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Dilema

Ana SuA?rez
Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 34.

JuA?rez, sAi??mbolo de la repA?blica contra la intervenciA?n francesa (500x365)

EstA? ahAi??, en su despacho de Palacio Nacional, sentado en la silla que tanto trabajo le costA? alcanzar, se dice que a lo mejor es cierto lo que afirman sus enemigos, y tambiAi??n sus amigos; ya es bastante, lleva 18 aAi??os de ser presidente y demasiados de beber de esa pA?cima que es el poder. LlegA? el momento de retirarse. Se pone la mano sobre el corazA?n, susurra que ha de aceptar la realidad, estA? viejo y sobre todo enfermo y si no se cuida en cualquier momento la angina de pecho le darA? un susto.

Benito piensa que si accede a tal peticiA?n requerirA? de fuerza, mucha fuerza, pero Ai??l supo estar a la altura desde la infancia, A?si por eso dejA? Guelatao decidido a no pastorear a una oveja mA?s! TambiAi??n lo estuvo mA?s tarde: A?tanto tiempo viviendo a salto de mata para salvar al gobierno liberal, primero de los reaccionarios, despuAi??s de los franceses y las tropas imperiales! SAi??, por supuesto que podrAi??a, deberAi??a entonces de pensar en alejarse ahora, cuando todos y todo le aconsejan guardarse para la historia. Su vida polAi??tica ha de terminar dignamente, como la de un patricio, no tiene razA?n para exponerla en otra revoluciA?n, A?si adivina el designio de don SebastiA?n, tan impaciente por sucederlo, y no se diga de don Porfirio, es casi tan ambicioso como Ai??l lo fue!

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No es la primera vez que considera el retiro. Lo hizo cuando dudA? entre permanecer en Oaxaca, ejerciendo como mero abogado, pero al lado de Margarita, criando junto a los hijos, y no tener que enviarlos a los Estados Unidos para protegerlos del enemigo. Lo hizo tambiAi??n mA?s tarde, mientras peregrinaba por el norte con el ejAi??rcito enemigo a sus espaldas, cuando pensA? en desistir de todo, en alcanzar a la familia y que el paAi??s se las arreglara como fuese o se fuera al carajo pero sin arrastrarlos consigo. Lo ha pensado tambiAi??n A?ltimamente: se le antoja hacer un largo viaje, ir a la ciudad de Nueva York de la que ella solAi??a contarle tantas cosas, o siquiera volver a Veracruz, allAi?? donde siempre fue bien recibido.

Pero no quiso entonces, esas ideas le parecieron absurdas, si Ai??l hizo lo que tenAi??a que hacer, de Ai??l dependAi??a el porvenir de la repA?blica y estaba dispuesto a pagar cualquier precio. Y tampoco lo desea ahora; se pregunta ademA?s quAi?? harAi??a de su vida si decidiera no reelegirse, si Margarita se fue y los hijos no lo necesitan. AdemA?s, retirarse con honores no es lo suyo; si bien puede dejar que otros administren y dispongan, a Ai??l le gusta pronunciar la A?ltima palabra, complacerse con la sumisiA?n y las reverencias de los otros, sentir que Ai??l tiene el poder, que Ai??l lo encarna.

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“El Mixcoac de mis recuerdos…”

Graziella Altamirano
Instituto Mora

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 12.

Las reminiscencias de la seAi??ora Guadalupe MartAi??nez de Ritz sobre su infancia en el Mixcoac de los aAi??os veinte del siglo pasado, comprenden la entrevista que presentamos a continuaciA?n. Se refieren al pueblo de los apacibles callejones y nuevas calzadas; el de los establos y huertas de A?rboles frutales; el de los jardines e iglesias; el que ya era recorrido por los nuevos tranvAi??as elAi??ctricos y en el que se detenAi??an los trenes que iban a los pueblos mA?s alejados que rodeaban la ciudad. El Mixcoac del legendario barrio de San Juan con su placita llena de plantas, su Santuario de la Virgen de Guadalupe y la vieja y adusta casona decimonA?nica que fuera hogar del prA?cer liberal ValentAi??n GA?mez FarAi??as, y que ahora alberga al Instituto Mora.

El relato estA? salpicado de anAi??cdotas y vivencias, a veces con un asomo de nostalgia por los tiempos idos, y a la vez con ese entusiasmo vivaz y esa frescura de la memoria no inmediata, que a menudo permite viajar por los recuerdos de los primeros aAi??os y evocar nAi??tidamente los lugares, las personas y los hechos que dejaron huella y que se observaron a tra- vAi??s de los prismas de la niAi??ez.

AsAi??, doAi??a Guadalupe MartAi??nez nos transporta por el tiempo al barrio de San Juan y nos muestra el devenir cotidiano de una familia de clase media que vivAi??a muy cerca de la plaza, enfrente de la casa de don Irineo Paz, el abuelo porfiriano de Octavio Paz y junto a la huerta donde fuera sepultado don ValentAi??n GA?mez FarAi??as porque la iglesia impidiA? su inhumaciA?n en el camposanto.

Es un conjunto de recuerdos que nos permite vi- sualizar un rincA?n de los alrededores de la ciudad; un espacio donde transcurre el devenir cotidiano del Mixcoac aA?n campirano y en el que se refleja la problemA?tica polAi??tica encarnada en la persecuciA?n religiosa que viviA? la ciudad en los aAi??os posrrevolucionarios. Encuentran tambiAi??n un lugar los fantasmas, las leyendas del barrio y las festividades, asAi?? como las calles, las plazas y las escuelas, mucho de lo cual ha logrado sobrevivir al paso del tiempo, a pesar de los cambios vertiginosos sufridos por la gran ciudad.

Ladrillera en Mixcoac

Ladrillera en Mixcoac

NacAi?? el 4 de octubre de 1918 en la colonia San Rafael. Mi padre fue el abogado Juan MartAi??nez y mi madre, Victoria Meana, dedicada al hogar, como en aquAi??l entonces. Llegamos a Mixcoac porque mi papA? tuvo un accidente, al poco tiempo muriA?, mi mamA? quedA? viuda y en Mixcoac vivAi??an mi abuelita con sus otros hijos que eran solteros. Mis tAi??os y mi abuelita ya no quisieron que mi mamA? regresara hasta la colonia San Rafael, que entonces estaba muy distante y le dijo: ai???no, tA? ya no te vasai???, porque yo tenAi??a un aAi??o de nacida. Dijo: ai???quAi?? vas a hacer con la niAi??aai???, entonces ya nos quedamos en Mixcoac.

Uno de mis tAi??os rentA? una casa de ahAi??, enfrente a la casa de Octavio Paz, era el nA?mero 72 de la calle que se llamaba en esa Ai??poca avenida CuauhtAi??moc, ahora se llama Rubens, entonces, rentA? esa casa muy grande que tenAi??a huerta, un corral, una alberca, estaba muy bien esa casa. AhAi?? vivimos muy bien, se casA? otra de mis tAi??as, se casA? uno de mis tAi??os, entonces ya quedamos nosotros ahAi?? con mi abuelita. Vivimos hasta que tenAi??a yo once aAi??os de edad. De ahAi?? nos cambiamos a la calle de la Empresa, que es tambiAi??n paralela a Rubens. Casi vivAi??amos en la esquina de Augusto Rodin. Es el mismo rumbo, pero yo de lo que mA?sAi??me acuerdo es de cuando vivAi?? en Rubens porque, A?cA?mo le dirAi???, entre mA?s chica es una, como que recuerda con mA?s claridad que cuando ya es una mA?s grande.

