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El San Luis de Ponciano Arriaga

Toda la región, desde la hacienda de La Pila hasta San Luis es cultivada como un jardín, pero las cabañas de adobe y los cercados de cactos dan al traste con su belleza. La ciudad en sí ofrece buen aspecto: las iglesias son altas, y algunas muy bellas, y las casas son de piedra y construidas con cuidado. La casa de gobierno en la plaza aún no está terminada, aunque la parte delantera, que es de piedra labrada y a la que decoran pilastras jónicas, sería digna de crédito en cualquier ciudad de Europa. El convento carmelita es extenso y espacioso, con un amplio jardín, que se cultiva con mucho cuidado y es mantenido en excelentes condiciones: los paseos son sombreados por vides y los claustros están adornados con naranjos y limoneros. Las ventanas del convento ofrecen una hermosa perspectiva de la fértil llanura, que acaba en un audaz perfil de las montañas [...] La gente de San Luis parecía mejor vestida y con mejor aspecto que en cualquier otra población por la que el autor haya pasado y había pocos mendigos en las calles. Humboldt asegura que la población es de 12,000 personas. [...Nosotros estimamos] que es de 15,000 y, si se añade la de las inmediaciones, se multiplica por tres.

 

Josiah Conder, The Modern Traveller, a popular description, geographical, historical, of the various countries of the globe, 1830.

ImA?genes integradas 1

 

El ballet en MAi??xico durante los siglos XIX y XX

 

Ballet

La historia del ballet en México está aún en construcción, en busca de interesados en descubrirla y de plumas para registrarla. Y es que pese a lo avanzado, aún se sabe poco al respecto. Podemos situar su inicio en nuestro país en el último cuarto del siglo XVIII, cuando por iniciativa de José de Gálvez se formó una compañía de ballet en la corte virreinal, con lo cual seguía el ejemplo de sus iguales italianas, donde el balleto se practicaba en los festines desde el siglo XV y de la corte francesa que profesionalizó el ballet como disciplina y codificó sus pasos. Ya en el México independiente llegaron a nuestro país el francés Andrés Pautret y su esposa, la española María Rubio, quienes hacia 1825 fundaron una compañía de danza en el Teatro Provisional, que se mantuvo por décadas y presentó obras del repertorio internacional y nacional –como Alusión al grito de Dolores. Abrieron una escuela gratuita, La Escoleta, donde enseñaron a varias generaciones y de la que saldrían figuras como Aurora y Joaquina Pautret, Antonio y Ángel Castañeda, Soledad Sevilla y la famosa María de Jesús Moctezuma, de quien un periódico diría después: “En el arte del baile, Chucha es la más adelantada, la más inteligente de todas las que se han dedicado a este ramo en México; y en cuanto a su figura, es una de las más hermosas y simpáticas que han pisado las tablas”.

El ballet y las distintas formas de la danza tuvieron un papel relevante en la vida social y ar- tística del país. Los principales teatros capitalinos ofrecían temporadas regulares de sus cuerpos de bailarines. Eran éstos figuras públicas, cuya vida seguía el público, de allí que se comprenda el apoyo que muchos tuvieron al negarse a bailar ante los invasores estadunidenses en 1847. Por otro lado, un buen número de ellos alternaría con compañías extranjeras, como la Monplaisir, que visitó México en 1849 y en sus presentaciones recurrió a mexicanos; las salas se llenaron y tanto los asistentes como la prensa aplaudieron la destreza mostrada por el conjunto franco-mexicano. Años después, el emperador Maximiliano quiso formar una gran compañía de ballet y envió agentes a Viena, París y Nueva York para constituirla, contratando por ejemplo a la gran Anneta Galletti como primera bailarina del Teatro Imperial.

