Archivo de la categoría: Desde Hoy

Borras de café

Lina Minerva Rodríguez Sánchez
Universidad del Claustro de Sor Juana

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 31.

En la historia del Centro Histórico de la ciudad de México, los cafés tienen un lugar preferido que ni la modernidad de las marcas internacionales o locales, adaptadas a otros placeres y costumbres del siglo XXI, han podido desplazar. Allí conviven con aroma a tradición y esencia a nostalgia.

Fachada Café la habana.Erick G (640x463)

Fachada del Café La Habana. Fotografía de Erick García, 2015.

El café es como el amor y tal vez este sea el motivo por el cual muchos nos volvemos adictos a él. Adictos a su aroma, a su esencia, al calor que nos proporciona haciéndonos sentir siempre acogidos, así como a la energía y la fuerza con las que nos da lucidez para seguir adelante. Uno puede hacer todo por amor o puede hacer todo con una buena taza de café.

Como se decía en otras épocas, el café es la bebida predilecta para todos: se creía que ayudaba a purificar la sangre por medio de una dulce agitación, que disipaba la pesadez del estómago y alegraba el espíritu, y es posible que por esta causa lo adoptaran incluso quienes no tenían la necesidad de mantenerse despiertos. Sumado a ello, como menciona Clementina Díaz de Ovando en el libro Los cafés en México en el siglo XIX, su consumo era muy conveniente para las personas gordas, las que hacían vida sedentaria o tenían complexión pituitosa, y también para disipar la embriaguez.

Preparar una taza de café resulta un ritual digno del mayor respeto y admiración. Es un proceso que no todos conocemos y resulta un arte saber hacerlo y que, al parecer, solamente en las cafeterías se realiza con éxito. Así lo explica Elena Kostioukovitch, autora del libro Por qué a los italianos les gusta hablar de comida:

Es creencia común que en el restaurante donde uno ha comido, por excelente que sea, nunca servirán un café tan bueno como el del bar, cuya cafetera exprés, siempre bien caliente guarda mejor en sus entrañas los fluidos y efluvios del espíritu de café, los cuales, destilados por los alambiques de la gran máquina automática, se depositarán en forma de negra esencia justamente en nuestra taza. Pero también después de comer en casa lo más razonable es bajar al bar a tomar el café. ¿Quién prepara en casa un café decente? Ni el más pintado.

jekemir Erick G (640x480)

Fachada del Café Jekemir. Fotografía de Erick García, 2015.

En efecto, dice un refrán que el café ideal sólo se obtiene cuando se reúnen y están en su apogeo las cinco mágicas emes: mezcla, molienda, máquina, mantenimiento y manejo. Eso ofrecen los cafés de la ciudad de México que les vamos a presentar, con la intención de extenderles una invitación a visitarlos, ya que no sólo ofrecen un café excelente, sino también brindan la experiencia de estar en sitios con más de 50 años de historia y, piénsenlo un poco, ¡llenos de historias por conocer!

Pero antes de emprender el recorrido, vale la pena repasar, aun cuando sea muy rápido, la historia del café en nuestro país, que se remonta a unos 200 años atrás, cuando se inició la cafeticultura, aunque no se sabe con exactitud la fecha. Sobre ello Pablo González Cid, el fundador del connotado Café Punta de Cielo, explica que ya antes, en la Nueva España, el café se consumía como bebida exótica, preparada con el grano molido y envasado en Cuba, y que el cafeto se utilizaba como planta de ornato o especie rara.

[...]
Para leer el artículo completo, consulte la revista BiCentenario.

De las salas únicas de cine al multicinema

Felipe Mera Reyes
Universidad de Guanajuato

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 29-30

Las políticas de privatización de la industria nacional cinematográfica de los años noventa han arrasado con la producción nacional, que pese a recientes éxitos internacionales no logra tener un incentivo económico privado o estatal suficiente que le permita competir en las salas con las películas que llegan de Hollywood. el cine ya es exclusivo de las grandes urbes y su consumo alcanza únicamente a las clases media y alta.

Cines 40's

Exterior del cine Latino, ca. 1955, negativo de 35 mm. AGN, Fondo Hermanos Mayo, concentrados sobre 732-A.

Hacia finales de la década de 1970 México vivía severas crisis, la mayoría de ellas producto de las constantes devaluaciones de la moneda y, sobre todo, consecuencia del endeudamiento que trajo consigo la apuesta por la exportación petrolera como único medio para alentar el desarrollo del país. Al parecer, y en respuesta ante tal panorama, México decidió cambiar de sistema político y económico. Se incorporó a la Organización Mundial del Comercio y comenzó a atender las recomendaciones po­líticas y económicas del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional, a través de pactos y tratados económicos que buscaban aminorar los efectos de las crisis, y encaminarse a la adopción del sistema económico y político neoliberal.

.

DSC04240 (1024x682)Los cambios profundos y estructurales se ofrecían como la panacea para la salvación de nuestro país. Por aquel entonces se comenza­ron a abandonar las políticas proteccionistas y se permitió la entrada masiva de capitales transnacionales que, en pos de la libre com­petencia, barrieron literalmente con las em­presas mexicanas. Por otro lado, comenzó un lento desmantelamiento y venta de empresas paraestatales, como parte del cambio hacia una economía de verdadero libre mercado.

La industria cinematográfica mexicana se convirtió entonces en una carga para el gobierno mexicano. Hasta entonces, el Esta­do había sido dueño de dos estudios de cine (Churubusco y América), un sistema de finan­ciamiento (Banco Nacional Cinematográfico), tres productoras (Conacine, Conacite 1 y 2) cuatro distribuidoras (Pelmex, Pelnal, Pe­limex y Cimex), una exhibidora (Compañía Operadora de Teatros), la Cineteca Nacional y el Centro de Capacitación Cinematográfi­ca. La política oficial había sido básicamente proteccionista, ya que participaba en todas las ramas de la cinematografía, produciendo, distribuyendo y exhibiendo.