Mi casa era… una casa muy grande, tenAi??a siete ventanas. El zaguA?n y siete ventanas, entonces, adentro, tenAi??amos un jardAi??n. Primero… ya ve cA?mo eran los corredores para las puertas de las recA?maras y de la sala y todo, era una sala enorme. El corredor y unas escalerillas y el jardAi??n. AtrA?s del jardAi??n estaba la huerta, una huerta enorme, tenAi??amos hasta chirimoyas y casi todas las frutas conocidas, tenAi??amos A?rboles frutales. DespuAi??s, mi tAi??o comoAi??hobbieAi??puso su estadAi??a, puso un establo, entonces empezaron a poner los macheros y acondicionar para el establo. HabAi??a en la zona varios establos. HabAi??a uno muy grande hacia adelante, para avenida RevoluciA?n.

[...]
Para leer el artAi??culo completo, consulte la revistaAi??BiCentenario.

19. Minutos que cambiaron la historia: Pedro Lascurain y la Decena TrA?gica

Graziella Altamirano / Instituto Mora

Revista BiCentenario # 19

La historia resolverA? serenamente sobre mi actitud;
estimo demostrar con ella mi lealtad a quien me
honrA? con su confianza, y mi amor a mi patria.

Nunca olvidarAi??a aquel 19 de febrero de 1913, cuando fue presidente de MAi??xico por unos minutos, y tuvo prA?cticamente en sus manos, no sA?lo la vida del mandatario que acababa de renunciar, sino el destino del paAi??sai??i?? y no pudo hacer nada para evitar el desenlace fatal. Poco antes de morir, a sus lA?cidos 93 aAi??os, accediA? a dar su A?ltima entrevista a la prensa, pese a que no le gustaba recordar aquellos tiempos, y repitiA?, como lo hizo siempre, que su A?nico propA?sito ai???habAi??a sido obtener garantAi??as que pusieran a salvo la vida del seAi??or Madero, el apA?stol de la revoluciA?n. Fue el malvado engaAi??o, porque muy pocas horas despuAi??s de serme garantizada la vida del presidente, era asesinado. No quiero aAi??adir mA?s…ai???

Desde los lejanos dAi??as de 1913, Pedro Lascurain viviA? el estigma de una dudosa lealtad hacia el presidente Madero y su complicidad con quienes lo traicionaron. Pese a que confiA? en un veredicto sereno e imparcial de la historia, ha sido un personaje controvertido por el papel que le tocA? desempeAi??ar en aquellos sucesos y, por mucho tiempo, objeto de prejuicios recogidos de la imagen histA?rica que le formaron sus detractores.

A cien aAi??os de la Decena TrA?gica, recordamos ese dAi??a en la vida del hombre que ha sido llamado el presidente relA?mpago por los escasos minutos que, por razA?n de su cargo, ocupA? en la presidencia de la repA?blica entre el gobierno democrA?tico de Francisco I. Madero y la dictadura del general Victoriano Huerta.

Lascurain fue uno de los personajes centrales de ese episodio. Pero mA?s allA? de los minutos que permaneciA? en la presidencia, A?nico hecho con el que se le asocia, habrAi??a que conocer su desempeAi??o al frente de Relaciones exteriores en el gobierno maderista y examinar el telA?n de fondo en el que se desarrollA? la trama de aquella dramA?tica historia.

Lascurain

Pedro Lascurain fue un conocido abogado y prA?spero empresario del porfiriato. PerteneciA? a la generaciA?n que presenciA? la consolidaciA?n y el derrumbe del rAi??gimen de DAi??az y figurA? entre los hombres de transiciA?n que se comprometieron a colaborar con el primer gobierno de la revoluciA?n. Nombrado por Madero como secretario de Relaciones exteriores en abril de 1912, asumiA? su puesto defendiendo la legalidad, procurando la pacificaciA?n del paAi??s y figurando como un elemento mediador de los desacuerdos existentes entre los miembros del gabinete. Al frente de la cancillerAi??a le tocA? resolver los problemas derivados de las delicadas relaciones con el gobierno de Estados Unidos cuando peligraban los grandes intereses estadunidenses por la inestable situaciA?n del paAi??s, y fue vAi??ctima de la polAi??tica hostil del embajador Henry Lane Wilson, de su animadversiA?n hacia el gobierno mexicano y su personal antipatAi??a contra el presidente Madero.

A lo largo de 1912 y hasta febrero de 1913, Estados Unidos llevA? a cabo una sinuosa y contradictoria polAi??tica hacia MAi??xico, que oscilA? entre amenazas de intervenciA?n y declaraciones amistosas, junto con el envAi??o de agresivas notas que exigAi??an la protecciA?n de los ciudadanos estadunidenses residentes en nuestro paAi??s y de sus propiedades. El canciller respondiA? en tono firme y categA?rico, rechazando los cargos contra el gobierno mexicano.

Desde la cancillerAi??a, Lascurain fue testigo de las dificultades internas del gobierno maderista, de las conspiraciones y levantamientos armados que surgieron en su contra. Fue partAi??cipe de la crisis polAi??tica ocasionada, en gran parte, por los errores del mandatario y sus colaboradores; fue blanco de las crAi??ticas de una implacable prensa de oposiciA?n que contribuyA? decididamente al desprestigio del gobierno y serAi??a uno de los actores principales en el fatal desenlace de la Decena TrA?gica, con el cambio de poderes y la caAi??da del rAi??gimen.

El escenario del crimen
La maAi??ana del 9 de febrero de 1913, el zA?calo de la ciudad de MAi??xico amaneciA? envuelto en un espeso humo de pA?lvora del nutrido tiroteo desatado entre miembros del ejAi??rcito federal y un grupo de militares insurrectos que disparaban desde las azoteas del palacio nacional, los portales y las torres de la catedral. Esa madrugada, segA?n el plan concebido por los conspiradores, los generales Bernardo Reyes y FAi??lix DAi??az, encarcelados en distintas prisiones de la capital por haberse sublevado contra el gobierno, fueron liberados por el general Manuel MondragA?n y sus seguidores para atacar juntos el palacio. Reyes muriA? en el acto y los rebeldes al mando de FAi??lix DAi??az se retiraron para atrincherarse en el edificio de la Ciudadela, que era cuartel y almacAi??n de armas. DespuAi??s del fallido ataque, el zA?calo quedA? sembrado de cadA?veres y escombros. HabAi??a comenzado la Decena TrA?gica.

El presidente Madero escoltado desde el castillo de Chapultepec por cadetes del Colegio Militar se dirigiA? al palacio y en vista de que el comandante de la plaza habAi??a resultado herido en el ataque, nombrA? en su lugar al general Victoriano Huerta, quien quedA? como jefe de las operaciones contra los rebeldes de la Ciudadela. El presidente nunca se imaginA? que al otorgar ese nombramiento empezaba a escribir su sentencia de muerte, ya que a los pocos dAi??as Huerta se sumarAi??a a la traiciA?n.

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Siguieron dAi??as de zozobra y terror. La ciudad se paralizA?, las calles se transformaron en campo de batalla y sus habitantes presenciaron atA?nitos la destrucciA?n y muerte ocasionada por el bombardeo indiscriminado que se desatA? en las avenidas mA?s cAi??ntricas.

Desde la cancillerAi??a, Lascurain recibiA? las quejas y reclamos de los diplomA?ticos que, alarmados por la situaciA?n, exigieron las seguridades necesarias para la protecciA?n de sus connacionales y, encabezados por el embajador estadunidense, pidieron la renuncia del presidente Madero como A?nica soluciA?n para evitar la intervenciA?n armada. Esto provocA? la alarma y ocasionA? desacuerdos y divisiones entre los integrantes del gobierno.

