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7. La vida con Villa en la Hacienda del Canutillo

Guadalupe Villa / Instituto Mora

BiCentenario # 7

La dAi??cada en la que Francisco Villa y su gente se mantuvieron en pie de lucha tuvo su epAi??logo en el poblado de Sabinas, Coahuila, tras pactar con el gobierno de Adolfo de la Huerta el 28 de julio de 1920. En la llamada Acta de unificaciA?n al gobierno emanada del Plan de Agua Prieta, quedA? asentado que Villa deponAi??a las armas para retirarse a la vida privada; que el Ejecutivo de la UniA?n le cederAi??a en propiedad y con los requisitos legales, la hacienda de Canutillo, ubicada en el estado de Durango, lugar en el que fijarAi??a su residencia; el general contarAi??a con una escolta formada por 50 hombres de su confianza -dependientes de la secretarAi??a de Guerra y Marina-, cuyo A?nico objetivo serAi??a velar por su seguridad; a las demA?s personas que integraban su contingente se les otorgarAi??a el importe de un aAi??o de haberes, de acuerdo con su grado, y tierras en propiedad para dedicarse al trabajo.

Los tAi??rminos en los que se celebrA? el acta han sido interpretados desde distintos puntos de vista. Para algunos se tratA? de una rendiciA?n que otorgaba condiciones ventajosas a Villa, para otros, el pacto con el gobierno fue mA?s bien un armisticio que trajo como consecuencia el ofrecimiento espontA?neo de dotar de tierras de labranza a los excombatientes como la mejor manera de prevenir un nuevo alzamiento o la proliferaciA?n de gavillas de malhechores que, sin medios para subsistir, optaran por el bandidaje como modus vivendi.

Quienes pudieron ver la marcha rumbo a Canutillo afirmaron que parecAi??a mA?s un desfile triunfal que la postura de una guerrilla amnistiada: Villa y su gente ceAi??Ai??an pistolas al cinto y cananas cruzadas sobre el pecho. El general seguAi??a conservando la misma energAi??a de otros tiempos, lucAi??a fuerte y tostado por el sol.

De las experiencias de gente que conviviA? con Villa en la hacienda del Canutillo surge este intento de reconstruir la vida comunitaria entre 1920 y 1923.Para ello, se ha recurrido a diversas fuentes impresas y a una serie de entrevistas de historia oral con algunos testigos y partAi??cipes en esos hechos.Ai??

Guadalupe Villa GuerreroAi??

Captura de pantalla 2013-09-20 a las 19.47.55

El por quAi?? se eligiA? Canutillo nos lo cuenta Eustaquio, hijo de NicolA?s FernA?ndez ai??i??uno de los hombres mA?s cercanos al generalai??i??, quien viviA? en la hacienda:

ai???Fue un convenio que tuvo con el gobierno para que se estableciera el general Villa en el campo; que escogiera el lugar que le gustara mA?s, y escogiA? Canutillo porque es una hacienda que es muy difAi??cil que lleguen a atacarla, porque estA? colocada de tal manera que por donde quiera que vayan es defendible, hasta con poca genteai???ai??i??

En la Hacienda de Canutillo

La hacienda de la ConcepciA?n del Canutillo y anexas tenAi??a una extensiA?n aproximada de 87 mil hectA?reas, cruzadas de norte a sur por el rAi??o del Canutillo y regadas ademA?s por el rAi??o Florido y algunas corrientes de menor importancia. La propiedad comprendAi??a, ademA?s, las haciendas de Nieves y EspAi??ritu Santo, y los ranchos de VAi??a Excusada y San Antonio, que en conjunto formaban un solo predio ubicado en el partido de IndAi?? en el estado de Durango. IncluAi??a ademA?s el rancho Ojo Blanco, que se encontraba en el distrito Hidalgo en el estado de Chihuahua.

Al ocupar Villa la hacienda en el mismo aAi??o de 1920, se llevA? a vivir con Ai??l a sus hijos. SeAi??ala Eustaquio:

…ai???AgustAi??n, que era el mayor, Octavio, Samuel, y podrAi??a considerarse hijo tambiAi??n otro Samuel porque lo adoptA?, que era hijo del general Trinidad RodrAi??guez. AdemA?s Micaela, Celia, Juana MarAi??aai???ai??i??

Miguel Trillo lleva dos niAi??os a la escuela de Canutillo (ca. 1921)

Miguel Trillo lleva dos niAi??os a la escuela de Canutillo (ca. 1921)

Canutillo se convirtiA? -nos dice el mismo informante- en un pequeAi??o pueblo con su propia forma de gobierno y de organizaciA?n: habAi??a electricidad, correo, telAi??grafo, mAi??dico, escuela, carpinterAi??a, talabarterAi??a, zapaterAi??a, sastrerAi??a, molino, herrerAi??a y tienda, entre otras cosas. Los talabarteros, por ejemplo, tenAi??an que ayudar a conservar las 50 monturas de quienes componAi??an la escolta y atender la reparaciA?n de la maquinaria que habAi??a como trilladoras; herreros para hacer herraduras para caballos. Al general no le gustaba que salieran los caballos sin herradura, porque se les echaba a perder el casco.

Por lo que toca a la tienda, Francisco Gil PiAi??A?n dice:

ai???Mireai??i?? no se le podAi??a llamar ai???tienda de rayaai??i??, le voy a decir por quAi?? (a mAi?? me ponAi??an a despachar ahAi??): se le daba al peA?n lo que pedAi??a, se anotaba su nombre y todo, y a fin de cosecha, solamente se le descontaban los productos que tenAi??an que llevar desde Parral y a precio estrictamente de costo, como era azA?carai??i?? cafAi??, arroz, [lo] que no se producAi??a ahAi??; todo lo demA?s, eso ahAi?? se les dabaai??i??solamente [habAi??a] cosas de comidaai???.

Las actividades agrAi??colas de la hacienda encaminaron sus esfuerzos al cultivo de trigo, frijol y maAi??z. La maquinaria agrAi??cola se adquiriA? en la Casa Mayers de El Paso, Texas, aunque algo se obtuvo en Parral.

Cuentan que el general Villa se levantaba muy temprano, casi de madrugada, y se iba al campo a supervisar el trabajo. AllAi?? le informaban cA?mo iba la cosecha, quAi?? hacAi??an los campesinos, los leAi??adores, etcAi??tera. VolvAi??a a su casa para almorzar, a las nueve o diez de la maAi??ana. Villa coordinaba todas las actividades de Canutillo. Eustaquio FernA?ndez afirma que el general estaba en todo: en la educaciA?n, en la producciA?n, en la tienda, en las relaciones, en la polAi??tica.

ai???Ai??l les quitaba la yunta [a los campesinos] y se ponAi??a tambiAi??n a sembrar. SabAi??a sembrar, A?fAi??jese!, sabAi??a hacer surco, porque en los sembradores, he oAi??do yo que el que hace el surco derecho, sabe sembrarai???.

En la Hacienda de Canutillo

En la Hacienda de Canutillo

Sobrevivientes de aquella experiencia cuentan que al principio la situaciA?n fue difAi??cil, habAi??a poca comida y la tierra aA?n no rendAi??a los deseados frutos; pero cuando las cosechas empezaron a satisfacer las necesidades internas de la hacienda, se comenzA? a vender el excedente lo que permitiA? mejorar las condiciones de la gente.

En Canutillo habAi??a huertas donde se cultivaba chile, papas, cacahuate, camote, sandAi??a, melA?n y, aunque aisladamente, uno que otro nogal, cuyo producto servAi??a para satisfacer el consumo interno de la poblaciA?n, tambiAi??n tenAi??an animales de granja, como cerdos, borregos y ganado vacuno y caballar:

ai???Villa tenAi??a caballos angloA?rabes de registro, finAi??simos, que los trataban como si fueran niAi??osai??i?? los montaba el generalai??i?? el jefe de caporales, un arrendador que tenAi??a, y modestia aparte, su servidor [dice FernA?ndez] tenAi??an caballos que solamente se dejaban montar por Ai??l, eran de muy grande alzada, de muchAi??sima resistencia, el general pesaba como unos 100, 110 kilos, mA?s el equipo que lo acompaAi??aba, como era la montura, sus armas, sus espuelas, pues le daba un peso de 140, 150 kilos; sin embargo cuando iba a cortar ganado para vender en grande escala, ya fuera vacuno o equino, se tenAi??a que mover muy rA?pidamente en su caballo y le aguantabaai??i?? la corrida de todo el dAi??aai??i?? y el movimiento era trote y galope, trote y galopeai???ai??i??

En la Hacienda de Canutillo

En la Hacienda de Canutillo

Respecto a la vida cotidiana, Eustaquio FernA?ndez recuerda que:

…ai???en Canutillo tenAi??an una cocina [con] cuatro cocineros; ahAi?? comAi??an entre 25 a 30 personasai??i?? en la misma mesa [del general]ai??i?? se comAi??a dos veces al dAi??a, muy buena carne, verduras, arroz y otras cosasai??i?? dulces, fruta envasadaai??i?? El desayuno era entre ocho, nueve, nueve y media por ahAi?? asAi??, al medio dAi??a entre una a una y media. En la tarde era a las seis o sieteai??i?? El general no admitAi??a que si habAi??a una hora seAi??alada para comer fueran a comer despuAi??s o quisieran comer antesai???.

Respecto a su vida en familia, continA?a Eustaquio:

ai???Entonces la esposa de Villa era Luz Corral [quien permaneciA? en Canutillo hasta 1922]ai??i?? fue una dama con mucha distinciA?n, sin que por ello le faltaran energAi??as; tambiAi??n era un poco terminante en su manera de serai??i?? no aplicaba castigos, simplemente daba una reprimendaai??i??[El general] en sus horas que se podrAi??an llamar de ocio, ya cuando caAi??a el sol, nos ponAi??a a todos los que tuviAi??ramosai??i?? una voz mA?s o menos clara, a que leyAi??ramos distintos textos, sobre todo de tA?cticas militares y de historia. PreferAi??a la historia antigua, sAi??ai???.

SeAi??ala tambiAi??n que sus lecturas iban desde un Tesoro de la Juventud hasta las biografAi??as de grandes guerreros como Alejandro el Grande y NapoleA?n Bonaparte. TenAi??a organizada una pequeAi??a biblioteca particular, con libros de historia: ai???ai??i?? libros filosA?ficos, libros de sociologAi??aai???. Le gustaba mantenerse al dAi??a sobre el curso de la vida polAi??tica mexicana. Diariamente leAi??a o hacAi??a que su secretario Miguel Trillo le resumiera y comentase las principales noticias de la prensa.

Eustaquio destaca algunos rasgos del carA?cter de Villa:

ai???Era hombre rudo, temperamental, pero sencillo y leal; cuando tenAi??a razA?n era incansable, pero tenAi??a esta ventaja; tenAi??a un arranque fuerte con alguna persona o varias, al rato ya se disculpaba. Era frecuente ver al general acompaAi??ado de sus hijos; diariamente concurrAi??an los pequeAi??os a nadar en una acequia llena de agua que pasaba por la huerta. Todos sabAi??an nadarai??i?? las niAi??as tambiAi??nai??i?? Ai??bamos el sA?bado, el domingo, a montar, y si el general tenAi??a que salir al campo, lo acompaAi??A?bamos. AllAi?? [con sus hijos] muy pocas veces lo vi manifestarse con su carA?cter explosivo. Solamente cuando hacAi??an algo indebido entonces asAi?? se manifestaba; con sus hijos fue siempre bastante exigente, terminante, no aceptaba errores; inclusive visitaba casi todos los dAi??as, en el tiempo que tenAi??a, aunque fuera un cuarto de hora, a cada profesor para ver lo que estaban enseAi??ando, y se acompaAi??aba siempre de dos personas que tenAi??an mucho entendimiento en materia de enseAi??anzaai???.

Villa y Luz Corral

Villa y Luz Corral

AsAi?? como Villa logrA? implantar un nuevo sistema de vida para una porciA?n de campesinos, tambiAi??n insistiA? en mantener una actitud firme para desarraigar cualquier tipo de vicios, dando importancia fundamental a la educaciA?n. Factor, sin duda, determinante fue la carencia de escolaridad del propio Villa, de ahAi?? su interAi??s por establecer una escuela adecuada y lograr la alfabetizaciA?nAi??de todos los habitantes de Canutillo. Por tanto, consiguiA? que el gobierno federal enviara a un grupo de profesores, de los que en la Ai??poca vasconcelista se definieron como ai???misioneros culturalesai???, a quienes decAi??a:

ai???Mire, aquAi?? en Canutillo no se pierde nada, porque al que roba alguna cosa, lo fusilo. Persigo el vino porque mis hermanitos de raza, tan mal alimentados y tan poco responsables, cuando reciben su raya se van a la cantina y a su casa no llevan nada; asAi?? que los niAi??os hijos de mexicanos no tienen la oportunidad de educarse, por la falta de responsabilidad del padreai???… [TenAi??amos que trabajar para que la educaciA?n beneficiara a los niAi??os, hijos de los soldados que con Ai??l anduvieron en la RevoluciA?n].