En 1977 se cerró la productora Conacite 1 y en 1978 se inició el proceso de liquidación del Banco Nacional Cinematográfico. Para­dójicamente y al parecer de acuerdo con los tiempos, en 1982 se incendió la Cineteca Na­cional, consumiéndose rápidamente entre las llamas parte del legado histórico y fílmico de nuestro país. La quiebra de las empresas dis­tribuidoras fue posterior: en 1988, Películas Mexicanas, y en 1991, Películas Nacionales, que anunciaron sus respectivos cierres.

Estados Unidos y Gran Bretaña habían adoptado previamente el sistema neoliberal y, sobre todo el primero, estaba especialmen­te interesado en que México lo adoptara y siguiera siendo su aliado latinoamericano nú­mero uno. Así que en 1994 entró en vigor el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCSAN), firmado junto con Canadá. Desafortunadamente, México dejó fuera del apartado cultura a la cinematografía nacional, con lo cual adoptó una posición mucho menos proteccionista y más abierta a la competencia de mercados. En realidad se buscaba dinamizar la economía del consumo de cine, colocando en bandeja de plata a los espectadores mexicanos para las grandes productoras de Hollywood.

El cine mexicano dejó de recibir enton­ces el apoyo en todas sus ramas: producción, distribución y exhibición. Sobre todo en esta última se redujo 50% con respecto al que go­zaba desde la década de 1950. Esta situación, obviamente, nada gustó al gremio de directores y productores mexicanos. Todo era producto del plan estatal de desincorporación de la in­dustria del cine mexicano.

DSC04171 (1024x673)

Si bien el principal problema era preci­samente que el Estado pasaba de un extremo a otro en poco tiempo, se ha demostrado en los hechos que desde aquellos años y hasta nues­tros días, la política neoliberal de apertura de mercados no ha mejorado sustancialmente la situación del cine mexicano. El investigador Néstor García Canclini opina al respecto, en su libro Las industrias culturales y el desarrollo en México: Algunos datos sobre la declinación del cine mexicano, a partir de la firma del Tra­tado de Libre Comercio de América del Norte, indican que la liberalización de los mercados no ha cumplido las promesas de dinamizar en esta como en otras áreas. Víctor Ugalde compara los distintos efectos de las políticas con que Canadá y México situaron su cine en relación con el tlc a partir de 1994. Los canadienses, que exceptuaron su cinematografía y le destinaron más de 400 millones de dólares, produjeron en la década posterior un promedio constante de 60 largometrajes cada año. Estados Unidos hizo crecer su producción de 459 películas a principios de la década de los no­venta a 680, gracias a los incentivos fiscales a sus empresas y al control oligopólico de su mercado y del de otros países. México, en cambio, que en la década de anterior a 1994 había filmado 747 películas, redujo su producción en los 10 años pos­teriores a 212 largometrajes.

[...]
Para leer el artículo completo, consulte la revista BiCentenario.

El PAN: oposición y ejercicio del poder

Mario Virgilio Santiago Jiménez
Instituto Mora / FFyL, UNAM

Revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 28.

Gobernar no es lo mismo que estar en la oposición política. Esto lo ha sabido el Partido Acción Nacional que desde su creación en 1939 se ha ido transformando en una lucha permanente por mantener su esencia.

 Comité en Tlalpan, 1942 (640x439)

Fundación del Comité de Acción Nacional de Tlalpan, al centro Clicerio Cardoso Eguiliz, 1 de febrero de 1942. (CEDISPAN).

El Partido Acción Nacional (PAN) nació como oposición al régimen de partido único. Du­rante décadas mantuvo un discurso coherente con su principal demanda de democratizar la política nacional. Sin embargo, a partir de los años ochenta comenzó una rápida trans­formación tanto en el perfil de su militancia como en los principios, apuntando hacia un pragmatismo que le permitiría, algunos años después, acceder a puestos de representación. En este último tramo, los panistas más tradi­cionales se convirtieron en estatuas y bustos de bronce, dejando el paso a las nuevas  generaciones que gozaron las mieles del poder político, desde la primera gubernatura ganada en 1989 hasta el triunfo electoral de Vicente Fox en el 2000. Luego vendrían doce años de presidencia blanquiazul, en los que quedó cla­ro que el partido no podía olvidar su origen.

Entre 1920 y 1940, cuando la polvareda y el humo de la revolución comenzaron a disi­parse, cobró forma una amplia y heterogénea tendencia política cuya característica princi­pal fue su oposición a lo que consideraba el proyecto de la revolución pues atentaba contra sus intereses o contra su idea de nación. Este rechazo incluía necesariamente a la Constitu­ción promulgada en febrero de 1917 que sin­tetizaba el ideario revolucionario y generaba un marco jurídico que empoderaba al Estado posrevolucionario.

Muy pronto estos opositores engrosaron las filas de la llamada reacción, nombre con el que eran señalados aquellos que precisamente reaccionaban contra la revolución, sin impor­tar que en algún momento hubieran formado parte de la misma. En otras palabras, si no se estaba en la facción revolucionaria correcta o triunfadora, era muy probable que se termi­nara fusilado, exiliado o en compañía de otros reaccionarios.

En todo caso los distintos sectores sociales, individuos o grupos que conformaban la franja reaccionaria se manifestaron de formas muy diversas. Por ejemplo, en 1929 los empresarios de Monterrey –furibundos críticos de la revo­lución– fundaron la Coparmex, organismo que tenía por objetivo defender a los patrones de la creciente intromisión del Estado en favor de los trabajadores. En ese mismo año, concluyó la rebelión cristera, otro ejemplo que se de­sarrolló en el Bajío desde 1926, aglutinando a clases medias, campesinos, sacerdotes y jerarcas católicos contra la aplicación de los artículos anticlericales de la Constitución. También los estudiantes universitarios se movilizaron en 1929, pero en torno a la candidatura de José Vasconcelos bajo la consigna de democratizar el proceso revolucionario y luego a mediados de los años treinta en defensa de la autono­mía y la libertad de cátedra frente a la llamada educación socialista.

La lucha del Estado posrevolucionario por convertirse en la fuerza política hege­mónica llegó a su clímax en el sexenio del general Lázaro Cárdenas (1934-1940), por lo que también fue el momento de mayor efervescencia entre los opositores quienes respondieron al llamado para crear un nuevo partido político.

