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Minutos que cambiaron la historia: Pedro Lascurain y la Decena Trágica

Graziella Altamirano / Instituto Mora

Revista BiCentenario # 19

La historia resolverá serenamente sobre mi actitud;
estimo demostrar con ella mi lealtad a quien me
honró con su confianza, y mi amor a mi patria.

Nunca olvidaría aquel 19 de febrero de 1913, cuando fue presidente de México por unos minutos, y tuvo prácticamente en sus manos, no sólo la vida del mandatario que acababa de renunciar, sino el destino del país y no pudo hacer nada para evitar el desenlace fatal. Poco antes de morir, a sus lúcidos 93 años, accedió a dar su última entrevista a la prensa, pese a que no le gustaba recordar aquellos tiempos, y repitió, como lo hizo siempre, que su único propósito “había sido obtener garantías que pusieran a salvo la vida del señor Madero, el apóstol de la revolución. Fue el malvado engaño, porque muy pocas horas después de serme garantizada la vida del presidente, era asesinado. No quiero añadir más…”

Desde los lejanos días de 1913, Pedro Lascurain vivió el estigma de una dudosa lealtad hacia el presidente Madero y su complicidad con quienes lo traicionaron. Pese a que confió en un veredicto sereno e imparcial de la historia, ha sido un personaje controvertido por el papel que le tocó desempeñar en aquellos sucesos y, por mucho tiempo, objeto de prejuicios recogidos de la imagen histórica que le formaron sus detractores.

A cien años de la Decena Trágica, recordamos ese día en la vida del hombre que ha sido llamado el presidente relámpago por los escasos minutos que, por razón de su cargo, ocupó en la presidencia de la república entre el gobierno democrático de Francisco I. Madero y la dictadura del general Victoriano Huerta.

Lascurain fue uno de los personajes centrales de ese episodio. Pero más allá de los minutos que permaneció en la presidencia, único hecho con el que se le asocia, habría que conocer su desempeño al frente de Relaciones exteriores en el gobierno maderista y examinar el telón de fondo en el que se desarrolló la trama de aquella dramática historia.

Lascurain

Pedro Lascurain fue un conocido abogado y próspero empresario del porfiriato. Perteneció a la generación que presenció la consolidación y el derrumbe del régimen de Díaz y figuró entre los hombres de transición que se comprometieron a colaborar con el primer gobierno de la revolución. Nombrado por Madero como secretario de Relaciones exteriores en abril de 1912, asumió su puesto defendiendo la legalidad, procurando la pacificación del país y figurando como un elemento mediador de los desacuerdos existentes entre los miembros del gabinete. Al frente de la cancillería le tocó resolver los problemas derivados de las delicadas relaciones con el gobierno de Estados Unidos cuando peligraban los grandes intereses estadounidenses por la inestable situación del país, y fue víctima de la política hostil del embajador Henry Lane Wilson, de su animadversión hacia el gobierno mexicano y su personal antipatía contra el presidente Madero.

A lo largo de 1912 y hasta febrero de 1913, Estados Unidos llevó a cabo una sinuosa y contradictoria política hacia México, que osciló entre amenazas de intervención y declaraciones amistosas, junto con el envío de agresivas notas que exigían la protección de los ciudadanos estadounidenses residentes en nuestro país y de sus propiedades. El canciller respondió en tono firme y categórico, rechazando los cargos contra el gobierno mexicano.

Desde la cancillería, Lascurain fue testigo de las dificultades internas del gobierno maderista, de las conspiraciones y levantamientos armados que surgieron en su contra. Fue partícipe de la crisis política ocasionada, en gran parte, por los errores del mandatario y sus colaboradores; fue blanco de las críticas de una implacable prensa de oposición que contribuyó decididamente al desprestigio del gobierno y sería uno de los actores principales en el fatal desenlace de la Decena Trágica, con el cambio de poderes y la caída del régimen.

El escenario del crimen

La mañana del 9 de febrero de 1913, el zócalo de la ciudad de México amaneció envuelto en un espeso humo de pólvora del nutrido tiroteo desatado entre miembros del ejército federal y un grupo de militares insurrectos que disparaban desde las azoteas del palacio nacional, los portales y las torres de la catedral. Esa madrugada, según el plan concebido por los conspiradores, los generales Bernardo Reyes y Félix Díaz, encarcelados en distintas prisiones de la capital por haberse sublevado contra el gobierno, fueron liberados por el general Manuel Mondragón y sus seguidores para atacar juntos el palacio. Reyes murió en el acto y los rebeldes al mando de Félix Díaz se retiraron para atrincherarse en el edificio de la Ciudadela, que era cuartel y almacén de armas. Después del fallido ataque, el zócalo quedó sembrado de cadáveres y escombros. Había comenzado la Decena Trágica.

El presidente Madero escoltado desde el castillo de Chapultepec por cadetes del Colegio Militar se dirigió al palacio y en vista de que el comandante de la plaza había resultado herido en el ataque, nombró en su lugar al general Victoriano Huerta, quien quedó como jefe de las operaciones contra los rebeldes de la Ciudadela. El presidente nunca se imaginó que al otorgar ese nombramiento empezaba a escribir su sentencia de muerte, ya que a los pocos días Huerta se sumaría a la traición.

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Siguieron días de zozobra y terror. La ciudad se paralizó, las calles se transformaron en campo de batalla y sus habitantes presenciaron atónitos la destrucción y muerte ocasionada por el bombardeo indiscriminado que se desató en las avenidas más céntricas.

Desde la cancillería, Lascurain recibió las quejas y reclamos de los diplomáticos que, alarmados por la situación, exigieron las seguridades necesarias para la protección de sus connacionales y, encabezados por el embajador estadounidense, pidieron la renuncia del presidente Madero como única solución para evitar la intervención armada. Esto provocó la alarma y ocasionó desacuerdos y divisiones entre los integrantes del gobierno.

La amenaza de intervención propagada por Henry Lane Wilson terminó por enredar a Lascurain en el imbricado tejido de las intrigas del embajador y la presión que éste ejerció para lograr la renuncia del presidente influyó en la conducta del canciller, quien llegó a sentirse indirectamente responsable del peligro que amenazaba a México, los mexicanos y el propio presidente. Según declaró el ministro cubano Manuel Márquez Sterling, a Lascurain le toco desempeñar el papel más difícil en aquellos trances, obligado a entenderse con un cuerpo diplomático en su mayor parte hostil y, sobre todo, con el embajador Wilson “que tramaba, y hacía cuestión de amor propio, la ruina del gobierno”.

