Archivo de la categoría: BiCentenario #19

19. Minutos que cambiaron la historia: Pedro Lascurain y la Decena TrA?gica

Graziella Altamirano / Instituto Mora

Revista BiCentenario # 19

La historia resolverA? serenamente sobre mi actitud;
estimo demostrar con ella mi lealtad a quien me
honrA? con su confianza, y mi amor a mi patria.

Nunca olvidarAi??a aquel 19 de febrero de 1913, cuando fue presidente de MAi??xico por unos minutos, y tuvo prA?cticamente en sus manos, no sA?lo la vida del mandatario que acababa de renunciar, sino el destino del paAi??sai??i?? y no pudo hacer nada para evitar el desenlace fatal. Poco antes de morir, a sus lA?cidos 93 aAi??os, accediA? a dar su A?ltima entrevista a la prensa, pese a que no le gustaba recordar aquellos tiempos, y repitiA?, como lo hizo siempre, que su A?nico propA?sito ai???habAi??a sido obtener garantAi??as que pusieran a salvo la vida del seAi??or Madero, el apA?stol de la revoluciA?n. Fue el malvado engaAi??o, porque muy pocas horas despuAi??s de serme garantizada la vida del presidente, era asesinado. No quiero aAi??adir mA?s…ai???

Desde los lejanos dAi??as de 1913, Pedro Lascurain viviA? el estigma de una dudosa lealtad hacia el presidente Madero y su complicidad con quienes lo traicionaron. Pese a que confiA? en un veredicto sereno e imparcial de la historia, ha sido un personaje controvertido por el papel que le tocA? desempeAi??ar en aquellos sucesos y, por mucho tiempo, objeto de prejuicios recogidos de la imagen histA?rica que le formaron sus detractores.

A cien aAi??os de la Decena TrA?gica, recordamos ese dAi??a en la vida del hombre que ha sido llamado el presidente relA?mpago por los escasos minutos que, por razA?n de su cargo, ocupA? en la presidencia de la repA?blica entre el gobierno democrA?tico de Francisco I. Madero y la dictadura del general Victoriano Huerta.

Lascurain fue uno de los personajes centrales de ese episodio. Pero mA?s allA? de los minutos que permaneciA? en la presidencia, A?nico hecho con el que se le asocia, habrAi??a que conocer su desempeAi??o al frente de Relaciones exteriores en el gobierno maderista y examinar el telA?n de fondo en el que se desarrollA? la trama de aquella dramA?tica historia.

Lascurain

Pedro Lascurain fue un conocido abogado y prA?spero empresario del porfiriato. PerteneciA? a la generaciA?n que presenciA? la consolidaciA?n y el derrumbe del rAi??gimen de DAi??az y figurA? entre los hombres de transiciA?n que se comprometieron a colaborar con el primer gobierno de la revoluciA?n. Nombrado por Madero como secretario de Relaciones exteriores en abril de 1912, asumiA? su puesto defendiendo la legalidad, procurando la pacificaciA?n del paAi??s y figurando como un elemento mediador de los desacuerdos existentes entre los miembros del gabinete. Al frente de la cancillerAi??a le tocA? resolver los problemas derivados de las delicadas relaciones con el gobierno de Estados Unidos cuando peligraban los grandes intereses estadunidenses por la inestable situaciA?n del paAi??s, y fue vAi??ctima de la polAi??tica hostil del embajador Henry Lane Wilson, de su animadversiA?n hacia el gobierno mexicano y su personal antipatAi??a contra el presidente Madero.

A lo largo de 1912 y hasta febrero de 1913, Estados Unidos llevA? a cabo una sinuosa y contradictoria polAi??tica hacia MAi??xico, que oscilA? entre amenazas de intervenciA?n y declaraciones amistosas, junto con el envAi??o de agresivas notas que exigAi??an la protecciA?n de los ciudadanos estadunidenses residentes en nuestro paAi??s y de sus propiedades. El canciller respondiA? en tono firme y categA?rico, rechazando los cargos contra el gobierno mexicano.

Desde la cancillerAi??a, Lascurain fue testigo de las dificultades internas del gobierno maderista, de las conspiraciones y levantamientos armados que surgieron en su contra. Fue partAi??cipe de la crisis polAi??tica ocasionada, en gran parte, por los errores del mandatario y sus colaboradores; fue blanco de las crAi??ticas de una implacable prensa de oposiciA?n que contribuyA? decididamente al desprestigio del gobierno y serAi??a uno de los actores principales en el fatal desenlace de la Decena TrA?gica, con el cambio de poderes y la caAi??da del rAi??gimen.