La convocatoria fue hecha por Manuel Gó­mez Morin quien nació el 27 de febrero de 1897 en Batopilas, un pequeño pueblo en la sierra de Chihuahua. Su padre, un español oriundo de Santander, falleció muy pronto, por lo que en compañía de su madre, Manuel comenzó un largo peregrinaje por distintas poblaciones y ciudades hasta 1913 cuando se establecieron en la capital del país. Cabe destacar que hasta ese momento su educación había sido profunda­mente católica, así que la entrada a la Escuela Nacional Preparatoria (ENP), institución clara­mente liberal y positivista, no fue del todo fácil. Pero el ambiente fuera del recinto educativo tampoco era sencillo: el nuevo presidente era el general Victoriano Huerta quien llegó al cargo luego de encabezar un golpe de Estado que incluyó varios días de combate en las calles del centro de la ciudad de México, así como el derrocamiento y asesinatos del presidente Francisco I. Madero y el vicepresidente José María Pino Suárez. Por si no fuera suficiente, los zapatistas seguían amenazando el sur del Distrito Federal, mientras que en el norte del país, el gobernador de Coahuila encabezaba un ejército para derrocar a Huerta. Difícilmente se podría ignorar ese esce­nario. La revolución y su futuro eran temas comunes en los pasillos y aulas de la ENP. Así continuó Manuel su formación en compañía de otros jóvenes como Daniel Cosío Villegas y Vicente Lombardo Toledano; con este últi­mo compartía a Antonio Caso como mentor. Alumno destacado, desde los 17 años el joven Gómez Morin ya era profesor en la Escuela Nacional de Jurisprudencia y ejercía la pro­fesión de abogado, título que obtuvo en 1921.

Su carrera fue en ascenso y entre 1925 y 1929 formó parte del Consejo de Administración del Banco de México, erigiéndose como uno de los personajes importantes en la reconstrucción financiera del país durante los siguientes años. Paradójicamente, en ese mismo periodo, específicamente en 1927, representó legalmente a la embajada soviética.

Miguel Estrada Iturbide, candidato a senador, 1946 (640x401)

Miguel Estrada Iturbide, candidato a senador, 1946. CEDISPAN.

Todo esto, sin embargo, no lo alejó de las aulas y la vida universitaria, uno de sus espa­cios preferidos. De hecho, en 1933, fue nom­brado rector de la Universidad Nacional que para entonces ya había obtenido la autonomía, aunque renunció un año después para regre­sar al ámbito profesional jurídico y financiero, camino que lo llevó a representar los intereses del grupo empresarial más importante de la época y cuyo asiento estaba en la ciudad de Monterrey, donde diseñó el proyecto legal del primer holding en México.

[...]
Para leer el artículo completo, suscríbase a la revista BiCentenario.

La huella del Hospital General de México

Ana Rosa Suárez Argüello
Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 27.

Nació para aglutinar a los hospitales de la ciudad y modernizar el servicio. A más de un siglo de su creación es referencia de la medicina y enclave de la docencia y la investigación médica.

A Marta Alicia, médica.

3897

Rodeado por la concurrencia más bella y elegante –como la describió el poeta Amado Nervo en El Mundo–, el presidente Porfirio Díaz inauguró el Hospital General a las 10 de la mañana del 5 de febrero de 1905.

Pabellones del Hospital General mexico (800x719)

En el acto oficial, que tuvo lugar en el pabellón de ginecología, el doctor Eduardo Liceaga, alma de la obra desde que Díaz anunció la construcción en 1888, presentó los adelantos que reunía el nuevo hospital, anunció que este trabajaría en armonía con la Escuela y los profesionistas de la medicina y coadyuvaría a que el país rescatara sus fueros médicos en el nuevo mundo. Al final invitó: Ya tenemos los útiles del trabajo… ¡Ahora a trabajar!

Luego de que Amado Nervo leyera una poesía escrita para la ocasión, el séquito presidencial y los numerosos invitados recorrieron los diversos inmuebles entre grandes elogios, pues, según El País, se trataba del primero (hospital) de América por sus condiciones higiénicas, su magnitud y demás.

3884-Anfiteatro

En efecto, el Hospital General, primero en México en ser erigido exprofeso, fue causa de orgullo desde su inicio. Construido en terrenos de la colonia Hidalgo (hoy Doctores) por el ingeniero Roberto Gayol –aun cuando fue terminado por el arquitecto Manuel Robleda–, costó una suma superior a los 3 000 000 de pesos. En una superficie de más de 124 000 metros cuadrados, contaba con 69 edificaciones, de las cuales 32 eran pabellones para enfermos, 17 estaban destinadas a servicios generales y las demás a casillas de vigilancia y portería. En ellas se reunieron todos los hospitales existentes, salvo el de los enfermos mentales, que sería el Manicomio General La Castañeda y se inauguraría en 1910. Contaba, además, con el instrumental y los aparatos más modernos.

Salida de Porfirio DAi??az del Hospital (800x540)

Nacía entonces una institución duradera, que perdura hasta nuestros días y ha dejado una huella definitiva en el desarrollo de la atención, la docencia y la investigación médica en México. No obstante las múltiples dificultades que ha enfrentado y que van desde los recursos siempre insuficientes y los problemas de índole política y burocrática, la institución ha crecido y se ha renovado, siendo la última gran transformación la ocurrida después del sismo del 19 de septiembre de 1985, que derrumbó los edificios de gineco-obstetricia y de residencia médica, y dejó decenas de muertos entre doctores, enfermeras y pacientes –muchos de ellos niños recién nacidos.

Ha sobrevivido, sobre todo, el espíritu que en 1905 intuyó Amado Nervo:

Plano del Hospital General de MAi??xico, 1901 (800x704)

Amigo mío desheredado,
hermano mío desconsolado:
Ya tienes casa, ya tienes pan (…)
La vida es dura; mas aun existe quien al enfermo refugio da,
y a los desnudos arropa y vis te (…)
Hoy se inaugura tu noble y raro Alcázar; míralo: ¡es para tí!
Tendrás un lecho, calor, amparo, afectos, aire puro, sol claro…
¡Qué bien se debe vivir aquí!

A 110 años de su inauguración, el Hospital General de México sigue siendo referencia primordial de la medicina mexicana.

