave para las propuestas a favor, existía en contra un aparato burocrático que, en la práctica, solo generaba confusiones y superposición de mandos, escasez de operarios españoles dispuestos a trasladarse a las Indias y segregación en los mandos militares, provocando la ausencia de auxiliares novohispanos con conocimientos previos.

ImA?genes integradas 1

La caída de La Habana en 1762 y la cesión de Florida a Inglaterra en 1763 volvió la defensa militar una empresa capital en la agenda de la Corona. Así, habiendo transcurrido 46 años de haberse descartado el primer proyecto, el virrey marqués de Croix volvería a pensar en construir una fábrica de artillería próxima al golfo de México, para auxiliar al Caribe y defender a la Nueva España de la gran invasión terrestre que se pensaba inminente.

El virrey dio la orden en 1768 al gobernador de Veracruz Félix de Terras, para prestar toda su ayuda al fundidor español Francisco de Ortúzar, a fin de que reconociera el sitio adecuado para el nuevo proyecto de maestranza en las inmediaciones del puerto de Veracruz. Tras recorrer 25 leguas alrededor de esta población, acompañado del capitán de artillería peninsular Andrés Sanz, siguieron hacia el camino de Jalapa sin examinar Orizaba y determinaron que el lugar idóneo era un sitio llamado Molino de Villa a dos leguas del Camino Real de Perote y 30 de Veracruz. Pero no se llegó a una resolución definitiva, pues sólo se les había designado para reconocer la zona.

En una nueva expedición ordenada por el virrey Antonio de Bucareli en septiembre 1776, Ortúzar, esta vez con el español Diego Ponce, di- rector de las obras de construcción de la nueva fortaleza de San Carlos en Perote, ratificaron la locación anterior. El dilema era entonces saber si se trataba de hacer una maestranza temporal o permanente. Se pensó que, de ser provisional, con situarse en Molino de Villa hubiera bastado para el traslado de las piezas de artillería. Sin embargo, en caso de ser permanente, el terreno sinuoso obligaba a trazar dos caminos, de entrada y salida, así como una vía fluvial para dar mayor facilidad al traslado de cañones al puerto de Veracruz.

 

Para leer el artículo completo, suscríbase a la Revista BiCentenario.

PARA SABER MÁS:

CHRISTEN JÖRGENSEN et al., Técnicas bélicas del mundo moderno, 1500-1763. Equipamiento, técnicas y tácticas de combate, Madrid, Libsa,

2007. JUAN ORTIZ ESCAMILLA, El teatro de la guerra. Veracruz: 1750-1825, Xalapa, Universidad Veracruzana/Universitat Jaume I, 2010.

EULALIA RIBERA CARBÓ. Herencia colonial y mo- dernidad burguesa en un espacio urbano. El caso de Orizaba en el siglo XIX, México, Instituto Mora, 2002.

GUILLERMINA DEL VALLE PAVÓN, “Ocupación y especialización en la villa de Orizaba en 1791” en CARLOS CONTRERAS CRUZ y CARMEN BLÁZQUEZ DOMÍNGUEZ (coords.), De costas y valles. Ciudades de la provincia mexicana a finales de la colonia, México, Instituto Mora- Universidad Veracruzana-Conacyt-BUAP, 2003.

“Museo de la Real Fábrica de Artillería” en http://www.youtube.com/watch?v=t21ECDfVA4c&feature=related