Archivo de la categoría: Entrevistas

Rafael de la Colina Riquelme. El buen cónsul en Estados Unidos.

Graciela de Garay
Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 35.

Los momentos conflictivos para los migrantes mexicanos radicados entre los vecinos del norte han sido diversos. La recesión de 1929 dio lugar a una fuerte oleada de compatriotas a los que les convino salir del país antes que ser deportados. Las acciones de este diplomático fueron destacadas en california donde pudo convencer y repatriar a miles de ellos. Su testimonio da cuenta de las dificultades para armonizar las necesidades de personas que buscan mejores condiciones de vida que no obtienen en México y las necesidades de los gobiernos estadunidenses vinculadas a sus procesos económicos y legales.

Al llegar como cónsul de México a Los Ángeles, California, Rafael de la Colina se encontró con dos problemas: primero, la crisis económica mundial de 1929, producto de la caída de las acciones en la bolsa de valores de Nueva York, y, segundo, el gran desafío de repatriar a los miles de compatriotas que habían quedado desempleados en Estados Unidos a raíz del desastre financiero. Muchos de ellos habían emigrado a este país, antes de la recesión, atraídos por las oportunidades laborales en la agricultura, el tendido de vías de ferrocarril y, sobre todo, para abastecer de mano de obra las fábricas que dejaron los obreros locales para pelear en la primera guerra mundial. En 1931 De la Colina devolvió a más de 30 mil mexicanos, y gracias a sus labores de protección en Los Ángeles se le llamó “el buen cónsul”.

Dado que la crisis afectó más a las naciones industrializadas, estas redujeron sus importaciones, entre ellas a México, en particular de petróleo y de productos agrícolas y mineros. La situación ocasionó un déficit en los ingresos del gobierno federal que dependía del comercio exterior. Ahora bien, no obstante la severidad de la crisis internacional, esta perjudicó en menor medida a nuestro país dado que su base industrial era exigua y su población mayoritariamente rural. De cualquier manera, los balances negativos de la dependencia de los mercados internacionales evidenciaron la necesidad de desarrollar una industria propia.

En el contexto de la crisis, el gobierno estadunidense intensificó el rigor de su política migratoria para garantizar la efectividad de las deportaciones de los mexicanos que se encontraban en su territorio; por ejemplo, se incrementó de uno a dos años la pena de prisión y se fijó en 1 000 dólares la multa a quienes volvieran a entrar ilegalmente al país.

El historiador Moisés González Navarro apunta que los especialistas estadunidenses distinguieron tres grupos entre los repatriados mexicanos: 1) los que regresaban voluntariamente, 2) los que lo hacían “under polite coerción”, es decir, cuando las autoridades o las instituciones públicas de beneficencia les pagaban los gastos por transporte hasta la frontera y 3) los deportados.

De acuerdo con las Memorias de la Secretaría de Gobernación, se deportó a 9 265 mexicanos de Estados Unidos, 85% acusados de violaciones a las disposiciones migratorias. A partir de 1929 se suspendió casi en su totalidad la emigración mexicana a Estados Unidos. En ese mismo año se repatriaron 25 782 trabajadores, y de julio de 1930 a junio de 1931 un total de 91 972, la gran mayoría procedente de Texas y California. El punto máximo del proceso ocurrió en 1931 sumando un total de 124 990 repatriados. Los gastos fueron cubiertos por el gobierno mexicano, los comités de beneficencia organizados por los consulados y los donativos de particulares mexicanos. En 1932 se repatriaron 115 705, y el gobierno erogó 73 404 sólo por alimentos.

Muchos regresaron prácticamente sin recursos, aunque trajeron un modesto menaje de casa y algunas pertenencias.

La entrevista que a continuación se presenta constituye la versión abreviada del conjunto de doce entrevistas que le realicé al embajador Rafael de la Colina en la ciudad de Reston, Virginia, Estados Unidos, en noviembre de 1986, para el proyecto de Historia Oral de la Diplomacia Mexicana, patrocinado por la Secretaría de Relaciones Exteriores de México con el apoyo del Instituto Mora. La versión extensa fue publicada por la propia Secretaría de Relaciones y el Banco de Comercio Exterior en 1989.

 

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Para leer el artículo completo, consulte la revista BiCentenario.

Recuerdos de una maestra

Graziella Altamirano Cozzi
Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 34.

Aunque nieta de un hacendado henequenero yucateco, Adela Alfaro se sumó a temprana edad, con su marido Juan, a la lucha social, siendo ambos maestros, para acabar con la explotación de campesinos e indígenas, En este testimonio relata su niñez entre mayas esclavizados y los ricos propietarios de tierras caeca de Mérida, la discriminación familiar, Felipe Carrillo Puerto y la militancia en el Partido Socialista del Sureste.

Victoria

A través del relato de su vida y de la evocación de los años ocultos, Adela Alfaro de Aguayo exhuma los recuerdos de su infancia transcurrida en un pequeño pueblo de Yucatán, revive las experiencias de su juventud y su inicio en el magisterio y nos deja su testimonio, cuya voz, resguardada en el Archivo de la Palabra del Instituto Mora, permite hoy asomarnos al microcosmos de un pueblo rodeado de haciendas henequeneras, en los albores del siglo XX.

En las reminiscencias de sus primeros años, la maestra Alfaro reconstruye la cotidianidad de su pueblo y de su escuela; describe el transcurrir de la vida en el campo y el trajín del trabajo en las haciendas; se refiere a la explotación de los indígenas y nos deja ver atisbos de un profundo desequilibrio económico y social en Yucatán. Rememora los primeros ecos del despertar político en la entidad y la percepción que tuvo en aquel entonces del descontento existente y de la creciente agitación por las pugnas de poder con los poderosos hacendados que se hacían llamar “liberales”, los cuales estaban decididos a no perder sus privilegios. La maestra repasa las nítidas señales de su vocación, así como el encuentro con el que sería su compañero de vida, con el hombre que compartió el compromiso de trabajar en favor de los indígenas. Finalmente, nos habla de su cercanía con Felipe Carrillo Puerto, el líder y defensor de los indios mayas, con quien ella y su esposo participaron en la fundación de las Ligas de Resistencia en los pueblos y en el campo de Yucatán, y de su militancia en el Partido Socialista del Sureste.

El siguiente texto es una edición de la entrevista que le hizo Eugenia Meyer a la maestra Adela Alfaro de Aguayo, el 25 de septiembre y el 2 de octubre de 1972, así como el 19 de febrero de 1973 (PHO/4/8).

 

Adela Alfaro de Aguayo en primera persona
Entrevista realizada por Eugenia Meyer.

Mi pueblo

Nací el 19 de agosto de 1903, en el pueblo de Tekit, Yucatán. Mi padre fue maestro de escuela, pero se fue al extranjero y ya no supimos de él. Mi madre quedó sola con cinco hijos -yo era la segunda-, y luchó mucho por levantarnos, por formarnos. Afortunadamente no la defraudé, estudié un poco y me metí a la escuela rural porque era lo más fácil para una mujer. Con la ayuda de mis tíos que tenían dinero, mi mamá nos sacó adelante. Mis tíos eran, como quien dice, los capitalistas del pueblo porque tenían tienda, ranchitos y ganado. Ellos ayudaban en parte a mi mamá y ella nos sostuvo también haciendo hamacas costaban 15 y 18 pesos, y las que eran muy finas hasta 25. Mensualmente tejía tres, cuatro hamacas, y las vendía. Con esa utilidad sostuvo nuestros estudios en Mérida.

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La vida en mi pueblo amanecía muy temprano y cada quien se dedicaba a lo suyo. Los tenderos abrían sus tiendas y a uno de chica la mandaban a comprar, luego regresaba, desayunaba, se iba a la escuela, volvía uno al almuerzo (que entonces se hacía a las once de la mañana en Yucatán) y otra vez a la escuela. A la siete de la mañana entrábamos y salíamos hasta la tarde, porque las clases se daban mañana y tarde.

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Para leer el artículo completo, consulte la revista BiCentenario.

El Mixcoac de mis recuerdos

Graziella Altamirano Cozzi
Instituto Mora

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 33.

Una testigo de ocho dAi??cadas de la vida del barrio salpica entre anAi??cdotas y vivencias lo que fue vivir en casas de largos corredores, amplios jardines y establos, esconderse en las ladrilleras del parque hundido, convivir travesuras con los Paz, ser testigo de misas clandestinas, escudriAi??ar fantasmas o cargar los judas con frutas en semana santa.Ai??

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Las reminiscencias de la seAi??ora GuadalupeAi??MartAi??nez de Ritz sobre su infancia en elAi??Mixcoac de los aAi??os veinte del siglo pasado,Ai??comprenden la entrevista que presentamosAi??a continuaciA?n. Se refieren al pueblo de losAi??apacibles callejones y nuevas calzadas; el deAi??los establos y huertas de A?rboles frutales; elAi??de los jardines e iglesias; el que ya era recorridoAi??por los nuevos tranvAi??as elAi??ctricos y enAi??el que se detenAi??an los trenes que iban a losAi??pueblos mA?s alejados que rodeaban la ciudad.Ai??El Mixcoac del legendario barrio de San JuanAi??con su placita llena de plantas, su SantuarioAi??de la Virgen de Guadalupe y la vieja y adustaAi??casona decimonA?nica que fuera hogar delAi??prA?cer liberal ValentAi??n GA?mez FarAi??as, y queAi??ahora alberga al Instituto Mora.

El relato estA? salpicado de anAi??cdotas y vivencias,Ai??a veces con un asomo de nostalgiaAi??por los tiempos idos, y a la vez con ese entusiasmoAi??vivaz y esa frescura de la memoria noAi??inmediata, que a menudo permite viajar porAi??los recuerdos de los primeros aAi??os y evocarAi??nAi??tidamente los lugares, las personas y los hechosAi??que dejaron huella y que se observaronAi??a travAi??s de los prismas de la niAi??ez.

Iglesia en la plaza de San Juan (frente al Mora) (640x394)

AsAi??, doAi??a Guadalupe MartAi??nez nos transportaAi??por el tiempo al barrio de San Juan yAi??nos muestra el devenir cotidiano de una familiaAi??de clase media que vivAi??a muy cerca de laAi??plaza, enfrente de la casa de don Ireneo Paz,Ai??el abuelo porfiriano de Octavio Paz y junto aAi??la huerta donde fuera sepultado don ValentAi??nAi??GA?mez FarAi??as porque la iglesia impidiA?Ai??su inhumaciA?n en el camposanto. Es un conjuntoAi??de recuerdos que nos permite visualizarAi??un rincA?n de los alrededores de la ciudad; unAi??espacio donde transcurre el devenir cotidianoAi??del Mixcoac aA?n campirano y en el que seAi??refleja la problemA?tica polAi??tica encarnada enAi??la persecuciA?n religiosa que viviA? la ciudadAi??en los aAi??os posrevolucionarios. EncuentranAi??tambiAi??n un lugar los fantasmas, las leyendasAi??del barrio y las festividades, asAi?? como las calles,Ai??las plazas y las escuelas, mucho de lo cual haAi??logrado sobrevivir al paso del tiempo, a pesarAi??de los cambios vertiginosos sufridos por laAi??gran ciudad.

La colonia y sus leyendas

Entrevista a Guadalupe MartAi??nez viuda de Ritz,
realizada por Graziella Altamirano el 7 de agosto de 2003,
Santa MA?nica, Estado de MAi??xico.

NacAi?? el 4 de octubre de 1918 en la colonia SanAi??Rafael. Mi padre fue el abogado Juan MartAi??nezAi??y mi madre Victoria Meana, dedicada alAi??hogar, como en aquel entonces. Llegamos aAi??Mixcoac porque mi papA? tuvo un accidente,Ai??y al poco tiempo muriA?. En Mixcoac vivAi??a miAi??abuelita con sus otros hijos que eran solteros.Ai??Mis tAi??os y mi abuelita ya no quisieron queAi??mi mamA?, al quedar viuda, regresara hasta laAi??colonia San Rafael, que entonces estaba muyAi??distante, y le dijo: ai???No, tA? ya no te vasai??i?? A?quAi??Ai??vas a hacer con la niAi??a?ai??? Yo tenAi??a un aAi??o deAi??nacida, entonces ya nos quedamos en Mixcoac.

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Uno de mis tAi??os rentA? una casa de ahAi??, enfrenteAi??a la casa de Octavio Paz, era el nA?meroAi??72 de la calle que se llamaba en esa Ai??poca AvenidaAi??CuauhtAi??moc, y ahora se llama Rubens.Ai??Era una casa muy grande que tenAi??a huerta,Ai??un corral, alberca, estaba muy bien. AhAi?? vivimos,Ai??se casA? otra de mis tAi??as, uno de misAi??tAi??os, entonces ya quedamos nosotros ahAi?? conAi??mi abuelita. Vivimos hasta que tenAi??a yo onceAi??aAi??os de edad. De ahAi?? nos cambiamos a la calleAi??de la Empresa, casi esquina con AugustoAi??Rodin, que es tambiAi??n paralela a Rubens. EsAi??el mismo rumbo, pero yo de lo que mA?s meAi??acuerdo es de cuando vivAi?? en Rubens porque,Ai??A?cA?mo le dirAi??? entre mA?s chica es una, comoAi??que recuerda con mA?s claridad que cuandoAi??es mA?s grande.

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Para leer el artAi??culo completo,Ai??consulte la revistaAi??BiCentenario.

RamA?n Pereda Saro. Una vida en el cine

RamA?n Aureliano
Instituto Mora

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 32.

En los tiempos del cine mudo RamA?n Pereda Saro se fue a Hollywood, cuando todavAi??a empezaba su carrera y allAi?? se hacAi??an pelAi??culas en espaAi??ol. Casi tres aAi??os de trabajo y 18 pelAi??culas fueron un aprendizaje acelerado para convertirse en una de las figuras destacadas de los inicios del cine mexicano. Si bien preferirAi??a la actuaciA?n y direcciA?n, destacA? por la producciA?n de films de rA?pida manufactura y con temA?ticas populares.

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RamA?n Pereda en una escena de la pelAi??cula El mAi??dico de las locas, 1944.

Actor, guionista, director y productor de cineAi??de origen espaAi??ol, RamA?n Pereda Saro naciA?Ai??en el seno de una familia de campesinos. AlAi??parecer, influido por consejos de parientes queAi??vivAi??an en MAi??xico, se embarcA? en el puerto deAi??Santander en 1910 para probar fortuna enAi??tierras mexicanas.

Tuvo diversos empleos en los que destacA?,Ai??entre ellos como representante en MAi??xicoAi??para AmAi??rica Latina, de una compaAi??Ai??a canadienseAi??de seguros. En 1929 pudo costearse unAi??viaje a Los A?ngeles, California, y aprovecharAi??la coyuntura favorable de los estudios de cineAi??hollywoodenses que incorporaban actoresAi??de origen latino. En 1932 regresA? como actorAi??a MAi??xico y a partir de 1937 tambiAi??n trabajA?Ai??como guionista y director de pelAi??culas conAi??su propia compaAi??Ai??a, la S. A. Pereda Films.Ai??Fue un cineasta conocido tambiAi??n por manufacturarAi??pelAi??culas de manera rA?pida y barata.Ai??RamA?n Pereda se divorciA? de la actriz GloriaAi??Rubio, enviudA? de la actriz Adriana LamarAi??y se casA? con la afamada rumbera y actrizAi??cubana MarAi??a Antonieta Pons. Muy prolAi??ficoAi??como actor y director, se retirA? en 1965Ai??y falleciA? en la ciudad de MAi??xico el 20 deAi??junio de 1986.

En las siguientes pA?ginas presentamos unaAi??ediciA?n de la entrevista que le hiciera Ximena SepA?lveda en su domicilio particular, el 22Ai??de septiembre de 1975, la cual forma parteAi??del Archivo de la Palabra de la BibliotecaAi??Ernesto de la Torre Villar del Instituto MoraAi??(PHO)/2/37.

???????????????????????????????????????????El Debut.

NacAi?? en Esles de CayA?n, en Santander, EspaAi??a, el 30 de agosto de 1897. Vine a MAi??xico muy joven, despuAi??s me fui a Monterrey. TrabajAi?? en un rancho en Matamoros y despuAi??s en Estados Unidos; regresAi?? a MAi??xico, me dediquAi?? a comisionista y agente de bolsa. Pero se formA? una compaAi??Ai??a minera y me fui a la sierra de Guerrero a buscar minasai??i?? no las encontrAi??. RegresAi?? a MAi??xico y me dediquAi?? a vender seguros de la compaAi??Ai??a El Sol de CanadA?.

Un dAi??a vi un anuncio en un periA?dico en el que solicitaban artistas para trabajar en una pelAi??cula, ConspiraciA?n. Fui, me encontrAi?? con un seAi??or que me dijo que tenAi??a que inscribirme y pagar tres pesos, no sAi?? si a la semana o al mes. Yo le dije que querAi??a trabajar en la pelAi??cula que estaban haciendo, que yo no iba a estudiar, que si servAi??a para el papel que tenAi??an, muy bien; y si no, pues nada. El seAi??or inmediatamente vio a otro que estaba a su lado y exclamA?: ai???A?El marquAi??s!ai??? El que estaba a su lado afirmA? con entusiasmo. Total, que hicimos un contrato en el que yo trabajaba, o mejor dicho, cobraba mi trabajo, con la oportunidad que me daban de trabajar en la pelAi??cula. No habAi??a dinero. Se hacAi??a o se filmaba, cuando los productores conseguAi??an un rollo de negativo, aunque fuera de 500 pies. En resumidas cuentas, se filmA? la pelAi??cula. Trabajaron en ella Luis MA?rquez, MarAi??a Luisa Zea, Eva de la Fuente; un muchacho, Enrique de BrokiAi??; un actor de carA?cter, Max Langler y otros. El fotA?grafo fue el seAi??or Eugenio Lezama, muy buen fotA?grafo. TodavAi??a estA? por aquAi??.

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Para leer el artAi??culo completo, consulte la revistaAi??BiCentenario.

Sara GarcAi??a. La actriz joven que quiso ser vieja

Graziella Altamirano
Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 31.

Una de las actrices mA?s emblemA?ticas del cine nacional fue Sara GarcAi??a Hidalgo (1895-1980), conocida como La Abuelita del cine mexicano por sus estereotipadas interpretaciones de una abuela, lo mismo severa y regaAi??ona que protectora y tierna, una figura imprescindible de la Ai??poca de oro del cine nacional. Recuperamos dos entrevistas don de la propia actriz habla de su llegada al cine, los escenarios compartidos con Pedro Infante y Jorge Negrete, asAi?? como la huella que querAi??a dejar para las futuras generaciones de actores y actrices.

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Sara GarcAi??a en Mauricio de la Serna, Las seAi??oritas Vivanco, fotograma, 1958. AGN, Fondo Hermanos Mayo, Filmaciones, concentrados sobre 12666.

Actriz de teatro por vocaciA?n y por intuiciA?n,Ai??Sara GarcAi??a se vinculA? a la carrera cinematogrA?ficaAi??y transitA? casi a la par con la historia delAi??cine nacional del siglo XX, a partir de la apariciA?nAi??del cine sonoro en los aAi??os 30, cuando esteAi??se fue perfilando y desarrollando en las dAi??cadasAi??siguientes, como uno de los entretenimientosAi??con mayor producciA?n y diversidad de gAi??neros.

Surgieron por entonces los melodramasAi??con actuaciones exageradas como una herenciaAi??tanto del teatro como del cine mudo, se dioAi??impulso a las pelAi??culas musicales, fue inauguradoAi??el gAi??nero de comedia ranchera y apareciA?Ai??el cine cA?mico con artistas procedentes de lasAi??carpas populares. Fueron aAi??os en los que proliferaronAi??los directores y el cine experimentA? unAi??importante crecimiento debido a la instalaciA?nAi??de los grandes estudios cinematogrA?ficos. TodoAi??ello habrAi??a de dar forma y brillo a la Ai??poca deAi??Oro del cine mexicano en la que se realizaronAi??obras de enorme calidad de distintos gAi??nerosAi??y alcanzaron su mA?ximo esplendor las grandesAi??estrellas y los Ai??dolos populares que se volvieronAi??inmortales, entre ellos, Sara GarcAi??a.

DSC00093 (419x640)La abuelita del cine mexicano se ganA? esteAi??mote a pulso, sacrificando juventud y aparienciaAi??al hacerse extraer los dientes para dejar a unAi??lado las actuaciones de dama joven y convertirseAi??en actriz de carA?cter representando papelesAi??dramA?ticos. Como ella misma expresA?,Ai??siendo joven quiso ser vieja y asAi?? llegA? al cine,Ai??adaptA?ndose a los modelos que se impusieronAi??entonces, con estereotipos de personajes queAi??representaban una sociedad que no siempreAi??era un fiel reflejo de la realidad.

Sara fue lo mismo la madre y esposa sumisa,Ai??dulce y abnegada de un matrimonio ejemplar,Ai??que la mujer recia, dominante y mandona queAi??impone su voluntad; la abuelita dulce y tiernaAi??o la abuela regaAi??ona que fumaba habanos. SeAi??adaptA? en el cine a lo que Carlos MonsivA?isAi??llamA? la dictadura de gestos y palabras dondeAi??la maternidad es la partera del melodrama. ParaAi??Ai??l, Sara fue insuperable en el cine como madre yAi??abuela y en el melodrama tuvo su espacio vital.

La actriz actuA? bajo la direcciA?n de renombradosAi??directores de la Ai??poca de Oro y en suAi??trayectoria participA? de los tiempos de auge,Ai??decadencia y crisis del cine nacional. AparteAi??de su carrera cinematogrA?fica, tambiAi??n trabajA?Ai??en radio y televisiA?n. CompartiA? crAi??ditosAi??con reconocidos actores como FernandoAi??y AndrAi??s Soler, Mario Moreno Cantinflas,Ai??JoaquAi??n PardavAi??, Jorge Negrete y Pedro Infante,Ai??de quien decAi??a orgullosa que lo habAi??aAi??impulsado en la actuaciA?n.

Las pA?ginas siguientes corresponden a laAi??ediciA?n de dos entrevistas que reflejan su personalidadAi??y su trayectoria en el cine mexicano,Ai??las cuales forman parte del Archivo de la PalabraAi??del Instituto Mora. Fueron realizadas porAi??Aurelio de los Reyes, el 7 de marzo de 1974;Ai??y Eugenia Meyer, el 23 de agosto y 2 de septiembreAi??de 1975 (PHO/2/5).

Sara GarcAi??a en primera persona

Mi padre era ingeniero arquitecto y escultor.Ai??Ai??l era de CA?rdoba, EspaAi??a, [y] mi madre deAi??Granada. NacAi?? en Orizaba, Veracruz. DespuAi??sAi??nos fuimos a Monterrey, porque a mi padre loAi??llamaron para restaurar la catedral. AhAi?? hizoAi??diversas obras, pero le dio un ataque de parA?lisis.Ai??Por ese motivo, la colonia espaAi??ola loAi??mandA? a MAi??xico a lo que era antes la BeneficenciaAi??EspaAi??ola, ahora el sanatorio espaAi??ol.Ai??Me eduquAi?? en el Colegio de las VizcaAi??nas.Ai??AhAi?? hice mi instrucciA?n primaria, secundariaAi??y luego la preparatoria, porque en el mismoAi??colegio fui maestra de tercer aAi??o y de cuartoAi??[ai??i??] Fue cuando nos tocaron los trancazosAi??de la revoluciA?n, durante la Decena TrA?gica.Ai??Como el colegio estaba en la zona de fuego,Ai??porque estaba La Ciudadela, el Palacio NacionalAi??y de ahAi?? eran los cocolazos, pues seAi??incendiA? la fAi??sica [el laboratorio], uno de losAi??dormitorios, la enfermerAi??a. Nos llevamos unAi??susto espantoso. Fue una cosa terrible. Tan esAi??asAi?? que le fueron a pedir a la directora, doAi??aAi??Cecilia Mallet, las azoteas del colegio paraAi??estar mA?s cerca de La Ciudadela y la seAi??oritaAi??se negA? y con todo el valor les dijo: Por ningA?nAi??motivo. AquAi?? no entra nadie. Se fajA? lasAi??enaguas la directora y no entrA? nadie.

A mAi?? me encantaba todo lo que fuera teatro,Ai??era una gran aficionada porque desde muyAi??pequeAi??ita vi teatro, y buen teatro. Me aficionAi??Ai??muchAi??simo al grado de que cuando era colegiala,Ai??en el santo de la directora, hacAi??amosAi??comedias, fiestas, y yo era la primera actriz,Ai??A?imagAi??nese, nada mA?s una muchachita! DespuAi??s,Ai??cuando ya fui maestra, les daba de premioAi??a mis discAi??pulas, ponerles versos, comedias.Ai??Era el premio si salAi??an bien en el colegio [ai??i??]Ai??AhAi?? conocAi?? de cerca a Porfirio DAi??az, porqueAi??en aquella Ai??poca Ai??l repartAi??a los premios. IbaAi??cada aAi??o a la reparticiA?n de premios.

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Para leer el artAi??culo completo, consulte la revistaAi??BiCentenario.