Suscríbase a la revista BiCentenario.



Las desatinadas políticas del desastre petrolero

Héctor L. Zarauz López
Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 27.

México apuntó a ser una potencia petrolera, pero con el paso de las décadas se transformó en importador de petróleo. Es una industria que bajó la producción, perdió reservas y exportaciones, sus instalaciones quedaron obsoletas y, además, sin posibilidades de hacer reinversiones porque sufre altas cargas fiscales. La polémica reforma energética de 2013 que apuesta a la inversión privada en el sector sigue generando dudas.

RefinerAi??a en Azcapotzalco, 1938 (800x653)

Obreros de la refinería “El águila”, 22 de marzo de 1938. SINAFO, CONACULTA-INAH-MEX.

En los últimos años se ha dado en nuestro país un intenso debate sobre el curso que debe tomar la explotación del petróleo. En torno a ello han surgido básicamente dos posiciones encontradas. La primera postula la necesidad de liberar a esta industria de los principios estatizadores de la expropiación decretada en 1938 y que, en consecuencia, se permita la participación de capitales privados en las diversas fases de este proceso (exploración, extracción, procesamiento y distribución) aduciendo la necesidad de recursos económicos y modernización de instalaciones, a cambio, desde luego, de compartir las ganancias derivadas de toda esta cadena.

La segunda postura sigue considerando como tabú la participación del capital privado y señala el carácter estratégico de esta industria como impulsora de la economía y principal fuente de re- cursos públicos. Los debates en diversos foros han sido intensos y en ocasiones álgidos. Ello prueba la enorme importancia del tema del petróleo en distintos campos. Desde la perspectiva económica, por ser fundamental en el desarrollo de infraestructura para promover la industrialización como generador de empleo y motor de crecimiento en el país, pero también en el plano de la política, como reducto ideológico del nacionalismo.

En diciembre del año 2013, la llamada reforma energética fue aprobada terminando con uno de los paradigmas del Estado nacionalista emanado de la Revolución Mexicana. Tal decisión fue urdida y ejecutada por el mismo partido político que 75 años antes (con gran consenso social y político) diera origen al decreto expropiatorio y que ahora, transmutado en agrupación neoliberal, dio marcha en sentido contrario. Ante tales eventos vale la pena desde hoy hacer una reflexión y un balance histórico y actual en torno al significado de estos eventos.

De los inicios al crecimiento con caos

La explotación del petróleo y su uso industrial en nuestro país se remonta  a mediados del siglo XIX. Entonces ya se comercializaba básicamente como iluminante, lubricante y combustible. De hecho, bajo el mandato imperial de Maximiliano se otorgó la primera de una serie de concesiones que se darían a lo largo de los años siguientes para llevar a cabo la explotación petrolera, con resultados más bien limitados.

Pozo petrolero, ca. 1922 - 373574

Trabajadores junto a una tubería en un pozo petrolero, 1922, Temapache Veracruz. Fondo Hugo Brehme, SINAFO.

En años posteriores, se aplicaron medidas para impulsar el desarrollo de esta creciente industria. En 1884 se dio el primer paso para desarrollar la producción local de petróleo y carbón con una nueva ley minera que revocó el derecho de la nación sobre los recursos del subsuelo y lo traspasó al dueño de la superficie. Con la misma idea, en 1901 se decretó la primera ley petrolera que autorizaba al ejecutivo a otorgar directamente con- cesiones de explotación a particulares en terrenos de propiedad federal.

Bajo esas condiciones, empresarios extranjeros invirtieron en el negocio, explotando los enormes yacimientos en México. Los iniciadores de esta industria fueron el  estadounidense Edward L. Doheny y el constructor británico Weetman D. Pearson, quienes con sus firmas Mexican Petroleum Company y Compañía Mexicana de Petróleo El Águila, respectivamente, dominaron la industria petrolera nacional durante el primer cuarto del siglo XX.

Así inició una industria que, por su complejidad y enormes requerimientos de capital, tal vez no se hubiera desarrollado de manera endógena. Vale señalar que sorprendentemente el verdadero crecimiento se dio en una coyuntura que más bien parecía adversa a las inversiones: el caos revolucionario.

La Revolución iniciada en noviembre de 1910 generó una gran inestabilidad debido a la lucha armada y a los diversos cambios de gobierno. Por si fuera poco en todo este periodo, desde Francisco I. Madero hasta Álvaro Obregón, se establecieron nuevas legislaciones y requerimientos fiscales a las compañías petroleras, las cuales resistieron hasta el límite de sus posibilidades (incluyendo un amplio rango de medidas que fueron desde acciones legales e inconformidad diplomática, hasta el apoyo a rebeliones contrarevolucionarias). Sin embargo, por primera vez debieron pagar impuestos al erario. Pronto los recursos provenientes del petróleo fueron vitales para las finan- zas nacionales y ya en 1920 representaban el 21.5% de los ingresos federales

Ni la Revolución ni el cobro de impuestos lograron impedir el desarrollo de esta industria y en ello fueron fundamentales un par de factores ajenos a la realidad nacional: el primero fue que se generalizó en el mundo el uso del motor de combustión interna, que se había ido mejorando desde la segunda mitad del siglo XIX cuando Karl Benz construyó un  modelo que  funcionaba con gasolina. Este invento hizo que, en pocos años, cambiara radicalmente el patrón de consumo energético, sustituyéndose el carbón por gasolina. Ello propició el desarrollo de la industria automotriz, en la cual se había aplicado esta innovación tecnológica.

El segundo factor fueron algunas convulsiones internacionales, principalmente la llamada Gran Guerra (1914- 1918), que incrementaron el consumo de petróleo, pues la maquinaria bélica se movía con él. Tal contexto convirtió a México en el segundo productor mundial, al punto que entre 1920 y 1922, uno de cada cuatro barriles de petróleo extraídos en el orbe, provenían de suelo nacional.

[...]
Para leer el artículo completo, suscríbase a la revista BiCentenario.

El jarabe tapatío

Adriana Catarí Castillo Morales
Facultad de Filosofía y Letras, UNAM

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 26.