La amenaza de intervenciA?n propagada por Henry Lane Wilson terminA? por enredar a Lascurain en el imbricado tejido de las intrigas del embajador y la presiA?n que Ai??ste ejerciA? para lograr la renuncia del presidente influyA? en la conducta del canciller, quien llegA? a sentirse indirectamente responsable del peligro que amenazaba a MAi??xico, los mexicanos y el propio presidente. SegA?n declarA? el ministro cubano Manuel MA?rquez Sterling, a Lascurain le tocA? desempeAi??ar el papel mA?s difAi??cil en aquellos trances, obligado a entenderse con un cuerpo diplomA?tico en su mayor parte hostil y, sobre todo, con el embajador Wilson ai???que tramaba, y hacAi??a cuestiA?n de amor propio, la ruina del gobiernoai???.

Los problemas de Madero no sA?lo venAi??an del exterior, internamente su gobierno se tambaleaba. Los dAi??as pasaban y la situaciA?n se complicaba. Los rebeldes permanecAi??an en la Ciudadela, los tiroteos continuaban en las principales calles, y Huerta, pese a sus promesas, no definAi??a la estrategia que lo llevara a hacer un ataque formal, hecho que empezA? a revelar su complicidad con los traidores y su entendimiento con el embajador Wilson. Finalmente, el 18 de febrero se desenmascarA? y descubriA? su traiciA?n dando el golpe final al gobierno maderista, al mandar aprehender y encerrar al presidente Madero y al vicepresidente Pino SuA?rez en la intendencia de palacio nacional. Esa misma noche, se reunAi??a en la embajada de Estados Unidos con el general FAi??lix DAi??az, a invitaciA?n del mismo Wilson, para firmar el pacto que desconocAi??a al poder ejecutivo y determinaba que antes de 72 horas Ai??l asumirAi??a la presidencia provisional de la repA?blica con un nuevo gabinete. Era el principio del fin.

Las vicisitudes de un dAi??a difAi??cil
El dAi??a 19, muy temprano en la maAi??ana, Huerta enviA? a un comisionado a la intendencia de Palacio para conminar a los prisioneros a presentar sus renuncias y, con ello, garantizar sus vidas, de lo contrario, quedarAi??an expuestos a todas las consecuencias. Ante la crAi??tica situaciA?n, Madero y Pino SuA?rez resolvieron dimitir de sus cargos, pero con ciertas condiciones que debAi??an ser aceptadas en una carta firmada por el general Huerta.

Lascurain llegA? poco despuAi??s llevando un mensaje confidencial de los padres y la esposa del presidente aconsejA?ndole renunciar y encontrA? la noticia de que ya habAi??a resuelto hacerlo. Fue en tonces que el presidente lo comisionA? para tramitar personalmente todos los asuntos relacionados con su dimisiA?n y salida del paAi??s. Conforme a su costumbre, Madero consignA? por escrito, de su puAi??o y letra, en el reverso de una de sus tarjetas personales, las palabras con las instrucciones de lo que debAi??a hacer Lascurain. Indicaba que los oficiales y jefes de su Estado Mayor asAi?? como el general Felipe A?ngeles fueran puestos en libertad, igual que su hermano Gustavo y el intendente Adolfo BassA? (Gustavo ya habAi??a sido asesinado por A?rdenes de Huerta y el presidente aA?n no lo sabAi??a). SeAi??alaba que preparara todo para que esa noche saliera un tren especial a Veracruz, en el que pudieran viajar Ai??l, su hermano Gustavo, A?ngeles y Pino SuA?rez, con sus respectivas familias. Que se ordenara al pagador que fueran entregados sus sueldos a Ai??l y a Pino SuA?rez y que se elaborara una carta en la que Huerta ofrecerAi??a conservar el orden constitucional en los estados, no perseguir a los amigos de Madero y proporcionar toda clase de seguridades en su viaje a Veracruz.

Lascurain trabajA? toda la maAi??ana de ese dAi??a para cumplir las disposiciones del presidente. ArreglA? que el general A?ngeles fuera trasladado a la intendencia de Palacio con Madero, para ser jefe de su escolta en el viaje a Veracruz. LogrA? el compromiso de que algunos ministros extranjeros acompaAi??aran al presidente y al vicepresidente y que fuera colocado un tren especial en la estaciA?n de Buenavista, donde serAi??an llevadas sus familias.

Al mediodAi??a, regresA? a Palacio, acompaAi??ado de Ernesto Madero, tAi??o del presidente, para informarle sobre todas sus gestiones. En ese momento, Madero redactA? de su puAi??o y letra varios borradores de su renuncia, misma que fue pasada en limpio en un solo pliego, en nombre suyo y del vicepresidente y firmado por ambos. Los hechos posteriores demostrarAi??an que estaban firmando su sentencia de muerte:

En vista de los acontecimientos que se han desarrollado de ayer acA? en la naciA?n y para mayor tranquilidad de ella, hacemos formal renuncia de nuestros cargos de presidente y vicepresidente respectivamente, para los que fuimos elegidos. Protestamos lo necesario. MAi??xico 19 de febrero de 1913.

Caricatura de Madero, Pino SuA?rez y Huerta

Caricatura de Madero, Pino SuA?rez y Huerta

La tarde de ese dAi??a, Lascurain, Madero y Jaime Gurza, secretario de Comunicaciones, se ocuparon de arreglar los detalles del viaje a Veracruz. Fueron varias veces a ver a Huerta, llevando y trayendo proposiciones para preparar la partida. Gestionaron juntos las garantAi??as de seguridad para los ministros que acompaAi??arAi??an a los ex mandatarios, asAi?? como a sus respectivas familias. En varias ocasiones, Lascurain preguntA? a Huerta la hora de la partida del tren, y el general le contestA? indistintamente ai???que le tuviera confianza, que los militares nunca decAi??an la hora de la salida y que convenAi??a guardar el secreto para que no trataran de matar a Madero en el caminoai???. LlegA? a decirle que ai???cuando llevA? al general DAi??az a Veracruz rumbo al exilio, sA?lo don Porfirio y Ai??l sabAi??an la hora de la partidaai???.

Las horas pasaban, algunas gestiones se concretaban, pero pese a la insistencia de Lascurain, no aparecAi??a por ninguna parte la carta prometida con las garantAi??as estipuladas. En uno de los momentos en que se encontraban hablando Lascurain y Gurza con Huerta, se presentA? una comisiA?n de diputados anunciando que la CA?mara esperaba impacientemente la presentaciA?n de la renuncia, cuya tardanza podAi??a traer mayores dificultades polAi??ticas. Huerta se dirigiA? a Lascurain urgiendo la necesidad de que Madero enviara su renuncia a la CA?mara, asegurando, de nuevo, que tanto el presidente como el vicepresidente y sus acompaAi??antes no tendrAi??an ningA?n obstA?culo para llegar a Veracruz.

Lascurain y Gurza regresaron con Madero, quien informado de lo anterior, autorizA?, sin saber que la carta de garantAi??as aA?n no existAi??a, que la renuncia fuera llevada a la CA?mara por Lascurain, creyendo que Ai??ste la conservarAi??a hasta que hubiera salido el tren. Poco despuAi??s, algunos ministros extranjeros llegaron a la intendencia a manifestar su apoyo a los prisioneros y el presidente aceptA? la oferta del cubano MA?rquez Sterling, de acompaAi??arlo hasta la estaciA?n de ferrocarril para partir a Veracruz y embarcarse en el crucero Cuba.