Los problemas de Madero no sólo venían del exterior, internamente su gobierno se tambaleaba. Los días pasaban y la situación se complicaba. Los rebeldes permanecían en la Ciudadela, los tiroteos continuaban en las principales calles, y Huerta, pese a sus promesas, no definía la estrategia que lo llevara a hacer un ataque formal, hecho que empezó a revelar su complicidad con los traidores y su entendimiento con el embajador Wilson. Finalmente, el 18 de febrero se desenmascaró y descubrió su traición dando el golpe final al gobierno maderista, al mandar aprehender y encerrar al presidente Madero y al vicepresidente Pino Suárez en la intendencia de palacio nacional. Esa misma noche, se reunía en la embajada de Estados Unidos con el general Félix Díaz, a invitación del mismo Wilson, para firmar el pacto que desconocía al poder ejecutivo y determinaba que antes de 72 horas él asumiría la presidencia provisional de la república con un nuevo gabinete. Era el principio del fin.

Las vicisitudes de un día difícil

El día 19, muy temprano en la mañana, Huerta envió a un comisionado a la intendencia de Palacio para conminar a los prisioneros a presentar sus renuncias y, con ello, garantizar sus vidas, de lo contrario, quedarían expuestos a todas las consecuencias. Ante la crítica situación, Madero y Pino Suárez resolvieron dimitir de sus cargos, pero con ciertas condiciones que debían ser aceptadas en una carta firmada por el general Huerta.

Lascurain llegó poco después llevando un mensaje confidencial de los padres y la esposa del presidente aconsejándole renunciar y encontró la noticia de que ya había resuelto hacerlo. Fue entonces que el presidente lo comisionó para tramitar personalmente todos los asuntos relacionados con su dimisión y salida del país. Conforme a su costumbre, Madero consignó por escrito, de su puño y letra, en el reverso de una de sus tarjetas personales, las palabras con las instrucciones de lo que debía hacer Lascurain. Indicaba que los oficiales y jefes de su Estado Mayor así como el general Felipe Ángeles fueran puestos en libertad, igual que su hermano Gustavo y el intendente Adolfo Bassó (Gustavo ya había sido asesinado por órdenes de Huerta y el presidente aún no lo sabía). Señalaba que preparara todo para que esa noche saliera un tren especial a Veracruz, en el que pudieran viajar él, su hermano Gustavo, Ángeles y Pino Suárez, con sus respectivas familias. Que se ordenara al pagador que fueran entregados sus sueldos a él y a Pino Suárez y que se elaborara una carta en la que Huerta ofrecería conservar el orden constitucional en los estados, no perseguir a los amigos de Madero y proporcionar toda clase de seguridades en su viaje a Veracruz.

Lascurain trabajó toda la mañana de ese día para cumplir las disposiciones del presidente. Arregló que el general Ángeles fuera trasladado a la intendencia de Palacio con Madero, para ser jefe de su escolta en el viaje a Veracruz. Logró el compromiso de que algunos ministros extranjeros acompañaran al presidente y al vicepresidente y que fuera colocado un tren especial en la estación de Buenavista, donde serían llevadas sus familias.

Al mediodía, regresó a Palacio, acompañado de Ernesto Madero, tío del presidente, para informarle sobre todas sus gestiones. En ese momento, Madero redactó de su puño y letra varios borradores de su renuncia, misma que fue pasada en limpio en un solo pliego, en nombre suyo y del vicepresidente y firmado por ambos. Los hechos posteriores demostrarían que estaban firmando su sentencia de muerte:

En vista de los acontecimientos que se han desarrollado de ayer acá en la nación y para mayor tranquilidad de ella, hacemos formal renuncia de nuestros cargos de presidente y vicepresidente respectivamente, para los que fuimos elegidos. Protestamos lo necesario. México 19 de febrero de 1913.

Caricatura de Madero, Pino SuA?rez y Huerta

Caricatura de Madero, Pino Suárez y Huerta

La tarde de ese día, Lascurain, Madero y Jaime Gurza, secretario de Comunicaciones, se ocuparon de arreglar los detalles del viaje a Veracruz. Fueron varias veces a ver a Huerta, llevando y trayendo proposiciones para preparar la partida. Gestionaron juntos las garantías de seguridad para los ministros que acompañarían a los ex mandatarios, así como a sus respectivas familias. En varias ocasiones, Lascurain preguntó a Huerta la hora de la partida del tren, y el general le contestó indistintamente “que le tuviera confianza, que los militares nunca decían la hora de la salida y que convenía guardar el secreto para que no trataran de matar a Madero en el camino”. Llegó a decirle que “cuando llevé al general Díaz a Veracruz rumbo al exilio, sólo don Porfirio y él sabían la hora de la partida”.

Las horas pasaban, algunas gestiones se concretaban, pero pese a la insistencia de Lascurain, no aparecía por ninguna parte la carta prometida con las garantías estipuladas. En uno de los momentos en que se encontraban hablando Lascurain y Gurza con Huerta, se presentó una comisión de diputados anunciando que la Cámara esperaba impacientemente la presentación de la renuncia, cuya tardanza podía traer mayores dificultades políticas. Huerta se dirigió a Lascurain urgiendo la necesidad de que Madero enviara su renuncia a la Cámara, asegurando, de nuevo, que tanto el presidente como el vicepresidente y sus acompañantes no tendrían ningún obstáculo para llegar a Veracruz.

Lascurain y Gurza regresaron con Madero, quien informado de lo anterior, autorizó, sin saber que la carta de garantías aún no existía, que la renuncia fuera llevada a la Cámara por Lascurain, creyendo que éste la conservaría hasta que hubiera salido el tren. Poco después, algunos ministros extranjeros llegaron a la intendencia a manifestar su apoyo a los prisioneros y el presidente aceptó la oferta del cubano Márquez Sterling, de acompañarlo hasta la estación de ferrocarril para partir a Veracruz y embarcarse en el crucero Cuba.