Hijo de la seguidilla y el fandango, danzas zapateadas que trajeron los españoles, en algún momento llegó a estar prohibido y fue considerado obsceno. Pero rápidamente comenzó a popularizarse en Jalisco donde tomó mayor fuerza durante el primer tercio del siglo XIX. Si en la etapa independentista del país el jarabe sirvió como identificador de la identidad, hoy es un símbolo de la tradición musical mexicana.

114637

Charro y china poblana bailan el jarabe tapatío, ca. 1920. Archivo Casasola, inv. 114637. SSINAFO, CONACULTA-INAH-MÉX.
Reproducción autorizada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia

Uno de los elementos más recurrentes en las creaciones vernáculas mexicanas es el azúcar y sus derivados. El jarabe tapatío recibió su nombre debido a la relación con este producto de la naturaleza y le hace gran honor porque este bello baile represen- ta un festín para los sentidos del espectador. Actualmente constituye un estereotipo de la nación mexicana gracias al cuadro de características que presenta y que definen el ser mexicano ante la mirada del foráneo. En el cuadro se aprecian dos personajes típicos del folclore nacional: la china y el charro, que  con sus motivos y colores patrióticos realzan el sentir nacional. Con el tiempo el jarabe tapatío fue empleado como un símbolo nacionalista, convirtiéndose en una referencia del carácter festivo mexicano.

Fue así que en el bello estado de Jalisco surgió este baile tan particular que desde los principios del siglo XIX sirvió para identificar a las culturas criolla y mestiza que habrían de devenir la mexicana. A pesar de no ser el único jarabe dentro del saber popular, el tapatío llegó a ser el más representativo de todos pues tanto música como baile y personajes hablan del folclore nacional de una manera única. Sin embargo, antes de llegar a formarse como tal, tuvo lugar un proceso de asimilación de algunas danzas zapateadas y del mismo género en nuestro territorio. De manera que se entiende que el jarabe jalisciense fue parte de una evolución de otros modos bailables y musicales, mismos que veremos a continuación.

JARABE (640x513)

Manuel Serrano, El jarabe, 1858, óleo sobre tela. Museo Nacional de Historia. CONACULTA-INAH-MÉX. Reproducción autorizada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia

Los principios

El género del jarabe surgió como un derivado de las danzas zapateadas españolas, como la seguidilla y el fandango. Los albores de estas danzas datan del siglo XVI cuando fueron traídas al territorio americano por los colonizadores. Con el tiempo, las clases media y baja de la sociedad novohispana las adoptaron debido a su alegre música así como a las coplas y versos que develaban mucho ingenio y picardía. Con la adopción de estos bailables españoles se dio también su incorporación a la tradición popular y sufrieron modificaciones, de manera que para finales del siglo XVIII comenzaron a surgir nuevas composiciones de este estilo en el pueblo, las cuales pasó a denominar como jarabe.

Los primeros jarabes de los que  se sabe y que son considerados los antecedentes del tapatío son los mencionados en los documentos del Santo Oficio por haber sido denunciados ante esta autoridad debido a su obscenidad tanto lírica como coreográfica. Y es que debe tomarse en cuenta que el ritmo de la música invitaba a que el baile estuviera compuesto por movimientos muy marcados, además de que esta cuestión atendía a la tradición de los zapateados españoles. Las prohibiciones continuaron hasta principios del siglo XIX cuando las denuncias ya hacían referencia a diversos jarabes de los que el pueblo gozaba y entre los cuales los más conocidos eran el jarabe gatuno y el pan de jarabe. Del primero se extrae un verso que dice así:

Veinte reales he de dar
Contados uno por uno,
Sólo por verte bailar
El jarabito gatuno.

[...]
Para leer el artículo completo, suscríbase a la revista BiCentenario.

El EZLN a dos décadas de su surgimiento

Diana Guillén
Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 24.


Chiapas ya no es la misma entidad que el levantamiento zapatista de 1994 colocó en las primeras planas nacionales e internacionales, por lo que a dos décadas de distancia conviene plantearse interrogantes como ¿a la sociedad chiapaneca le ha dejado algo?, ¿ha significado cambios importantes para las comunidades indígenas?, o ¿tuvo alguna incidencia para la vida nacional e internacional? Aventurar posibles respuestas a estas y a otras preguntas es el reto del presente artículo.

Mujeres zapatistas (640x418)

DeDelegados zapatistas, fotografía de Julian Stallabrass, 1996, www.flickr.com/creativecommons.

Antes de que el Ejército Zapatista de Liberación Nacional  (EZLN)  colocara a Chiapas en las primeras planas de la prensa nacional e internacional, propios y extraños reconocían en la entidad un lugar de indescriptible belleza física donde además de paisajes, edificios colonia- les o ruinas mayas, podían encontrarse las particularidades de la vida indígena. Había quienes en todo ello identificaban desafiantes laboratorios cuyas puertas abiertas tentaban a biólogos, médicos, arqueólogos, sociólogos, antropólogos, economistas y cuanta mirada curiosa buscara acercarse a los distintos aspectos de la cotidianeidad local. Estaban también quienes desde las esferas privada o gubernamental explotaban los recursos agrícolas, madereros, ganaderos, eléctricos y petroleros que ofrecía, o aquellos que consolidaban posiciones políticas con el respaldo de votos rurales fácilmente manipulables.

El punto de partida para este texto es ese mundo de contrastes que era y sigue siendo Chiapas; en concreto interesa ver qué ha significado dentro y fuera de la entidad el que con la última de las campanadas de 1993 y las uvas que apurábamos para festejarlo, el EZLN lanzara un reto armado al gobierno mexicano. Aventurar posibles respuestas a dicha in- terrogante es el horizonte que propongo como parte del recorrido a vuelo de pájaro por una historia reciente que sigue escribiéndose y dentro de la cual vale la pena hurgar así sea de manera fugaz.

Hoy decimos basta…

Durante la década de los setenta se lanzó una campaña cuya emblemática frase ¡Todo en Chiapas es México! recorrió el país entero y se convirtió en la invitación oficial para conocer el estado. A 150 años de que la entidad se incorporara al pacto federal se utilizaron diversos medios de comunicación para reforzar la idea de que, a pesar del aislamiento y abandono en los que se encontraba y de lo poco que se había hecho para remediar su situación, el extremo sur de México también formaba parte de la nación.