El golpe final
Mientras tanto, Lascurain se dirigiA? a la CA?mara en donde los diputados reunidos en sesiA?n extraordinaria lo instaron a entregar las renuncias. La admisiA?n de la renuncia de Madero se aprobA? por 119 votos contra ocho. La de Pino SuA?rez por 123 contra cuatro. Inmediatamente despuAi??s se suspendiA? la sesiA?n de la CA?mara de Diputados e iniciA? la sesiA?n extraordinaria del XXVI Congreso general, con el objeto de recibir la protesta constitucional del ciudadano licenciado Pedro Lascurain, a quien por ser secretario de Relaciones exteriores, le correspondAi??a por ley. Acto seguido, Ai??ste llegA? al salA?n acompaAi??ado por una comisiA?n de diputados y protestA? como presidente interino. El acta fue aprobada sin discusiA?n y despuAi??s se recibiA? el oficio en el que el presidente reciAi??n nombrado, en ejercicio de la facultad que le concedAi??a la ConstituciA?n, nombraba a Huerta secretario de GobernaciA?n. Esto no habAi??a terminado de ser aprobado por la cA?mara cuando se recibiA? el oficio que contenAi??a la renuncia de Lascurain.

SegA?n la crA?nica de los debates de aquella sesiA?n parlamentaria, habAi??an transcurrido tan solo 45 minutos, tiempo suficiente para revestir de legalidad el trA?mite impuesto por Huerta, quien con el respaldo del ejAi??rcito, el apoyo extranjero y el temor de los que tomaron parte en aquel acto oficial consiguiA? cristalizar sus planes. La de Lascurain serAi??a la presidencia mA?s breve, malograda y controvertida de la historia. En su renuncia escribiA? que los acontecimientos lo habAi??an colocado en el caso de facilitar los medios para que dentro de la ley se pudiera resolver una situaciA?n que de otro modo acabarAi??a con la existencia nacional y apelaba al juicio sereno de la historia tras reconocer que habAi??a aceptado con toda conciencia ese papel, ya que de rehusarse hubiera cooperado a futuras desgracias. Sin embargo, Huerta ocupaba ya la presidencia de la repA?blica y Madero continuaba prisionero, dependiendo su libertad sA?lo de promesas.

Caricatura de Manuel MA?rquez Sterling

Caricatura de Manuel MA?rquez Sterling

MA?rquez Sterling, quien se encontraba en la intendencia con los prisioneros, escribiA?, aAi??os mA?s tarde, que cuando Lascurain saliA? con la renuncia, Madero preguntA? por la carta de Huerta. Su tAi??o Ernesto, que estaba con ellos y a quien tambiAi??n se le habAi??a encomendado conseguir la carta, le informA? que aA?n no estaba firmada. Madero se dio cuenta de que estaba perdido, que habAi??a mantenido falsas expectativas con respecto a las garantAi??as de Huerta y ordenA? que se tratara de impedir que su renuncia llegara a la CA?mara, lo que no se consiguiA?, pues Lascurain ya la habAi??a entregado. Aun cuando girA? nuevas instrucciones para que sus enviados regresaran y dijeran a Lascurain que no renunciara a la presidencia interina hasta que Ai??l se hubiera embarcado en Veracruz, esa orden tambiAi??n llegA? demasiado tarde. Todo habAi??a terminado. Los ex mandatarios sin sus investiduras no serAi??an respetados, Madero sabAi??a que Huerta no cumplirAi??a con su palabra y Lascurain, quien al fin de cuentas quedA? envuelto en la estrategia de los golpistas, habAi??a terminado, sin quererlo, colaborando con ellos en el A?ltimo acto de la caAi??da del gobierno maderista.

La tan esperada carta quedA? convertida en promesas. AA?n al salir de la cA?mara, Huerta pidiA? repetidas veces a Lascurain que le tuviera confianza, que ya le avisarAi??a con su ayudante la hora de salida del trenai??i?? nunca lo hizo. En la intendencia de Palacio, Madero, Pino SuA?rez, A?ngeles y MA?rquez Sterling se quedaron esperando la orden de salida. A media noche, Madero estaba convencido de que el tren no saldrAi??a a ninguna hora; en tanto, en la estaciA?n, envueltos en la mayor zozobra, parientes y amigos aguardaron vanamente hasta las 2 am, cuando les notificaron que la partida se habAi??a cancelado. Era un mal presagio.

Lascurain regresA? de la estaciA?n en medio del mayor desaliento y escribiA? una carta que dejaba ver su desesperaciA?n, la cual al parecer dirigiA? al gobierno de Estados Unidos, solicitando su intervenciA?n a favor de los prisioneros. No sabemos si la carta llegA? a su destino, el borrador lo conservA? Lascurain. DecAi??a:

Durante los trA?gicos acontecimientos que acaban de desarrollarse en mi paAi??s, me tocA? el papel de mediador. Para evitar mayor efusiA?n de sangre, logrAi?? renunciaran el seAi??or presidente Madero y el vicepresidente Pino SuA?rez, mediante la condiciA?n de que inmediatamente se les trasladarAi??a con sus amigos a un buque en el puerto de Veracruz [ai??i??] No se ha cumplido con esto y yo que intervine con la mayor buena fe del mundo, paso ahora ante el seAi??or Madero a quien tanto estimo, como un desleal que lo engaAi??A? [ai??i??] Creyendo en la buena fe de Huerta que me hizo reiteradas promesas, presentAi?? la renuncia creyAi??ndome que los llevarAi??an al tren que ya estaba esperA?ndolos. Ahora, temen por sus vidas y no pueden ya fiarse en las promesas que se les hagan [ai??i??] En vista de la dificilAi??sima situaciA?n en que me encuentro de aparecer como que entreguAi?? a mis buenos amigos, imploro su ayuda para que se dirija por esta vAi??a a Huerta recomendA?ndole que cumpla su promesa [ai??i??] ConfAi??o en los sentimientos humanitarios de su excelencia.

El secretario de Estado de Estados Unidos escribiA? al embajador Wilson que su gobierno esperaba saber que el expresidente habAi??a sido tratado en forma compatible con la paz y la humanidad y Wilson le contestA? el dAi??a 20, diciendo que Huerta habAi??a asegurado que tomarAi??a las precauciones necesarias para que Madero fuera tratado de acuerdo a principios humanitarios. Es sabido que Wilson no hizo nada por interceder en el asunto.

Los dAi??as siguientes, Lascurain tratA? por todos los medios que las vidas de Madero y Pino SuA?rez fueran respetadas. Quiso hablar con Huerta y no fue recibido, acudiA? a ministros extranjeros y miembros del gabinete del nuevo gobierno, pero fue inA?til. Finalmente, reconociA? que habAi??a sido una pieza clave en los planes del usurpador y sus buenas intenciones no fueron suficientes para resolver un asunto de tal envergadura. Tiempo despuAi??s declaraba ai???inA?til describir mi desengaAi??o, mi tristeza y mi cA?lera por haber sido engaAi??ado vilmenteai???. Madero y Pino SuA?rez fueron asesina dos el 22 de febrero.