El golpe final

Mientras tanto, Lascurain se dirigió a la Cámara en donde los diputados reunidos en sesión extraordinaria lo instaron a entregar las renuncias. La admisión de la renuncia de Madero se aprobó por 119 votos contra ocho. La de Pino Suárez por 123 contra cuatro. Inmediatamente después se suspendió la sesión de la Cámara de Diputados e inició la sesión extraordinaria del XXVI Congreso general, con el objeto de recibir la protesta constitucional del ciudadano licenciado Pedro Lascurain, a quien por ser secretario de Relaciones exteriores, le correspondía por ley. Acto seguido, éste llegó al salón acompañado por una comisión de diputados y protestó como presidente interino. El acta fue aprobada sin discusión y después se recibió el oficio en el que el presidente recién nombrado, en ejercicio de la facultad que le concedía la Constitución, nombraba a Huerta secretario de Gobernación. Esto no había terminado de ser aprobado por la cámara cuando se recibió el oficio que contenía la renuncia de Lascurain.

Según la crónica de los debates de aquella sesión parlamentaria, habían transcurrido tan solo 45 minutos, tiempo suficiente para revestir de legalidad el trámite impuesto por Huerta, quien con el respaldo del ejército, el apoyo extranjero y el temor de los que tomaron parte en aquel acto oficial consiguió cristalizar sus planes. La de Lascurain sería la presidencia más breve, malograda y controvertida de la historia. En su renuncia escribió que los acontecimientos lo habían colocado en el caso de facilitar los medios para que dentro de la ley se pudiera resolver una situación que de otro modo acabaría con la existencia nacional y apelaba al juicio sereno de la historia tras reconocer que había aceptado con toda conciencia ese papel, ya que de rehusarse hubiera cooperado a futuras desgracias. Sin embargo, Huerta ocupaba ya la presidencia de la república y Madero continuaba prisionero, dependiendo su libertad sólo de promesas.

Caricatura de Manuel MA?rquez Sterling

Caricatura de Manuel Márquez Sterling

Márquez Sterling, quien se encontraba en la intendencia con los prisioneros, escribió, años más tarde, que cuando Lascurain salió con la renuncia, Madero preguntó por la carta de Huerta. Su tío Ernesto, que estaba con ellos y a quien también se le había encomendado conseguir la carta, le informó que aún no estaba firmada. Madero se dio cuenta de que estaba perdido, que había mantenido falsas expectativas con respecto a las garantías de Huerta y ordenó que se tratara de impedir que su renuncia llegara a la Cámara, lo que no se consiguió, pues Lascurain ya la había entregado. Aun cuando giró nuevas instrucciones para que sus enviados regresaran y dijeran a Lascurain que no renunciara a la presidencia interina hasta que él se hubiera embarcado en Veracruz, esa orden también llegó demasiado tarde. Todo había terminado. Los ex mandatarios sin sus investiduras no serían respetados, Madero sabía que Huerta no cumpliría con su palabra y Lascurain, quien al fin de cuentas quedó envuelto en la estrategia de los golpistas, había terminado, sin quererlo, colaborando con ellos en el último acto de la caída del gobierno maderista.

La tan esperada carta quedó convertida en promesas. Aún al salir de la cámara, Huerta pidió repetidas veces a Lascurain que le tuviera confianza, que ya le avisar a con su ayudante la hora de salida del tren, nunca lo hizo. En la intendencia de Palacio, Madero, Pino Suárez, Ángeles y Márquez Sterling se quedaron esperando la orden de salida. A media noche, Madero estaba convencido de que el tren no saldría a ninguna hora; en tanto, en la estación, envueltos en la mayor zozobra, parientes y amigos aguardaron vanamente hasta las 2 am, cuando les notificaron que la partida se había cancelado. Era un mal presagio.

Lascurain regresó de la estación en medio del mayor desaliento y escribió una carta que dejaba ver su desesperación, la cual al parecer dirigió al gobierno de Estados Unidos, solicitando su intervención a favor de los prisioneros. No sabemos si la carta llegó a su destino, el borrador lo conservó Lascurain. Decía:

Durante los trágicos acontecimientos que acaban de desarrollarse en mi país, me tocó el papel de mediador. Para evitar mayor efusión de sangre, logró renunciaran el señor presidente Madero y el vicepresidente Pino Suárez, mediante la condición de que inmediatamente se les trasladar a con sus amigos a un buque en el puerto de Veracruz [...] No se ha cumplido con esto y yo que intervine con la mayor buena fe del mundo, paso ahora ante el señor Madero a quien tanto estimo, como un desleal que lo engañó [...] Creyendo en la buena fe de Huerta que me hizo reiteradas promesas, presentó la renuncia creyéndome que los llevarían al tren que ya estaba esperándolos. Ahora, temen por sus vidas y no pueden ya fiarse en las promesas que se les hagan [...] En vista de la dificilísima situación en que me encuentro de aparecer como que entregué a mis buenos amigos, imploro su ayuda para que se dirija por esta vía a Huerta recomendándole que cumpla su promesa [...] Confío en los sentimientos humanitarios de su excelencia.

El secretario de Estado de Estados Unidos escribió al embajador Wilson que su gobierno esperaba saber que el expresidente había sido tratado en forma compatible con la paz y la humanidad y Wilson le contestó el día 20, diciendo que Huerta había asegurado que tomaría las precauciones necesarias para que Madero fuera tratado de acuerdo a principios humanitarios. Es sabido que Wilson no hizo nada por interceder en el asunto.

Los días siguientes, Lascurain trató por todos los medios que las vidas de Madero y Pino Suárez fueran respetadas. Quiso hablar con Huerta y no fue recibido, acudió a ministros extranjeros y miembros del gabinete del nuevo gobierno, pero fue inútil. Finalmente, reconoció que había sido una pieza clave en los planes del usurpador y sus buenas intenciones no fueron suficientes para resolver un asunto de tal envergadura. Tiempo después declaraba “inútil describir mi desengaño, mi tristeza y mi cólera por haber sido engañado vilmente”. Madero y Pino Suárez fueron asesina dos el 22 de febrero.