Al tiempo que se conmemoraba el siglo y medio que cumplían los chiapanecos como mexicanos, el tendido de puentes entre unos y otros se acompañó de una creciente dependencia federal hacia el potencial petrolero e hidroeléctrico escondido tras sus exhuberantes selvas y caudalosos ríos. En términos económicos y geopolíticos, Chiapas se convirtió en un punto neurálgico para el conjunto del país, pero la riqueza que de manera sostenida empezó a aportar en beneficio del mismo, lejos de traducirse en mejores condiciones de vida para la mayoría de sus pobladores, añadió nuevas inequidades a las ancestralmente existentes.

[...]
Para leer el artículo completo, consulte la revista BiCentenario.

 

Dos décadas del TLCAN, aciertos y oportunidades perdidas

Paolo Riguzzi – El Colegio Mexiquense
Patricia de los Ríos – Universidad Iberoamericana

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 23.

La apuesta por un intercambio comercial abierto con Estados Unidos y Canadá que favoreciera el desarrollo mexicano no ha sido tan exitosa como se esperaba. Hay razones económicas internacionales que lo explican, pero parte importante de las fallas se encuentran en problemas internos que México no ha logrado superar.

Firma Oficial del NAFTA por los tres paAi??ses (2) (800x548)

Los presidente de México y Estados Unidos, Carlos Salinas de Gortari y George Bush, junto con el primer ministro canadiense Brian Mulroney durante la ceremonia inicial del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, San Antonio Texas, 7 de octubre de 1992.

El Tratado de Libre Comercio de Amé- rica del Norte, entre Canadá, Estados Unidos y México (TLCAN), se suscribió en diciembre de 1992 y, tras su ratificación por los tres congresos al año siguiente, entró en vigor en enero de 1994. Cumple así 20 años de existencia, y las implicaciones de esta duración resultan evidentes si se piensa que más de un tercio de la población mexicana nació posteriormente y que otra porción importante transcurrió toda su edad adulta con el TLCAN en operación. Más allá de la conmemoración, examinar y debatir los elementos principales de su significado constituye una tarea ineludible, en particular por lo que concierne a la relación con Estados Unidos, que es el aspecto clave desde el punto de vista de México.

A lo largo de su relación, los dos países sólo habían tenido experiencias limitadas en cuanto a tratados comerciales. En el siglo XIX, en dos ocasiones, llegaron a suscribirse acuerdos relacionados con la liberalización arancelaria: el McLane-Ocampo, en 1859, muy controvertido por los aspectos territoriales que contenía; y el Romero-Grant, en 1883. Sin embargo, ninguno de los dos entró en vigor por la falta de aprobación en el congreso estadounidense. Durante el siglo XX, se firmó un tratado de comercio en el marco de la cooperación extraordinaria de los años de la segunda guerra mundial; el acuerdo, que abarcaba solo una porción del intercambio, estuvo en vigor entre 1943 y 1949 y se abrogó a instancias de México en 1950. De allí en adelante, no hubo otros acuerdos hasta el de 1992.

Las raíces del TLCAN se encuentran en las grandes transformaciones mundiales de los años ochenta del siglo XX, impulsadas por el colapso de la Unión Soviética, la consolidación del proyecto de la Unión Europea, la liberalización de los mercados financieros, y el incipiente proceso de globalización en varios ámbitos. En la región de Norteamérica, se verificó en 1987 la negociación del Acuerdo de Libre Comercio entre Canadá y Estados Unidos. En el caso de México, el agotamiento de la industrialización protegida y luego la petrolización de la economía, llevaron a la desastrosa crisis de la deuda en 1982 y se impuso la política de apertura comercial para reorientar las fuentes de crecimiento. Como reflejo de ello, en 1986 México adhirió al GATT (Acuerdo General sobre Tarifas y Comercio), lo que implicó el desmantelamiento progresivo de las barreras arancelarias y no arancelarias muy elevadas que aislaban a la economía mexicana del mercado internacional..

El acuerdo

El gobierno de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) observó con mucha atención el surgimiento del tratado entre Canadá y Estados Unidos y fue durante su presidencia cuando tomó forma el diseño ambicioso de negociar un tratado de libre comercio con el vecino del norte. Eso se vio como una palanca crucial no sólo para profundizar y ordenar el proceso de integración silenciosa que ya venía ocurriendo entre las dos economías, sino también para garantizar continuidad al proyecto de modernización en un sentido liberal de la sociedad mexicana. Desde este punto de vista, el TLCAN se consideró como un candado para impedir que una futura administración pudiera dar marcha atrás fácilmente al proceso de apertura económica..

Si bien los tres países de América del Norte compartían ciertas premisas acerca de la liberación del comercio de bienes y servicios, y de los flujos de inversión, en torno a ellas se dio una negociación compleja, la cual pasó por un proceso preparatorio y etapas distintas, hasta desembocar en la ratificación. Las políticas domésticas y la disparidad de las economías planteaban escollos importantes. Para México, que ya había reducido de forma importante sus barreras de protección comercial, destacaban dos prioridades: la captación de inversión extranjera para financiar el nuevo modelo de desarrollo; y encontrar un mecanismo de solución de controversias, el cual quedó establecido en el capítulo 19 del acuerdo, en el que se constituyó un mecanismo para resolver disputas mediante paneles cuyos fallos son obligatorios.

El TLCAN preveía la eliminación de las fronteras para comercializar bienes y servicios entre los tres países, la protección de las inversiones ante procedimientos expropiatorios y de la propiedad intelectual, la administración conjunta del acuerdo, y la aplicación de mecanismos de solución de controversias. La desaparición de las tarifas arancelarias se escalonó a lo largo de un determinado periodo y, para determinar qué bienes tendrían derecho al trato preferencial, se estipularon las reglas de origen que aseguran que las ventajas del TLCAN sólo beneficien a mercancías producidas en América del Norte. La desgravación arancelaria se diseñó de acuerdo con listas específicas negociadas en el tratado, según cuatro categorías: a) desgravación inmediata al entrar en vigor el tratado; b) eliminación del arancel en cinco etapas anuales; c) eliminación en diez años; d) plazo de quince años para la desgravación del maíz, el frijol y la leche en polvo en México, y el jugo de naranja en Estados Unidos.