Lascurain se retirA? a la vida privada. RetomA? su bufete de abogado, sus cA?tedras en la reciAi??n fundada Escuela Libre de Derecho y su participaciA?n en la junta directiva del Colegio de las VizcaAi??nas. Tras la caAi??da de Huerta y el triunfo del constitucionalismo, algunos carrancistas lo culparon de la muerte de Madero. ViviA? exiliado en Nueva York con su numerosa familia de agosto de 1914 a septiembre de 1919 y, de regreso a MAi??xico, volviA? a sus antiguas actividades y negocios. PresidiA? la Barra de Abogados, fue miembro honorario de la Academia de Jurisprudencia y LegislaciA?n de Madrid y recibiA? del gobierno de Cuba la Orden del MAi??rito Carlos Manuel CAi??spedes en el grado de Gran Oficial, presea que en 1930 le entregA? personalmente MA?rquez Sterling, de nuevo embajador en MAi??xico.

Los aAi??os siguientes siguiA? declarando y respondiendo a las imputaciones que se le hacAi??an de vez en cuando sobre los sucesos del 19 de febrero de 1913. El vAi??nculo con el pasado que tanto le afectA? nunca se rompiA? y conservA? sus viejos papeles en espera de un veredicto posterior por su participaciA?n en aquel proceso.

La Revista Mexicana de San Antonio, Texas, publicA? el 2 de noviembre de 1916 la ai???Calavera de Pedro Lascurainai???:

Caricatura de M. MA?rquez Sterling

Ante esta tumba detente
Andante, inclina la frente
Y a un ai???grandeai??? rinde culto,
AquAi?? yace un presidente
Que durA? medio minuto.

PARA SABER MA?S:
Graziella Altamirano, Pedro Lascurain. Un hombre en la encrucijada de la RevoluciA?n, MAi??xico, Instituto Mora, 2004.
ai???Diario de la Decena TrA?gica escrito por Kumaichi Horigoutchi, encargado de Negocios del JapA?n en MAi??xicoai???, BiCentenario. El ayer y hoy en MAi??xico, Instituto Mora, nA?m. 4, abril-junio, 2009, MAi??xico, pp. 60-73 o http://revistabicentenario.com.mx/?s=embajador+japones&x=0&y=0
Manuel MA?rquez Sterling, Los A?ltimos dAi??as del presidente Madero, 1917 en http://archive.org/stream/abe2976.0001.001.umich.edu#page/3/mode/2up
* Pedro Lascurain. El presidente relA?mpago, Palmera Films-Euskal Telebizta, 2000, VHS.

El sonado caso del ministro Joannini. Suicidio, polAi??tica y juego en la ciudad de MAi??xico, 1879-1882

Fausta GantA?sAi?? /Ai?? Instituto Mora

Revista BiCentenario # 18

Escena inicial
El sonido de un balazo atravesA? el aire. Eran las diez y media de la maAi??ana del 20 de marzo de 1882. El cuerpo de Luis Joannini Ceva, conde de San Miguel, ministro plenipotenciario de Italia en MAi??xico, yacAi??a tendido en el piso de su estudio en medio de una gran mancha de sangre que fluAi??a desde el orificio abierto en la sien derecha provocado por una bala que acababa de dispararse con la pistola que un poco antes comprA? en una armerAi??a de la ciudad.

Suicidio

Ai??doudard Manet, “El suicidio” (1877)

Arribo, presentaciA?n y Ai??xito social
El baile de mA?scaras habAi??a sido un Ai??xito rotundo. El ministro italiano y su esposa realmente se esmeraron en hacer de esa la recepciA?n mA?s elegante e importante del aAi??o, tanto asAi?? que el esplendor de la fiesta alumbrarAi??a aA?n por mucho tiempo a la sociedad mexicana y varios aAi??os mA?s tarde seguirAi??a siendo recordada en los anales de la prensa, como en los ai???Ecos dominicalesai???, de La Patria Ilustrada, en su ediciA?n del 15 de febrero de 1886.

Aunque lo cierto es que en su momento el baile de fantasAi??a no habAi??a dejado satisfechos a todos por igual, y habAi??a quien, como en el caso de Juvenal, sobrenombre de Enrique ChavA?rri, el famoso escritor de El Monitor Republicano, opinaba en su secciA?n del 22 de agosto de 1880 que el evento no satisfizo las expectativas que habAi??a generado. Aseguraba que no fue tan fastuoso como se esperaba, que el hecho de la proximidad de otro acontecimiento parecido ocasionA? que los trajes no fueran tan notables aunque, Ai??l mismo aclaraba, sAi?? fueron de buen gusto y ai???dignos de mencionarseai???. Otros, en cambio, consideraron que fue una fiesta concurrida, llena de buen gusto y elegancia y dejA? ai???gratAi??simos recuerdos y el deseo de que se repitieraai???, como anotaban los redactores de El Siglo Diecinueve unos dAi??as antes, el 16 de agosto. Lo cierto es que esa noche, la del sA?bado 14 de agosto, los anfitriones se esmeraron en atender a sus invitados, entre quienes se hallaba lo mA?s granado del mundo de la polAi??tica, asAi?? como lo mejor de la sociedad capitalina.

Ignacio Mariscal

Ignacio Mariscal

Al terminar la celebraciA?n el conde debiA? estar muy contento. La ciudad de MAi??xico era una promesa de futuros Ai??xitos, como el de la noche que reciAi??n concluAi??a. Es probable que entonces recordara el banquete diplomA?tico celebrado en Palacio Nacional unos meses atrA?s, en enero de ese mismo aAi??o de 1880, con el cual habAi??an sido obsequiados por las autoridades mexicanas los cA?nsules de BAi??lgica, Guatemala y Ai??l mismo en su carA?cter de ministro plenipotenciario del reino de Italia, y en el que conviviera con muchos de sus pares, como los de Estados Unidos, Alemania, EspaAi??a y BAi??lgica, entre varios otros. Por supuesto, ahAi?? departiA? tambiAi??n con los secretarios de estado, Eduardo Pankhurst, de GobernaciA?n, Ignacio Mariscal, de Relaciones, y Carlos Pacheco, de Guerra; estaban tambiAi??n Ignacio Vallarta, presidente de la Suprema Corte de Justicia, asAi?? como algunos gobernadores, entre ellos el del Distrito Federal, Luis Curiel. Casi todos los periA?dicos dieron cuenta de la recepciA?n diplomA?tica, durante el mes de enero, en los dAi??as posteriores al evento.

Desde su llegada a MAi??xico el conde Joannini tuvo una apretada agenda que incluAi??a la asistencia a diversos eventos sociales, entre ellos el banquete que la colonia italiana preparA? en su honor los primeros dAi??as del aAi??o de 1880 o su participaciA?n en el programa organizado por la Sociedad

Allard, al que se integrA? en la presentaciA?n pA?blica mostrando sus dotes artAi??sticas al piano; con los miembros de esa misma sociedad tambiAi??n se ocupA? de ofrecer varios conciertos en su propio domicilio. Sus aptitudes musicales pronto hicieron que fuera considerado como ai???un consumado diletantteai???, que se le apreciara como ai???un mA?sico de primer ordenai??? y fuera tenido por un notable crAi??tico musical; ademA?s de que se distinguAi??a tambiAi??n por sus cualidades como conversador. Al parecer Joannini era bien apreciado entre sus colegas del mundo de la polAi??tica tanto como por varios periodistas, como Filomeno Mata, el famoso director de El Diario del Hogar, quienes le tenAi??an cordiales deferencias.

El desenlace: un suicidio

ai???AdiA?s MarAi??a, adiA?s hijos mAi??os, perdonadme y olvidadmeai??? fueron las A?ltimas palabras que el destituido ministro escribiA? en su nota suicida para despedirse de su familia. Tras conocerse la funesta noticia, estuvieron al lado de la condesa las seAi??oras de Mariscal, cA?nyuge del ministro de Relaciones, y de Morgan, esposa esta A?ltima del embajador de Estados Unidos, Philip H. Morgan, prestA?ndole consuelo y apoyo. ai???El cortejo fA?nebre fue imponenteai???, relataba un diario, en tanto otro seAi??alaba la generosidad de las autoridades mexicanas que habAi??an asumido los gatos de la inhumaciA?n. Asistieron al velorio importantes funcionarios del gobierno mexicano, como Ignacio Mariscal, de las delegaciones extranjeras y un nutrido contingente de miembros de la colonia italiana quienes se volcaron a ofrecerle el A?ltimo adiA?s al infortunado conde.

J. G. Posada, "Corrido de la muerte de Manuel GonzA?lez", detalle (1893)

J. G. Posada, “Corrido de la muerte de Manuel GonzA?lez”, detalle (1893)

Por aquellos dAi??as en los que la atenciA?n estaba puesta en el suicidio de Joannini algunos periA?dicos registraron en una pequeAi??a nota de gacetilla, de apenas tres lAi??neas, el suicidio de un gendarme que se dio muerte en el callejA?n de Camarones ignorA?ndose los detalles del caso, como lo hizo El Nacional el 21 marzo. A diferencia de la muerte del conde, la del gendarme no causA? conmociA?n ni ocupA? las primeras pA?ginas de diario alguno. Evidentemente ocurrAi??a asAi?? porque el tema del suicidio no era una novedad y el gendarme un simple desconocido.

El suicidio era un asunto que preocupaba desde hacAi??a mucho y las noticias locales y muchas internacionales daban cuenta de ello. Por ejemplo, entre marzo de 1879 y marzo de 1882 un solo periA?dico de la capital informA? de al menos 18 casos, uno de un comerciante extranjero. Constantemente la prensa consignaba noticias sobre muertos encontrados en la capital y en otros estados de la RepA?blica, ultimados a tiro de pistola, por consumo de venenos (como la estricnina), a puAi??aladas, arrojA?ndose a las acequias, tirA?ndose al vacAi??o desde la ventana de un hotel o desde alguna de las torres de la catedral, echA?ndose a las vAi??as del tren; algunos se consumaban con Ai??xito, otros resultaban fallidos; quienes lo acometAi??an eran los mismo de origen nacional que extranjeros que residAi??an en el paAi??s o estaban de paso por alguna circunstancia.

Respecto al nivel socio-econA?mico, segA?n notas de los diarios provenAi??an de los estratos mA?s diversos, desde gente de los sectores populares (como sirvientes, obreros o soldados) hasta miembros de familias distinguidas o importantes integrantes del mundo de la polAi??tica. Las motivaciones para quitarse la vida eran muchas, se suicidaban por culpa de la pobreza, de la deshonra, de la miseria, de los celos, del abandono, de los amores no correspondidos, por malversaciA?n deAi??fondos, por enajenaciA?n mental y hasta por causa de la leva. Si los suicidas acometen el acto fatal por un egoAi??smo extremo o por una cobardAi??a insuperable, resulta difAi??cil, casi imposible de determinar. Pero sus deudos han de cargar con el pesar de la incertidumbre por el resto de sus vidas, eso es un hecho sobre el que se tiene mayor certeza.

El tema de los suicidios era una preocupaciA?n que habAi??a empezado a cobrar relevancia un par de dAi??cadas atrA?s, en la dAi??cada de 1860. Muchos intelectuales, cientAi??ficos y polAi??ticos se ocupaban del asunto en diversos escritos en los que se trataba de explicar, entender y detener la proliferaciA?n de esa prA?ctica, asociada con el A?mbito citadino y considerada por algunos una consecuencia negativa de la modernidad. La ley no estuvo ajena a las disertaciones, emisiA?n de disposiciones, e intento de regularlo, aunque el suicidio habAi??a perdido su carA?cter delictivo en el CA?digo Penal del Distrito Federal de 1871 y en tAi??rminos legales sA?lo era considerado ya como una ofensa para el propio suicida.

TambiAi??n los periA?dicos se sumaron al esfuerzo de exponer las razones que podAi??an provocar los actos suicidas y llamaban reiteradamente a la necesidad de ponerles freno mediante diversas estrategias, incluida la propuesta de suprimir publicidad a tales actos dejando para ello de consignarlos en sus pA?ginas, lo que, sin embargo, no sucediA?. El Tiempo, un periA?dico independiente en su posiciA?n polAi??tica pero francamente catA?lico en lo religioso, apuntaba en julio de 1877 que ai???el suicidio es una muerte furtiva y vergonzosa, es un robo que se hace al gAi??nero humanoai???. Por su parte, en el contexto del suicidio de Joannini, los redactores de El Diario del Hogar, reconocidos liberales, anotaban el 26 de marzo: ai???El misterio pavoroso del suicidio preocupa hondamente y sea que se compadezca o se acrimine al suicida, el corazA?n se conmueve siempre al dar su fallo [ai??i??] el suicida es digno de lA?stima porque para nosotros obra siempre en virtud de un arrebato de demenciaai???. Estas notas ilustran de manera notable dos de las posiciones mA?s importantes que imperaban en la Ai??poca, pues si bien ambas consideraban al suicidio un acto terrible, unos optaban por el franco repudio y la condena por cuestiones morales en tanto los otros, mA?s en la sintonAi??a del discurso cientAi??fico, intentaban comprender las motivaciones que conducAi??an a un hombre a optar por esa acciA?n radical.

Rumores

Las malas lenguas murmuraban que ante la deshonra que amenazaba con hacer presa de su casa y su apellido, Joannini no tuvo mA?s opciA?n que la de poner fin a sus dAi??as. Las voces maledicentes decAi??an por lo bajo que el juego habAi??a sido su perdiciA?n. Personas menos malevolentes solo apuntaban que su suicidio se debAi??a al ai???desastre financiero privadoai???. Algunas que lo apreciaban poco se encargaron de hacer saber que la verdadera razA?n era que habAi??a sido destituido de su cargo por el gobierno italiano y sintiAi??ndose afrentado por tal decisiA?n habAi??a apretado el gatillo. Pocos, los mA?s benevolentes, dirAi??an que se habAi??a matado presa de la mA?s profunda tristeza porque no fue capaz de superar la muerte del mA?s pequeAi??o de sus hijos, ocurrida meses atrA?s. Otros mA?s intentaron negar el suceso y para ello lanzaron la hipA?tesis de que lo ocurrido habAi??a sido en realidad un triste y trA?gico accidente sucedido mientras el conde examinaba su arma.

Por su parte, en un primer momento, el gobierno y parte de la prensa italiana se darAi??an a laAi??tarea de desmentir tales versiones y fortalecer la idea de que la desgracia fue consecuencia de su falta de planeaciA?n econA?mica. Sin embargo, un par de meses mA?s adelante, en Roma circularAi??a un extenso artAi??culo, mismo que serAi??a traducido y reproducido en MAi??xico en junio por El Siglo Diecinueve, en el que se seAi??alaba que ai???El conde Joannini no era rico, pero sus costumbres fueron siempre algo dispendiosas. Aquellas costumbres al fin y al cabo lo condujeron a la catA?strofe deplorabilAi??sima [sic] que se efectuA? en MAi??xicoai???. En esas pA?ginas tambiAi??n se reconocAi??a que el gobierno italiano puso en receso al conde sin haberlo prevenido y se admitAi??a que ai???el gobierno habrAi??a debido llamarlo primeramente, y despuAi??s tomar las providencias que hubiese creAi??do mA?s conformes con sus propios intereses, sin demasiado perjuicio para Joanniniai???. SegA?n este relato, al ministro se le anunciA? sorpresivamente la decisiA?n del rey de retirarlo de su encargo ai???con una pensiA?n proporcional a su sueldo de 5,500 librasai???. Sin embargo, ningA?n periA?dico explicaba por quAi?? el conde habAi??a sido de pronto notificado de su destituciA?n, cuA?les eran los verdaderos motivos que llevaron al gobierno italiano a tomar la decisiA?n y a proceder de manera poco ortodoxa, nadie se preguntA? ni aclarA? si habAi??a alguna razA?n de orden polAi??tico que hubiera afectado las relaciones entre ambos paAi??ses o si el ministro habAi??a cometido algA?n error tA?ctico en el desempeAi??o de sus funciones. A?Por quAi?? habAi??a sido destituido Joannini, un hombre de tan sA?lo 47 aAi??os de edad de los cuales 26 los habAi??a dedicado a servir a su paAi??s en la carrera diplomA?tica?

La versiA?n de la destituciA?n se reprodujo en varios periA?dicos y era evidente que para el conde esa noticia implicaba una humillaciA?n y la deshonra. Algunos afirmaban que tras abrir la carta con los sellos del ministerio de Negocios Extranjeros del gobierno de Italia y enterarse de que habAi??a sido retirado del cargo y un nuevo ministro habAi??a sido designado para sustituirle fue presa de la desesperaciA?n y no pudiendo lidiar con tal estigma adquiriA? un arma, escribiA? un par de lAi??neas para su esposa y sus hijos y se pegA? un tiro.

A?Y el asunto del juego?

Pocos, casi ninguno de los periA?dicos mencionaron o aludieron al escabroso tema del juego y el papel central que pudo haber tenido en la muerte de Joannini. SA?lo El Correo del Lunes, un impreso cuyo director, Adolfo Carrillo, no era muy bien visto por cierto sector de la propia prensa, pues se asumAi??a que tenAi??a vAi??nculos con el gobernador del Distrito, por entonces RamA?n FernA?ndez, a cuyos intereses servAi??a desde las pA?ginas de su publicaciA?n, dio cuenta de una carta firmada sA?lo con las iniciales F.P.T., en la que se denunciaban las posibles ai???causas que motivaron el lamentable suicidio del Ministro de Italia en MAi??xicoai???.

Paul Cezanne, "Jugadores de Cartas" (1893)

Paul Cezanne, “Jugadores de Cartas” (1893)

En efecto, el 27 de marzo de 1882, El Correo del Lunes reprodujo la historia que narraba una persona que declaraba haber trabajado como tallador en una casa de juego, cuyos datos precisos omitAi??a, y de donde habAi??a sido despedido apenas unos dAi??as atrA?s sin que conociera los motivos, aunque, sospechaba que el mismo estaba relacionado con la trA?gica muerte de ministro italiano.

El anA?nimo autor referAi??a como el embajador era un asiduo visitante de ese lugar, al que acudAi??a varias veces por semana, ganando unas veces y perdiendo otras; daba cuenta de que Joannini habAi??a dejado de asistir por espacio de un mes pero que en los dAi??as prA?ximos al trA?gico suceso habAi??a regresado y la noche del viernes anterior a su suicidio ai???jugA? desde las siete hasta las doce de la noche, perdiendo, segA?n yo observAi??, tres mil pesosai???. PidiA? un crAi??dito de mil pesos a la casa, que despuAi??s de concedido tambiAi??n perdiA? con ai???lama barajaai???, lo que significaba que habAi??a sido vAi??ctima de las ai???fullerAi??as y pilladasai???, de las trampas con la que en esos sitios se esquilmaba a los clientes. Asimismo, apuntaba que el ministro se retirA? del lugar comprometiAi??ndose a pagar su deuda el domingo siguiente. Para recoger los mil pesos, los dueAi??os del lugar comisionaron al denunciante, quien pasA? al domicilio del conde, puntualmente. HabiAi??ndose presentado, narraba que el diplomA?tico lo recibiA? ai???muy agitado y estru[jando] en aquellos momentos una cartaai???, pero que le entregA? la suma acordada expresA?ndole: ai???Diga vd. al Sr. *** que esto es lo A?nico que me queda. Me agrada saldar mis cuentas y no quiero que en MAi??xico se murmure contra mAi??ai???.

Cierta o falsa la versiA?n que el periA?dico reproducAi??a, tocaba un tema por demA?s A?lgido y conflictivo en la historia del gobierno del Distrito Federal: el relativo a la existencia de casas de juego que funcionaban en la clandestinidad bajo el amparo solapado de las autoridades. Los reclamos, las crAi??ticas, las exigencias de buena parte de la prensa a quienes detentaban los mandos en el municipio de MAi??xico, en el gobierno del Distrito Federal, en el ministerio de Justicia y, en ocasiones, al mismo presidente para que pusieran freno a su existencia fueron una constante que venAi??a de varios aAi??os atrA?s, continuaron en la administraciA?n de Manuel GonzA?lez y siguieron durante buena parte del periodo porfiriano sin obtener resultados favorables. Las denuncias sobre lo pernicioso que resultaban esos centros de vicio para la sociedad capitalina, los casos expuestos por los impresos en los que se daba cuenta de cA?mo el juego arruinaba a las personas y destruAi??a a las familias llenaron incontables pA?ginas. Sin embargo, al parecer, en opiniA?n de los representantes de la prensa, poco se hizo desde las altas esferas del poder para ponerle freno, al contrario Ai??pocas hubo en las que proliferaron descaradamente pues del contubernio entre los propietarios y las autoridades sacaban provecho y se enriquecAi??an unos y otros.

EpAi??logo

La polAi??tica, el juego y el suicidio se entretejen en la historia del breve paso y trA?gica muerte del ministro plenipotenciario de Italia en MAi??xico, que iniciA? en diciembre de 1879 cuando presentA? sus credenciales al presidente de la RepA?blica y concluyA? el 20 de marzo de 1882 cuando con una detonaciA?n de pistola puso fin a su existencia. Las leyes y disposiciones oficiales que a lo largo de todo el siglo XIX reiteradamente prohibAi??an la existencia de casas de juegos de azar no fueronAi??suficientes para evitar la presencia de varias que operaban en la clandestinidad. El supuesto contubernio de las autoridades polAi??ticas con los propietarios de esos centros fue una denuncia reiterada por la prensa aunque no comprobada. Lo que es cierto, al parecer, es que esos negocios operaron de manera habitual sin que nadie los clausurara.

Alexandre Benois, "En la casa de juego" (1910)

Alexandre Benois, “En la casa de juego” (1910)

El caso Joannini pone de manifiesto las consecuencias mA?s dramA?ticas a las que el vicio del juego podAi??a arrastrar a sus vAi??ctimas y muestra tambiAi??n que pobres y ricos, artesanos y ministros, plebeyos y aristA?cratas podAi??an, por igual, caer en la trampa que constituAi??an las apuestas y recurrir al suicidio como vAi??a de escape. Si Joannini corrompiA? su desempeAi??o oficial por causa de su inclinaciA?n al juego no es algo de lo que se tenga noticia pero alguna sospecha despierta el hecho de que El Foro diera cuenta, tan sA?lo un mes despuAi??s del triste suceso, de que habAi??a llegado a la aduana un paquete solicitado por el ministro de Italia, que por su contenido importaba el pago de mA?s de seis mil pesos de aranceles, siendo que una vez instalado un embajador la ley sA?lo le permitAi??a importar un mA?ximo de tres mil pesos. EnAi??atenciA?n a la viuda, el presidente Manuel GonzA?lez, aprobando la opiniA?n de Ignacio Mariscal y de JesA?s Fuentes MuAi??iz, concediA? que le fuera entregado el mismo sin cobrA?rsele los impuestos correspondientes. Sin embargo, la seAi??ora Joannini, agradecida, rechazA? la dispensa alegando que ai???los efectos no habAi??an sido pedidos por su esposoai??? y que no podAi??a aceptar las mercancAi??as para no ai???comprometerai??? la memoria de su difunto marido y devolviA? los bultos sin abrirlos.