Bailarina

El ballet atravesó por un periodo de crisis en todo el mundo hacia el último tercio del siglo XIX y México no fue la excepción. Contribuyeron el fin del romanticismo y, ya en el Porfiriato, la falta de instituciones para preparar a nuevos bailarines y la fuerza que adquirieron la ópera y la zarzuela en el gusto del público. Hubo con todo momentos importantes, resultado de las presentaciones de algunas compañías italianas, como la del maestro Giovanni Lepri hacia 1880, quien enseñaría en nuestro país hasta 1892. Gracias a la paz porfiriana, el ballet no desapareció del todo.

En plena Revolución mexicana, se fundó la Dirección general de Bellas Artes en la Secretaría de Educación Pública, abocada a incorporar danza y bailes regionales a la educación escolarizada. Esta dirección pasó en 1917 a la Universidad Nacional, donde conservó los objetivos de fomento y divulgación del arte nacional. El ballet no llegó a participar de este proyecto cul- tural sino hasta 1932, cuando por inicia- tiva de Narciso Bassols y José Gorostiza, defensor de la profesionalización del arte, se fundó la Escuela de Danza de México, dirigida primero por Carlos Mérida, quien fue sucedido por Nellie Campobello de 1937 a 1984.

Ballet mexicano

Los bailarines así profesionalizados –como Amalia Hernández, Josefina Lavalle, Ana Mérida, Guillermina Bravo, entre otros– se verían posteriormente influidos por artistas extranjeros como Waldeen y Anna Sokolow y por movimientos internacionales modernos. Proliferaron las compañías y grupos dancísticos, que experimentaron en sus movimientos y tendencias existentes, pero siempre en pos de una expresión dancística propia. Se instauraron instituciones como la Academia de la Danza Mexicana para fomentar la danza moderna y nacional, en la que si bien no faltaron desacuerdos sí se coincidió en el rechazo del ballet clásico. Éste, sin embargo, no se dejó de enseñar. Gloria Contreras formaría en 1970 el Taller Coreográfico de la UNAM, con abstracciones de la danza clásica tradicional, y en 1977 se instituyó la Compañía Nacional de Danza, cuyo repertorio incluyó obras modernas y contemporáneas, pero que es la máxima representante del ballet en México hasta la actualidad.

Georgina Galván Medina
Facultad de Filosofía y Letras, UNAM
Revista BiCentenario #17

LA CAPIROTADA EN MAi??XICO EN LOS SIGLOS XIX Y XX


Entre pucheros anda el SeAi??or

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Dentro de la tradiciA?n religiosa mexicana se seAi??alan las Ai??pocas en que ciertos platillos deben de elaborarse. Esta costumbre, severamente regida por la iglesia, ha marcado con claridad lo que se debe comer durante la Cuaresma: caldos de habas y lentejas y dada la prohibiciA?n de consumir carne: pescado y mariscos. Para los postres habAi??a tambiAi??n una especie de legislaciA?n; por ser una Ai??poca de contriciA?n tenAi??an que ser humildes, aunque no por eso menos ricos. La capirotada fue asAi?? el postre por excelencia y a diferencia de hoy en dAi??a, considerada como un guiso de pobres.

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Con el nombre de capirotada se distinguAi??an en el siglo xix diversas variantes de sopa, cuyo ingrediente comA?n era el pan tostado. HabAi??a, de acuerdo al Nuevo Cocinero Mexicano: capirotada de menudo; francesa (puerco, carnero y jamA?n); de calabacitas; nabos; papas y de dulce, de la que proporcionamos la receta:

Se frAi??en en manteca unos ajos picados; y al dorarse se hacen a un lado; en la misma manteca se frAi??e cebolla picada: se echa despuAi??s jitomate molido y se frAi??e tambiAi??n revuelto con la cebolla y el ajo; en seguida se aAi??ade el agua suficiente con pimienta, clavo y cominos molidos, y un poco de azA?car, segA?n el gusto de los convidados. En otra cazuela con manteca, se frAi??e el pan y se van acomodando capas de tostadas de pan, que se humedecen con el caldillo que se hizo aparte, revolviAi??ndolo bien para echarlo, y cubriAi??ndose el pan con unas ramitas de perejil y apio, picadas muy menudas, pasas, almendras, nueces, piAi??ones y quesoAi?? rallado, siendo la A?ltima cama de pan. Se deja hervir hasta que la sopa quede de una consistencia regular, y se aparta: cuando se aplaque el hervor, se cubre todo con queso rallado, que no deberA? hacer una capa gruesa, y se le pone encima un comal con lumbre para que se dore.

La capirotada, un postre para la Cuaresma, se siguiA? preparando en el siglo XX y es hoy un complemento culinario muy sabroso. Tenemos aquAi?? una receta del siglo XX:

Ingredientes: A? de kilo de pan blanco duro; A? de kilo de piloncillo; 100 gramos de queso aAi??ejo; manteca (la necesaria); 1 raja de canela; nueces, cacahuates y pasas al gusto. El pan se rebana y dora en manteca. En una taza de agua se pone el piloncillo y la canela y deja hervir para obtener un almAi??bar. En un recipiente refractario se ponen rebanadas de pan y cubren con el almAi??bar, el queso desmoronado, las pasas, los cacahuates y los trozos de nuez. Se pueden alternar varias capas. Se mete el recipiente en el horno a calor medio, para que se dore, de 15 a 20 minutos aproximadamente. Se sirve caliente o frAi??a, segA?n se prefiera.

Captura de pantalla 2013-10-21 a las 10.16.40En la actualidad Ai??se sustituye la manteca por mantequilla o margarina. En el norte de MAi??xico hay capirotada hecha con patoles (frijol blanco o alubia) y otra con garbanzos. Ambos tipos cobran en aquella regiA?n una peculiar personalidad.

Ingredientes: A? de patoles o garbanzos, 1 lata de leche condensada, ron, whiskey o coAi??ac, piAi??ones, nueces o coco rallado. Los demA?s ingredientes son los mismos que en la receta anterior, suprimiendo el almAi??bar de piloncillo. Se cuecen los patoles o garbanzos, se enfrAi??an y muelen con leche condensada hasta hacer una pasta no muy espesa. En un molde se coloca el pan blanco frito y rocAi??a con el alcohol, luego se vierte la pasta de los patoles o garbanzos, se les aAi??ade un puAi??o de piAi??ones, nueces y coco rallado. Se coloca otra capa de pan y se realiza la misma operaciA?n, se deja enfriar y mete al refrigerador.

AsAi?? que para esta Ai??poca de Cuaresma: A?buen apetito!

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Francisco DurA?n, Guadalupe Villa

 

 

 

 

El rebozo en MAi??xico durante los siglos XIX y XX

Ariana MartAi??nez Otero -Ai??Facultad de FilosofAi??a y Letras, UNAM

En revistaAi??BiCentenario.Ai??El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m.Ai??15.

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El rebozo, prenda de forma rectangular, larga y tejida con hilos de seda, algodA?n o una combinaciA?n de estos materiales, ha sido indispensable para muchas mujeres a lo largo yAi??ancho del paAi??s durante gran parte del periodo colonial y los siglos XIX al XXI.

Su origen se remonta a Persia e India, de dA?nde llegA? a MAi??xico vAi??a EspaAi??a; es mA?s, la palabraAi??chal deriva de xal, manto con que se cubrAi??an los sacerdotes persas. Se dice que fueron los A?rabes quienes lo introdujeron a la penAi??nsula el rebociAi??o ai??i??02toca blanca de un lienzo tenue, ceAi??ido a la cabeza y el rostro femenino, que a veces caAi??a sobre los hombros o el pechoai??i??; yAi??tambiAi??n que procede del ayate prehispA?nico. El hecho es que en nuestro paAi??s el chal se convirtiA? en rebozo, vocablo que viene de arrebozarse o sea, cubrirse el rostro con una capa o manto.

En las novelas del siglo XIX existen extraordinarias descripciones de las costumbres y vestimenta femenilAi??mexicana, lo cual se aprecia a partir de los personajes que cobran vida en ellas. Un ejemplo apareceAi??en El fistol del diablo, de Manuel Payno:

Arturo volviA? la cara y se encontrA? con una mujer tapada con un rebozo y unas enaguas blancas y delgadas, cuya vejez, aAi??pesar de su aseo, se podAi??a notar. [...] La muchacha, con uno de esos movimientos admirables y divinos de pudor, cubriA? un poco mA?s su cara y sA?lo dejA? contemplar al joven dos hermosos y apacibles ojos azules.

03El rebozo es una prenda cuyo uso no distinguAi??a clase social, siendo utilizado tanto por mujeres adineradas que seguAi??an la moda del momento, como por aquellas cuya condiciA?n econA?mica no era tan favorecida. TambiAi??n podAi??a recibir un mal uso. Fanny CalderA?n de la Barca cuenta como

El rebozo mismo, tan gracioso y adecuado, tiene el inconveniente de ser la prenda mA?s a propA?sito, hasta ahora inventada, para encubrir todas las suciedades, los despeinados cabellos y los andrajos. Aun en las mejores clases contribuye al disimulo del desaliAi??o en el vestir, pero en el pueblo el efecto es intolerable.

0406El uso generalizado del rebozo mantuvo esta prenda como una de las mercancAi??as textiles mA?s demandadas por la poblaciA?n a lo largo del siglo XIX. Se le podAi??a encontrar en las tiendas de telas en los portales, pero tambiAi??n en los mercados y con los vendedores ambulantes. El rebozo servAi??a para que las mujeres cubrieran su cabeza alAi??asistir a misa, para protegerse de la lluvia o el viento o simplemente de la vista de quienes andaban los pueblos o las ciudades, como una forma deAi??recato. Se empleaba tambiAi??n como cuna infantil: los niAi??os iban sujetos y abrigados a la espalda de sus madres, mientras Ai??stas se atareaban. Era canasto improvisado para transportar verduras o cachivaches o asiento de los canastos repletos de fruta e incluso cobija con que se tapaban las ollas de los tamales ubicadas en las esquinas de las calles. De igualAi??forma podAi??a llevarse como adorno sobre el pecho.

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A dichos usos, habrAi??a de aAi??adirse el que se le dio durante la revoluciA?n mexicana, pues las mujeresAi??que acompaAi??aban a las tropas federales o insurrectas y se conocAi??an como soldaderas 07empleaban el rebozo para cargar alimentos o municiones y distribuirlas entre los hombres.Ai??LesAi??servAi??a ademA?s para cubrir su condiciA?n materna y aparentemente frA?gil, y a la vez para portar un rifle y acudir al campo de batalla. A veces lo aprovechaba para curar heridas y hasta como mortaja.

08La tradiciA?n del rebozo, manto de historia, perdura hasta hoy. Si bien su uso ha disminuido en comparaciA?n con los siglos precedentes, todavAi??a es visto entre las mujeres que venden artAi??culos en los cruceros de las grandes avenidas, o en aquellas cuyos ingresos son mayores y los destinan a ocasiones especiales.

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Todo esto nos permite considerar el rebozo como la prenda femenina mexicana por excelencia. Sus funcionesAi??y la forma de llevarlo sA?lo tienen por lAi??mite la imaginaciA?n de su portadora.

Actualmente, hay varios centros reboceros en el paAi??s. Los mA?s conocidos son: Santa MarAi??a del RAi??o, en San LuisAi??PotosAi??, famoso por sus rebozos de seda; Tenancingo, especializado en el rebozo de algodA?n fino, y Tejupilco, ambos en el estado de MAi??xico; Zamora y TangancAi??cuaro, en MichoacA?n; MoroleA?n, Guanajuato, y Chilapa, Guerrero.

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A?BatallA?n Olimpia; no disparen!

Diana GuillAi??n -Ai??Instituto Mora

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 3.

Sin tAi??tulo

Tan sA?lo ha habido dos revoluciones mundiales. La primera se produjo en 1848. La segunda en 1968. Ambas constituyeron un fracaso histA?rico. Ambas transformaron el mundo. El hecho de que ninguna de las dos estuviese planeada y fueran espontA?neas en el sentido profundo del tAi??rmino, explica ambas circunstancias: el hecho de que fracasaran y el hecho de que transformaran el mundo.

Imanmanuel Wallerstein

Un porcentaje importante de aquellos integrantes de la clase media que en el 68 Ai??ramos demasiado jA?venes para entender a cabalidad lo que estaba sucediendo, pero que tenAi??amos la edad suficiente como para percibir que la sociedad de la que formA?bamos parte se estremecAi??a, hemos traspasado ya el medio siglo de vida. Hace cuarenta aAi??os nuestro umbral era el inminente ingreso a la secundaria y buena parte de las preocupaciones giraban alrededor del ansiado y a la vez complejo trA?nsito hacia la adolescencia; unos pocos de entre nosotros estaban mA?s conscientes de la magnitud de la lucha que se libraba en las esferas pA?blica y privada, para transformar inercias que iban mA?s allA? del autoritarismo estatal. sin embargo, me atreverAi??a a decir que la gran mayorAi??a acusamos recibo de lo sucedido tiempo despuAi??s.

Sin tAi??tuloHoy por hoy, la alternativa de repensar los procesos que tuvieron lugar en MAi??xico de manera retrospectiva, pero a la vez recuperando recuerdos y sensaciones escondidos en la memoria, constituye un reto que propongo enfrentar mediante un recuento del movimiento estudiantil, que no se circunscriba a lo que las miradas desde la sociologAi??a o desde la historia pudieran apuntar; se trata mA?s bien de incorporar una perspectiva personal y, sin rehuir a la subjetividad que este posicionamiento implica, tratar de entender quAi?? pasA? y cuA?les fueron los saldos para nuestro paAi??s de esa revoluciA?n que en distintas partes del mundo marcA? el trA?nsito hacia nuevas formas de imaginar y vivir las normas sociales.

Tiempos de rupturaai??i??

Hablar de juventud y hablar de rebeldAi??a es casi un pleonasmo. El impulso al cambio y la bA?squeda de nuevos caminos encuentran terreno fAi??rtil en la etapa previa a una adultez que, por lo general, implica mayor estabilidad. Si hubiese leyes de la vida, podrAi??amos incluir como parte de las mismas esta dinA?mica generacional, diversa en cuanto a sus manifestaciones, pero con un eje comA?n que se repite a lo largo del tiempo: el cuestionamiento de los jA?venes hacia el status quo. Parte de lo sucedido en 1968 tiene su origen en las expresiones de rebeldAi??a que la juventud de ese entonces diseminA? por distintos puntos del orbe, aunque la evoluciA?n, magnitud y saldos de los procesos que se desencadenaron, difAi??cilmente podrAi??an atribuirse sA?lo a una tendencia contestataria genAi??ticamente heredada para asegurar el equilibrio entre la continuidad y el cambio dentro de las sociedades. Si bien se ha insistido en el carA?cter espontA?neo de las movilizaciones que tomaron por asalto las calles de ciudades como Roma, ParAi??s, Londres, Washington o MAi??xico, y se ha identificado dentro de las mismas el espAi??ritu rebelde de los participantes, el deseo de romper ataduras, o el sentimiento antibAi??lico, todavAi??a siguen siendo insuficientes las explicaciones de por quAi?? en un lapso tan corto surgieron, dentro de culturas distintas, separadas en algunos casos por continentes y ocAi??anos enteros, formas de confrontaciA?n social tan similares.

Sin tAi??tulo

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