P1020349 (800x600)

Muro fronterizo México-Estados Unidos.

Discursos y hechos

Elaborar un balance del impacto económico del TLCAN es una cuestión muy compleja, que requiere perspectivas diferenciadas y excede el espacio disponible para este ensayo. Una manera provechosa de acercarse al tema es adoptar como referencia las promesas explícitas: aquellas ventajas para México que, según el discurso oficial, el tratado traería consigo, y que constituían las razones para aprobarlo.

Para realizar este ejercicio, utilizaremos el mensaje que el presidente Salinas de Gortari dirigió al país el 12 de agosto de 1992, una vez que concluyeron las negociaciones. En este notable documento se exponían seis beneficios principales, en el siguiente orden: a) la vinculación a uno de los centros de la economía mundial; b) el acceso amplio y permanente de los productos mexicanos al gran mercado norteamericano; c) la estipulación de reglas claras y certidumbre en el intercambio con Estados Unidos y Canadá; d) la especialización de la producción de acuerdo con las ventajas de los recursos y las habilidades mexicanas; e) el beneficio de los consumidores, en razón de la disponibilidad de más productos, de mejor calidad y menor precio. Por último, se destacaba (con el sobre todo) la ventaja más importante: generar más empleos y mejores remuneraciones para los mexicanos, gracias a la llegada de capitales e inversiones productivas. Como se añadió posteriormente, el interés de México era el de “exportar mercancías, no personas”.

[...]
Para leer el artículo completo, consulte la revista BiCentenario.

La migración permanente en Simojovel

Perla Shiomara del Carpio y Eduardo Fernández
Universidad de Guanajuato, Campus Celaya-Salvatierra

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm.  21.

La producción de café o la recolección y elaboración de artesanías de ámbar han sido insuficientes para que los habitantes de este municipio chiapaneco permanezcan en sus poblados. La mejora educativa también suele ser determinante para emigrar

Iglesia de Simojovel de Allende. WIKICOMMONS

Iglesia de Simojovel de Allende. WIKICOMMONS

A lo largo de la historia de México, los movimientos migratorios han presentado características diversas, producto de múltiples causas, y el territorio nacional ha sido testigo de desplazamientos de población con diferentes matices y modalidades. Por un lado, observamos un fenómeno de migración internacional ya centenaria, que coloca a México como el principal país exportador de recursos humanos en el mundo y a 98 por ciento de sus migrantes residiendo en Estados Unidos. Por el otro, desde la conquista española, el país es destino de inmigrantes de distintas partes del mundo.

Ahora bien, existen otros fenómenos de movimiento de población. Sin duda, el más antiguo es el de la migración interna; las mismas culturas prehispánicas, a través del comercio y las guerras, tuvieron una intensa movilidad. Otros fenómenos más recientes son la migración de retorno (de los migrantes internacionales) y la de tránsito, esto es, el paso por nuestras tierras de centroamericanos y sudamericanos, entre otros orígenes, con el propósito de llegar a Estados Unidos.

Las causas de las diferentes modalidades migratorias van de las adversas situaciones económicas, como la pobreza y falta de oportunidades, a las políticas: conflagraciones, persecuciones religiosas y étnicas, e inseguridad (mafias y caciquismo). No faltan también los desastres naturales: terremotos, sequías, inundaciones, erupciones volcánicas y degradación del ambiente. O razones culturales: tradición e industria de la migración, redes sociales, etcétera.

Si bien es cierto que hoy en día la migración internacional, la migración de retorno y la transmigración han atrapado la atención de la mayoría de los estudiosos del tema en México, el desplazamiento interno presenta aristas muy interesantes por analizar. Es el caso de la población de Simojovel –conocida como tierra del café y del ámbar--, que a lo largo de los últimos siglos ha sido sacudida por eventos que la mantienen en movimiento permanente.

El siglo de la finca

El municipio de Simojovel de Allende se encuentra ubicado en la región De Los Bosques, en el estado de Chiapas, a 130 kilómetros de Tuxtla Gutierrez Esta región, donde habitan numerosos pueblos indígenas, se caracteriza por la existencia de minas de ámbar, la fabricación de joyería con esta resina y la producción, recolección y venta de café.

La región estaba habitada por grupos pertenecientes a la etnia tsotsil desde mucho antes de la llegada de los españoles, grupos que fundaron pueblos de regular importancia, entre ellos Simojovel y Huitiupán, ambos con población dedicada a la agricultura y a la explotación de las minas de ámbar. Más tarde, en el siglo XVI, el pueblo de Simojovel seguía habitado por una mayoría indígena, que después de haber sido desplazada por la conquista española, se convirtió en punto de congregación de mano de obra para la producción agrícola, lo cual facilitó el pago del tributo indígena a la Corona.

Simojovel y la comarca en su conjunto destacaban desde tiempos prehispánicos como contribuyentes de productos agrícolas y recursos naturales aportados por sus pobladores, a la vez que fue escenario de diversas revueltas campesinas e indígenas y zona de refugio de dirigentes acosados por la acción punitiva de los sectores dominantes, tanto en el periodo colonial como durante la época independiente.

CafAi?? tostado. WIKICOMMONS

Café tostado. WIKICOMMONS

Es probable que antes de la entrada del café en la región y del avance de las fincas donde comenzó a cultivarse en la segunda mitad del siglo XIX, comenzaran a llegar de manera esporádica individuos no indígenas, pobres o medianamente acomodados, algunos de los cuales posiblemente establecieron luego las primeras haciendas dedicadas al maíz, el tabaco y la ganadería. Provenían de San Cristóbal de las Casas y Comitán, sobre todo de lugares donde la población se hallaba marginada del poder económico y político, y se relacionarían más bien con actividades como el comercio y la arriería. La importancia de la producción agrícola contribuiría a que la zona se mantuviera y progresase como lugar de reunión y encuentro entre diferentes grupos étnicos.

Fue por entonces cuando se empezó a consolidar el nuevo sistema de fincas, fomentado y protegido por las leyes y las disposiciones del Estado liberal, que dominaría la región por alrededor de un siglo. Este tiempo fue conocido como el siglo de la finca.

El sistema se fortaleció propiamente a finales del siglo XIX y su término comenzó a partir de la segunda mitad del siglo XX. Se caracterizó porque en él la población nativa constituyó una fuerza de trabajo permanente. Para los indígenas de la región de Simojovel el establecimiento de fincas cafetaleras significaría el acasillamiento y el baldiaje, es decir, el servicio de los trabajadores a cambio de renta, el cual los fijaba a la tierra de una manera que ha sido considerada como servidumbre.

Y es que las relaciones de producción que se instauraron fueron, por un largo periodo, de índole semifeudal y con salarios casi simbólicos. Aún en las postrimerías del siglo XX, los peones estaban obligados a pagar renta en sus tres modalidades: trabajo, especie y dinero. Dentro de este esquema laboral y productivo, el trabajo de las mujeres y los niños en las fincas era también importante, su condición de género y edad favorecia que no se les pagara lo correspondiente por su labor.

Este era, en suma, el panorama en que el poder de los patrones y la subordinación de los trabajadores en general gozaron de legitimidad durante mucho tiempo, casi cien años. En estas condiciones es comprensible que aconteciera un fenómeno migratorio, pues para los pobladores resultó necesario buscar mejores condiciones de vida y de trabajo.

Collar de A?mbar. WIKICOMMONS

Collar de ámbar. WIKICOMMONS

Para saber más

  • BALCÁZAR, JORGE, Museo comunitario del ámbar. Simojovel de Allende, Museo Comunitario del ámbar, 2009.
  • DEL CARPIO OVANDO, PERLA SHIOMARA, “Entre el textil y el ámbar: las funciones psicosociales del trabajo artesanal en artesanos tsotsiles de la ilusión, Chiapas, México”, Athenea Digital, 2012, v. 12, núm. 2, pp. 185-198, en: http://xurl.es/j8i0w
  • TOLEDO, SONIA, Fincas, poder y cultura en Simojovel, Chiapas, San Cristóbal de las Casas, PROIMMSE, 2002.
  • _________________, “La fiesta de San Andrés y los espacios de poder en Simojovel, Chiapas”, Anuario de Estudios Indígenas, 2009, v. 13, pp. 265-297.
  • “Museo comunitario de ámbar”, en: http://xurl.es/5i3xo

[...]
Para leer el artículo completo, consulte la revista BiCentenario

Al acecho de “La Bestia”

Cecilia SuA?rez Trueba

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm.  20.

¿Porqué, a pesar de los peligros de muerte y complejidades del trayecto, los migrantes centroamericanos siguen intentando desesperadamente cruzar a Estados Unidos? El hambre, la falta de empleos bien remunerados, la inseguridad y la violencia en sus países de origen, entre otras muchas problemáticas, obligan a que la migración parezca ser la única opción.

Fue a finales del 2006 cuando tuve la ocasión de encontrarme por primera vez con la realidad de la migración centroamericana, cuando empecé a trabajar con un sacerdote jesuita en Acayucan, Veracruz. Una mañana recibimos una llamada, solicitándonos urgentemente apoyo para dar de comer a los 200 migrantes que llegarían a la comunidad de Medias Aguas, Veracruz. La Bestia, como los migrantes conocen al tren, había estado varada por varios días y acababa de reanudar su circulación. Sabíamos que todos los migrantes llegarían insolados, hambrientos, cansados y desesperados por todas las dificultades que habían tenido para viajar durante los últimos días. Sin embargo, lo que mis ojos presenciaron en aquella llegada del tren fue más allá de cualquier explicación: cientos de personas paradas encima de los vagones, deseosas de bajar para recibir un poco de comida, agua, curaciones y la oportunidad de descansar bajo la sombra de algún árbol.

La comunidad de Medias Aguas los recibía en el patio de una casa con ollas de agua fresca, bolillos, un poco de frijoles, queso, jamón y salsa. Estas imágenes me sacudieron y aún sin entender bien lo que estábamos presenciando, tuve la impresión de observar nada más la punta del iceberg de un fenómeno muy complejo.

Foto: Cecilia SuA?rez Trueba

Foto: Cecilia Suárez Trueba

Quiero compartir y hacer una reflexiA?n, desde mi experiencia, sobre algunas de las causas y consecuencias de este reciente fenómeno migratorio humano, rodeado de abusos y complicaciones, suscitadas primordialmente por la realidad ilegal que encierra. A pesar de leerse como una situación pesimista, desesperada, sin solución, representa el nacimiento de una nueva era de intercambio socio-cultural en América, protagonizado, en primer lugar, por estas miles de personas que, sin ser conscientes, están generando cambios políticos, económicos, sociales y culturales; en segundo lugar, por la sociedad civil organizada que ha demostrado capacidad solidaria y de denuncia, con un gran impacto a largo plazo.

Foto: Cecilia SuA?rez Trueba

Foto: Cecilia Suárez Trueba

El actual flujo masivo Centroamérica-Norteamérica tiene como detonante fundamental la economía. Las políticas y los tratados mal negociados de los países latinoamericanos han afectado la capacidad de subsistencia de muchas comunidades rurales y urbanas y favorecido condiciones laborales diseñadas para promover y sostener la ilegalidad de los trabajadores migrantes irregulares. La estabilidad económica actual depende de la disposición de mano de obra barata para los países de destino y del envío de remesas para los países de origen, realidades que complican la regularización de esta migración.

El éxodo presente está impulsado por la extrema pobreza, la inseguridad y la violencia que están viviendo poblaciones de Honduras, El Salvador y Guatemala. Gran parte de los migrantes atraviesan la frontera sur de México con el objetivo de encontrar trabajo en Estados Unidos. Buscan hacer su recorrido en el menor tiempo posible, pues conocen los peligros y las dificultades del camino, tratan a toda costa de pasar inadvertidos ya que la invisibilidad es su escudo más poderoso. Con él, el riesgo de ser detenidos, deportados, robados, abusados, secuestrados será mucho menor.

[...]
Para leer el artículo completo, consulte la revista BiCentenario