Lascurain se retiró a la vida privada. Retomó su bufete de abogado, sus cátedras en la recién fundada Escuela Libre de Derecho y su participación en la junta directiva del Colegio de las Vizcaínas. Tras la caída de Huerta y el triunfo del constitucionalismo, algunos carrancistas lo culparon de la muerte de Madero. Vivió exiliado en Nueva York con su numerosa familia de agosto de 1914 a septiembre de 1919 y, de regreso a México, volvió a sus antiguas actividades y negocios. Presidió la Barra de Abogados, fue miembro honorario de la Academia de Jurisprudencia y Legislación de Madrid y recibió del gobierno de Cuba la Orden del Mérito Carlos Manuel Céspedes en el grado de Gran Oficial, presea que en 1930 le entregó personalmente Márquez Sterling, de nuevo embajador en México.

Los años siguientes siguió declarando y respondiendo a las imputaciones que se le hacían de vez en cuando sobre los sucesos del 19 de febrero de 1913. El vínculo con el pasado que tanto le afectó nunca se rompió y conservó sus viejos papeles en espera de un veredicto posterior por su participación en aquel proceso.

La Revista Mexicana de San Antonio, Texas, publicó el 2 de noviembre de 1916 la “Calavera de Pedro Lascurain”:

Caricatura de M. Márquez Sterling

Ante esta tumba detente
Andante, inclina la frente
Y a un “grande” rinde culto,
Aquí yace un presidente
Que duró medio minuto.

PARA SABER MÁS:

  • Graziella Altamirano, Pedro Lascurain. Un hombre en la encrucijada de la Revolución, México, Instituto Mora, 2004.
  • “Diario de la Decena Trágica escrito por Kumaichi Horigoutchi, encargado de Negocios del Japón en México”, BiCentenario. El ayer y hoy en México, Instituto Mora, núm. 4, abril-junio, 2009, México, pp. 60-73 ó: http://revistabicentenario.com.mx/?s=embajador+japones&x=0&y=0
  • Manuel Márquez Sterling, Los últimos días del presidente Madero, 1917 en: http://archive.org/stream/abe2976.0001.001.umich.edu#page/3/mode/2up
  • * Pedro Lascurain. El presidente relámpago, Palmera Films-Euskal Telebizta, 2000, VHS.

Sumario #19

BiCentenario #19

Editorial

Correo del lector

ARTÍCULOS

GUADALUPE GÓMEZ-AGUADO

La ceremonia del Grito y los símbolos patrios

ANA ROSA SUÁREZ ARGÜELLO

Huellas de México en Estados Unidos

RAQUEL ALFONSECA ARREDONDO

El riesgo de caer. Las ascensiones aerostáticas en México

VA?CTOR VILLAVICENCIO NAVARRO

Un mexicano en París: José Manuel Hidalgo y la Intervención francesa en México

GRAZIELLA ALTAMIRANO

Minutos que cambiaron la historia: Pedro Lascurain y la Decena Trágica

JOSÉ MANUEL ALCOCER BERNÉS

Las Navidades campechanas de los años 195

DESDE HOY

CARLOS DOMÍNGUEZ

México y la esclavitud en el siglo XXI

DESDE AYER

Testimonios

JOSÉ GONZÁLEZ M.

La Decena Trágica: las primeras horas del primer día

Imágenes

La fiesta de la Candelaria en México

CUENTO

ROSALÍA MARTHA PÉREZ

El muerto y el Atoyac

RTE ENRIQUE ESTRADA

La retina, el cerebro y el corazón de José María Velasco 1840-1912

ENTREVISTA

Tres años después: el testimonio de Sara Pérez de Madero / Fragmentos de una entrevista realizada en 1916 por Robert Hammond Murray

Carmen Collado

El riesgo de caer. Las ascenciones aereostáticas en México

Requel Alfonseca Arredondo / Facultad de Filosofía y Letras, UNAM

Revista BiCentenario #19

GloboLa historia de las ascensiones aerostáticas ha producido aventuras plagadas de excentricidades, desde propuestas para adiestrar águilas y usarlas a manera de cuadrillas de caballos, hasta globos construidos con grandes remos y timón simulando un barco. También se dio el caso de un duelo en el aire, cuando en el París de 1808 dos caballeros decidieron terminar con sus diferencias enfrentándose cada quien en su aeróstato. El lance consistía en reventar con la espada el globo del contrincante, como efectivamente sucedió, ya que el perdedor cayó desde una gran altura matándose en el acto.

¿Quién no ha soñado alguna vez que vuela movido por el impulso de sus brazos? El ser humano históricamente ha intentado dominar su entorno, sin embargo el cielo, con su calidad etérea, se lo negó por mucho tiempo. La búsqueda de respuestas a lo que parece imposible o improbable ha sido detonante del desarrollo científico y tecnológico; lo es hoy y lo fue durante el siglo XVIII, cuando los franceses Jacques y Joseph Montgolfier se convirtieron en los precursores de la gran proeza: volar. O al menos elevarse auxiliados por algún artefacto que, si bien no reemplazaba las alas de los pájaros, sí provocaba la fascinación deseada.

Asombro bien administrado, porque invención y empresa fueron de la mano, las ascensiones aerostáticas pronto se convirtieron en popular diversión por la que valía la pena pagar, no en condición de pasajero por supuesto, pues con sólo observar el prodigio desde la seguridad de la tierra, era suficiente. Surcar el aire, eso, se lo dejaban a los aventureros.

Globos

Primeros vuelos en globo a fines del siglo XVIII

La historia de los ensayos para lograr volar es un recuento de los hombres y mujeres que compartieron con un vasto público una nueva, alucinante y peligrosa diversión. Lo desconocido era para la multitud el principal ingrediente, aunque también existía una dosis de morbo como aditamento, la posibilidad de una caída aderezaba el espectáculo al que muy pocos dejaban de asistir. El aspecto científico, que también fue parte indispensable del pasatiempo, lo complementaba de manera efectiva además de dignificarlo.

Los primeros experimentos se hicieron sin tripulantes, remontando globos de papel recubiertos con algún material e inflándolos con aire caliente, durante el siglo XVIII se registraron varios intentos en Europa. Antes que ningún humano, fueron animales los primeros seres vivos en ser elevados, experiencia que se repetiría en el siglo XX con los primeros ensayos de viajes en la órbita terrestre. Al logro de los hermanos Montgolfier en 1783 siguieron otros tantos en diferentes latitudes. No obstante, el crédito mayor se lo llevaron en el mismo año los también franceses Pilétre de Rozier y el marqués François d’Arlandes, quienes consiguieron ascender tripulando su globo.

[...]

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PARA SABER MÁS:

 

  • Eugenio Aguirre, Cantolla, aeronauta (novela), México, Planeta, 2012.
  • Ana Lau Jaiven, “Primeras ascensiones en globo en la ciudad de México: un empresario de espectáculos (1833-1835), en Secuencia (Instituto Mora, México), núm. 46, nueva época, enero-abril de 2000, pp. 21-35.
  • “Mirar el cielo, ver lo que el hombre ha conquistado y soñar”, http://www.inehrm.gob.mx/Portal/PtMain.php?pagina=aviacion-galeria
  • Leonardo Romero Tobar, “La descripción costumbrista en los viajes aéreos”, http://www.cervantesvirtual.com/portal/romanticismo/actas_pdf/romanticismo_6/tobar.pdf
  • Jules Verne, Cinco semanas en globo, México, IURE Editores, 2011.

Un mexicano en París: José Manuel Hidalgo y la intervención francesa en México

Víctor Villavicencio Navarro / Facultad de Filosofía y Letras, UNAM

Revista BiCentenario #19

caricatura J.M. Hidalgo B-19 Durante el otoño de 1861, José Manuel Hidalgo y Esnaurrízar se encontraba acomodado plácidamente dentro de la alta sociedad de la capital francesa. Para entonces, habían pasado poco más de trece años desde que abandonó México, tras haber sido incorporado al servicio exterior como recompensa a su participación en la batalla del convento de Santa María de Churubusco, donde, según el presidente Manuel de la Peña y Peña, prestó “desinteresados servicios en la guardia nacional”, batiéndose con valor y bizarría frente a las tropas invasoras estadounidenses en aquel lejano 1847. Comenzó entonces una larga carrera diplomática, que se caracterizaría en buena medida por la fortuna y la casualidad.

“- ¿A dónde tan de prisa, paisano? -Voy en busca de una
nueva patria…” Caricatura de Escalante en La Orquesta, 1866.

J.M. Hidalgo con libros B-19Su primer nombramiento fue el de secretario en la legación mexicana que se encontraba en Londres. Tan pronto se halló en Europa, Pepe Hidalgo (como lo llamaban sus amigos más cercanos) se sintió maravillado. Pero tras apenas dos meses de trabajo, debió dejar la capital británica al ser promovido por el gobierno a oficial de la legación que residía en Roma, representando a México ante el Papa Pío IX, cuya corte se encontraba entonces refugiada en la fortaleza napolitana de Gaeta debido a los movimientos por la unidad italiana. Una vez establecido en tierras de la Campania, en el invierno de 1848, Pepe descubrió la comodidad con la que se desenvolvía dentro del cuerpo diplomático y la facilidad con la que su carácter le permitía hacer amigos entre las personas de la alta sociedad. Al mismo tiempo, el catolicismo férreo bajo el que había sido educado en la casa paterna no pudo sino acrecentarse cuando el propio pontífice lo distinguió con su amistad, mostrándole en reiteradas ocasiones su confianza y cariño. Una vez calmada la tempestad revolucionaria en Italia, la corte papal volvió a Roma en abril de 1850. Debieron ser años felices en la vida de Pepe Hidalgo. Como sus labores en la legación, ubicada en una calle muy cercana a los Foros Imperiales, no le representaban mucho trabajo, se dio tiempo para perfeccionar su italiano, aprender francés y también tomar lecciones de filosofía, mientras continuaba afinando sus maneras en medio de las familias más importantes de Roma, codeándose con personajes de la talla del monarca Luis I de Baviera y la princesa Carlota Bonaparte, sobrina, nada menos, que del Gran Corso.

[...]

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PARA SABER MÁS:

  • Egon Caesar Conte Corti, Maximiliano y Carlota, México, FCE, 2004.
  • Visitar el Castillo de Chapultepec (alcázar y habitaciones de Maximiliano y Carlota).
  • Película: Mexicanos al grito de guerra. Dir.: Álvaro Gálvez y Fuentes, 1942, en http://www.youtube.com/watch?v=J7lVUvDccak

Las Navidades campechanas de los años 1950

José Manuel Alcocer Bernés / Cronista de la ciudad de Campeche

Revista BiCentenario #19

No había nieve ni tampoco frío, pero sí gran entusiasmo e interés por guardar tradiciones conservadas de tiempo atrás. Esto, y mi corta edad, daban quizás un sabor diferente a las Navidades en Campeche.

Navidad campechana 2 B-19La Navidad Chiquita
Así se denominaba a la entrada de las fiestas navideñas el 8 de diciembre, con la fiesta para las Conchitas. La víspera, puertas y ventanas se adornaban con farolitos y en la noche las festejadas recibían serenata. Al día siguiente, se ponía en todas las casas un pequeño altar con la imagen de la Purísima Concepción, adornado con papel de china de colores blanco y azul, y se llamaba a la rezadora para decir un rosario en su honor. Ya en la noche, la familia se reunía para la cena de la Navidad Chiquita, consistente en pedazos de jamón, queso de bola holandés, mantequilla danesa de marca Dos Manos y gallina asada, acompañados con tazas de chocolate humeante y pan grande. Y es que la tradición en la ciudad de Campeche es que las panaderías preparen pan francés, mojadas, riñones y hojaldras para el 8, 24 y 31 de diciembre y esos días su producción se multiplica.

La rama
No existe la tradición de las posadas, sino el canto de la rama. No se sabe de dónde vino ésta, ni cuando nació (hay quien dice que llegó de Veracruz, o tal vez de Cuba), pero justo quince días antes del 24 de diciembre, grupos de chiquillos salían a las calles llevando una rama seca de árbol, pintada con cal y adornada con farolitos, globos y a veces una guía de colores. Uno de los niños cargaba una cajita de cartón con los peregrinos y otro más una pequeña alcancía. Iban tocando de puerta en puerta, cantando estos versos:

Ya llegó la rama, ya llegó de Cuba,
Y le trajo al niño un racimo de uva,
Salgan para afuera, miren que bonito,
Verán a la rama con sus farolitos.
Denos aguinaldo si nos han de dar,
Que la noche es corta y tenemos que andar.

Los niños esperaban que los dueños de las casas salieran y les diesen algunas monedas. Si se las daban, el alegre canto de despedida era:

Ya se va la rama muy agradecida
Porque en esta casa fue bien recibida.

En caso contrario, la estrofa era de despecho:

Ya se va la rama con patas de alambre,
Porque en esta casa se mueren de hambre.