La escuela de Canutillo se llamA? ai???Felipe A?ngelesai???; su director fue el profesor JesA?s Coello AvendaAi??o, a quien secundaron otros cinco profesores: Alfonso de Gortari, Varela, Ojeda, Rodolfo RodrAi??guez Escalera e Illarramendi, que se instalaron en una construcciA?n rA?stica, con un gran patio central y unas cuatro o cinco aulas en derredor. HabAi??a un salA?n de actos y una modesta biblioteca, que Villa iba enriqueciendo. Al inaugurar la escuela, expresa el profesor Coello, Villa le dijo:

Antonio y Miguel, hijos de Villa con Soledad SA?enz

Antonio y Miguel, hijos de Villa con Soledad SA?enz

ai???Vamos a abrir la escuela. Hay 250 niAi??os y van a venir mujeres a hacerle la comida a los niAi??os ai???[Porque la escuela de Canutillo, Durangoai??i??, fue la primera escuela de concentraciA?n que hace mA?s de cincuenta aAi??os se estableciA? en Canutilloai??i?? Porque los niAi??os que vivAi??an alrededor de Canutillo se reconcentraban en la hacienda y se dividAi??an viviendo en la casa de los demA?s compaAi??eros de ellos que vivAi??an en la hacienda, a los que les daban maAi??z, harina para hacer pan, es decir, los alimentaba, los vestAi??a yAi??los calzaba, a los niAi??osai??i?? entre los que figuraban los hijos de Ai??lai??i??AsistAi??an a ella tanto los hijos de los campesinos, antiguos revolucionarios, como niAi??os de lugares aledaAi??os. Por supuesto, la educaciA?n se impartAi??a gratuitamente. No sA?lo habAi??a un turno matutino, al que concurrAi??an estos niAi??os, sino tambiAi??n uno nocturno para instruir a los adultos que lo desearan. AsistAi??an los campesinos, los miembros de la escolta e incluso algunas mujeres. La escuela nocturna era una cosa que nosotros habAi??amos hecho por el deseo de incrementar la educaciA?nai??i?? A?Claro que ponAi??an atenciA?n! Esa gente, es gente despiertaai??i?? muy trabajadora].

Los profesores que llegaron a Canutillo se encontraron con un medio ambiente desconocido para ellos. Algunos de estos ai???misionerosai??? serAi??an mA?s adelante profesionistas destacados; pero todos, venidos de la capital, habAi??an oAi??do un sinfAi??n de historias sobre la revoluciA?n en el norte y muy especialmente sobre Villa. Aunque tuvieron la oportunidad de ir a otro lugar a enseAi??ar, les atrajo la posibilidad de vivir y compartir la experiencia de Canutillo.

Los profesores sA?lo dependAi??an del gobierno de la repA?blica para el pago de sus honorarios. Los sueldos variaban poco. El director de la escuela ganaba doce pesos diarios y los maestros diez. Eran sumas considerables para esa Ai??poca, si tomamos en cuenta que la hacienda les proporcionaba casa habitaciA?n, comida, lavado de ropa, armas para cazar, etcAi??tera.

ai???Los maestrosai??i?? vivAi??an en casas aparteai??i?? podAi??an ir a comer allAi?? (a la casa del general) cuando querAi??an, tenAi??an libertad para hacerlo; pero regularmente no iban porque no eran formales en ir a comer a las horas seAi??aladasai??i?? [sus casas] contaban con servicio de agua yai??i?? habAi??a en tramos escalonados letrinas muy bien hechas, de doble escalaai???ai??i??

Los profesores recuerdan que llegaron a tener de 25 a 30 mil pesos, ya que como no salAi??an de la hacienda, no tenAi??an gastos. A veces los profesores se trasladaban a la ciudad de MAi??xico, en plan de vacaciones, y entonces, Villa les daba de su peculio algo mA?s, considerando que iban a ai???un rancho grandeai???. Villa mostrA? siempre una actitud protectora hacia ellos por lo cual tratA? de gestionarles mejores salarios.

…ai???no estoy de acuerdo con los sueldos que ganan los profesores que atienden la escuela; el dAi??a que un maestro de escuela gane mA?s que un general, entonces se salvarA? MAi??xico. En consecuencia, quiero que le subas el sueldo a los maestros que atienden la escuela Felipe A?ngelesai???ai??i??

Se les concediA? entonces un aumento de 2 pesos a los maestros y de 8 al director. La hacienda proporcionaba el material escolar y en algunas ocasiones, muy esporA?dicas, recibAi??an algunas cosas de la SecretarAi??a de EducaciA?n PA?blica. La educaciA?n que se ofrecAi??a se basaba en la clA?sica tabla de materias de la primaria; se impartAi??a una educaciA?n de organizaciA?n completa, en la cual cada maestro tenAi??a un grupo distinto.

ai???Entonces no habAi??a el programa nacional, sino era fundamentalmente un tipo de programas: los de la ciudad y los de la SecretarAi??a de EducaciA?n y habAi??a programas de los estados; no estaba nacionalizada la enseAi??anza, habAi??a tendencia a nacionalizarseai??i?? cada estado tenAi??a sus programas, sus horarios, etcAi??teraai???.

De hecho, al llegar a Canutillo, los profesores tuvieron que desarrollar, de la nada, todo un sistema escolar. RodrAi??guez Escalera cuenta:

ai???Nosotros hicimos un ensayo en Canutillo dado que como fuimos producto mental o profesional de la RevoluciA?n, establecimos en la hacienda de Canutillo el gobierno escolar, asesorado por un maestro, donde los alumnos participaban, al nivel de la niAi??ez, en la marcha de la escuela. El gobierno escolar estaba integrado por un secretario general, electo por todos los alumnos de la escuela, con una representaciA?n de cada grado. Empezamos la escuela de acciA?n: la enseAi??anza derivada de la acciA?n; iba yo con los chicos donde querAi??an ir, Ai??bamos de cacerAi??a los fines de semana: venado, algA?n osoai??i?? y todo era enseAi??anzas. Era una libertad a base de convencimiento, a base de una acciA?n normal y espontA?nea del alumnado. CreAi??an los niAi??os que debAi??an cuidar su escuela, porque la consideraban como su casa. A la media hora de que entrA?ramos a clase ya sabAi??amos cuA?ntos habAi??an faltado, quiAi??-nes habAi??an faltado, y ya habAi??an ido a la casa (de los niAi??os) a ver por quAi?? habAi??an faltado. AsAi?? que hicimos un ensayo que nos dio maravilloso resultado, sin llegar a apapacharlos. Ai??ramos amigos de ellos, jugA?bamos con ellos, pero cuando decAi??amosAi??trabajar, A?a trabajar!ai???

No obstante ser Villa la autoridad mA?xima de la hacienda, permitAi??a que la escuela funcionara libremente. AsistAi??a con frecuencia a las aulas, sentA?ndose cerca de una ventana para observar las clases; le gustaban en especial las de canto y gimnasia. En sus ratos libres conversaba con los maestros y al igual que Ai??stos, manifestaba una seria preocupaciA?n por la desigualdad social. AsAi?? fue como Villa, segA?n refieren los maestros, conociA? algo de la ideologAi??a socialista del siglo XIX, que se difundAi??a en nuestro paAi??s.

ai???Nosotros ya conocAi??amos cosas sobre Marx, sobre Engels y sabAi??amos que la justicia social es fundamental para el desarrollo de los pueblos. Entonces nosotros hablA?bamos mucho de ese tipo de cosas, sin hablar de comunismo; sino hablA?bamos de los derechos del hombre, de las libertades y democracia y en contra de las dictaduras. Villa si oyA? hablar de Marx, por lo menos de las cosas que surgieron ahAi??, ese movimiento de 1917, donde se derrumbA? el zarismo y el pueblo ruso se morAi??a de hambreai??i?? SAi??, oyA? hablar de Marx, pero no lo mencionaba, lo llegA? a escuchar seguramente de labios nuestros, los profesores que platicA?bamos con Ai??lai???.

Algo comA?n a todos los entrevistados fue el deseo de referirse a la personalidad y caracterAi??sticas individuales del viejo luchador retirado. CoincidAi??an en afirmar que Villa poseAi??a una angustiada conciencia de justicia social. QuerAi??a ayudar a los pobres:

ai???Era una de las cosas quizA? que le protegiA? para que lo ayudara el pueblo, porque a todo el que era de clase humilde, a todos nos ayudaba cuando habAi??a forma de ayudarnosai???.

Tras la firma del armisticio en 1920 entre Villa y el general Eugenio MartAi??nez, representante del presidente Adolfo de la Huerta (Sabinas, Coah.)

Tras la firma del armisticio en 1920 entre Villa y el general Eugenio MartAi??nez, representante del presidente Adolfo de la Huerta (Sabinas, Coah.)

AsAi?? era la vida del Centauro del Norte en Canutillo hasta el 20 de julio de 1923, en que con clara intuiciA?n presintiA? su muerte. Generalmente sus visitas a Parral pasaban inadvertidas; pero ese dAi??a fue a despedirse de los maestros, diciendo: ai???Parral me gusta hasta para morirmeai??i?? quiAi??n me puede asegurar que no sea la A?ltima vez que nos veamosai???. A las cuatro de la tarde de ese dAi??a, los maestros recibieron la noticia, mediante un telegrama fechado en Hidalgo del Parral, que Villa habAi??a sido asesinado.

ai???Se produjo un estado de confusiA?n general en la hacienda. Porque las gentes de la escolta no sabAi??an. Unos habAi??an salido con Ai??l, incluso los habAi??an asesinado allAi??ai??i?? Se temAi??a que fueran a atacar la hacienda. Todos se enteraron, esa gente sabe enfrentarse con valor a todo; no hubo histerias ni nada, tomaron precauciones y a esperar a ver que iba a pasar. A nosotros nos comunicaron a las cuatro y media de la tarde. Entonces nos movilizamos, le mandamos hablar al general NicolA?s FernA?ndez; asumiA? el mando y ya se reconcentraron las gentes que estaban en Torreoncillo, TorreA?n de CaAi??as, la hacienda CarreteAi??a y ya se comenzaron a armar. [El general NicolA?s FernA?ndez]ai??i?? estuvo en Canutillo varios dAi??as porque esperabanai??i?? pues que los fueran a atacar; pero no, no hubo tal cosa; entonces ahAi?? se organizaron para levantarse en armas otra vezai???ai??i??

A la muerte de Villa siguiA? otro movimiento armado, la rebeliA?n delahuertista. Muchos exvillistas, quizA? confundidos, entremezclando sentimientos de venganza con deseos de saldar una deuda moral, se incorporaron a la contienda perdiendo asAi?? las tierras por las que tanto habAi??an luchado.

Con la muerte del jefe, un largo pleito judicial motivado por la herencia del general puso punto final a la incertidumbre que se tenAi??a con respecto al destino de la propiedad. La escuela y la hacienda pasaron a poder del gobierno. Todo lo que habAi??a en la hacienda lo incautA? el gobierno. Las tierras se repartieron entre ejidatarios y el casco fue convertido en museo de sitio.

 

PARA SABER MA?S:

Luz Corral de Villa, Pancho Villa en la intimidad, Chihuahua, Centro Librero La Prensa, 1977.

Guadalupe Villa, Charlas de cafAi?? conai??i?? Pancho Villa, MAi??xico, Ramdom House Mondadori, 2009.

Rosa Helia Villa, Itinerario de una pasiA?n. Los amores de mi general, MAi??xico, Punto de Lectura, 2008.

Las diversas entrevistas utilizadas para el artAi??culo forman parte del Archivo de la Palabra del Instituto Mora:

Entrevista al seAi??or Francisco Gil PiAi??A?n, realizada por Alicia Olivera de Bonfil y Eugenia Meyer, el 3 de agosto de 1972 en Chihuahua, Chih., PHO/1/9.

Entrevista al doctor Alfonso de Gortari, realizada por MarAi??a Isabel Souza, el 10 de agosto de 1973 en la Ciudad de MAi??xico, PHO/1/90.

Entrevista al profesor JesA?s Coello, realizada por MarAi??a Alba Pastor, el 27 de octubre de 1973 en Chihuahua, Chi., PHO/1/117.

Entrevista al profesor Rodolfo RodrAi??guez Escalera, realizada por Ximena SepA?lveda el 4 de julio de 1974 en TorreA?n, Coah., PHO/1/161.

Entrevista al seAi??or Eustaquio FernA?ndez, realizada por Guadalupe Villa, el 3 de septiembre de 1983 en Ciudad Lerdo, Durango, PHO/1/226.

Los niAi??os en el festejo del Centenario de la ConsumaciA?n de la Independencia

Mercedes AlanAi??s / Instituto Mora

BiCentenario #6

Teniendo la naciA?n niAi??os sanosAi??y vigorosos, podrA? contarAi??en el futuro con ciudadanosAi??capaces de prestarle los mayores serviciosAi??

CadaAi??sociedad y cada Ai??poca han delineado su visiA?n acerca de los niAi??os. Los discursos y las imA?genes que nos han llegado son testimoniosAi??que dan cuenta de cA?mo los adultos de otro tiempo dotaron de significados a los infantes y cA?mo los han incorporado a la dinA?mica social. En las primeras dAi??cadas del siglo xx en los paAi??ses occidentales se generA? un creciente interAi??s por la infancia, que se vio reflejado en buena medida por el impulso en el sistema escolar y la prA?ctica mAi??dica; algunos de los espacios desde los cuA?les se fue moldeando una concepciA?n de la niAi??ez.