El escenario del crimen
La maAi??ana del 9 de febrero de 1913, el zA?calo de la ciudad de MAi??xico amaneciA? envuelto en un espeso humo de pA?lvora del nutrido tiroteo desatado entre miembros del ejAi??rcito federal y un grupo de militares insurrectos que disparaban desde las azoteas del palacio nacional, los portales y las torres de la catedral. Esa madrugada, segA?n el plan concebido por los conspiradores, los generales Bernardo Reyes y FAi??lix DAi??az, encarcelados en distintas prisiones de la capital por haberse sublevado contra el gobierno, fueron liberados por el general Manuel MondragA?n y sus seguidores para atacar juntos el palacio. Reyes muriA? en el acto y los rebeldes al mando de FAi??lix DAi??az se retiraron para atrincherarse en el edificio de la Ciudadela, que era cuartel y almacAi??n de armas. DespuAi??s del fallido ataque, el zA?calo quedA? sembrado de cadA?veres y escombros. HabAi??a comenzado la Decena TrA?gica.

El presidente Madero escoltado desde el castillo de Chapultepec por cadetes del Colegio Militar se dirigiA? al palacio y en vista de que el comandante de la plaza habAi??a resultado herido en el ataque, nombrA? en su lugar al general Victoriano Huerta, quien quedA? como jefe de las operaciones contra los rebeldes de la Ciudadela. El presidente nunca se imaginA? que al otorgar ese nombramiento empezaba a escribir su sentencia de muerte, ya que a los pocos dAi??as Huerta se sumarAi??a a la traiciA?n.

Captura de pantalla 2013-10-25 a las 14.21.43

Siguieron dAi??as de zozobra y terror. La ciudad se paralizA?, las calles se transformaron en campo de batalla y sus habitantes presenciaron atA?nitos la destrucciA?n y muerte ocasionada por el bombardeo indiscriminado que se desatA? en las avenidas mA?s cAi??ntricas.

Desde la cancillerAi??a, Lascurain recibiA? las quejas y reclamos de los diplomA?ticos que, alarmados por la situaciA?n, exigieron las seguridades necesarias para la protecciA?n de sus connacionales y, encabezados por el embajador estadunidense, pidieron la renuncia del presidente Madero como A?nica soluciA?n para evitar la intervenciA?n armada. Esto provocA? la alarma y ocasionA? desacuerdos y divisiones entre los integrantes del gobierno.

La amenaza de intervenciA?n propagada por Henry Lane Wilson terminA? por enredar a Lascurain en el imbricado tejido de las intrigas del embajador y la presiA?n que Ai??ste ejerciA? para lograr la renuncia del presidente influyA? en la conducta del canciller, quien llegA? a sentirse indirectamente responsable del peligro que amenazaba a MAi??xico, los mexicanos y el propio presidente. SegA?n declarA? el ministro cubano Manuel MA?rquez Sterling, a Lascurain le tocA? desempeAi??ar el papel mA?s difAi??cil en aquellos trances, obligado a entenderse con un cuerpo diplomA?tico en su mayor parte hostil y, sobre todo, con el embajador Wilson ai???que tramaba, y hacAi??a cuestiA?n de amor propio, la ruina del gobiernoai???.

Los problemas de Madero no sA?lo venAi??an del exterior, internamente su gobierno se tambaleaba. Los dAi??as pasaban y la situaciA?n se complicaba. Los rebeldes permanecAi??an en la Ciudadela, los tiroteos continuaban en las principales calles, y Huerta, pese a sus promesas, no definAi??a la estrategia que lo llevara a hacer un ataque formal, hecho que empezA? a revelar su complicidad con los traidores y su entendimiento con el embajador Wilson. Finalmente, el 18 de febrero se desenmascarA? y descubriA? su traiciA?n dando el golpe final al gobierno maderista, al mandar aprehender y encerrar al presidente Madero y al vicepresidente Pino SuA?rez en la intendencia de palacio nacional. Esa misma noche, se reunAi??a en la embajada de Estados Unidos con el general FAi??lix DAi??az, a invitaciA?n del mismo Wilson, para firmar el pacto que desconocAi??a al poder ejecutivo y determinaba que antes de 72 horas Ai??l asumirAi??a la presidencia provisional de la repA?blica con un nuevo gabinete. Era el principio del fin.

Las vicisitudes de un dAi??a difAi??cil
El dAi??a 19, muy temprano en la maAi??ana, Huerta enviA? a un comisionado a la intendencia de Palacio para conminar a los prisioneros a presentar sus renuncias y, con ello, garantizar sus vidas, de lo contrario, quedarAi??an expuestos a todas las consecuencias. Ante la crAi??tica situaciA?n, Madero y Pino SuA?rez resolvieron dimitir de sus cargos, pero con ciertas condiciones que debAi??an ser aceptadas en una carta firmada por el general Huerta.