Y si los ignoraban:

Ya se va la rama con una escalera
Porque en esta casa les dio cagalera.

Así, por quince días, en las tardes-noches los niños alegraban con su canto barrios, callejones y diversos puntos de la ciudad. Con el dinero recolectado adquirían piñatas, dulces, antojitos y hacían una fiesta a la que iban todos los cantantes.

Navidad campechana 1 B-19

Para leer el artículo completo, suscríbase a la Revista BiCentenario.

PARA SABER MÁS:

  • Brocca Andrade, Historia regional de Campeche: perfil socioeconómico, México, SEP-Limusa Noriega, 2000.
  • Enciclopedia histórica de Campeche, Campeche, Gobierno del estado de Campeche, 2003, 8 t.
  • Joaquín Lanz Paullada, Villancicos campechanos: los cantos al niño Dios, Campeche, Universidad Autónoma de Campeche, 2006.
  • William Pinzón Reyes, Evocaciones, Santa Ana de mis amores, Campeche, Ayuntamiento de Campeche, 2005.
  • Luis Mauricio Rodríguez Salazar y Bracilia Cardeña Alamina, Campeche: arte, fe y folclor religioso: una alternativa de turismo en la ciudad, México, Instituto Politécnico Nacional, 2002.
  • “La Rama Campeche”, en https://www.youtube.com/watch?v=3atFIHNbi_A

México y la esclavitud en el siglo XXI

Carlos Domínguez / Instituto Mora

Revista BiCentenario #19

Siendo contra los clamores
de la naturaleza vender a los
hombres, quedan abolidas
las leyes de la esclavitud
Miguel Hidalgo y
Costilla (1810)

Un recuento de los enormes retos que México enfrenta en términos de su desarrollo social y económico da como resultado una larga lista de problemas que deja sin aliento a cualquiera, incluso al más optimista de los optimistas. Es inevitable pensar en la distribución desigual de la riqueza, los enormes bolsones de pobreza que persisten en algunas regiones y localidades del país, el narcotráfico, los problemas ambientales, los desastres naturales, la ineficiencia en el sector energético y la inseguridad alimentaria debido a la fluctuación en los mercados internacionales. Todos estos son sólo algunos ejemplos que casi con toda seguridad, querido lector, le vendrán a la mente si se da a la tarea de reflexionar sobre los problemas que México debe resolver para garantizar su sostenibilidad y sustentabilidad en el futuro. Sin embargo, a pocas personas, a pocos lectores, les pasaría por la cabeza que estamos en un país donde, además de todo y por si fuera poco, también existe la esclavitud.

La esclavitud en el siglo XXI en México

En un país donde, a pesar de todas sus enormes deficiencias, nos jactamos de proteger las garantías individuales y de luchar continuamente por los derechos humanos. Estamos hablando del mismo país donde hace más de 200 años Miguel Hidalgo emitió un bando donde exhortaba a todos los dueños de esclavos a liberarlos.

Mojado B-19

Sin duda alguna. La esclavitud en el siglo XXI, tambiAén conocida como trata de personas, es un delito que aqueja a México y a otros países. De hecho, casi con toda certeza, se puede decir que la trata de personas existe de una o de otra manera en todo el mundo. Al igual que la trata de esclavos entre los siglos XIV y XIX de la era moderna, hay países que son predominantemente expulsores o exportadores de víctimas, algunos que son de tránsito y otros que son de destino, principalmente aquellos donde existe demanda para fines de trabajos forzados y para fines de explotación sexual.

Para el público que no es especializado en estos temas, la palabra esclavitud evoca normalmente imágenes lejanas de buques que cruzaban el océano Atlántico transportando prisioneros de color, capturados en África; niños, hombres y mujeres, sobre todo en la región de la costa oeste de dicho continente, que eran capturados para ser vendidos y explotados en el sur de la Unión Americana. En algunos casos, la palabra esclavo puede también ser relacionada con el pasado afroamericano que es evidente en Cuba, en otros países del Caribe, en las costas de México y en las costas de otros países latinoamericanos como Colombia, Venezuela o Brasil. Para el lector aficionado a las novelas y las películas históricas, la palabra esclavitud puede también relacionarse con personajes históricos como Abraham Lincoln en Estados Unidos o el propio Miguel Hidalgo en México.

No compras sexo B-19Sin embargo, no es necesario remontarse tanto en el tiempo. A pesar de la expansión de la llamada modernidad, de los avances en materia de derechos humanos en el ámbito internacional y de la prohibición explícita de este tipo de prácticas en la mayoría de los países del orbe, la esclavitud y otras prácticas socioculturales muy similares no han dejado nunca de existir. Quizá se debe a la manera como estos temas son abordados en nuestros libros de texto, los cuales tienden a simplificar demasiado la historia, pero por alguna razón hay una laguna en nuestra memoria histórica y cuando hablamos de esclavitud sólo nos remontamos a este tipo de episodios medio romantizados, como si algo tan deplorable hubiera desaparecido hace mucho tiempo y constituyera un rasgo de barbarie y deshumanización, propio de sociedades del pasado, cuando no éramos civilizados

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PARA SABER MÁS:

  • Alejandro Almazán, “Un padrote nunca se enamora”, 27 de octubre de 2012, http://www.milenio.com/cdb/doc/noticias2011/96a40c0d7cdd67d4dae4f7a38ee05d36
  • Faustino Aquino Sánchez, “Y todo lo que huela a esclavitud”, en BiCentenario, México, núm. 4, abril-junio 2009.
  • Rodolfo Casillas (coord.), Rostros diversos de la trata de personas en México: situaciones presentes y potenciales de las mujeres, las niñas, los niños y adolescentes, Comisión de Equidad y Género, Cámara de Diputados, LX Legislatura. Disponible en internet: http://cedoc.inmujeres.gob.mx/documentos_download/rcasillas2.pdf
  • UNODC, “Campaña Corazón Azul contra la Trata de Personas”, http://www.unodc.org/blueheart/es/about-us.html
  • MTVL-UNICEF, Esclavos invisibles, MAi??xico 2011, 25 minutos, http://www.mtvla.com/videos/mtv-exit-presenta-esclavos-invisibles-715914/
  • The Whistleblower (traducida como Secretos peligrosos o La verdad oculta), Estados Unidos 2010, 112 minutos.

La Decena Trágica. Las primeras horas del primer día

Testimonio de José González M., Secretario de redacción del periódico Nueva Era

Presentación de Regina Hernández Franyuti / Instituto Mora

Revista BiCentenario #19

México vivió con emoción el proceso electoral para elegir presidente y vicepresidente de la República el 5 de octubre de 1911, ya que durante años, este proceso había estado regido por la presencia y los deseos de Porfirio Díaz. Ese día, por primera vez en mucho tiempo, los ciudadanos emitieron su voto libre por la fórmula Francisco I. Madero-José María Pino Suárez. Un mes después, ambos, triunfadores en el que quizás haya sido nuestro proceso electoral más limpio, rendían protesta ante el Congreso. Se iniciaría entonces un gobierno inestable que no logró satisfacer las diferencias entre facciones revolucionarias y las presiones de los políticos porfiristas que aún ocupaban cargos públicos.

Madero, idealista, soñador, buscaba la manera de establecer un equilibrio entre dos elementos contrarios: autoridad y libertad. No quería que por razones de autoridad se limitara el uso y el disfrute de la libertad. Quería y soñaba con un régimen libre y democrático. Sin embargo, su ilusión fue vana, sus errores políticos debilitaron de forma creciente su fuerza, prestigio y popularidad, la oposición porfirista ganó terreno, el desorden político progresó en todo el país. Su rompimiento con los hermanos Vázquez Gómez lo enfrentó con los antirreeleccionistas, quienes le habían acompañado hasta entonces; la formación de su gabinete con funcionarios porfiristas desilusionó a quienes deseaban cambios radicales. El desarme de las fuerzas revolucionarias y la conservación de los viejos cuadros militares acentuaron el descontento y la desconfianza; las presiones de la pluripartidista XXVI Legislatura multiplicaron sus dificultades.

entrada Madero

Entrada de Madero al Zócalo, 9 de febrero de 1913

Era yo en febrero de 1913, secretario de redacción de Nueva Era. La víspera de que estallara el cuartelazo de la Ciudadela, se efectuó en el Teatro Principal una lucha greco-romana, entre dos atletas, uno de ellos francés. Enrique Ugartechea, cronista deportivo del periódico, me invitó a que fuera a la función. Concurrí, y al terminar nos despedimos retirándome yo para cenar con algunos amigos, todos periodistas, en el Restaurante del Principal. Allí, en alegre charla, pasamos el resto de la noche, y como a las dos de la madrugada nos despedimos todos, dirigiéndose cada uno a su domicilio.

Nueva EraDurante la cena, algún amigo mío, militar que conocí como Oficial del Escuadrón de Gendarmes del Ejército, cuando estuvo al mando del Mayor Pradillo, viéndome en una de las mesas del Restaurante, se acercó a mí preguntándome si no había visto a algún otro militar que también fue de Gendarmes y que entonces se encontraba comisionado en la Escuela Militar de Aspirantes en Tlalpan.

El periódico “La Nueva Era”

“¿No has visto a Fulano?”

“No, no ha venido por aquí.”

“Gonzalitos: tenemos bola. ¿Vienes con nosotros?” Yo creí que se trataba de alguna correría de aventuras nocturnas. Le contesté que no; que estaba cansado y pronto me retiraría. Se fue el militar. Yo no di importancia a sus palabras. No pasó mucho tiempo y llegó el oficial por quien se preguntaba la misma consulta.

“¿No has visto a Zutano?” “Sí, acaba de estar aquí, pero se retiró luego.

“¿Tenemos bola?”, me dijo en tono parecido al confidencial.

“¿Vienes con nosotros? ¡Va a estar buena!”

Fuente: Juan Manuel Torrea, La Decena Trágica. Apuntes para la historia del ejército mexicano. La asonada militar de 1913, México, Joloco, 1939, pp. 60-65.

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La fiesta de la Candelaria en México

Stephanie Gallegos Guzmán – Facultad de Filosofía y Letras, UNAM

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 19.

CandelariaNo hay nada como un tamal y un atole para desayunar cualquier día frío en México; sin embargo, el 2 de febrero tiene un mejor sabor. Tal vez se deba a estar rodeados de familiares y amigos o nada más a la idea de saber que ese día se sigue la costumbre de comer tamales para celebrar a la Virgen de la Candelaria, advocación mariana muy venerada en nuestro país.

De acuerdo con la tradición católica, un 2 de febrero del inicio del siglo XV se apareció la Virgen de la Candelaria en Tenerife, en las Islas Canarias, siendo celebrada por primera vez en 1497. Su nombre procede de que, de acuerdo con el santoral católico, ese día se festeja la presentación del Niño Jesús en el Templo de Jerusalén. Como se considera que Cristo como luz del mundo tiene la misión de iluminar, es característico que los fieles lleven entonces en sus manos velas, cirios o candelas.

Virgen de la Candelaria Oaxaca, Tehuentepec-Arte callejero, Fot. Anónimo (480x640)

En nuestro país, a donde la fiesta llegó con los españoles en el siglo XVI, el 2 de febrero evoca una práctica religiosa, pero también una actividad esencial que es comer. El 6 de enero de cada año, día de los Santos Reyes, se parte una rosca, en la que están ocultas varias figuras pequeñas que representan a Jesús y el comensal que tenga la fortuna de obtenerlo en la porción que le corresponde, se ve comprometido a hacer o comprar tamales y atoles para el día de la Candelaria e invitar a aquellos con quienes partió la rosca.roscas

En la actualidad, pese a que los tamales y el atole son algo representativo del 2 de febrero en México, los festejos son distintos en cada lugar. Por ejemplo, en Coyoacán, delegación que alberga al pueblito de La Candelaria, se celebra con arreglos de flores, tapetes de aserrín pintados de muchos colores, cohetes y caravanas con imágenes religiosas. En Tlacotlalpan, Veracruz, la solemnidad se distingue por la fiesta popular, que se inicia con una misa matutina, en la cual se cantan Las Mañanitas a la Virgen. Luego tiene lugar una procesión con estandartes, rezos y cantos de los fieles, quienes llevan a la Virgen al río Papaloapan para que lo bendiga y así los prevenga de las inundaciones. Todo termina en la noche al son del huapango, con el aroma de los diversos platillos y las luces de la feria.Tamales

La fiesta de la Candelaria es un ejemplo de sincretismo cultural. Por un lado se trata de una celebración católica, producto de la presencia española en México, por el otro se festeja con tamales y atole, que son una aportación prehispánica.

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La retina, el cerebro y el corazón de José María Velasco (1840-1912)

Por Enrique Estrada, pintor

Revista BiCentenario #19

Iniciando la visión aérea. Tengo frente a mí la Vista del Valle de México desde el cerro de Santa Isabel que pintó José María Velasco en 1877. Si le quitamos el primer plano, donde todavía vuela el águila con la serpiente en el pico, símbolo fundacional de México, la vista desde este amplísimo espacio de nuestro valle anuncia lo que hasta 26 años después sería posible, pues fue hasta fines de 1903 cuando con el avión de los hermanos Wright el hombre comenzó a volar y dejó para siempre la sola visión terrestre.

VelascoPodemos afirmar que Velasco adelantó la visión aérea por un cuarto de siglo, porque treparse hasta arriba del cerro de Santa Isabel era como la hazaña de los Wright al montarse en el avión Flyer I, en Kitty Hawk, Carolina del Norte. Es decir, él nos cambió de una vez por todas y para siempre nuestra forma de ver el paisaje.

El gran antecedente de la pintura de Velasco es, como sabemos, el pintor italiano Eugenio Landesio, quien como él fue maestro de la Academia de San Carlos. Me atrevo a pensar que, sin los sabios consejos de su maestro, José María Velasco no hubiera alcanzado su gran pintura, por lo menos, sin duda, no lo hubiera hecho en el breve tiempo que duró su primera etapa. Landesio fue su vaso comunicante con Europa, lo cual confirma mi convicción de que la pintura se representa como una larga cadena en la que los antiguos pintores están encadenados a los nuevos. El Dr. Atl, con su continuada perspectiva curvilínea-aérea y un sentido magnifico del paisaje aparecería, de tal manera, como el pintor que sucedió a Velasco y antecedió a Siqueiros. También la obsesiva presencia de los volcanes resulta ser, temáticamente, un eslabón entre estos tres pintores.

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El muerto y el Atoyac

Rosalía Martha Pérez / Instituto Alfonso Vélez Pliego, BUAP

Revista BiCentenario # 19

Atoyac

Fotografía de Adalberto Ríos Szalay

Es el mes de septiembre y el Atoyac se derrama sobre los pastizales tlaxcaltecas. Se esparce mansamente, desentumiendo sus aguas con el sol matinal que reverbera suavemente, lejos de los bosques de encinos. Va discurriendo, lamiendo la base de los lomeríos y arrastrando desde las alturas un fértil limo arcilloso. Sonriente, ve internarse en el tembloroso cristal de sus aguas a tlacuaches y conejos cuyos sorbos espantan a las parvadas de aves canoras, que con cualquier pretexto escapan hacia el sur. Su corriente surge de los escurrimientos de la vertiente norte del Iztaccíhuatl, en la Sierra Nevada, a 4,200 metros de altura; viene drenando las tierras tlaxcaltecas y los valles de Puebla, Atlixco y Matamoros hasta reunirse en amoroso abrazo con las poderosas aguas del Nexapa dos mil metros abajo. Después de recibir las aguas alegres del Mixteco, del Acatlán y el Petlalcingo en el extremo suroccidental de Puebla, se une al Tlapaneco y con gran abundamiento entran los dos en tierras guerrerenses, fundiéndose en el hermosísimo Balsas, tan cantado por los felices habitantes de sus márgenes. Sin embargo, ¡quién podría suponerlo!, dentro de algunos lustros se cumplirán doscientos años de un lúgubre y misterioso suceso que quedó registrado en una causa criminal de la alcaldía de Santa María de Nativitas, Tlaxcala. En ella, hombres ligados a la hacienda de San Antonio, mal hilando indagatorias, concluyeron que el río era el responsable de un homicidio.

Debo advertir que entre la gente de los pueblos y las haciendas de Santa Clara Atoyatenco, Santa Elena, Santa Ígueda y Dolores, que eran las más cercanas, lo que se iba sabiendo del caso resultaba ser tan increíble que de a poco en poco se fueron convenciendo de que no podía ser sino una muestra del gran poder del diablo. Sí, el suceso pasó hace mucho tiempo, y sin embargo la poca claridad de los procedimientos que pusieron en práctica los encargados de administrar justicia nos mueve a no creer que el veredicto, por cierto mandado archivar por el juez de primera instancia (a reserva de continuarse si se arguyera malicia en el suceso), hubiera sido justo, y quizá revisando la causa criminal resguardada en los archivos de San Pablo Apetatitlán, Tlaxcala, el Atoyac tendrá que ser absuelto. Sigamos al río hasta el paraje en donde se desarrollaron los hechos.

El río había seguido su curso milenario por la población de Españita, bañando los terrenos que los indígenas llamaron Atzatzacuala o lugar de represas, aquellos en los que el rey poeta Netzahualcóyotl mandó se celebraran las guerras floridas. Descendía por entre bosques de enebros que oscurecían el ambiente en ciertos tramos, deslizándose sobre su lecho milenario, al lado de sabinos de un verde esmeralda cuyos troncos gruesos y rugosos separaban al río de los zacatonales. Era el fin del verano y la corriente empezaba a tomar tonos grisáceos en algunos parajes, rozando a su paso las caudas de heno que se mecían en los árboles. Más allá, infinidad de magueicillos se extendían sobre cerros y lomeríos. Finalizaban los meses de aguas de aquel año de 1830 y el río, como todos podían verificar, había pasado remozando los pastos para regalo de los rebaños de vacunos, coyotes, armadillos y mapaches. Detengámonos en el lindero sur de Tlaxcala, en las proximidades de la hacienda de San Antonio, en donde un muchachito servía como coleador o ayudante del boyero. Observemos de cerca.

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PARA SABER MÁS:

  • Visitar las ruinas de Cacaxtla y Xochitácatl, que se hallan en el área de los sucesos de la historia.
  • Visitar el santuario de San Miguel del Milagro, municipio de Nativitas, Tlaxcala. La fiesta patronal se inicia a fines de septiembre y se extiende hasta principios de octubre.
  • Visitar la ex hacienda de Santa Ígueda, hoy un club privado, con decorados Art Nouveau y bellos emplomados.