Captura de pantalla 2013-09-20 a las 18.18.55La disminuciA?n de los altos Ai??ndices de mortandad infantil, la desnutriciA?n y el analfabetismo; la regulaciA?n del trabajo a temprana edad, mejorar las escasas condiciones salubres en que se encontraban cientos y cientos de niAi??os, muchos de ellos abandonados a su suerte, sobre todo cuando se atravesaba por un conflicto armado; fueron preocupaciones que animaron a los gobiernos a emprender acciones que mejoraran las condiciones de vida de aquellos que se convertirAi??an en futuros ciudadanos. Este complejo proceso se puede mirar desde el MAi??xico posrevolucionario. El arribo de A?lvaro ObregA?n a la presidencia promoviA? un proceso de reconstrucciA?n nacional, una vez que se dio por acabada la lucha en armas. Una de sus inquietudes fue mejorar las condiciones de salud y alfabetizaciA?n de la poblaciA?n desvalida, cuestiones que quedaron plasmadas en la ConstituciA?n de 1917; a la vez de que se inculcaron valores morales y cAi??vicos, de manera particular en los niAi??os.

En este contexto, en 1921 el gobierno de ObregA?n llevA? a cabo los festejos del centenario de la consumaciA?n de la Independencia. Por este motivo el presidente solicitA? por oficio del 7 de mayo de ese aAi??o que todas las secretarAi??as de Estado y departamentos gubernamentales organizaran diferentes actividades que dieran forma a un amplio programa de eventos acordes a la conmemoraciA?n, que se debAi??an destacar por tener ai???un carA?cter netamente popular y nacionalai???; es decir, que todas las clases sociales participaran y disfrutaran de las festividades sin distinciones. Acorde con este sentir se invitA? a la poblaciA?n de la Ciudad de MAi??xico a engalanar las fachadas de sus domicilios o establecimientos y unirse a la celebraciA?n que dio inicio el 8 de septiembre en Ai??el teatro Esperanza Iris. Acto que fue seguido por juegos florales,

concursos populares como ai???la india bonitaai???; artAi??sticos como ai???los volcanes de MAi??xicoai???, e histA?ricos como el torneo sobre AgustAi??n de Iturbide. Esto sin dejar de lado el concurso hAi??pico, diversas recepciones oficiales, quermeses, bailes, la inauguraciA?n de un parque de juegos para niAi??os por parte de la colonia americana; la instalaciA?n de candelabros en la calle de capuchinas por parte de la comunidad libanesa y la del reloj monumental de Bucareli por parte de la comunidad china.

El presente relato muestra uno de los festejos ai???mA?s trascendentales del programa oficial de festejosAi??del centenarioai??? -segA?n testimonios de la Ai??poca- y que el tiempo ha dejado en el olvido. Se tratA? de un evento organizado por el Departamento de Salubridad PA?blica en la Ciudad de MAi??xico que girA? en torno a la figura del niAi??o. Tras trabajar tres meses en los preparativos de un proyecto que resultara ai???eficiente y econA?micoai???, que fue sometido a la consideraciA?n y aprobaciA?n del consejo de ministros, y la solicitud de un presupuesto que oscilA? entre 50 000 y 100 000 pesos para su realizaciA?n, del domingo 11 al sA?bado 17 de septiembre se llevA? a cabo la Semana delAi??niAi??o. Organizada por el Departamento de Salubridad PA?blica, con motivo de la celebraciA?n del primer centenario de la consumaciA?n de la Independencia. Se trataba de un evento a favor de la higiene y el bienestar de la infancia; elementos vitales si se querAi??a que la patria contara con futuros ciudadanos saludables que velaran por su integridad.

La semana del niAi??oAi??

Para principios de la dAi??cada de 1920, los mAi??dicos mexicanos opinaban que ai???en todos los paAi??ses cultos, la salud y educaciA?n del niAi??o son motivo de preferente y constante preocupaciA?n tanto para los pueblos como para los gobiernos.ai??? La idea era que ai???el niAi??o de hoy serAi??a el hombre del maAi??ana;ai??? por lo tanto, al representar a las generaciones futuras, habAi??a que procurar una niAi??ez sana que asegurara el porvenir de la humanidad. Los mAi??dicos sostenAi??an que las sociedades que mA?s se habAi??an distinguido por sus adelantos eran las que mA?s se habAi??an preocupado por mejorar las condiciones fAi??sicas, morales e intelectuales de sus hijos; es decir, las que habAi??an sabido acatar los principales preceptos de la higiene y, por tanto, las disposiciones sanitarias de las autoridades. Por tal razA?n, sustentaban la idea de que ai???la salud era la condiciA?n primordial para todo orden y perfeccionamiento.ai???

Acorde con este pensamiento, el Departamento de Salubridad PA?blica actuaba para que los mexicanos estuvieran sanos y con ello lograr unAi??paAi??s ai???fuerte y progresista;ai??? asAi?? que se considerA? que la mejor manera de conmemorar el centenario de la consumaciA?n de la Independencia era organizar una serie de festejos que hicieran una intensa propaganda relacionada con la salud y el cuidado de los niAi??os. La preocupaciA?n central de las autoridades del Departamento fue que trascendieran el simple festejo vistoso para dejar algo mA?s que un recuerdo en los asistentes; el eje debAi??a ser una campaAi??a de educaciA?n higiAi??nica significativa que se reflejara en el quehacer cotidiano de los asistentes.

MAi??dicos como Gabriel Malda, jefe del Departamento de Salubridad PA?blica, y Alfonso Pruneda, vocal del mismo e higienista importante, se apresuraron a organizar el evento pues estaban convencidos de que era urgente trabajar en lo que consideraron la acciA?n mA?s importante, conseguir el bienestar del niAi??o. El Dr. Malda expuso en su emotivo discurso inaugural de la semana del niAi??o que: ai???Este nA?mero de nuestro centenario que se ha designado con el calificativo de semana del niAi??o tiene que fijar nuestra atenciA?n, no sA?lo para el presente, sino en la repercusiA?n haciaAi??un futuro. Considero esta inauguraciA?n patrocinada por nuestro primer mandatario, como algo muy grandioso, que va a prodigar caricias a la miseria y robustez a la patria.ai???

El programaAi??

Para la realizaciA?n de los eventos que se llevarAi??an a cabo en esa semana, distintas instancias gubernamentales y particulares proporcionaron los recursos necesarios para que se proyectaran en los cinematA?grafos vistas fijas y pelAi??culas alusivas a la infancia; ademA?s de que se consiguiA? que las principales casas comerciales de la ciudad arreglaran uno o mA?s aparadores en los cuA?les exhibieran objetos relacionados con el bienestar de los niAi??os. Para la difusiA?n del festejo, se buscaron medios de propaganda, principalmente notas relativas a la infancia que aparecieron en distintos diarios de la capital como El Universal.

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El Departamento de Salubridad PA?blica, en Paseo de la Reforma 93, se abriA? al pA?blico de las 9:00 a las 12:00 y de las 16:00 a las 19:00 hrs. El programa comenzA? el domingo 11 a las 17:00 hrs. con la solemne inauguraciA?n a cargo del Dr. Gabriel Malda, pues el presidente ObregA?n no pudo asistir. Entre laAi??concurrencia al evento estaban Manuel MalbrA?n, embajador especial de Argentina; Luis Felipe ObregA?n, enviado extraordinario de Guatemala; K. T. Ouang, embajador especial de China; capitA?n Bartolo Klinger, attachAi?? de la misiA?n de Brasil; el Sr. Enrique Bordes Mangel, presidente de la CA?mara de Diputados; numerosos mAi??dicos y los vocales del Consejo de Salubridad General, entre otros.

Se adaptaron diversos espacios en el local del Departamento de Salubridad para que los niAi??os que acudieran tuvieran un lugar adecuado para jugar. Por su lado, los adultos recorrerAi??an la exposiciA?n, en la que se mostraban los cuidados que los niAi??os recibAi??an en paAi??ses como Nueva Zelanda, Estados Unidos e Inglaterra. TambiAi??n podAi??an asistir a las conferencias dadas por los mAi??dicos, pasar por la oficina de informaciA?n y a las exhibiciones para las madres y los padres; a Ai??stos se les exhortA? acerca de sus deberes como ciudadanos, sus obligaciones con respecto al bienestar de las madres y los niAi??os y los cuidados que debAi??an tener con sus esposas durante la gestaciA?n. Aunado a esto, se distribuyeron entre los asistentes diversos folletos informativos sobre salud infantil y calendarios para el aAi??o de 1922, por medio de los cuales se difundiA? propaganda relacionada con la higiene de la infancia. Uno de los folletos mA?s difundidos fue: ai???El niAi??o. Folleto para uso de las madres mexicanas sobre el cuidado que reclama la salud y perfecto desarrollo de la infancia.ai???

Como se puede apreciar, la higiene fue el tema principal en todas las actividades de la semana. De hecho los mAi??dicos la llamaron ai???la fiesta de la higieneai??? y algunos de ellos, como JoaquAi??n Izquierdo, Rafael Carrillo, Ernesto A. GonzA?lez Tejeda, Gustavo Baz y Juan JosAi?? Bada, entre otros, impartieron conferencias acerca de las condiciones en que debAi??an estar los esposos para tener hijos sanos; los preparativos para que en un parto no corrieran peligro la vida de la madre ni del niAi??o; cuidados con los reciAi??n nacidos, la alimentaciA?n infantil en diversas etapas; el destete, el vestido y la habitaciA?n, el llanto, el cuidado de los dientes y los cuidados que debAi??an observarse durante enfermedades contagiosas.

Sumado a lo anterior, se realizaron pequeAi??as fiestas literario musicales en otros espacios, como las escuelas primarias dependientes de la Universidad y del Ayuntamiento, y se difundiA? un reglamento para niAi??os en el que se explicaban las prA?cticas de la higiene y, ademA?s de folletos ilustrados, se les obsequiaron cepillos para el cuidado dental. TambiAi??n se organizaron eventos complementarios. El primero fue el ai???dAi??a de la banderaai???, que consistiA? en distinguir con una bandera las casas en que se sabAi??a que habAi??a un reciAi??n nacido para que miembros del Departamento de Salubridad acudieran y brindaran informaciA?n sobre los cuidados para los reciAi??n nacidos. Otro evento fue la visita a diversos establecimientos infantiles de la Beneficencia, tales como la Casa de Cuna, la Casa de niAi??os expA?sitos, la Casa amiga de la obrera y la Sociedad protectora del niAi??o, con el fin de que diversos funcionarios, miembros de la alta sociedad y el pA?blico en general conociera las actividades que allAi?? se desarrollaban y se interesaran por ayudarlas.

A lo anterior, se sumA? el ai???dAi??a de los padresai???, que consistiA? en una fiesta infantil al aire libre dedicada exclusivamente a los niAi??os pobres, similar a la que la esposa del presidente habAi??a organizado en diciembre del aAi??o anterior. TambiAi??n se celebrA? el ai???dAi??a de las madresai???, que consistiA? en la realizaciA?n de una fiesta para aquellas que se encontraban recluidas en maternidades o en establecimientosAi??de la Beneficencia. AdemA?s, se hizo una declaraciA?n sobre los derechos de los niAi??os y un reconocimiento a las madres que llevaron a sus hijos al Departamento y los mAi??dicos los consideraron como ai???modelos de salud.ai??? Eventos que intentaron abarcar a diversos sectores de la poblaciA?n infantil y mostrar que el gobierno estaba atendiendo a los grupos desvalidos.

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Otras dos actividades fueron apoyadas de manera especial: la campaAi??a del registro civil y la de vacunaciA?n infantil. Se animA? a los padres a que dieran importancia a la obligaciA?n que tenAi??an de presentar a sus hijos ante el registro civil. A los niAi??os que fueron registrados durante el evento se les otorgA? un certificado especial y un diploma firmado por el presidente. Para la campaAi??a de vacunaciA?n se necesitA? de una propaganda intensa, pues a pesar de la difusiA?n de la importancia de las vacunas para preservar la vida y la salud de los niAi??os, la poblaciA?n se resistAi??a a que sus hijos fueran inoculados.

Uno de los actos mA?s llamativos de la celebraciA?n fue la procesiA?n infantil, en la que los niAi??os fueron el centro de las miradas; algo que no se habAi??a visto con anterioridad en la Ciudad de MAi??xico. Para lograr una amplia difusiA?n del ai???original y simpA?tico desfileai??? se solicitA? a la prensa que difundiera la noticia, se colocaron cartulinas en los aparadores de las principales casas comerciales de la ciudad e incluso se hicieron anuncios especiales que fueron arrojados desde varios aeroplanos de la Escuela Nacional de AviaciA?n.

VariasAi??secretarAi??as, algunas instituciones, funcionarios pA?blicos, junto con particulares, pusieron a disposiciA?n del comitAi?? organizador de la semana del niAi??o, camiones y automA?viles que se unieron a los que fueron alquilados y dieron ocasiA?n para que ai???millares de chiquillos en franca y alegre promiscuidadai??? -tal como comentA? la prensa- ai???pasearan en plena felicidad por las principales avenidas de la ciudadai???. AsAi??, a las 11 de la maAi??ana del martes partiA? de Paseo de la Reforma 93 una procesiA?n de cerca de 500 automA?viles y camiones en los cuales iban alrededor de 5 000 niAi??os y niAi??as de distintas edades de todas las clases sociales al cuidado de enfermeras de las Cruces Roja y Blanca y damas distinguidas. Algunos de los niAi??os que tomaron parte del desfile fueron los hijos de las familias Pani, de Algara, Pruneda, MondragA?n, Meneses y Malda.

Los automA?viles y camiones recorrieron la ciudad acompaAi??ados de algunas bandas de mA?sica y llevaron cartelones y banderolas con inscripciones llamativas sobre el bienestar de la infancia. El desfile fue organizado por los Dr.es Malda y Pruneda, quienes personalmente dispusieron el orden de la procesiA?n, que fue seguida de cerca por numerosas familias y curiosos. Al frente iba la caballerAi??a proporcionadaAi??por el jefe de la guarniciA?n de la plaza, la seguAi??a una banda de mA?sica, despuAi??s una larga fila de automA?viles encabezados por dos grandes camiones en los que iban los niAi??os del Hospicio de pobres, a continuaciA?n seguAi??a otra gran hilera de autos con una banda de mA?sica al frente y otras dos intermedias donde iban el resto de los pequeAi??os.

La procesiA?n que partiA? del tramo de Reforma que estA? entre la estatua de ColA?n y la glorieta, dio vuelta por Ai??sta hacia la estatua de Carlos iv, siguiA? por las avenidas JuA?rez y Francisco I. Madero hasta rodear la Plaza de la ConstituciA?n, para proseguir por el lado poniente de la catedral y dar vuelta por avenida 5 de mayo, continuA? por la calle del teatro nacional y entrA? de nuevo a la avenida JuA?rez, para llegar finalmente al punto de partida. Muchas familias que ocupaban los balcones de la avenida Madero, arrojaron al paso de ai???los graciosos chiquillosai??? flores, serpentinas y confeti. Al tAi??rmino del desfile los niAi??os tuvieron una convivencia en las instalaciones del Departamento de Salubridad y disfrutaron de dulces, helados y pasteles ofrecidos por las autoridades y damas de la sociedad.

El creciente interAi??s por los niAi??osAi??

La semana del niAi??o habAi??a tenido una asistencia concurrida y en opiniA?n de las autoridades del Departamento de Salubridad PA?blica cumpliA? su objetivo. Se calculA? la visita de cerca de 60,000 personas, mientras que diarios como El Universal hablaron acerca del ai???extraordinario fenA?meno social al que acudieron millares y millares de hombres y mujeres de todas las edades y clases.ai??? El Dr. Alfonso Pruneda ofreciA? un discurso en la ceremonia de clausura, en el que afirmA? que 1921 serAi??a recordado como el ai???aAi??o del niAi??oai??? pues se estaban llevando a cabo acciones en pro del bienestar de la infancia de gran trascendencia y ai???sin precedentes en nuestra patria.ai??? Esta semana fue una celebraciA?n que se sumA? a los trabajos que los mAi??dicos estaban realizando en su quehacer cotidiano para reflexionar y articular acciones en favor de la niAi??ez mexicana.

En la prensa capitalina aparecieron diversas notas que elogiaron el evento. Se mencionA? que ai???la importancia y hermosura de estos festejos patriA?ticos apenas si necesitan comentario.ai??? AA?n asAi??, ai???El Universalai??? comentA? que ai???entre la multitud de actos, ceremonias y fiestas destinadas a conmemorar el primer centenario de la consumaciA?n de la Independencia, no podAi??a haberse imaginado algo tan inmediatamente A?til, y a la vez tan hermosa y trascendentalmente patriA?ticoai??? como la semana del niAi??o. SeAi??alA? que en el marco del centenario de la Independencia contribuAi??a a demostrar que la defensa y la protecciA?n de la infancia favorecerAi??an al engrandecimiento de la naciA?n.

Las palabras del Dr. Gabriel Malda en la clausura enfatizaron que la celebraciA?n destacA? una labor primordial del Departamento de Salubridad, cuya mira fue hacer un llamado a toda la RepA?blica para que se preocupara por los cuidados de los infantes. Se trataba de ai???sembrar hoy para que otro recoja maAi??ana.ai??? ConcluyA? expresando que:Ai??Cuando los aAi??os pasen y se dirija una mirada retrospectiva a los libros de nuestra historia, se encontrarA? que en este centenario hubo un gobierno que pensA? en un mA?s allA?. Se me representan enAi??estos momentos -como una visiA?n luminosa- los ciudadanos de esos tiempos, padres ya, con sus niAi??os sentados en las piernas, acariciA?ndolos y enseAi??A?ndoles a prodigar al que hoy es nuestro primer mandatario, la palabra mA?s bella que se ha escrito en el lenguaje humano: gratitud.

Las palabras del Dr. Malda fueron aceradas. 1921 dio inicio a una serie de acciones de los gobiernos posrevolucionarios en favor de la infancia. Ese aAi??o se realizA? el Primer Congreso Mexicano del NiAi??o, patrocinado por el Ing. FAi??lix Palavicini, director de El Universal, y que reuniA? a numerosos mAi??dicos, abogados y profesores a exponer su opiniA?n sobre el estado en que vivAi??an los niAi??os mexicanos asAi?? como las acciones que juzgaban precisas para reducir los altos Ai??ndices de mortandad, mejorar la alimentaciA?n, los hA?bitos de higiene y la educaciA?n y generar leyes adecuadas. Dos aAi??os despuAi??s se celebrA? el Segundo Congreso Mexicano del NiAi??o, y en la dAi??cada de 1930 se sucedieron el VII Congreso Panamericano del NiAi??o y el Primer Congreso Mexicano de PediatrAi??a. En estos foros se prosiguiA? el intercambio de opiniones sobre la niAi??ez y propuestas para mejorar su atenciA?n, lo cual se tradujo en campaAi??as educativas, la formaciA?n de Centros de Higiene Infantil, la Junta Federal de ProtecciA?n a la Infancia, el Departamento de PsicopedagogAi??a e Higiene Infantil, el Tribunal para Menores y la AsociaciA?n Nacional de ProtecciA?n a la Infancia.

A la vez diversas organizaciones adoptaron diversas funciones en torno al niAi??o, como la Sociedad Mexicana de Puericultura y despuAi??s la de PediatrAi??a que difundieron sus escritos y actividades con diversas publicaciones. Esto, sin dejar de lado las acciones cotidianas en diversos establecimientos tanto del Departamento de Salubridad PA?blica, como de la Beneficencia PA?blica y la Privada, a fin de mejorar las condiciones de vida de la ai???niAi??ez desvalidaai???, y que en muchas ocasiones fueron difundidas y elogiadas por la prensa capitalina y diversas publicaciones oficiales. AsAi??, la semana del niAi??o puede ser vista como el testimonio de una Ai??poca de reconstrucciA?n nacional que, entre otros rubros de interAi??s general, prestA? creciente atenciA?n a la infancia inculcA?ndole valores cAi??vicos que sirvieron para exaltar los momentos relevantes de la historia patria, como fue el caso del Centenario de la Independencia. Esto invita a reflexionar acerca de las condiciones actuales de nuestros niAi??os y, s bien, podemos ver los avances en el campo de la salud o la educaciA?n, la realidad que aA?n falta mucho por abarcar a todos los niAi??os mexicanos.

PARA SABER MA?SAi??

Alberto del Castillo Troncoso, Conceptos, imA?genes y representaciones de la niAi??ez en la ciudad de MAi??xico 1880-1920, MAi??xico, Instituto Mora/ El Colegio de MAi??xico, 2006.

Antonio Padilla Arroyo, La infancia en los siglos xix y xx. Discursos e imA?genes, espacios y prA?cticas, MAi??xico, Casa Juan Pablos, 2008.

Beatriz Alcubierre y Tania CarreAi??o, Los niAi??os villistas. Una mirada a la historia de la infancia en MAi??xico, 1900-1920, MAi??xico, INEHRM, 1996.

Eugenia Meyer, NiAi??os de ayer, niAi??os de hoy, MAi??xico Lumen, 2008.

Ignacio A?vila Cisneros et al., Historia de la pediatrAi??a en MAi??xico, MAi??xico, Fondo de Cultura EconA?mica, 1997.

Julia López. La modelo mulata que deslumbraba a pintores y escultores

Laura Suárez de la Torre
Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm.  20.

A los 13 aAi??os supo que querAi??a labrar su propio futuro. DejA? el campo para enAi??poco tiempo llegar al D.F. y ganarse la vida. Primero fue modelo para bodasAi??en una tienda hasta que Frida Kahlo la recomendA? para posar. AprendiA? a pintar junto a sus maestros y se ganA? un lugar entre ellos. AquAi?? relata pasajes de aquellos tiempos de esfuerzos y alegrAi??as.

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Julia LA?pez modelando para Carlos Orozco Romero

Nunca se imagina uno lo que existe detrA?s de un cuadro y menos aA?n saber quiAi??n pudo servir de modelo para que los grandes pintores aprendieran a dibujar o a recrear la figura humana. Precisamente de esto se trata esta entrevista que realicAi?? a Julia LA?pez en 2012. AllAi?? platica cA?mo una chica de campo, nacida en 1936, dejA? su pueblo y su familia para asentarse en la gran ciudad. Sus primeros pasos como modelo los dio en una escuela para veteranos de guerra, en la colonia Roma.

El toro de petate

El toro de petate

DeslumbrA? comoAi??una mulata preciosaAi??que servirAi??a de modelo a los pintores y a los escultores que se formaron en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado La Esmeralda y la Academia de San Carlos. AllAi?? estudiaron Antonio Ruiz,Ai??El orcito, Francisco ZA?Ai??iga, Carlos Orozco Romero, RaA?l Anguiano, Ai??Francisco Corzas, Lauro LA?pez, AgustAi??n Lazo, Pedro y Rafael Coronel. CuA?ntas veces dibujaron su cuerpo, su rostro y sus cabellos ensortijados; cuA?ntas veces estuvo enfrente de ellos posando en su desnudez; cuA?ntas veces su imagen delgada se volviA? dibujo, acuarela, A?leo, escultura.

Los recuerdos que guarda Julia de esa etapa son muchos, estA?n salpicados de anAi??cdotas y muestran cA?mo nunca imaginA? que una chicaAi??tan silvestre,Ai??como ella misma se define, llegara a ser parte de aquel grupo de artistas emblemA?tico para el arte mexicano del siglo xx. Con los aAi??os, se convirtiA? en amiga, formA? parte del grupo de artistas y aprendiA? su arte con el solo hecho de verlos pintar. Se volviA? pintora autodidacta. Los colores estaban en su mente y los pasA? al papel, a la tela, al acrAi??lico. Los niAi??os, las flores, los animales, los A?rboles de Ometepec volvieron a su mente, fueron su inspiraciA?n, se convirtieron en los temas de sus pinturas.

Julia LA?pez, retrato de Mallard

En la GalerAi??a Prisse, espacio alternativo para promover a jA?venes pintores, expuso sus primeros cuadros, apoyada por un entusiasta grupo de artistas ai??i??Enrique EcheverrAi??a, Alberto Gironella, HAi??ctor Xavier, Joseph Bartoli y Valdyai??i?? que se oponAi??a a la hegemonAi??a pictA?rica de Siqueiros, Rivera y Orozco, exponentes mA?ximos de la llamada Escuela de Pintura Mexicana.

La niAi??ez trepada a los A?rboles

Me da mucho orgullo y estoy muy feliz porque tuve una niAi??ez preciosa que no la hubiera yo tenido aquAi?? (en el Distrito Federal). Soy de la costa chica de Guerrero, de Ometepec, y mi papA? y mi mamA? eran campesinos. Ellos sembraban algodA?n, chiles, tabaco, ajonjolAi??, plA?tanoai??i?? AllAi?? se dan los palmares muy frondosos, preciosos, y abajo de las palmas de coco se da el cafAi?? y el cacao. AsAi?? que eran unas huertas prodigiosas, maravillosas, y nosotros nos trepA?bamos a los A?rboles a bajar el coco, la guayabaai??i?? todas las frutas, ciruelas, almendras. La pasAi?? de maravilla. VivAi??amos arriba de una pirA?mide en el pueblo, en las cuadrillas donde estA?n las huertas. Y tenAi??amos el rAi??o Santa Catarina cerca. Cada cA?ntaro de agua que acarreA?bamos era cosa que primero Ai??bamos a nadar y luego llevA?bamos el agua. Me quedAi?? en tercero de primaria. En ese tiempo, en el pueblo ocupaban a los niAi??os para trabajar. Yo querAi??a otra vida, por eso me fui del pueblo a los 13 aAi??os.

Vendedora de frutas, Julia LA?pez

Vendedora de frutas, Julia LA?pez

Mucama en Ocotepec

Mi hermana mayor, Berta, me decAi??a: A?Ay vive aquAi??, aquAi?? estA? muy bonito, no necesitamos nada! Pero mi otra hermana, Natividad, se fue a vivir a Ometepec, y me fui con ella. Nosotros vivAi??amos en un pueblito chiquito. Ometepec era el pueblo grande, donde se iban a casar las gentes, donde iban a rezar. AhAi?? habAi??a un hotel que se llamaba la Casa Verde. Era un mesA?n que tenAi??a cine, tienda de corte por metros, tenAi??a para arar la tierra. Era un tendajA?nai??i?? que vendAi??a de todo, y tenAi??an cuartos para hotel.

No fui a Ometepec para estar ahAi?? encerrada y hacer mandaditos de a peso. No. En un mandado que me mandA? mi hermana, me encuentro a don Fidel. Parece que Dios me lo puso. El dueAi??o de la Casa Verde, un caciqueai??i?? Entonces le dije: A?Ay, don Fidel, quAi?? usted no me darAi??a trabajo en este hotel? No asAi?? chica, me dijo. A?Y tA?, quAi?? sabes hacer? ai??i??A?Uuy, sAi?? hacer muchas cosasA?ai??i?? A?Sabes barrer?ai??i?? SAi??. ai??i??A?Sabes tender camas?ai??i?? SAi??. ai??i??A?Sabes tender estoai??i???ai??i?? SAi??. No sabAi??a yo hacer esas cosas, pero a todo decAi??a que sAi??. Si digo que no, me iba a decir que no y Julia iba a perder. Esas eran ganas de superaciA?nai??i?? Y me dijo: Bueno, sAi??, presentate maAi??ana. Y que le digo a mi hermana. Casi me mata: A?CA?mo que te vas a ir a trabajar ahAi?? con don Fidel? Pues sAi??, me voy a trabajarai??i?? A?Y sabe cuA?nto me pagaban al mes? 20 pesos. Era en el 50.

Estaba don Miguel AlemA?n de presidente. Y me fui a trabajar ahAi??, entonces conocAi?? allAi?? a los viajeros del Nuevo Mundo, del Palacio de Hierro, del D. F. Los valijeros les decAi??amos nosotros, llevaban todos los perfumes que se usaban en esa Ai??poca: el PA?jaro Azul, unos perfumes que ahora son rarAi??simos. Los valijeros existen todavAi??a, son los que llevan las cosas que venden las tiendotas grandes para las ciudades chicas o los pueblos pequeAi??os. Entonces, pues, vi a mi comadre, que era la hija de la cocinera de allAi??. Era una gA?era casi albina, lindAi??sima, muy linda persona. Yo veAi??a cA?mo hacAi??a ella y le hacAi??a igual.

Acapulco Fugaz

Rosa, una seAi??ora que hacAi??a pan y que trabajaba en la Casa Verde me dijo: VA?monos para Acapulco. Su mamA? vivAi??a en Acapulco. Y le dije: Pues vA?monos. Y le dije a don Fidel: Don Fidel, pues fAi??jese que me voy a ir, ya no voy a trabajar. Y nos fuimos a Acapulco. Mi hermana Natividad me fue a llevar. Dice mi mamA? que prefiere meterte a la cA?rcel antes de que te vayas a otro lugar, me dijo. Que me meta a la cA?rcel. No me interesa que me metan a la cA?rcel. Me salgo, le dije. Y ya nos fuimos.

Los tAi??os del actual gobernador, don A?ngel Aguirre, eran los que mandaban allAi??, eran los comisariados, presidentes municipales, y Zaira era esposa de uno de ellos. Zaira venAi??a aquAi?? a MAi??xico. No estaba mucho tiempo allA?. Un dAi??a me la encontrAi??, y le dije: Oiga doAi??a Zaira, A?no necesita usted una compaAi??Ai??a? Y volvAi?? a pasar por ahAi?? y me dijo: Oye tA?, muchacha, ven, pues siempre sAi?? quiero una compaAi??Ai??a. Yo me voy tal dAi??a a MAi??xico. Uy, le dije, ahora sAi?? deme un tiempo para decirle a mi familia y a don Fidel para que busque otra gente.

HabAi??a una lAi??nea de aviA?n que se llamaba Rojas y la seAi??ora me dejA? para el pasaje. Me habAi??a dicho me mandas un telegrama y yo te espero. AsAi?? lo hice. Dije: Ahora me voy mA?s lejos, porque mA?s lejos no van a encontrarme. (Risas.) Y ya me vine para acA?. DoAi??a Zaira era mi madrina de confirmaciA?n.

El descubridor americano

Me vine para acA? y le dije: No, no me pague, yo quiero estar aquAi?? en la casa como si fuera de la familia, que no soy, pero supongo que asAi?? le ayudo en lo que hace. Y aquAi?? tenAi??a un taller de costura en las calles de MedellAi??n, casi enfrente del estacionamiento de Sears, y en la calle de San Luis PotosAi?? habAi??a una escuela para veteranos de la guerra mundial. Entonces llegaban al hotel Roosevelt. Era interesante, yo salAi??a a barrer la calle temprano y temprano iban a dibujar a una mujer oaxaqueAi??a.

Un dAi??a me llevA? con John Muller, el que me descubriA?. Aquella era una mujer hermosa, una seAi??ora grande, medio rolliza, con unas trenzas que le arrastraban. Preciosa. Esas imA?genes las tengo en mi mente, en mis recuerdos. Y Ai??l me dijo: Mira, eso es lo que tA? vas a hacer, como la seAi??ora de las trenzas A?no quieres hacerlo? Ay, pues dije: Mira no tengo mucho de haber llegado, y eso no le va a caer nada bien a mi madrina. Y bueno, yo seguAi?? con mi madrina para todos lados. El seAi??or John Muller era un gringo que habAi??a ido a la guerra y a todos los mandaba a estudiar pintura, escultura, poesAi??a y todas esas cosas en el museo de la calle mA?s importante de CoyoacA?n: Francisco Sosa. AllAi?? habAi??a otra escuela de veteranos de la guerra. Y entonces, no sAi??, hubo un lAi??o con mi madrina y tuve que salir. Madrinita, pues muchas gracias por haberme traAi??do. Como mi madrina me mandaba todas las tardes a comprar el pan a la Espiga ai??i??ya existAi??a la Espigaai??i??, y pasaba yo y siempre veAi??a a una seAi??ora tambiAi??n muy robusta, y me decAi??a: AdiA?s morena. Era la dueAi??a del edificio Guardiola que estA? en el Centro

Cada vez que pasaba me decAi??a adiA?s. Hasta que un dAi??a le preguntAi?? su nombre: Josefina Guardiola. Entonces me habla la seAi??ora Guardiola: Oye morena, A?por quAi?? no te vienes aquAi?? a la tienda? Ay, le decAi??a yo, bueno, no sAi?? si pueda manejar esta tienda. Mire, pero si usted me enseAi??a, yo aprendo, tengo mucho interAi??s, yo aprendo.

AllAi?? hacAi??an vestidos de novia, vestidos de coctel, vestidos de noche, vestidos de todo. Entonces sacaban a las Reinas de la Primavera. Y me fui a trabajar con la seAi??ora Guardiola. Andaba con un montA?n de perritos chiquitos como chihuahueAi??os (risas) que les ponAi??a moAi??os, les ponAi??a collares Yo los baAi??aba y ella los secaba, y andaba yo con ella para todo eso. AprendAi?? muchas cosas que si te pones a ver son bonitas. Hay que saber de todo, y eso es muy importante en la vida, aprender, porque la vida da muchas vueltas.

Hasta que un dAi??a me dijo: Oye, Julia, sA?bete allA? a las mesas porque van a recortar los vestidos de las novias. Me ponAi??an llena de alfileres y cortaban los vestidos con la mano. Eso era lo que hacAi??a y ya, ese era mi trabajo, estar parada y darme vueltas para que me fueran recortando. La cola y el velo, y todo eso. Era muy bonito, tan diferente; en poco tiempo aprendAi?? muchas cosas. Y por mis necesidades y por lo que yo querAi??a hacer, eso me llevA? a muchas cosas. Entonces, la seAi??ora Guardiola cometiA? el error de comprarle un coche convertible a su hijo. Pues este chico, A?quAi?? crees que hizo? Le metiA? garras hasta donde daba y allA? en la Pera que se cae con todo y carro, y se muere. A?Ay, yo estaba tan triste! A?QuAi?? voy a hacer ahora? La seAi??ora, llora y llora, y yo consolA?ndola. No llore tanto, seAi??ora, mire, que esto y el otro. Si no le hubiera comprado ese carro tan lujoso, tan costoso en esa Ai??poca, pues el muchacho hubiera andado con su coche normal. No soy yo la que tengo que decir, pero para consolarlaai??i?? Lo que yo le decAi??a, pues, era tan silvestre, que ella lo tomaba de esa manera, A?no? La hija vivAi??a en Estados Unidos y se fue la seAi??ora Guardiola con su hija.

La recomendaciA?n de Frida

Me quedAi?? sin trabajo y busquAi?? a John Muller. Le digo: Oye, ahora sAi?? ya le puedo posar allA? en la calle de San Luis PotosAi??. Ah, sAi??. Ah, bueno. Y allAi?? conocAi?? a un montA?n de gente que eran amigas, y yo tan silvestre, pues les encantaba que yo anduviera con ellas pai??i??arriba y pai??i??abajo.

AhAi?? conocAi?? a una seAi??ora que se llama Carmen ZA?Ai??iga, amiga de Aurora Reyes y sobrina de don Alfonso Reyes, el escritor. VivAi??a acA? en CoyoacA?n, en la calle de Hornos. Carmen era muy amiga de Aurora y Aurora de Frida Kahlo. Entonces, Aurora era muy pachanguera, le gustaban las fiestas, tener siempre mucha gente en su casa. Era muralista y daba clases junto al edificio de ExcAi??lsior, en Reforma. Entonces, Aurora le dijo a doAi??a Frida, pues comAi??an cada 15 dAi??as en su casa: Oye, tengo una mulata, una modelo mulata preciosa. Te va a fascinarai??i?? Entonces llegA? el dAi??a de la comida y por eso yo conocAi?? a doAi??a Frida.

Posando con Rafael Coronel (con corbata( y amigos

Posando con Rafael Coronel (con corbata( y amigos

Estaba yo muy delgada y el pelo lo tenAi??a ensortijado, chino, y me daba hasta la cintura. Se juntaban a pintar, a dibujar, doAi??a Frida y Aurora, en la casa de Aurora. Un dAi??a doAi??a Frida sacA? una tarjeta, me la dio y me dijo: Con esta tarjeta te presentas en la escuela La Esmeralda y buscas al director que se llama Antonio Ruiz, le dicen el Corcito, preguntas por Ai??l. Me fui a la escuela La Esmeralda, don Antonio Ruiz, el Corcito, Ai??l me presentA? con el maestro ZA?Ai??iga, un gran escultor maravilloso, dibujante precioso. El maestro ZA?Ai??iga muy atento, muy amable, muy cariAi??oso. Y entonces en esa Ai??poca habAi??a muchos generales ya retirados que Ai??l les daba clases de escultura. Ay, me dijo: Inmediatamente vente al taller de escultura. Y ya me dejaba ahAi?? con los tenientes, capitanes, generales, ya retirados, ya grandes. Y por eso empezamos el maestro ZA?Ai??iga y yo,Ai??yo a posarles y Ai??l era el maestro. Ya de ahAi?? me fue a ver el maestro Carlos Orozco Romero y le fui a posar. TenAi??a de alumnos a Francisco Corzas, a Rafael Coronel. De estar con el maestro Carlos Orozco Romero me fui al salA?n de RaA?l Anguiano, estaba Lauro LA?pez, el que me hizo un retrato. Salieron muchos otros, Mario Orozco Rivera y otros que ya fallecieron. Estaban tambiAi??n los dos Coronel, Pedro y Rafael, los que salieron triunfantes de La Esmeralda. Se hizo muy conocida la escuela, sacA? buenos pintores porque los maestros eran muy exigentes.

En el espejo, Julia LA?pez

En el espejo, Julia LA?pez

De a diez centavos

En las clases de acuarela ponAi??an una jarra con flores o frutas abajo o un periquito de esos disecados. Yo modelaba todo el dAi??a. De un salA?n pasaba a otro y a otro. Al acabar nos daban diez minutos de descanso. Era pesado. Pero si usted tiene una meta la tiene que cumplir. Y si no, A?cA?mo fuera yo pintora? En esa Ai??poca daban un quintito, diez centavos para pagar a la modelo. Nada. Pero era un alguito. Estamos hablando del aAi??o 52. DurAi?? hasta que tuve a mi hija, Julianita, que vive en Italia, en el 66. Fueron muchos aAi??os. Y me fueron recomendando entre ellos, y yo lleguAi?? a posar al general [Ignacio M.] Beteta que le gustaba la pintura. El general Beteta tenAi??a el estudio en frente de los juzgados en la colonia de los Doctores. TambiAi??n yo era modelo para hacer escultura, sAi??. Como modelo era de la Esmeralda y en la Academia de San Carlos tambiAi??n, en los dos lados. Como modelo quedAi?? en una escultura enorme que estA? en el malecA?n de Veracruz. Los pescadores. Es del maestro ZA?Ai??iga. Soy yo y Melchor, un bailarAi??n contorsionista de un lugar que se llamaba El TAi??voli.

Captura de pantalla 2013-09-04 a las 20.28.30Pasar la escoba

TambiAi??n estuve en la GalerAi??a Prisse [Londres 163] y estaba allAi?? un ruso, Vlady, que vivAi??a allAi??, en la parte de atrA?s. Estaba JosAi?? Luis Cuevas, estaba el Gallo Gironella que tenAi??a su estudio hasta allA? arriba y era un dandy, andaba con gasnAi?? y un bastA?n. Eran los que manejaban la galerAi??a. Luego a mAi?? me tocaba barrer la galerAi??a, otro dAi??a le tocaba a JosAi?? Luis, otro dAi??a le tocaba a la mujer de Vlady, Isabel. Ah, pero el Gallo, no. Era muy catrAi??n, pero debAi??a de haber visto cA?mo acabA?.

HacAi??an exposiciones de amigos. AllAi?? no era estudio. Era galerAi??a. El estudio lo tenAi??an en el cuarto de la azotea y lo rentaban. Como le decAi??a, cuando empiezan a mostrar su obra, pues nadie los conoce, no les compra nadie. Son muchos aAi??os de trabajo para que te conozcan.

Otro pintor de entonces era Chucho Reyes. VivAi??a a un ladito de la GalerAi??a de InAi??s Amor, en frente del Cine Versalles. Era a todo dar, Chucho. Ai??l pintaba con anilina, no pintaba con colores. Los demA?s pintaban con colores.

Las barrigonas

A mAi?? los pintores luego me preguntaban Oye, morena A?cA?mo lo ves. Ay, puesai??i?? mire, aquAi?? estA? corto, aquAi?? estA? barrigA?n, muy barrigona, esos pechos que usted le hizo, no existen. Mire los tengo chiquitos, A?CA?mo me hace esos globos tan grandes? Mire, esta pierna estA? mA?s chica que la otra. Oye, A?Pero cA?mo encuentras defectos! Ah, pues A?no me estA? diciendo usted que le diga yo? Si le digo que estA? bien, me regaAi??a. Si le digo la verdad, me estA? diciendo que lo critico. No, puesai??i?? a mAi?? tambiAi??n me dan ganas de pintar. Y me decAi??an: Te vas a morir de hambre si pintas. Mmm. A lo mejor, a lo mejor. RompAi??a yo unas bolsas de papel de estraza, donde venAi??a el pan, las estiraba, las ponAi??a debajo del colchA?n y ya me quedaban lisitas, lisitas. En ellas pintaba santos, caballitos, caballitos de mar. Iba con el maestro Orozco, que era con el que yo posaba mucho y su esposa era cuAi??ada del maestro Diego, se llamaba MarAi??a MarAi??n.

Julia LA?pez en 2013. Foto: Laura SuA?rez de la Torre

Julia LA?pez en 2013. Foto: Laura SuA?rez de la Torre

La pintora

Y luego ya seguAi?? con la pinturaai??i?? Todos me querAi??an, todos los maestros me querAi??an. Les hacAi??a yo mandaditos y esto y lo otro, me llevaban dulces, paletas y yo les iba a comprar las tortas y entonces dijeron, No, a la prieta le vamos a hacer entre todos una exposiciA?n. Y me la hicieron en una galerAi??a de la Zona Rosa y fue un Ai??xito lo que habAi??a hecho. Esto serAi??a por el aAi??o 55. Hice de muchos temas, de diferentes temas. Todos ellos me compraron pintura y bueno, otra gente que no tenAi??a nada que ver con los maestros, tambiAi??n me compraron. Y de ahAi?? palai??i?? real seguAi?? pintando.

Yo nunca voy a dejar mi estilo. Mi inspiraciA?n es el campo, los niAi??os, los cerros, los perros, los gatos, los animalitos, lo que veAi??a yo cuando era chica. No tengo un cuadro favorito. Todos son favoritos, porque si no, los borro. Si no me gusta a mAi?? A?CA?mo le puede gustar a otra persona? No, yo lo borro y a otra cosa.

Julia LA?pez posando en clase para Mario Orozco Rivera

Julia LA?pez posando en clase para Mario Orozco Rivera

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8. Comercio y diplomacia en las riberas del Bravo. La guerra de SecesiA?n y el norte de MAi??xico

Gerardo Gurza Lavalle / Instituto Mora

BiCentenario # 8

Las guerras siempre cambian la vida de la gente. En la mayorAi??a de los casos, las mA?s afectadas son las poblaciones directamente involucradas en el conflicto. Sin embargo, los choques armados muchas veces tienen repercusiones capaces de alterar la forma de vida de poblaciones situadas a una distancia lejana de los lugares donde luchan los ejAi??rcitos. Eso fue lo que sucediA? en Nuevo LeA?n, Coahuila y Tamaulipas durante la Guerra Civil en Estados Unidos (1861-1865). Es bien sabido que los estados del norte y del sur de la UniA?n americana libraron una guerra larga y sangrienta en torno al problema de la esclavitud, pero el hecho de que este conflicto afectara tan hondo la regiA?n noreste de MAi??xico es menos conocido.

La lucha entre el Sur esclavista y el Norte libre empezA? en abril de 1861. En noviembre del aAi??o anterior, Abraham Lincoln habAi??a resultado vencedor en las elecciones presidenciales y los estados sureAi??os no quisieron vivir bajo un gobierno dirigido por un miembro del partido Republicano, el cual estaba decidido a evitar la expansiA?n de la esclavitud hacia los territorios adquiridos como resultado de la guerra del 47. AsAi??, como en una hilera de fichas de dominA?, entre diciembre de 1860 y abril de 1861 once de los quince estados esclavistas declararon disuelto el pacto federal y establecieron una nueva organizaciA?n polAi??tica: los Estados Confederados de AmAi??rica, segA?n su tAi??tulo oficial, o sA?lo ai???la ConfederaciA?n,ai??? como suele llamA?rsele.

Al empezar la Guerra Civil, el gobierno de la UniA?n ordenA? un bloqueo marAi??timo a la reciAi??n fundada ConfederaciA?n. La finalidad era impedir su comercio con el exterior. Los estados del Sur eran muy inferiores al norte en cuanto a su capacidad industrial y resultaba claro que se verAi??an en la necesidad de importar gran parte de sus armas y pertrechos. Asimismo, la mayor fuente de riqueza en el Sur eran sus enormes exportaciones de algodA?n a Europa, de modo que el bloqueo tambiAi??n tenAi??a por objeto privar al Sur de esa fuente de ingresos. En este contexto, los lAi??deres confederados no tardaron en darse cuenta de la posibilidad de mantener abierta una avenida para el comercio exterior en la frontera sur de Texas. A travAi??s del rAi??o Bravo y los estados del norte de MAi??xico era posible introducir todo tipo de mercancAi??as y abastecimientos, y por supuesto tambiAi??n exportar el algodA?n. De este modo dio inicio un comercio que significA? una transformaciA?n del entorno econA?mico de los estados ribereAi??os, especialmente de Tamaulipas, Nuevo LeA?n y Coahuila.

Los confederados evacuando Brownsville, 1864

Los confederados evacuando Brownsville, 1864

El gobierno confederado decidiA? enviar un agente especial a Monterrey y eligiA? para esta misiA?n a JosAi?? AgustAi??n Quintero, un periodista y poeta cubano exiliado en Texas, debido a sus simpatAi??as por la causa independentista de la isla. Quintero demostrA? ser un diplomA?tico hA?bil y tambiAi??n un diligente promotor del comercio. En esa Ai??poca, Monterrey era la cabecera del gran cacicazgo regional de Santiago Vidaurri, el cual incluAi??a a Coahuila, unificada con Nuevo LeA?n como un solo estado desde 1857. La influencia de Vidaurri tambiAi??n se dejaba sentir en Tamaulipas y otros estados del norte. En los hechos, Quintero se convirtiA? en una especie de embajador ante Vidaurri, quien a su vez habAi??a aprovechado el creciente flujo comercial para aumentar sus ingresos aduanales, los que manejaba y gastaba con toda independencia, pese a las protestas del gobierno federal, que constantemente le solicitaba la remisiA?n de los ingresos.

Quintero, Vidaurri y muchos empresarios del A?rea, como Evaristo Madero y Patricio Milmo, lograron poner en marcha un comercio enorme (generador de fortunas que duran hasta nuestros dAi??as). Desde mediados de 1861, cientos de carretas llevaban pA?lvora, plomo, cobre, hoja de lata, salitre, azufre, tela cruda de algodA?n, cobijas, cueros y tambiAi??n toneladas de harina de trigo y maAi??z, cafAi?? y azA?car, a lo que se sumaban muchos otros productos llevados por buques europeos aAi??Matamoros en trA?nsito para ser importados en Texas. La atracciA?n del insaciable mercado texano se sintiA? en todos los estados limAi??trofes y mA?s allA?, alcanzando incluso a Durango y Zacatecas.

Los confederados texanos, por su parte, pagaban todos estos abastecimientos con algodA?n, el cual tenAi??a un precio alto en el mercado internacional debido a la escasez provocada por el bloqueo. Los principales centros de almacenamiento para el algodA?n texano fueron Matamoros y Brownsville. El trayecto desde las plantaciones hasta estos pueblos ribereAi??os distaba de ser fA?cil: Texas era un estado con pocos ferrocarriles (la extensiA?n total de las vAi??as no sumaba mA?s de 550 km), y ninguna de las lAi??neas existentes llegaba al lAi??mite con MAi??xico. Fue preciso transportar en carretas el algodA?n y las mercancAi??as con las que se compraba, por grandes extensiones de tierra desAi??rtica. Una viajera que hizo el recorrido lo describiA? ai???tan A?rido que lo A?nico que crecAi??a eran cactus y mezquiteai???, mientras que otro dejA? testimonio de haber observado ai???centenares de animales muertos, con la piel seca sobre los huesosai??? a lo largo del trayecto. El transporte por tierra de algodA?n y demA?s mercancAi??as involucrA? cientos de carretas, miles de mulas y otras bestias de tiro y cientos de arrieros, muchos de ellos mexicanos.

Una vez en Matamoros o Brownsville, el algodA?n se cargaba en pequeAi??os barcos de vapor adecuados para la navegaciA?n fluvial y era llevado hasta el puerto de Bagdad, localizado en la costa tamaulipeca, al sur de la desembocadura del rAi??o. El algodA?n esperarAi??a allAi?? su embarque en buques que lo llevarAi??an a Europa o al norte de Estados Unidos, donde existAi??a una demanda enorme de la fibra. Bagdad, casi sobra decirlo, no era un puerto adecuado para este volumen de comercio. La desembocadura del Bravo estaba surcada por una barra de arena, por lo que los navAi??os grandes no podAi??an acercarse mucho. MA?s aA?n, los vapores que transportaban el algodA?n sA?lo podAi??an salir al golfo cuando la marea era alta, cosa que no sucedAi??a todos los dAi??as. Debido a esto, los buques mercantes anclados frente a la costa tenAi??an que esperar con frecuencia varios dAi??as, incluso semanas, antes de desembarcar todos sus efectos y recibir su carga de algodA?n. AsAi??, segA?n algunos testigos, en ocasiones se llegaron a juntar 180 o hasta 200 barcos en la desembocadura del rAi??o, esperando por el cotizado insumo textil. Pese a estos problemas, el comercio siguiA? siendo redituable gracias a los altos precios del algodA?n en el mercado internacional y a la enorme demanda de pertrechos y mercancAi??as por parte de la ConfederaciA?n.

Vista del sur de Texas y la frontera con MAi??xico

Vista del sur de Texas y la frontera con MAi??xico

Los efectos de este intercambio transformaron queAi??as y aletargadas, no estaban preparadas para recibir. La poblaciA?n de Matamoros pronto saltA? a mA?s de 40,000 habitantes, mientras que la de Bagdad aumentA? a 15,000. Los precios de las rentas se dispararon, a la vez que fue necesario construir con rapidez nuevas viviendas y bodegas. Tal como seAi??alA? un viajero contemporA?neo, Matamoros se habAi??a convertido en una especie de ai???Nueva Yorkai??? para ai???los rebeldes al oeste del Mississippi, su gran centro financiero y comercial, que los alimenta y viste, los arma y equipaai???. El comercio fue importante para el esfuerzo de guerra confederado, aunque hay que seAi??alar que la ausencia de lAi??neas ferroviarias que conectaran adecuadamente a Texas con el resto de los estados rebeldes hizo que los efectos de las provisiones abundantes tuvieran un radio limitado. A simple vista, el volumen de las importaciones parecAi??a tan grande como ai???para aprovisionar a todo el ejAi??rcito rebeldeai???. Sin embargo, segA?n opinA? el cA?nsul estadounidense en Monterrey, la mayor parte de los pertrechos no rebasA?, en realidad, los lAi??mites de Texas, mA?s algunas zonas de Luisiana y Arkansas.

La colindancia con la ConfederaciA?n no sA?lo llevA? actividad y abundancia inusitadas al noreste mexicano, sino que tambiAi??n provocA? movimientos insA?litos de poblaciA?n. PrA?cticamente desde el inicio de la guerra, un flujo considerable de texanos empezA? a cruzar el rAi??o Bravo hacia Tamaulipas y Nuevo LeA?n en busca de refugio. Se trataba de personas que se mantenAi??an fieles a la UniA?n y temAi??an ser perseguidas por sus opiniones polAi??ticas. Muchos eran inmigrantes alemanes que deseaban mantener una actitud neutral en el conflicto civil y preferAi??an dejar sus hogares y comunidades antes que verse obligados a servir en el ejAi??rcito confederado, en especial despuAi??s de que el gobierno sureAi??o aprobA? una ley de conscripciA?n muy estricta en 1862. No contamos con cifras, ni siquiera aproximadas, pero al parecer los refugiados llegaron a ser mA?s de 1,000. Los cA?nsules de la UniA?n en MAi??xico hicieron lo posible por ayudarlo, pues muchas veces llegaron hambrientos, sin dinero y sin mA?s pertenencias que la ropa que vestAi??an. Como la gran mayorAi??a de estos expatriados permaneciA? cerca de la lAi??nea fronteriza, la zona se convirtiA? en escenario de vivas tensiones. Tal como informA? el cA?nsul de la UniA?n en Monterrey a su gobierno, estos hombres deseaban estar a una distancia conveniente de Texas y no con intenciones pacAi??ficas: ai???En estos momentos la poblaciA?n de americanos en esta ciudad es muy grande y aumenta a diario. Sucede lo mismo en cada pueblo y villa de estos estados fronterizos. La mayorAi??a de ellos son hombres fieles a la UniA?n que han sido sacados de Texas contra su voluntad y que esperan aquAi?? calladamente una invasiA?n de ese estado para regresar a sus casas y, si es necesario, ayudar al gobierno federal de la manera que sea.ai???

En Matamoros, en particular, una concentraciA?n numerosa de refugiados estaba separada tan sA?lo por unas cuantas decenas de metros de la guarniciA?n confederada de Brownsville, lo cual aumentaba la probabilidad de que se produjeran incidentes. Leonard Pierce, el cA?nsul de la UniA?n en Matamoros, aprovechA? su llegada para formarAi??una pequeAi??a milicia, la cual ansiaba un ataque del ejAi??rcito de la UniA?n al sur de Texas para salvar el rAi??o y asistir en el desalojo de las fuerzas confederadas (Pierce habAi??a insistido con frecuencia en sus informes al departamento de Estado sobre la necesidad de un ataque que cortara el comercio). Esta situaciA?n originA? varios incidentes limAi??trofes que arriesgaron la paz y tambiAi??n la continuaciA?n del negocio. A fines de 1862, algunosAi?? grupos armados cruzaron el rAi??o desde el lado mexicano para realizar depredaciones en Texas. Aunque en mucho se trataba de incursiones de rapiAi??a comunes y corrientes, las autoridades mexicanas y los confederados sospechaban que los refugiados estaban involucrados, especialmente aquellos reclutados por el cA?nsul. DespuAi??s de una de estas incursiones, tropas confederadas cruzaron al lado mexicano sin autorizaciA?n para perseguir a los salteadores, matando a varios de ellos en un combate. Otro grupo de soldados confederados cruzA? mA?s tarde a la ribera sur y secuestrA? a un colaborador cercano de Pierce, provocando una airada protesta de las autoridades tamaulipecas. De modo que la presencia de los refugiados estuvo a punto de inducir una situaciA?n de violencia en la regiA?n, la cual podAi??a terminar con el comercio y el buenAi??entendimiento de Vidaurri y la ConfederaciA?n.

En estas circunstancias, Quintero, el agente confederado en Monterrey, viajA? a Matamoros paraAi?? entrevistarse con el gobernador de Tamaulipas, Albino LA?pez, y con el comandante de las tropas confederadas acantonadas en Brownsville, Hamilton P. Bee, y logrA? reunir a ambos personajes en varias ocasiones durante febrero de 1863 para negociar un arreglo encaminado a preservar el orden y la tranquilidad. El resultado fue un acuerdo general dirigido a eliminar la impunidad ofrecida por la lAi??nea divisoria y a evitar que los refugiados abusaran del asilo que les concedAi??an las autoridades mexicanas. El convenio estipulaba la extradiciA?n de criminales comunes, asegurando asAi?? que los culpables de delitos fueran remitidos a las autoridades del lugar en donde los hubiesen cometido. TambiAi??n se establecAi??a un principio de reciprocidad en la persecuciA?n de criminales; es decir, las autoridades de cada paAi??s tendrAi??an la facultad de cruzar la frontera para apresarlos, siempre que se encontraran muy cerca de la lAi??nea. Estos convenios carecAi??an de validez legal, pues eran fruto de un acuerdo entre funcionarios locales, sin ninguna autorizaciA?n para hacerlo y que por tanto operarAi??an con base en la buena voluntad de las partes. Pero, aunque no cortaron de tajo los desA?rdenes fronterizos, sAi?? los redujeron y coadyuvaron a la continuaciA?n del comercio.

Conviene subrayar que el espacio fronterizo no estaba aislado de los procesos que tenAi??an lugar en el plano nacional, tanto del lado estadunidense como del mexicano. En el primer caso, el comercio mismo era resultado de la Guerra Civil y estaba sujeto a lo que sucediera en los campos de batalla; en el caso de MAi??xico, de manera simultA?nea al desarrollo del intercambio, el gobierno de Benito JuA?rez enfrentaba una dura crisis, tanto en el A?mbito interno como en el internacional. La victoria militar de los liberales sobre el bando conservador a fines de 1860 no habAi??a sido definitiva ni mucho menos. Por el contrario, aunque desplazados del poder, los conservadores continuaban en pie de lucha, si bien con una capacidad militar muy reducida. El Ejecutivo, por su parte, carecAi??a de recursos econA?micos suficientes para consolidar su posiciA?n, pues sus magros ingresos provenAi??an de la recaudaciA?n aduanal y en su mayor parte Ai??sta se encontraba comprometida en el servicio de la deuda contraAi??da con varias naciones europeas. Estos hechos llevaron al gobierno federal a suspender el pago de intereses hasta nuevo aviso en julio de 1861, lo cual fue el disparador de una intervenciA?n a cargo de Inglaterra, Francia y EspaAi??a, principales acreedores del Estado mexicano. Las tres potencias firmaron un acuerdo para exigir al deudor el complimiento de sus obligaciones y en diciembre del mismo aAi??o enviaron buques de guerra y fuerzas de desembarco a Veracruz. Como es bien sabido, al cabo de unos meses Inglaterra y EspaAi??a se retiraron, mientras que Francia intentA? fundar una monarquAi??a con ayuda del partido conservador.

JuA?rez se vio forzado a abandonar la ciudad de MAi??xico en mayo de 1863, ante el avance de las tropas francesas y empezA? la que serAi??a una larga marcha hacia el norte, deteniAi??ndose unos meses en San Luis PotosAi??, para proseguir despuAi??s a Saltillo y por fin a Monterrey. En esta ciudad, Vidaurri vio su proximidad como una amenaza. Celoso de su autonomAi??a, sin el menor deseo de ceder la facultad de retener los ingresos aduanales en las cajas del estado, el caudillo regiomontano se habAi??a negado con obstinaciA?n a ayudar en la defensa contra el invasor, ya fuera con hombres o dinero. La inminente llegada de JuA?rez lo puso en el dilema de plegarse, haciendo buenas sus declaraciones previas de lealtad o dejarse de disimulos y rebelarse, como ocurriA? finalmente. JuA?rez fue muy mal recibido en Monterrey; tuvo a su llegada una breve y tensa conferencia con Vidaurri. Al poco uno de los hijos de Ai??ste se levantA? en armas y el presidente debiA? huir a Saltillo, donde le aguardaba el grueso de las tropas federales. Consciente de la inferioridad de sus fuerzas, Vidaurri optA? por dejar Monterrey y refugiarse en Texas. RegresA? en septiembre de 1864, poco despuAi??s de que los franceses ocuparan Monterrey, y se puso al servicio de Maximiliano. Cuando las fuerzas liberales reconquistaron la ciudad de MAi??xico en 1867,
fue fusilado por su colaboraciA?n con el Imperio.

La llegada del gobierno federal a la zona limAi??trofe no implicA? ningA?n cambio para el comercio entre la ConfederaciA?n y el noreste de MAi??xico. Pese a sus claras simpatAi??as por la UniA?n desde el inicio de la Guerra Civil, el gobierno de JuA?rez dependAi??a ahora de los ingresos aduanales derivados del intercambio para sostener su resistencia y, por tanto, no puso el menor obstA?culo a su continuaciA?n. Por otra parte, aun antes de que Vidaurri saliera de escena, Quintero habAi??a obtenido seguridades en ese sentido por parte de su compatriota Pedro Santacilia, a quien conocAi??a de tiempo atrA?s. Santacilia era yerno de Don Benito y gozaba de gran influencia sobre Ai??l.

Prensando algodA?n en la frontera con MAi??xico para su transportaciA?n en pacas, 1864.

Prensando algodA?n en la frontera con MAi??xico para su transportaciA?n en pacas, 1864.

El comercio y sus efectos sobre los estados fronterizos se prolongaron despuAi??s de la ocupaciA?n francesa de Matamoros a fines de 1864. Seguro de que los franceses serAi??an los mejores vecinos de Texas, Quintero escribiA? jubiloso a su gobierno sobre la posibilidad de que las nuevas autoridades concedieran mayores ventajas al comercio, en especial una rebaja en el arancel que el algodA?n pagaba al pasar en trA?nsito por territorio mexicano, que Ai??l juzgaba oneroso y cuya disminuciA?n habAi??a tratado de obtener, sin Ai??xito, de Vidaurri. Anticipaba tambiAi??n que el arribo francAi??s allanarAi??a el camino para la entrada de mA?s armas, municiones y pertrechos. A miles de kilA?metros de las zonas en las que retrocedAi??an los ejAi??rcitos confederados, Ai??l se mostraba todavAi??a muy optimista, cuando la derrota era ya sA?lo cuestiA?n de tiempo. El general Robert E. Lee se rindiA? en Virginia en abril de 1865, con lo cual se desvanecieron las esperanzas de que el Sur se convirtiera en una naciA?n independiente. El fin de la Guerra Civil dio tambiAi??n tAi??rmino al auge comercial de los estados fronterizos. El comercio desarrollado durante la Guerra Civil estadunidense propiciA? la creaciA?n de fortunas, negocios, movimientos de poblaciA?n y vAi??nculos importantes entre el sur de Texas y el noreste de MAi??xico. Las condiciones que lo nutrAi??an desaparecieron con la guerra, pero perduraron varios vAi??nculos de diverso tipo, que irAi??an en aumento gradual a partir de 1870. En este sentido, el acercamiento vivido entre 1861 y 1865 prefigurA? la gestaciA?n de un espacio mA?s compacto y de intercambios intensos en las orillas del Bravo, en el que los principales actores no serAi??an siempre los gobiernos, sino agentes privados como los comerciantes, los migrantes y aun los criminales. AsAi??, el comercio y la diplomacia fronteriza de los aAi??os que van de 1860 a 1865 no sA?lo son un episodio importante en la formaciA?n de Estados Unidos y MAi??xico por haber influido sobre sus respectivas guerras civiles, sino que constituyen una versiA?n anticipada del surgimiento de un espacio binacional en el lAi??mite de Texas con el noreste mexicano.

PARA SABER MA?S:

MANUEL CEBALLOS RAMA?REZ, Encuentro en la frontera: mexicanos y norteamericanos en un espacio comA?n, MAi??xico, El Colegio de MAi??xico/Universidad AutA?noma de Tamaulipas, 2001.
GERARDO GURZA LAVALLE, Una vecindad efAi??mera: Los Estados Confederados de AmAi??rica y su polAi??tica exterior hacia MAi??xico 1861-1865, MAi??xico, Instituto Mora, 2001.
JESAsS HERNA?NDEZ, Norte contra Sur: Historia de la guerra de SecesiA?n, Barcelona, InAi??dita Editores, 2008.
RONNIE C. TYLER, Santiago Vidaurri y la ConfederaciA?n sureAi??a, Monterrey, Archivo General del Estado de Nuevo LeA?n, 2002.

Huellas de MAi??xico en Estados Unidos

Ana Rosa SuA?rez ArgA?ello / Instituto Mora

Revista BiCentenario # 19

zorroA?Te has preguntado, lector, por quAi?? en tantas pelAi??culas producidas por Hollywood aparecen tantos elementos culturales de origen mexicano? Recuerda, por ejemplo, las decenas de producciones con el tema de El Zorro ai??i??desde la primera, en 1922ai??i?? en que algunos personajes son hidalgos, o bien mineros que trabajan del lado sur de la frontera, o pastores que siguen a las marchas de ovejas, o vaqueros que participan en rodeos y practican todo tipo de suertes y todos ellos hablan espaAi??ol y son originarios o descendientes de personas nacidas en nuestro territorio.

A?CA?mo es que antes del inicio de la gran migraciA?n de mexicanos a fines del siglo XIX habAi??a ya en Estados Unidos una presencia cultural mexicana? La razA?n es que esta presencia comenzA? en realidad en 1845, aAi??o en el que Texas se convirtiA? en parte de la UniA?n. Se ampliarAi??a entre 1848 y 1854, cuando MAi??xico perdiera mediante la guerra y la compra lo que hoy son los estados de California, Arizona y Nuevo MAi??xico, ademA?s de parte de los actuales estados de Colorado, Nevada y Utah.

mapa california

La poblaciA?n que nuestro paAi??s vecino del norte adquiriA? por ocupaciA?n o conquista pasA? a ser una minorAi??a tan pronto los ciudadanos estadunidenses comenzaron a llegar en gran nA?mero a los territorios asAi?? adquiridos, en una minorAi??a desplazada del mando polAi??tico, excluida de la direcciA?n de las actividades econA?micas y ademA?s obligada a trabajar en condiciones de inferioridad. Vistos como inferiores por sus rasgos raciales y culturales, los 75,000 mexicanos que allA? se encontraban en el momento de cambio de los linderos nacionales se transformaron en extranjeros en su propia tierra, ajenos al idioma, las leyes y el modo de vida que se les impuso.

A ellos se sumarAi??an los cientos de miles de inmigrantes procedentes del sur del rAi??o Bravo que llegaron en los decenios posteriores, ya que los nuevos y porosos lAi??mites entre ambos paAi??ses no impidieron los cruces de la frontera. Por lo pronto, y fieles a viejas prA?cticas, los residentes de los estados mexicanos de Baja California, Sonora, Chihuahua, Coahuila, Nuevo LeA?n o Tamaulipas no cesaron de viajar libremente a Estados Unidos para atender sus asuntos, comerciar o ganarse la vida. Desde entonces, el paAi??s vecino del norte les ofreciA? posibilidades de empleo como vaqueros, pastores, mil usos, criados, operarios, mineros, vendedores o en la prostituciA?n. En sA?lo dos aAi??os despuAi??s de la firma del tratado de paz, cuando la noticia del descubrimiento del oro en las cercanAi??as de la ciudad de San Francisco, California, se habAi??a esparcido en Europa, Estados Unidos y el resto del continente americano, recibirAi??a a cerca de 20,000 mexicanos. Muchos fueron enviados por dueAi??os de tierras de los estados del nuevo norte de MAi??xico, donde hubo quienes se hicieron cargo de sus gastos de viaje y subsistencia, a cambio de la mitad del oro que descubriesen. Otros eran comerciantes, atraAi??dos por la posibilidad de hacer negocios del otro lado, que cargaban sus mulas y partAi??an hacia donde pensaban encontrar compradores para sus mercancAi??as; otros trabajaron para patrones estadunidenses en los rAi??os aurAi??feros.

Es cierto que esta poblaciA?n tuvo durante muchos aAi??os una existencia casi invisible, que sin embargo resultA? fundamental en el desarrollo de lo que habAi??a pasado a convertirse en el suroeste de Estados Unidos, en tanto que no solo suministrA? la mano de obra indispensable para el desarrollo de la regiA?n y del paAi??s, y porque a travAi??s suyo los reciAi??n llegados conocerAi??an los reglamentos, tecnologAi??a, herramientas y prA?cticas para ellos desconocidos, que utilizarAi??an en la minerAi??a, la crAi??a de ovejas y la ganaderAi??a.

Los mexicanos, herederos de la gran tradiciA?n minera del pueblo espaAi??ol, seAi??alaron la ruta a los mineros estadunidenses, quienes carecAi??an tanto de los precedentes legales como de la experiencia para explotar los yacimientos de oro, plata, cobre y mercurio que se encontraron en el suroeste durante los aAi??os siguientes. La minorAi??a mexicana proporcionA? el trabajo, la tecnologAi??a, las palabras ai??i??bonanza o placer, por ejemploai??i?? y un cuerpo completo de ordenanzas, aplicadas en la penAi??nsula ibAi??rica y en AmAi??rica Latina durante mA?s de 350 aAi??os y que serAi??an base de la legislaciA?n minera estadunidense. AsAi??, las ordenanzas espaAi??olas asignaban la posesiA?n de los minerales del subsuelo a la corona, pero permitAi??an derechos privados sobre la superficie. Como seAi??alA? Dan De Quille (1829-1898), testigo de lo anterior, ai???el negocio de trabajar minas de plata entonces era nuevo para nuestro pueblo, y mucho dependAi??an al principio de lo que les decAi??an los mineros de plata mexicanos que se congregaban en el paAi??sai???.

En la industria ovina, las instituciones, prA?cticas, costumbres, organizaciA?n y personal dedicado a ella derivaron su existencia en Estados Unidos de los conocimientos y la pericia de los patrones, pastores y trasquiladores mexicanos, alumnos a su vez de los patrones, pastores y trasquiladores espaAi??oles. El sistema de propiedades extensas, la prA?ctica de asignar derechos fijos de apacentamiento a los particulares, la divisiA?n laboral ai??i??una pirA?mide cuya base eran los pastores y la cA?spide los patronesai??i??, prevalecen en las fincas ovejunas mA?s grandes del suroeste. Asimismo, el sistema de trashumancia, que en EspaAi??a salvaguardaba la asamblea de la Mesta, facilitA? las marchas de ovejas en California, Arizona, Colorado, Nevada, Utah, Idaho, Wyoming y Montana. Equivale a las actuales asociaciones de rancheros de nuestros dAi??as. Cuenta Sarah Bixby Smith, quien viviA? en un rancho ovejero del sur de California en la dAi??cada de 1870:

Llegaban los trasquiladores, una banda alegre de mexicanos sobre caballos inquietos, con bridas maravillosas ribeteadas de plata, hechas de cuero crudo o pelo de cabello trenzado, y sillas de montar de cuernos altos, grandes estribos y amplio y bello cuero labrado. Los hombres iban vestidos con fino paAi??o negro, camisas blancas fruncidas, botas de tacA?n alto y altos y anchos sombreros ornados de plata galoneada, sostenidos con una cuerda bajo la nariz. Entraban 50 A? 60, amarraban los caballos, hacAi??an a un lado sus galas y aparecAi??an overoles cafAi??, con bandanas rojas en la cabeza, y vivAi??an y trabajaban en el rancho durante mA?s de un mes, tantas eran las ovejas que trasquilaban.

La poblaciA?n de origen mexicano tuvo ademA?s un papel de trascendencia en el desarrollo ganadero del suroeste. El vaquero fue el antecedente del cowboy, que adoptA? sus utensilios y mAi??todos, fusionA? ambos idiomas, acuAi??A? expresiones tales como chaparral, cavyard (de caballada), stampede (de estampida) y facilitA? la incorporaciA?n de palabras en espaAi??ol como chaparral, reata, burro, rebozo y tortilla. Y hoy, como entonces, utiliza una silla de montar diferente a la anglosajona, aplica el sistema hispanoamericano de marcas y registros y acude a los rodeos con una indumentaria surgida en la Ai??poca colonial y que le transmitieron los vaqueros, aplica tAi??cnicas para lazar que le enseAi??aron los mexicanos y se somete a las decisiones de los jueces de ganado, descendientes directos de los jueces de campo que solAi??an arreglar disputas, primero en la penAi??nsula ibAi??rica, y luego a ambos lados del rAi??o Bravo. La distribuciA?n del trabajo en los ranchos ganaderos tuvo y tiene, como en los ovejeros, un carA?cter semifeudal y sus propietarios siguen unidos en fuertes y bien organizadas asociaciones basadas en la instituciA?n espaAi??ola de la Mesta y muy poderosas.

El arte de la arrierAi??a fue aprendido por los estadunidenses de los arrieros mexicanos, como es evidente en diversos tAi??rminos lingA?Ai??sticos utilizados: alforja, aparejo, burro, corral, lazo, atajo,
mulada, etcAi??tera. Se reconocAi??a a los A?ltimos como los expertos en el oficio; se recurrirAi??a a ellos para el comercio que se desarrollA? en toda la regiA?n.

La tradiciA?n hispanomexicana influyA? asimismo en la legislaciA?n. Muchas instituciones heredadas de EspaAi??a, que MAi??xico conservA? y afinA? entre 1821 y 1846, siguieron funcionando. En ese sentido, hubo tres aportaciones jurAi??dicas a varios cA?digos de los estados del suroeste de Estados Unidos:

1) La disposiciA?n por medio de la cual se concede el derecho de usar las aguas corrientes para la irrigaciA?n o la producciA?n de fuerza motriz, sin necesidad de consultar a los dueAi??os de las tierras por donde pasen las corrientes. Es el caso de los estatutos que aA?n garantizan el acceso al agua en esa extensa regiA?n.

En efecto, a los angloamericanos les faltaba toda experiencia en cultivos de regadAi??o cuando llegaron a ella. Sus leyes eran producto de culturas en las que el agua abundaba y protegAi??an los derechos ribereAi??os, a diferencia de las legislaciones espaAi??ola y mexicana, que enfrentaban el problema de la carencia de agua y la necesidad de irrigaciA?n en la agricultura. La mayorAi??a de los nuevos estados y territorios surgidos de la invasiA?n de MAi??xico tuvo que desistir o modificar, despuAi??s de aAi??os de litigios y conflictos, la doctrina de origen anglosajA?n y adoptar la ley mexicana que conferAi??a al estado la propiedad de las aguas y el derecho de permitir que las aprovechase cualquier particular ai??i??ribereAi??o o no; a la fecha, estos preceptos forman parte de su sistema legal.

AdemA?s de adoptar estas leyes y estas prA?cticas, en Texas, Nuevo MAi??xico, Arizona, Colorado y California, donde la aridez constituAi??a una dura realidad, los reciAi??n venidos debieron recurrir a la experiencia de sus predecesores ai??i??mexicanos, espaAi??oles e indios puebloai??i?? para dar prosperidad a sus ranchos y granjas. Se apartaron asAi?? extensiones de tierra y destinA? el agua que corrAi??a por ellas para beneficio de todos. Lo mismo se harAi??a con la reserva de pastizales para todos.

Fue tambiAi??n preciso construir y mantener canales, represas y pozos al modo mexicano, a los que se considerA? y tratA? como propiedad y responsabilidad colectivas. A fines del siglo XIX aA?n habAi??a poblaciones en Nuevo MAi??xico donde aquellos que no hubiera colaborado en estos trabajos y cumplido con la parte que les correspondAi??a, perdAi??an el derecho de disponer de las mercedes comunales.

Se construyeron de tal forma sistemas de acequias, que llevaban agua a las represas desde lugares lejanos ai??i??se atraAi??a la de los rAi??os y atrapaba la del deshieloai??i??, se valAi??an de tecnologAi??as avanzadas que facilitaban a los vecinos la obtenciA?n de agua potable y les permitAi??an el riego de los cultivos. Mencionemos dos ejemplos: la acequia y el acueducto de la espada, el primero un canal derivado desde el rAi??o y el segundo un sistema de caAi??erAi??as hecho de mamposterAi??a que llevaban agua a la misiA?n de San Antonio, Texas, y el embalse de la antigua misiA?n, en San Diego, California, una represa hecha de adoquines y cemento que cumpliA? un papel fundamental en el desarrollo de ese territorio.

2) Se conservA? la prohibiciA?n de vender tierras colectivas para su explotaciA?n, en todo caso se permitAi??a alquilarlas a plazos determinados.

3) ContinuA? el precedente de los intereses comunes en las propiedades matrimoniales. Una de las primeras distinciones que hubo en Estados Unidos entre las propiedades propias de la esposa y las propiedades comunes por matrimonio aparece en la primera ConstituciA?n del estado de California (1849) y dice: ai???Toda propiedad real y personal de la esposa, poseAi??da y reclamada por ella antes del matrimonio, y las adquiridas despuAi??s por donaciA?n, legado, o linaje, o ascendencia, serA?n de su sola propiedad, y se aprobarA?n leyes que definan con mA?s claridad los derechos de la mujer tanto respecto a la separaciA?n de bienes como a las tenga en comA?n con su maridoai???. Se negA? por lo mismo a los interesados la posibilidad de que cada uno dispusiera por su cuenta de los bienes comunes; para ello tendrAi??an que recurrir a los tribunales.

Estas medidas eran muy justas para las mujeres y estaban influidas por las leyes de propiedad ejercidas en MAi??xico ai??i??a donde llegaron desde EspaAi??aai??i??, y se contraponAi??an al derecho consuetudinario anglosajA?n, que otorgaba al marido un dominio ilimitado de los bienes e ingresos de la esposa, esto es, el derecho de hacer con ellos lo que quisiera. Quedaron asAi?? garantizados los derechos de las mujeres, tanto por herencia como sobre los ingresos y bienes propios o reunidos durante el matrimonio. Es interesante que un par de sociedades acusadas con frecuencia de machismo como la espaAi??ola y la mexicana fueran justamente las que brindasen a Estados Unidos un precedente legal no establecido por su propia tradiciA?n.

Podemos concluir entonces que las primeras huellas de MAi??xico en Estados Unidos cuentan con varias centurias y que la presencia de nuestra naciA?n en el vecino paAi??s del norte se siente todavAi??a en numerosas costumbres y tradiciones a la fecha imperantes, en la prA?ctica de la minerAi??a, la crianza de ovejas y la ganaderAi??a, en la distribuciA?n del agua y en la vida jurAi??dica y cotidiana de muchas de sus mujeres.

PARA SABER MA?S:

Alfredo JimAi??nez, El Gran Norte de MAi??xico: una frontera imperial en la Nueva EspaAi??a (1540ai??i??1820), Madrid, TAi??bar, 2006.
Martha Ortega Soto, Alta California: una frontera olvidada del noroeste de MAi??xico (1769ai??i??1846), MAi??xico, Universidad AutA?noma Metropolitana, 2001.
* ai???La marca del zorroai???, 1922, en http://www.youtube.com/watch?v=eDAoExVYOpc.