Lascurain llegA? poco despuAi??s llevando un mensaje confidencial de los padres y la esposa del presidente aconsejA?ndole renunciar y encontrA? la noticia de que ya habAi??a resuelto hacerlo. Fue en tonces que el presidente lo comisionA? para tramitar personalmente todos los asuntos relacionados con su dimisiA?n y salida del paAi??s. Conforme a su costumbre, Madero consignA? por escrito, de su puAi??o y letra, en el reverso de una de sus tarjetas personales, las palabras con las instrucciones de lo que debAi??a hacer Lascurain. Indicaba que los oficiales y jefes de su Estado Mayor asAi?? como el general Felipe A?ngeles fueran puestos en libertad, igual que su hermano Gustavo y el intendente Adolfo BassA? (Gustavo ya habAi??a sido asesinado por A?rdenes de Huerta y el presidente aA?n no lo sabAi??a). SeAi??alaba que preparara todo para que esa noche saliera un tren especial a Veracruz, en el que pudieran viajar Ai??l, su hermano Gustavo, A?ngeles y Pino SuA?rez, con sus respectivas familias. Que se ordenara al pagador que fueran entregados sus sueldos a Ai??l y a Pino SuA?rez y que se elaborara una carta en la que Huerta ofrecerAi??a conservar el orden constitucional en los estados, no perseguir a los amigos de Madero y proporcionar toda clase de seguridades en su viaje a Veracruz.

Lascurain trabajA? toda la maAi??ana de ese dAi??a para cumplir las disposiciones del presidente. ArreglA? que el general A?ngeles fuera trasladado a la intendencia de Palacio con Madero, para ser jefe de su escolta en el viaje a Veracruz. LogrA? el compromiso de que algunos ministros extranjeros acompaAi??aran al presidente y al vicepresidente y que fuera colocado un tren especial en la estaciA?n de Buenavista, donde serAi??an llevadas sus familias.

Al mediodAi??a, regresA? a Palacio, acompaAi??ado de Ernesto Madero, tAi??o del presidente, para informarle sobre todas sus gestiones. En ese momento, Madero redactA? de su puAi??o y letra varios borradores de su renuncia, misma que fue pasada en limpio en un solo pliego, en nombre suyo y del vicepresidente y firmado por ambos. Los hechos posteriores demostrarAi??an que estaban firmando su sentencia de muerte:

En vista de los acontecimientos que se han desarrollado de ayer acA? en la naciA?n y para mayor tranquilidad de ella, hacemos formal renuncia de nuestros cargos de presidente y vicepresidente respectivamente, para los que fuimos elegidos. Protestamos lo necesario. MAi??xico 19 de febrero de 1913.

Caricatura de Madero, Pino SuA?rez y Huerta

Caricatura de Madero, Pino SuA?rez y Huerta

La tarde de ese dAi??a, Lascurain, Madero y Jaime Gurza, secretario de Comunicaciones, se ocuparon de arreglar los detalles del viaje a Veracruz. Fueron varias veces a ver a Huerta, llevando y trayendo proposiciones para preparar la partida. Gestionaron juntos las garantAi??as de seguridad para los ministros que acompaAi??arAi??an a los ex mandatarios, asAi?? como a sus respectivas familias. En varias ocasiones, Lascurain preguntA? a Huerta la hora de la partida del tren, y el general le contestA? indistintamente ai???que le tuviera confianza, que los militares nunca decAi??an la hora de la salida y que convenAi??a guardar el secreto para que no trataran de matar a Madero en el caminoai???. LlegA? a decirle que ai???cuando llevA? al general DAi??az a Veracruz rumbo al exilio, sA?lo don Porfirio y Ai??l sabAi??an la hora de la partidaai???.

Las horas pasaban, algunas gestiones se concretaban, pero pese a la insistencia de Lascurain, no aparecAi??a por ninguna parte la carta prometida con las garantAi??as estipuladas. En uno de los momentos en que se encontraban hablando Lascurain y Gurza con Huerta, se presentA? una comisiA?n de diputados anunciando que la CA?mara esperaba impacientemente la presentaciA?n de la renuncia, cuya tardanza podAi??a traer mayores dificultades polAi??ticas. Huerta se dirigiA? a Lascurain urgiendo la necesidad de que Madero enviara su renuncia a la CA?mara, asegurando, de nuevo, que tanto el presidente como el vicepresidente y sus acompaAi??antes no tendrAi??an ningA?n obstA?culo para llegar a Veracruz.

Lascurain y Gurza regresaron con Madero, quien informado de lo anterior, autorizA?, sin saber que la carta de garantAi??as aA?n no existAi??a, que la renuncia fuera llevada a la CA?mara por Lascurain, creyendo que Ai??ste la conservarAi??a hasta que hubiera salido el tren. Poco despuAi??s, algunos ministros extranjeros llegaron a la intendencia a manifestar su apoyo a los prisioneros y el presidente aceptA? la oferta del cubano MA?rquez Sterling, de acompaAi??arlo hasta la estaciA?n de ferrocarril para partir a Veracruz y embarcarse en el crucero Cuba.

El golpe final
Mientras tanto, Lascurain se dirigiA? a la CA?mara en donde los diputados reunidos en sesiA?n extraordinaria lo instaron a entregar las renuncias. La admisiA?n de la renuncia de Madero se aprobA? por 119 votos contra ocho. La de Pino SuA?rez por 123 contra cuatro. Inmediatamente despuAi??s se suspendiA? la sesiA?n de la CA?mara de Diputados e iniciA? la sesiA?n extraordinaria del XXVI Congreso general, con el objeto de recibir la protesta constitucional del ciudadano licenciado Pedro Lascurain, a quien por ser secretario de Relaciones exteriores, le correspondAi??a por ley. Acto seguido, Ai??ste llegA? al salA?n acompaAi??ado por una comisiA?n de diputados y protestA? como presidente interino. El acta fue aprobada sin discusiA?n y despuAi??s se recibiA? el oficio en el que el presidente reciAi??n nombrado, en ejercicio de la facultad que le concedAi??a la ConstituciA?n, nombraba a Huerta secretario de GobernaciA?n. Esto no habAi??a terminado de ser aprobado por la cA?mara cuando se recibiA? el oficio que contenAi??a la renuncia de Lascurain.

SegA?n la crA?nica de los debates de aquella sesiA?n parlamentaria, habAi??an transcurrido tan solo 45 minutos, tiempo suficiente para revestir de legalidad el trA?mite impuesto por Huerta, quien con el respaldo del ejAi??rcito, el apoyo extranjero y el temor de los que tomaron parte en aquel acto oficial consiguiA? cristalizar sus planes. La de Lascurain serAi??a la presidencia mA?s breve, malograda y controvertida de la historia. En su renuncia escribiA? que los acontecimientos lo habAi??an colocado en el caso de facilitar los medios para que dentro de la ley se pudiera resolver una situaciA?n que de otro modo acabarAi??a con la existencia nacional y apelaba al juicio sereno de la historia tras reconocer que habAi??a aceptado con toda conciencia ese papel, ya que de rehusarse hubiera cooperado a futuras desgracias. Sin embargo, Huerta ocupaba ya la presidencia de la repA?blica y Madero continuaba prisionero, dependiendo su libertad sA?lo de promesas.

Caricatura de Manuel MA?rquez Sterling

Caricatura de Manuel MA?rquez Sterling

MA?rquez Sterling, quien se encontraba en la intendencia con los prisioneros, escribiA?, aAi??os mA?s tarde, que cuando Lascurain saliA? con la renuncia, Madero preguntA? por la carta de Huerta. Su tAi??o Ernesto, que estaba con ellos y a quien tambiAi??n se le habAi??a encomendado conseguir la carta, le informA? que aA?n no estaba firmada. Madero se dio cuenta de que estaba perdido, que habAi??a mantenido falsas expectativas con respecto a las garantAi??as de Huerta y ordenA? que se tratara de impedir que su renuncia llegara a la CA?mara, lo que no se consiguiA?, pues Lascurain ya la habAi??a entregado. Aun cuando girA? nuevas instrucciones para que sus enviados regresaran y dijeran a Lascurain que no renunciara a la presidencia interina hasta que Ai??l se hubiera embarcado en Veracruz, esa orden tambiAi??n llegA? demasiado tarde. Todo habAi??a terminado. Los ex mandatarios sin sus investiduras no serAi??an respetados, Madero sabAi??a que Huerta no cumplirAi??a con su palabra y Lascurain, quien al fin de cuentas quedA? envuelto en la estrategia de los golpistas, habAi??a terminado, sin quererlo, colaborando con ellos en el A?ltimo acto de la caAi??da del gobierno maderista.

La tan esperada carta quedA? convertida en promesas. AA?n al salir de la cA?mara, Huerta pidiA? repetidas veces a Lascurain que le tuviera confianza, que ya le avisarAi??a con su ayudante la hora de salida del trenai??i?? nunca lo hizo. En la intendencia de Palacio, Madero, Pino SuA?rez, A?ngeles y MA?rquez Sterling se quedaron esperando la orden de salida. A media noche, Madero estaba convencido de que el tren no saldrAi??a a ninguna hora; en tanto, en la estaciA?n, envueltos en la mayor zozobra, parientes y amigos aguardaron vanamente hasta las 2 am, cuando les notificaron que la partida se habAi??a cancelado. Era un mal presagio.

Lascurain regresA? de la estaciA?n en medio del mayor desaliento y escribiA? una carta que dejaba ver su desesperaciA?n, la cual al parecer dirigiA? al gobierno de Estados Unidos, solicitando su intervenciA?n a favor de los prisioneros. No sabemos si la carta llegA? a su destino, el borrador lo conservA? Lascurain. DecAi??a:

Durante los trA?gicos acontecimientos que acaban de desarrollarse en mi paAi??s, me tocA? el papel de mediador. Para evitar mayor efusiA?n de sangre, logrAi?? renunciaran el seAi??or presidente Madero y el vicepresidente Pino SuA?rez, mediante la condiciA?n de que inmediatamente se les trasladarAi??a con sus amigos a un buque en el puerto de Veracruz [ai??i??] No se ha cumplido con esto y yo que intervine con la mayor buena fe del mundo, paso ahora ante el seAi??or Madero a quien tanto estimo, como un desleal que lo engaAi??A? [ai??i??] Creyendo en la buena fe de Huerta que me hizo reiteradas promesas, presentAi?? la renuncia creyAi??ndome que los llevarAi??an al tren que ya estaba esperA?ndolos. Ahora, temen por sus vidas y no pueden ya fiarse en las promesas que se les hagan [ai??i??] En vista de la dificilAi??sima situaciA?n en que me encuentro de aparecer como que entreguAi?? a mis buenos amigos, imploro su ayuda para que se dirija por esta vAi??a a Huerta recomendA?ndole que cumpla su promesa [ai??i??] ConfAi??o en los sentimientos humanitarios de su excelencia.

El secretario de Estado de Estados Unidos escribiA? al embajador Wilson que su gobierno esperaba saber que el expresidente habAi??a sido tratado en forma compatible con la paz y la humanidad y Wilson le contestA? el dAi??a 20, diciendo que Huerta habAi??a asegurado que tomarAi??a las precauciones necesarias para que Madero fuera tratado de acuerdo a principios humanitarios. Es sabido que Wilson no hizo nada por interceder en el asunto.

Los dAi??as siguientes, Lascurain tratA? por todos los medios que las vidas de Madero y Pino SuA?rez fueran respetadas. Quiso hablar con Huerta y no fue recibido, acudiA? a ministros extranjeros y miembros del gabinete del nuevo gobierno, pero fue inA?til. Finalmente, reconociA? que habAi??a sido una pieza clave en los planes del usurpador y sus buenas intenciones no fueron suficientes para resolver un asunto de tal envergadura. Tiempo despuAi??s declaraba ai???inA?til describir mi desengaAi??o, mi tristeza y mi cA?lera por haber sido engaAi??ado vilmenteai???. Madero y Pino SuA?rez fueron asesina dos el 22 de febrero.

Lascurain se retirA? a la vida privada. RetomA? su bufete de abogado, sus cA?tedras en la reciAi??n fundada Escuela Libre de Derecho y su participaciA?n en la junta directiva del Colegio de las VizcaAi??nas. Tras la caAi??da de Huerta y el triunfo del constitucionalismo, algunos carrancistas lo culparon de la muerte de Madero. ViviA? exiliado en Nueva York con su numerosa familia de agosto de 1914 a septiembre de 1919 y, de regreso a MAi??xico, volviA? a sus antiguas actividades y negocios. PresidiA? la Barra de Abogados, fue miembro honorario de la Academia de Jurisprudencia y LegislaciA?n de Madrid y recibiA? del gobierno de Cuba la Orden del MAi??rito Carlos Manuel CAi??spedes en el grado de Gran Oficial, presea que en 1930 le entregA? personalmente MA?rquez Sterling, de nuevo embajador en MAi??xico.

Los aAi??os siguientes siguiA? declarando y respondiendo a las imputaciones que se le hacAi??an de vez en cuando sobre los sucesos del 19 de febrero de 1913. El vAi??nculo con el pasado que tanto le afectA? nunca se rompiA? y conservA? sus viejos papeles en espera de un veredicto posterior por su participaciA?n en aquel proceso.

La Revista Mexicana de San Antonio, Texas, publicA? el 2 de noviembre de 1916 la ai???Calavera de Pedro Lascurainai???:

Caricatura de M. MA?rquez Sterling

Ante esta tumba detente
Andante, inclina la frente
Y a un ai???grandeai??? rinde culto,
AquAi?? yace un presidente
Que durA? medio minuto.

PARA SABER MA?S:
Graziella Altamirano, Pedro Lascurain. Un hombre en la encrucijada de la RevoluciA?n, MAi??xico, Instituto Mora, 2004.
ai???Diario de la Decena TrA?gica escrito por Kumaichi Horigoutchi, encargado de Negocios del JapA?n en MAi??xicoai???, BiCentenario. El ayer y hoy en MAi??xico, Instituto Mora, nA?m. 4, abril-junio, 2009, MAi??xico, pp. 60-73 o http://revistabicentenario.com.mx/?s=embajador+japones&x=0&y=0
Manuel MA?rquez Sterling, Los A?ltimos dAi??as del presidente Madero, 1917 en http://archive.org/stream/abe2976.0001.001.umich.edu#page/3/mode/2up
* Pedro Lascurain. El presidente relA?mpago, Palmera Films-Euskal Telebizta, 2000, VHS.

Sumario #19

BiCentenario #19

Editorial

Correo del lector

ARTA?CULOS

GUADALUPE GAi??MEZ-AGUADO

La ceremonia del Grito y los sAi??mbolos patrios

ANA ROSA SUA?REZ ARGA?ELLO

Huellas de MAi??xico en Estados UnidosAi??

RAQUEL ALFONSECA ARREDONDO

El riesgo de caer. Las ascensiones aerostA?ticas en MAi??xico

VA?CTOR VILLAVICENCIO NAVARRO

Un mexicano en ParAi??s: JosAi?? Manuel Hidalgo y la IntervenciA?n francesa en MAi??xico

GRAZIELLA ALTAMIRANO

Minutos que cambiaron la historia: Pedro Lascurain y la Decena TrA?gicaAi??

JOSAi?? MANUEL ALCOCER BERNAi??S

Las Navidades campechanas de los aAi??os 1950Ai??

DESDE HOY

CARLOS DOMA?NGUEZ

MAi??xico y la esclavitud en el siglo XXIAi??

DESDE AYER

Testimonios

JOSAi?? GONZA?LEZ M.

La Decena TrA?gica: las primeras horas del primer dAi??aAi??

ImA?genes

La fiesta de la Candelaria en MAi??xico

CUENTO

ROSALA?A MARTHA PAi??REZ

El muerto y el AtoyacAi??

RTE ENRIQUE ESTRADA

La retina, el cerebro y el corazA?n de JosAi?? MarAi??a Velasco 1840-1912

ENTREVISTA

Tres aAi??os despuAi??s: el testimonio de Sara PAi??rez de Madero / Fragmentos de una entrevista realizada en 1916 por Robert Hammond Murray

Carmen Collado

 

El riesgo de caer. Las ascenciones aereostA?ticas en MAi??xico

Requel Alfonseca Arredondo / Facultad de FilosofAi??a y Letras, UNAM

Revista BiCentenario #19

GloboLa historia de las ascensiones aerostA?ticas ha producido aventuras plagadas de excentricidades, desde propuestas para adiestrar A?guilas y usarlas a manera de cuadrillas de caballos, hasta globos construidos con grandes remos y timA?n simulando un barco. TambiAi??n se dio el caso de un duelo en el aire, cuando en el ParAi??s de 1808 dos caballeros decidieron terminar con sus diferencias enfrentA?ndose cada quien en su aerA?stato. El lance consistAi??a en reventar con la espada el globo del contrincante, como efectivamente sucediA?, ya que el perdedor cayA? desde una gran altura matA?ndose en el acto.

A?QuiAi??n no ha soAi??ado alguna vez que vuela movido por el impulso de sus brazos? El ser humano histA?ricamente ha intentado dominar su entorno, sin embargo el cielo, con su calidad etAi??rea, se lo negA? por mucho tiempo. La bA?squeda de respuestas a lo que parece imposible o improbable ha sido detonante del desarrollo cientAi??fico y tecnolA?gico; lo es hoy y lo fue durante el siglo XVIII, cuando los franceses Jacques y Joseph Montgolfier se convirtieron en los precursores de la gran proeza: volar. O al menos elevarse auxiliados por algA?n artefacto que, si bien no reemplazaba las alas de los pA?jaros, sAi?? provocaba la fascinaciA?n deseada.

Asombro bien administrado, porque invenciA?n y empresa fueron de la mano, las ascensiones aerostA?ticas pronto se convirtieron en popular diversiA?n por la que valAi??a la pena pagar, no en condiciA?n de pasajero por supuesto, pues con sA?lo observar el prodigio desde la seguridad de la tierra, era sufi ciente. Surcar el aire, eso, se lo dejaban a los aventureros.

Globos

Primeros vuelos en globo a fines del siglo XVIII

La historia de los ensayos para lograr volar es un recuento de los hombres y mujeres que compartieron con un vasto pA?blico una nueva, alucinante y peligrosa diversiA?n. Lo desconocido era para la multitud el principal ingrediente, aunque tambiAi??n existAi??a una dosis de morbo como aditamento, la posibilidad de una caAi??da aderezaba el espectA?culo al que muy pocos dejaban de asistir. El aspecto cientAi??fico, que tambiAi??n fue parte indispensable del pasatiempo, lo complementaba de manera efectiva ademA?s de dignificarlo.

Los primeros experimentos se hicieron sin tripulantes, remontando globos de papel recubiertos con algA?n material e inflA?ndolos con aire caliente, durante el siglo XVIII se registraron varios intentos en Europa. Antes que ningA?n humano, fueron animales los primeros seres vivos en ser elevados, experiencia que se repetirAi??a en el siglo XX con los primeros ensayos de viajes en la A?rbita terrestre. Al logro de los hermanos Montgolfier en 1783 siguieron otros tantos en diferentes latitudes. No obstante, el crAi??dito mayor se lo llevaron en el mismo aAi??o los tambiAi??n franceses PilA?tre de Rozier y el marquAi??s FranAi??ois dai??i??Arlandes, quienes consiguieron ascender tripulando su globo.

Para leer el artAi??culo completo,Ai??suscrAi??baseAi??a la RevistaAi??BiCentenario.

PARA SABER MA?S:
Eugenio Aguirre, Cantolla, aeronauta (novela), MAi??xico, Planeta, 2012.
Ana Lau Jaiven, ai???Primeras ascensiones en globo en la ciudad de MAi??xico: un empresario de espectA?culos (1833-1835)ai???, en Secuencia (Instituto Mora, MAi??xico), nA?m. 46, nueva Ai??poca, enero-abril de 2000, pp. 21-35.

ai???Mirar el cielo, ver lo que el hombre ha conquistado y soAi??arai???, http://www.inehrm.gob.mx/Portal/PtMain.php?pagina=aviacion-galeria
Leonardo Romero Tobar, ai???La descripciA?n costumbrista en los viajes aAi??reosai???, http://www.cervantesvirtual.com/portal/romanticismo/actas_pdf/romanticismo_6/tobar.pdf
Jules Verne, Cinco semanas en globo, MAi??xico, IURE Editores, 2011.

Un mexicano en ParAi??s: JosAi?? Manuel Hidalgo y la intervenciA?n francesa en MAi??xico

Ai??VAi??ctor Villavicencio Navarro / Facultad de FilosofAi??a y Letras, UNAM

Revista BiCentenario #19

caricatura J.M. Hidalgo B-19 Durante el otoAi??o de 1861, JosAi?? Manuel Hidalgo y EsnaurrAi??zar se encontraba acomodado plA?cidamente dentro de la alta sociedad de la capital francesa. Para entonces, habAi??an pasado poco mA?s de trece aAi??os desde que abandonA? MAi??xico, tras haber sido incorporado al servicio exterior como recompensa a su participaciA?n en la batalla del convento de Santa MarAi??a de Churubusco, donde, segA?n el presidente Manuel de la PeAi??a y PeAi??a, prestA? ai???desinteresados servicios en la guardia nacionalai???, batiAi??ndose con valor y bizarrAi??a frente a las tropas invasoras estadunidenses en aquel lejano 1847. ComenzA? entonces una larga carrera diplomA?tica, que se caracterizarAi??a en buena medida por la fortuna y la casualidad.

Ai??ai???-A?AdA?nde tan de prisa, paisano? -Voy en busca de una
nueva patria…ai??? Caricatura de Escalante en La Orquesta, 1866.

J.M. Hidalgo con libros B-19Su primer nombramiento fue el de secretario en la legaciA?n mexicana que se encontraba en Londres. Tan pronto se hallA? en Europa, Pepe Hidalgo ai??i??como lo llamaban sus amigos mA?s cercanosai??i?? se sintiA? maravillado. Pero tras apenas dos meses de trabajo, debiA? dejar la capital britA?nica al ser promovido por el gobierno a oficial de la legaciA?n que residAi??a en Roma, representando a MAi??xico ante el Papa PAi??o IX, cuya corte se encontraba entonces refugiada en la fortaleza napolitana de Gaeta debido a los movimientos por la unidad italiana. Una vez establecido en tierras de la Campania, en el invierno de 1848, Pepe descubriA? la comodidad con la que se desenvolvAi??a dentro del cuerpo diplomA?tico y la facilidad con la que su carA?cter le permitAi??a hacer amigos entre las personas de la alta sociedad. Al mismo tiempo, el catolicismo fAi??rreo bajo el que habAi??a sido educado en la casa paterna no pudo sino acrecentarse cuando el propio pontAi??fice lo distinguiA? con su amistad, mostrA?ndole en reiteradas ocasiones su confianza y cariAi??o. Una vez calmada la tempestad revolucionaria en Italia, la corte papal volviA? a Roma en abril de 1850. Debieron ser aAi??os felices en la vida de Pepe Hidalgo. Como sus labores en la legaciA?n, ubicada en una calle muy cercana a los Foros Imperiales, no le representaban mucho trabajo, se dio tiempo para perfeccionar su italiano, aprender francAi??s y tambiAi??n tomar lecciones de filosofAi??a, mientras continuaba afinando sus maneras en medio de las familias mA?s importantes de Roma, codeA?ndose con personajes de la talla del monarca Luis I de Baviera y la princesa Carlota Bonaparte, sobrina, nada menos, que del Gran Corso.

Para leer el artAi??culo completo,Ai??suscrAi??baseAi??a la RevistaAi??BiCentenario.

PARA SABER MA?S:
Egon Caesar Conte Corti, Maximiliano y Carlota, MAi??xico, FCE, 2004.
* Visitar el Castillo de Chapultepec (alcA?zar y habitaciones de Maximiliano y Carlota).
* PelAi??cula: Mexicanos al grito de guerra. Dir.: A?lvaro GA?lvez y Fuentes, 1942, en http://www.youtube.com/watch?v=J7lVUvDccak

Las Navidades campechanas de los aAi??os 1950

JosAi?? Manuel Alcocer BernAi??s / Cronista de la ciudad de Campeche

Revista BiCentenario #19

No habAi??a nieve ni tampoco frAi??o, pero sAi?? gran entusiasmo e interAi??s por guardar tradiciones conservadas de tiempo atrA?s. Esto, y mi corta edad, daban quizA? un sabor diferente a las Navidades en Campeche.

Navidad campechana 2 B-19La Navidad Chiquita
AsAi?? se denominaba a la entrada de las fiestas navideAi??as el 8 de diciembre, con la fiesta para las Conchitas. La vAi??spera, puertas y ventanas se adornaban con farolitos y en la noche las festejadas recibAi??an serenata. Al dAi??a siguiente, se ponAi??a en todas las casas un pequeAi??o altar con la imagen de la PurAi??sima ConcepciA?n, adornado con papel de china de colores blanco y azul, y se llamaba a la rezadora para decir un rosario en su honor. Ya en la noche, la familia se reunAi??a para la cena de la Navidad Chiquita, consistente en pedazos de jamA?n, queso de bola holandAi??s, mantequilla danesa de marca Dos Manos y gallina asada, acompaAi??ados con tazas de chocolate humeante y pan grande. Y es que la tradiciA?n en la ciudad de Campeche es que las panaderAi??as preparen pan francAi??s, mojadas, riAi??ones y hojaldras para el 8, 24 y 31 de diciembre y esos dAi??as su producciA?n se multiplica.

La rama
No existe la tradiciA?n de las posadas, sino el canto de la rama. No se sabe de dA?nde vino Ai??sta, ni cuando naciA? ai??i??hay quien dice que llegA? de Veracruz, o tal vez de Cubaai??i??, pero justo quince dAi??as antes del 24 de diciembre, grupos de chiquillos salAi??an a las calles llevando una rama seca de A?rbol, pintada con cal y adornada con farolitos, globos y a veces una guAi??a de colores. Uno de los niAi??os cargaba una cajita de cartA?n con los peregrinos y otro mA?s una pequeAi??a alcancAi??a. Iban tocando de puerta en puerta, cantando estos versos:

Ya llegA? la rama, ya llegA? de Cuba,
Y le trajo al niAi??o un racimo de uva,
Salgan para afuera, miren que bonito,
VerA?n a la rama con sus farolitos.
Denos aguinaldo si nos han de dar,
Que la noche es corta y tenemos que andar.

Los niAi??os esperaban que los dueAi??os de las casas salieran y les diesen algunas monedas. Si se las daban, el alegre canto de despedida era:

Ya se va la rama muy agradecida
Porque en esta casa fue bien recibida.

En caso contrario, la estrofa era de despecho:

Ya se va la rama con patas de alambre,
Porque en esta casa se mueren de hambre.

Y si los ignoraban:

Ya se va la rama con una escalera
Porque en esta casa les dio cagalera.

AsAi??, por quince dAi??as, en las tardes-noches los niAi??os alegraban con su canto barrios, callejones y diversos puntos de la ciudad. Con el dinero recolectado adquirAi??an piAi??atas, dulces, antojitos y hacAi??an una fiesta a la que iban todos los cantantes.

Navidad campechana 1 B-19

Para leer el artAi??culo completo,Ai??suscrAi??baseAi??a la RevistaAi??BiCentenario.

PARA SABER MA?S:
Brocca Andrade, Historia regional de Campeche: perfil socioeconA?mico, MAi??xico, SEP-Limusa Noriega, 2000.
Enciclopedia histA?rica de Campeche, Campeche, Gobierno del estado de Campeche, 2003, 8 t.
JoaquAi??n Lanz Paullada, Villancicos campechanos: los cantos al niAi??o Dios, Campeche, Universidad AutA?noma de Campeche, 2006.
William PinzA?n Reyes, Evocaciones, Santa Ana de mis amores, Campeche, Ayuntamiento de Campeche, 2005.
Luis Mauricio RodrAi??guez Salazar y Bracilia CardeAi??a Alamina, Campeche: arte, fe y folclor religioso: una alternativa de turismo en la ciudad, MAi??xico, Instituto PolitAi??cnico Nacional, 2002.
ai???La Rama Campecheai???, en https://www.youtube.com/watch?v=3atFIHNbi_A