A?QuAi?? contenAi??an esos paquetes? Imposible saberlo. A?Los habAi??a solicitado el ministro a pesar de negarlo su viuda? Todo parece indicar que sA?lo Ai??l pudo hacerlo. A?Para quAi?? fin? Si bien no podemos afirmarlo con certeza porque no contamos con fuentes para ello, si podemos suponer que el conde, orillado por su crAi??tica situaciA?n econA?mica provocada por las pAi??rdidas en el juego, probablemente se habAi??a enredado en acciones fraudulentas aprovechA?ndose de su cargo diplomA?tico y que, descubierto por las autoridades italianas, procedieron a retirarle su autoridad antes de que sus acciones empaAi??aran la reputaciA?n del gobierno que representaba.

Finalmente, si bien el suyo no es el A?nico caso de figuras sobresalientes del espacio pA?blico que optaron por matarse, pues ahAi?? estA? antes el conocido caso del poeta romA?ntico Manuel AcuAi??a, sin embargo la muerte de Joannini constituye una interesante pista para tratar de entender los razones que podAi??an conducir a un individuo a optar por el suicidio, asAi?? como observar las variadas posiciones desatadas en su entorno como reacciA?n a tal acto, mismas que iban desde el rechazo y el repudio hasta las actitudes comprensivas y solidarias. Ante la amenaza de la deshonra y el deshonor, imposibilitado para reparar sus equAi??vocos, atrapado en los valores culturales y sociales de la Ai??poca, el conde sA?lo tuvo un camino para resarcir sus errores, evadir la afrenta pA?blica, salvar el nombre de su familia y escapar al castigo de la justicia y de las leyes, aunque no al rumor y la maledicencia: el suicidio.

PARA SABER MA?S:

  • Alberto del Castillo, ai???Notas sobre la moral dominante a finales del siglo XIX en la ciudad de MAi??xico. Las mujeres suicidas como protagonistas de la nota rojaai???, en Claudia Agostoni y Elisa Speckman (eds.), Modernidad, tradiciA?n y alteridad. La Ciudad de MAi??xico en el cambio del siglo(XIX-XX), MAi??xico, UNAM, 2001, pp. 319-338.
  • Miguel A?ngel Isais Contreras, ai???Suicidio y opiniA?n pA?blica en la Guadalajara de fines del siglo XIX: representaciones y censurasai???, en Jorge Alberto Trujillo, Federico de la Torre, AgustAi??n HernA?ndez y MarAi??a Estela Guevara (eds.), Anuario 2005, MAi??xico, Universidad de Guadalajara / Centro Universitario de los Altos-Seminario de estudios regionales, 2007, pp. 107-133.
  • Vicente Morales, Gerardo, Historia de un jugador(1874), en http://www.bicentenario.gob.mx/index.php?option=com_content&view=article&id=368:gerardo-historia-de-un-jugador-1874&catid=93:la-matraca
  • Semo, IlA?n, (coord.), La Rueda del Azar. Juego y jugadoresen la historia de MAi??xico, MAi??xico, 2000.

17. MAi??xico y los mexicanos en las pA?ginas de National Geographic (1910-1919)

Laura MuAi??oz /Ai??Instituto Mora
Revista Bicentenario #17

Ai??Captura de pantalla 2013-10-23 a las 13.33.09

MAi??xico es, sin duda, uno de los paAi??ses que mA?s ha llamado la atenciA?n de la revista National Geographic a lo largo de susAi??mA?s de cien aAi??os de vida. Enorme cantidad de artAi??culos sobre nuestro paAi??s lo confirman. Si tomamos en particular el periodo que va de 1910 a 1919, encontraremos mA?s de 20 artAi??culos publicados como resultado de ai???la gran demanda de informaciA?n sobre MAi??xicoai??? que recibAi??a la revista, de acuerdo con lo dicho en el nA?mero de mayo de 1914. Estando el paAi??s en medio de una revoluciA?n, A?quAi?? les interesaba a los editores dar a conocer sobre MAi??xico? A?QuAi?? tipo de informaciA?n se ofrecAi??a? A?QuAi?? estrategias se siguieron para ofrecer determinadas imA?genes a los lectores?

MAi??xico, el paAi??s vecino

El primero de los 22 artAi??culos publicados en la dAi??cada seleccionada apareciA? en agosto de 1910, muy cerca de las fiestas del Centenario. El A?ltimo en octubre de 1919. A travAi??s de 379 fotografAi??as y mA?s de 500 pA?ginas, National Geographic muestra a sus suscriptores en Estados Unidos una versiA?n de MAi??xico y los mexicanos. Dice que MAi??xico es un paAi??s de contrastes. Contrastes entre lo moderno y lo antiguo; entre los distintos sectores sociales; entre los diversos grupos econA?micos; entre los diferentes climas y paisajes. Esta idea subyace en los relatos de textos y fotografAi??as. No obstante, en ambos campos, pero mA?s en las fotografAi??as, se privilegia el deseo de mostrar lo menos cercano (para los estadunidenses), las escenas que muestran el atraso, las reliquias del pasado, como seAi??ala el nA?mero de diciembre de 1910. La imagen de los mexicanos en las fotografAi??as es la de gente humilde y trabajadora, en su mayorAi??a habitantes del campo, y cuando se los ve en las ciudades, son vendedores de productos artesanales. De las ciudades no se ven los edificios modernos, excepto un plano general del de Correos, mA?s bien son escenario para enmarcar a esos habitantes pintorescos que aparecen en primer plano arreando burros cargados de bultos, o que transitan por las calles. Las mujeres casi siempre llevan rebozo. Pero las que seducen a los fotA?grafos, por su belleza y joyerAi??a, son las llamativas tehuanas, ejemplo de exotismo. En las casi cuatrocientos fotografAi??as no encontramos retratos de ningA?n miembro de la Ai??lite econA?mica, ni de la polAi??tica o la intelectual.

Los artAi??culos

En todos los artAi??culos, dedicados casi siempre a unAi??tema particular, se manifiesta la fascinaciA?n de losAi??viajeros y fotA?grafos ante el paAi??s y su gente, la riquezaAi??del territorio, la variedad de productos agrAi??colasAi??y minerales, la diversidad de especies de aves, de climasAi??y de vegetaciA?n (los cactus son particularmenteAi??atrayentes); la posesiA?n de A?reas estratAi??gicas paraAi??la comunicaciA?n (como el istmo de Tehuantepec),Ai??el potencial para el desarrollo comercial, la tierraAi??fAi??rtil. En esos textos se advierte, tambiAi??n, la admiraciA?nAi??que producen los espectaculares vestigios arqueolA?gicos,Ai??huellas de culturas avanzadas y atractivoAi??para los turistas. FotografAi??as a pA?gina completaAi??permiten observar, en primeros planos, basamentosAi??piramidales, estelas, restos de edificaciones enAi??Mitla, TeotihuacA?n o Xochicalco. