Archivo de la categoría: BiCentenario #13

Hombres ilustres de México en París

Miguel Rodríguez - Université Paris Sorbonne (Paris IV), Institut d’Etudes Hispaniques

Revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 13.

Los monumentos a personajes públicos se multiplicaron en las grandes capitales europeas desde mediados del siglo XIX. Ya no se trataba más de venerar a los santos o de hacer honores a la figura del monarca, sino de exaltar los valores ciudadanos del varián virtuoso. Como se inscribe sobre la fachada del Panthéon en París, templo laico en el que están enterrados militares heroicos, sabios, políticos y escritores, a los Hombres Ilustres, la Patria agradecida. El primer motivo del monumento es obviamente la conmemoración.

Busto de Justo Sierra en ParAi??s

Busto de Justo Sierra en París

La multiplicación de monumentos recibió bastantes ataques: Pasamos nuestro tiempo, desde hace muchos años, erigiendo estatuas, a menudo mediocres, a una pléyade de hombres ilustres cuya fama no va más allá del límite del distrito en el que están situadas, escribe un crítico en 1908. Cuatro años más tarde, otra obra denuncia la “estatuoman parisina”, esto es, el abuso en la costumbre de erigir estatuas en el espacio público. Fue entonces cuando Jacques Duclos, un joven provinciano francés, quien haría después una larga carrera política en las filas del comunismo, descubrió la capital de su país: “París” expresa después “me hacía el efecto de un libro de historia con grabados de piedra”. Y es que otro objeto esencial de los monumentos públicos es la educación del transeúnte.

En esta “capital del siglo XIX” (como la llamó Walter Benjamin, el filósofo alemán), la memoria de hombres ilustres de otras naciones se consagró tardíamente (una excepción notable fue la del precursor de la independencia de las colonias españolas en Sudamérica, el venezolano Francisco de Miranda, cuyo nombre está escrito en el Arco del Triunfo desde 1836, en reconocimiento a que fue un destacado general de la Revolución francesa).El conquistador Diego Velázquez fue por mucho tiempo el único español y, antes de 1914, Georges Washington (1900) y Benjamin Franklin (1906) representaron al Nuevo Mundo. En la época posterior a la primera guerra mundial, cuando el gobierno francés inició una campaña de acercamiento a sus “hermanas latinas” del continente americano, se consideró importante la consagración de cada una de las naciones latinoamericanas, a través de la colocación de una figura heroica que las representase en París. A las funciones evidentes del monumento se suma de tal modo la de contribuir a la legitimación, tanto del personaje representado como de los grupos o instancias que lo apoyan.

Y como en otras grandes metrópolis —Nueva York (1921), Madrid (1925), Roma (1933)— se planeó honrar, antes que a otro, a Simón Bolívar, el prócer por antonomasia que, además de sus virtudes propias, integra la historia de los países andinos. Su estatua ecuestre sería el eje de un espacio conmemorativo construido expresamente como parque de América Latina, como se le llamó desde 1934. Se trataba de una zona un tanto periférica en el noroeste de París, cuyos terrenos baldíos y jardines desordenados sustituían las fortificaciones y las murallas de antaño y que el gobierno municipal trataba de ocupar con edificios populares y lugares de recreo.

Visita de Luis EcheverrAi??a a ParAi??s en abril 1973

Visita de Luis Echeverría a París en abril 1973

En los años siguientes, con un claro cuidado por la armonía y el equilibrio del parque, se fueron instalando pequeños bustos a ambos lados del gran Bolívar: los de Rubén Darío y de José Enrique Rodó en 1934, luego los de José Martí y Juan Montalvo en 1939, siguiendo con los de Vicuña Mackenna y Ricardo Palma (1955 y 1960), que enaltecían así a cada uno de sus países: Nicaragua, Uruguay, Cuba, Ecuador, Chile y Perú. En una publicación de 1936, firmada por Gonzalo Zaldumbide, literato y entonces ministro ecuatoriano, y por el escritor franco-argentino Max Daireaux, se decía que la presencia de esas figuras en el parquecito parisino era como la realización de esa hermosa página en la que Rodó, hablando precisamente de Montalvo, lo representa en los Campos Elíseos de la Antigüedad, conversando con los espíritus elegidos sobre las cosas eternas: así nos parece verlos, reunidos aquí en la perennidad del bronce, y oír en el silencio el diálogo ideal de estas tutelares sombras de nuestra América.

Hay que observar de entrada que todas esas sombras tutelares son de hombres; si por lo general las estatuas ignoraban el género femenino (a menos que se tratase de alegorías), la tendencia crecía en el caso de las naciones latinoamericanas. De allí que no haya un monumento a Gabriela Mistral o Sor Juana. ¿Qué virtudes se subrayan al erigirse estos bustos, al elegirse a estos hombres ilustres? Letrados todos, con su pluma contribuyeron a la cimentación de la identidad nacional, algunos habiendo jugado también un importante papel en la vida política e institucional en el primer siglo de vida independiente.

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El fantasma de la intervención: las argucias del embajador Henry Lane Wilson

Graziella Altamirano Cozzi - Instituto Mora

Revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 13.

El peligro de una inminente invasión militar se cernía sobre México en febrero de 1913.

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El fantasma de la intervención acechaba amenazante en los círculos políticos y diplomáticos del gobierno de Francisco I. Madero como resultado (y parte esencial) de la estrategia de presión instrumentada por el embajador de Estados Unidos, Henry Lane Wilson, la cual contribuiría de una manera decisiva para precipitar los graves acontecimientos políticos de la Decena Trágica que culminarían con el derrocamiento del gobierno mexicano y los asesinatos del presidente Madero y el vicepresidente José María Pino Suárez.

Sobre la Decena Trágica aún quedan numerosas preguntas que responder sobre las causas que produjeron la caída del régimen maderista y los móviles de los grupos políticos que lo derrocaron, pero sobre todo en torno a los grandes intereses que estuvieron detrás de la diplomacia de Estados Unidos, compuesta de amenazas, provocaciones e intrigas a través de un embajador, del que se ha dicho que actuaba sin el consentimiento de su gobierno, aun cuando existen fuentes que sugieren que sí compartió con él la responsabilidad de lo sucedido en México del 9 al 22 de febrero de 1913. El régimen de Madero, además de enfrentar conspiraciones y levantamientos armados, de padecer las críticas de una implacable prensa y no contar con el apoyo cabal de sus colaboradores, tuvo que sortear las exigencias y los reclamos del gobierno de Estados Unidos, así como la evidente hostilidad de su embajador.

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Cuando Madero ocupó la presidencia, en noviembre de 1911, todo parecía indicar que contaba con la aceptación del gobierno de Estados Unidos. Lo que más le interesaba en ese momento al presidente William H. Taft era que se preservara la tranquilidad interna en México, con el fin de que los intereses económicos de su país prosperaran en un ambiente de orden y legalidad.

Sin embargo, ante la fragilidad que presentaba el orden social por la ola de huelgas y las crecientes revueltas antimaderistas que tuvieron lugar en algunas regiones del país, esa política de apoyo muy pronto habría de cambiar, y la tolerancia y aceptación que aquel gobierno mostró en un principio al presidente mexicano se iría transformando en una actitud hostil y amenazante basada en las exigencias de protección a las vidas y a los intereses estadounidenses.

Sin duda, fueron muchos los factores que contribuyeron al cambio de actitud de Estados Unidos. Se ha afirmado que influyó la hostilidad personal del embajador Henry Lane Wilson hacia el presidente mexicano y su poca confianza en la política interior; que tuvo efecto, desde luego, el peligro que corrían los intereses de algunos estadounidenses con grandes inversiones en México, con los que el embajador mantenía estrechos vínculos financieros. Se ha dicho, también, que algunas medidas tomadas por el gobierno de Madero afectaban ciertos intereses enfilados hacia los campos petroleros. Lo cierto es que todo sirvió de pretexto y argumento para que, a lo largo del año de 1912, Estados Unidos llevara a cabo una agresiva política hacia México, que pasó de los avisos y advertencias a las exigencias y amenazas, y cuyo móvil aparente fue la protección de los ciudadanos de aquel país residentes en el nuestro.

Desde los primeros meses de ese año, la política estadounidense hacia México se volvió más dura, y las relaciones se tornaron ásperas, principalmente por la antipatía del embajador Wilson hacia el presidente Madero, a quien consideraba incapaz de sofocar las revueltas y restaurar el orden y al que constantemente descalificó y calumnió en los informes alarmistas que envió a su gobierno. Decía que la oscilante actuación de Madero, apático, ineficaz, cínicamente indiferente o estúpidamente optimista, se debía a cierta debilidad mental que lo imposibilitaba para el puesto.

Sin lugar a dudas, Wilson fue el promotor del envío de las amenazantes notas de su gobierno a la cancillería mexicana en ese año, como la del 15 de septiembre, considerada por historiadores como Friederich Katz como la más insultante exposición que se haya hecho a gobierno alguno. En ella, con un tono arrogante y ofensivo se hacía responsable al gobierno de los actos que ponían en peligro las vidas y los intereses de los estadounidenses residentes en México, en particular en los casos concretos de un reducido grupo de inversionistas, a quienes empezaba a afectar la política maderista de suspender subsidios y prebendas de la época del Porfiriato.

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México y la Guerra Civil estadounidense

Gerardo Gurza – Instituto Mora

Revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 13.

Tropas de la UniA?n

El 12 de abril de 2011 se cumplieron 150 años del bombardeo al fuerte Sumter en la bahía de Charleston, Carolina del Sur, acontecimiento que marca el inicio de la Guerra Civil en Estados Unidos (1861-1865). El choque armado entre el Norte libre y el Sur esclavista cobraría las vidas de más de 600 mil soldados, incontables civiles, y llevaría a la antes próspera y estable república al borde del derrumbe. La guerra representa un auténtico hito en la historia estadounidense, una línea que marca un antes y un después en el siglo XIX, e incluso en la totalidad de su vida como nación. La victoria del Norte tuvo como consecuencia la abolición de la esclavitud (emancipando a cuatro millones de hombres, mujeres y niños sujetos a servidumbre involuntaria); provocó cambios sociales y económicos de alcances revolucionarios, y estableció de manera más firme la supremacía del poder federal sobre el de los estados.

Abraham Lincoln

Abraham Lincoln

Anotar las consecuencias más notables de la guerra, aun de manera resumida, sería materia de un volumen muy grueso. Aquí intentaremos simplemente una exploración muy breve de los efectos que la Guerra Civil (también llamada Guerra de Secesión) tuvo en el vecino del sur. En México, Tropas de la Unión. la conmemoración de esos 150 años nos invita a reflexionar y preguntarnos: ¿qué significó para nuestro país la victoria del Norte, el restablecimiento de la Unión y el fin de la esclavitud?

Quizás el efecto más evidente fue la presión que ejerció el gobierno victorioso de la Unión para apresurar la retirada francesa de nuestro país en 1866-67. Es cierto que para 1866, después de más de cuatro años de iniciada la intervención, Napoleón III se encontraba ya decepcionado de los resultados de su proyecto mexicano, y que ni el tesoro francés, ni la creciente oposición política, hubieran soportado mucho tiempo más el gasto de dinero y vidas francesas para sostener a Maximiliano. Sin embargo, no puede dudarse que Napoleón tuvo que acelerar el regreso de sus soldados una vez que Estados Unidos superó su crisis doméstica y pudo nuevamente mirar con atención hacia el exterior. Por obvias razones, a lo largo del conflicto interno el gobierno estadounidense mantuvo una actitud completamente pasiva con respecto a la intervención francesa. La única manifestación clara de su repudio al experimento imperial fue su negativa a otorgar el reconocimiento oficial al gobierno de Maximiliano y su insistencia en considerar al de Juárez como el legal y legítimamente constituido. Al final de la guerra, Washington mantuvo una postura cautelosa (demasiado cautelosa para el gusto de militares como Ulysses Grant, quien creía que aplacada la rebelión sudista el ejército debía enviarse a desalojar a los franceses de territorio mexicano), pero empezó a insistir en la necesidad de que las tropas galas abandonaran el territorio mexicano. Si el gobierno de Maximiliano no era una imposición al pueblo mexicano, sino una expresión legítima de la voluntad de las mayorías, como habían sostenido hasta el cansancio los diplomáticos franceses, entonces había llegado el momento de que las bayonetas europeas dejaran de apoyar al régimen imperial y se embarcaran de regreso. Más aún, William Seward, el secretario de Estado, instruyó a su ministro en París para que señalara a sus anfitriones que Washington no podría continuar ignorando por mucho tiempo la presión de la opinión pública, y que tarde o temprano tendría que tomar medidas más decisivas encaminadas a provocar la retirada francesa.

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¿Hubieran sido diferentes las cosas si la Confederación sudista hubiese mantenido su independencia? Es imposible saberlo con certeza, pero es ilustrativo tener en cuenta que, por una parte, Maximiliano declaró varias veces su convicción de que el futuro de su gobierno dependía del éxito de la lucha confederada, y, por la otra, que los dirigentes de la Confederación hicieron intentos reiterados de lograr una alianza con los franceses, apoyándose siempre en el argumento de que Francia jamás podría consolidar su satélite mexicano si la Unión era restablecida. En este sentido, los sudistas ofrecían olvidarse para siempre de la famosa doctrina Monroe (la cual postulaba que América era un continente vedado a nuevas aventuras colonialistas europeas) a cambio de que se les reconociese como nación independiente. Por lo tanto, es posible aventurar la conjetura de que el imperio hubiese tenido al menos un poco más de vida de haberse producido una victoria confederada en la guerra. Todo esto, por otra parte, debe sopesarse también con la certeza de que, para empezar, la intervención francesa en México seguramente no se hubiera llevado a cabo sin el estallido de la Guerra Civil, de modo que es posible ver el choque entre el Norte y el Sur como una circunstancia que posibilitó la intervención y que, una vez consumado, también contribuyó a su terminación. Este es quizás el ejemplo más claro de que existen episodios de la historia de México que simplemente no se entienden sin saber lo que estaba ocurriendo en Estados Unidos.

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Las advertencias del conde de Aranda

Víctor A. Villavicencio – Facultad de Filosofía y Letras, UNAM

Revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 13.

MotAi??n contra el MarquAi??s de Esquilache, 1776

lo algunas figuras en la historia han tenido el talento y la agudeza suficiente para entender el presente que viven y analizarlo de tal manera que pudieron emitir juicios acertados sobre el futuro. Si bien han existido grandes hombres de estado, en la historia contemporánea son contados aquellos que han demostrado la capacidad reflexiva de Pedro Pablo Abarca de Bolea y Ximénez de Urrea, el conde de Aranda. Dentro de los estadistas españoles pocos han provocado tanto interés y con razón” como el nacido en el castillo de Siétamo, en 1719. Perteneció a una ilustre familia aragonesa de buena posición y durante su juventud se le propició una educación esmerada de corte liberal, pues fue enviado a estudiar a Bolonia y Roma, además de viajar por gran parte de Europa. Su inclinación por la carrera militar lo llevó a formarse en Prusia y, posteriormente, en el ejército de Fernando VI.

Vista de Madrid, siglo XVIII

Vista de Madrid, siglo XVIII

Gran parte de su fama fue ganada gracias a los cargos militares que desempeñó durante el reinado de Carlos III, llegando a ser nombrado gobernador de Valencia. Su entrada al protagonismo de la historia española se debió en realidad a una revuelta (conocida como “motín contra Esquilache”): con el ánimo de protestar por las nuevas reglas de vestimenta que el gobierno había decretado, a fin de aumentar la seguridad en las calles y mermar las conspiraciones que se sospechaba se extendían por la ciudad, el domingo 23 de marzo de 1766, una multitud iracunda se concentró en la Plaza Mayor de Madrid. La carestía de productos básicos y el rechazo a los ministros extranjeros que se encargaban de la política, los cuales se creía cercanos a los intereses de Francia e Italia, fueron dos motivos más de protesta. Durante un par de días los amotinados asaltaron comercios y enfrentaron a la policía.

Busto del Conde de Arana en Zaragoza

Busto del Conde de Arana en Zaragoza

Leopoldo Di Gregorio, marqués de Esquilache, en aquel entonces ministro de Hacienda era señalado como el responsable directo del alto costo de los insumos de primera necesidad, razón por la cual su casa fue saqueada y debió huir con su familia al Palacio Real en busca de auxilio. Dado que el tono de las protestas y la violencia fue en aumento, Carlos III se vio obligado a acceder a las peticiones populares: fijó los precios de los productos básicos y destituyó de su gobierno a los ministros extranjeros. No obstante, el monarca no se quedaría de brazos cruzados ante la revuelta. Llamó del gobierno de Valencia al conde de Aranda, lo designó presidente del Consejo de Castilla y le encargó una investigación especial para dar con los responsables de las protestas. Las pesquisas arrojaron que los jesuitas habían sido los instigadores, por lo que, en febrero de 1767, Aranda debió ejecutar el decreto que expulsó de la península y de todo el imperio español a la orden fundada por San Ignacio de Loyola.

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Editorial #13

Revista Bicentenario. El ayer y hoy de México, núm. 25.

BiC 13-Portada

Si a la historia de México la continuáramos mirando desde los episodios políticos, muchas cosas de nuestro pasado quedarían sin conocer, muchas otras sin explicación, otras más en el olvido. Tendríamos una visión parcial de nuestro ayer, una imagen fragmentada de la realidad, un enfoque inacabado de los distintos acontecimientos y de los actores involucrados. En cada número de BiCentenario nos esforzamos por ofrecer a nuestros lectores una percepción variada de nuestro pasado; procuramos una mirada renovada de nuestra historia, una visión más cercana de los distintos sucesos que tuvieron lugar en un tiempo ya ido o de aquellos problemas que nos inquietan actualmente. La historia en nuestra revista es la suma de muchas historias que nos revelan una multiplicidad de hechos y actores, que nos muestran la riqueza de nuestro pasado. En ellas se ven involucrados muchos sujetos: grandes personajes que destacan por sus obras, por su ingenio, por su arte y cuyo legado reconocemos; y mexicanos que, como tú o como yo, hace tiempo o ahora, colaboramos en la construcción de la historia de nuestro país.

Con distintos ingredientes se ha ido constituyendo nuestro ser histórico: acontecimientos políticos, relaciones internacionales, preocupaciones científicas, encuentros deportivos, creaciones artísticas y diversiones, entre otras muchas acciones. En estas páginas está contenida una imagen de México enriquecida con muchas situaciones, con diversos actores, con el día a día de los mexicanos que nos muestran aspectos que ni siquiera habíamos imaginado; facetas varias de nuestra cultura que habían pasado desapercibidas y que nos revelan que lo que hoy vivimos tuvo un comienzo en el ayer.

En este número hablaremos de política. De las propuestas de un estadista español, el conde de Aranda, que logró entender el momento de crisis que se vivía, que comprendió las aspiraciones de los americanos y alertó a España. Descubriremos las venturas y desventuras de dos jóvenes españoles que desembarcaron en Veracruz para luchar contra el despotismo de la Corona. Miraremos nuestra relación diplomática con Estados Unidos a través de su guerra civil y los efectos que provocó en nuestro país. Nos ocuparemos de lo que ocurrió después de las celebraciones del Centenario cuando los estudiantes salieron a la calle y exigieron la salida de Porfirio Díaz. Sabremos también del peligro de una intervención estadounidense en 1913 que, como fantasma, merodeó a los mexicanos y contribuyó a la caída de Francisco I. Madero. Visualizaremos a la Guadalupana en un magno festejo religioso que tenía claros tintes políticos. Conoceremos la historia del monumento a un héroe mexicano, que por autoritarismo presidencial se instaló en París, pero que el abandono en que quedó orilló a desalojarlo de la plaza que en un principio lo acogió.

En cuanto a ciencia, daremos la voz al doctor Guevara Oropeza para que nos cuente pormenores en torno a La Castañeda y a su agonía. Reflexionaremos sobre la influencia de los medios de comunicación en los problemas de obesidad infantil. Por lo que respecta a deportes, nos enteraremos del origen de la pelota vasca en México y de cómo nuestras derrotas futbolísticas en los mundiales tienen una historia que comienza en 1930… En cuanto a moda, disfrutaremos de los disfraces y los enredos de los bailes de carnaval. Y sobre arte, desvelaremos los pormenores de la edición de Los de abajo en Nueva York y veremos a Mariano Azuela y a José Clemente Orozco colaborar en un mismo proyecto.

A cada artículo le acompañan una variedad de imágenes que nos ayudan a visualizar cómo era ese tiempo, quiénes fueron esos hombres y mujeres mencionados; qué patrimonio inmueble queda de aquel entonces; qué modas se usaron; qué ilustraciones se diseñaron para determinado libro; dónde se ubicaba el monumento y qué existe hoy en el lugar mencionado…

Textos e ilustraciones se entrelazan en este proyecto editorial para enriquecerlo en cada entrega. Las múltiples historias de sus páginas condimentan nuestro pasado y vigorizan nuestro espíritu.

LAURA SUÁREZ DE LA TORRE
INSTITUTO MORA

Correo del lector #13

BiC 12-PortadaCARTAS

Les agradezco la publicación de mi cuento “¡Muera el mal gobierno!” Me siento muy orgullosa de participar en una revista tan buena, de un instituto tan prestigiado. Quiero decirles que aproveché para leer el número 12 y me parece que ofrece, no una historia de cartón, sino una con movimiento y análisis. Se habla de la esclavitud, abolida muy lentamente: ¿ya no existe? ¡Ay Santa Anna!, ni cómo defenderte. ¡Ay Cubita, tan linda y tan codiciada! Sobre la Casa del Estudiante Indígena, me pregunto, por qué, si ya se tenían experiencias tan claras, continuaron repitiéndolas hasta los años sesenta. El artículo sobre el fomento a la lectura me encantó; me parece estar conversando con la autora. Mi familia y yo vivimos dos años en la colonia del Valle y una tía vivía en Mixcoac. Recuerdo bien el tranvía y la entrada al cine de La Castañeda, los domingos. Estoy descubriendo que la historia me gusta.

Irma Ramírez

Les felicito por BiCentenario; me parece que su propuesta es un gran escaparate del Mora. Les mando un abrazo

Rogelio Jiménez UIA-Puebla

00Agradecemos a Omar Tinajero Morales el envío de su interesante video sobre la guerra cristera y lo compartimos con los lectores:

http://www.youtube.com/ watch?v=LB6kDd8jxiM

CONSULTAS

Me gustaría saber acerca del origen de la palabra mariachi; me han dicho que viene de mariage (matrimonio), de cuando Napoleón III envió sus tropas a México. ¿Es cierto? Parece absurdo que siendo la orquesta y su música tan distintivas de lo mexicano, la palabra venga del francés.

El Rey

01Te recomendamos el libro titulado El mariachi (2008), en el que el antropólogo Jesús Jáuregui explica que, a la fecha, la primera mención documental conocida de la palabra mariachi es de 1807, y se localiza en el registro civil del pueblo de Santiago Ixcuintla, Nayarit. La primera mención en un contexto festivo procede del pueblo de Rosamorada, cantón de Tepic, se encuentra entre las acusaciones que el párroco local remitió en 1852 a las autoridades eclesiásticas, relativas a los escandalosos fandangos que tenían lugar en la plaza central. Y más exactamente en relación con la música, la palabra se oyó en 1859, cuando otro cura escuchó en Tlalchapa, Guerrero, música de mariachis, con ejecutantes de arpas,Ai??violines y tambora. Todas estas fechas son anteriores a la Intervención Francesa.

¿SABÍAS QUÉ?

Armando M. Fernández, el inventor del mousepad o “tapete de ratón”, nació en México. Trabajaba para la Xerox en Estados Unidos cuando en 1979 esa empresa adoptó su diseño, con el propósito de proteger al mouse o ratón rodador o bola rodadora electrónica del polvo, la basura y las superficies ásperas o rayadas y le diera más velocidad y precisión al apuntador de pantalla. Se considera que este invento de bajo costo, gran confiabilidad y muy versátil ayudó al nacimiento de la computadora personal.

02POR AMOR A LA HISTORIA

El maestro Edmundo Aquino, originario de Zimatlán, Oaxaca, y autor connotado de litografía y grabado, quiso saber el significado del nombre del pueblo donde nació: Nunca nos lo enseñaron. Y ¿cómo habrían de enseñarnos algo que no sabían? La oscuridad nos invadió, no sabíamos que los orígenes de nuestro pueblo venían de la cultura zapoteca [...] Tampoco sabía que el idioma que hablaban algunas gentes del pueblo y campesinos que venían los días miércoles de mercado era el zapoteco (zaa). Y menos que los tepalcates, pedazos de figuras y caras de barro, que hallaban en los terrenos del pueblo y del campo, pertenecían a la cultura zapoteca. De manera que se puso a investigar y de su esfuerzo resultó una pequeña monografía titulada Zimatlán. Lugar de la raíz del frijol, prologada por el Dr. Miguel León Portilla, quien nos hace ver cómo este trabajo contribuye a fortalecer la identidad de la población y ésta será más próspera y feliz si afianza su raíz de cultura en su propia identidad.

RELOJ DE ARENA

034/septiembre/1811

Al frente de la Junta de Zitácuaro, Ignacio López Rayón, José Sixto y José María Liceaga explican a José María Morelos que sus planes siguen siendo los de la Independencia y que si en los papeles reconocen aún a Fernando VII es para alucinar a la multitud; tal cosa surte el mejor efecto y ha logrado que muchos de las tropas de los europeos desertándose se hayan reunido a las nuestras; y al mismo tiempo que algunos de los americanos vacilantes por el vano temor de ir contra el rey, sean los más decididos partidarios que tenemos.

0421/julio/1861

Manuel María de Zamacona, secretario de Relaciones Exteriores, explica al cuerpo diplomático que, ante las exigencias de la sociedad de paz, orden y garantías y el hecho de que los acreedores extranjeros requieran casi todas las rentas públicas, el gobierno de Benito Juárez ha resuelto suspender el pago de la deuda. Aclara que esta decisión no debe ser causa de alarma, sino tomarse como la señal de que la República ha sentido hambre y sed de paz, de orden y seguridad y el gobierno precisa contar con medios eficaces de acción.

052/agosto/1911

Emilio Vázquez Gómez, ex candidato a la vicepresidencia en 1910, declara que el presidente León de la Barra le ha pedido que renuncie al ministerio de Gobernación, debido las dificultades entre ambos por representar el primero la tendencia conservadora del antiguo régimen, y él, en cambio, la tendencia renovadora de la revolución triunfante. La prensa habla del peligro de otra revolución y también de que detrás de este movimiento se halla Francisco I. Madero, deseoso de eliminar de la política a los hermanos Vázquez Gómez.

15/septiembre/1961

06

El movimiento de resistencia civil que se desarrolla en San Luis Potosí, a raíz del fraude electoral cometido contra Salvador Nava, candidato independiente a la gubernatura del estado, culmina en una balacera durante la ceremonia oficial en la Plaza de Armas, en donde mueren varias personas, mientras los disidentes festejan en otra plaza pública. El diario La Nación lo reseña así: Se acerca ya la media noche. [...] Nadie se imagina lo que va a suceder esta noche del 15 de septiembre, por más que la presencia desde las cinco de la tarde en la Plaza de Armas y las bocacalles de las tropas [...] da al ambiente un no sé qué de amenazante augurio. De pronto, faltando exactamente ocho minutos para las doce de la noche, las luces se apagan y como si eso hubiera sido la señal convenida, del Café “Versalles” vomitan plomo las pistolas y desde la Plaza responde el bramido de fusiles y ametralladoras… desde allá atrás, frente al Palacio Municipal, otros disparos que son contestados desde los balcones y la azotea del Palacio de Gobierno [...]

DEL SECRETER DEL ABUELO

07

Año del Centenario. Estados Unidos Mexicanos. El Presidente de la República. En nombre de la Patria, recompensa la aplicación y el aprovechamiento del alumno Lorenzo Gómez concediéndole diploma segundo, premio correspondiente al segundo año superior que cursó en la Escuela Nacional Primaria  “Pedro de Gante”. Firmado en el Palacio Nacional a los 14 días del mes de Diciembre de 1910. El Presidente. Rúbrica (Porfirio Díaz). El Secretario de Instrucción Pública y Bellas Artes. Rúbrica (Justo Sierra).

Si desea contribuir al correo del lector, mándenos sus escritos a:
bicentenario@institutomora.edu.mx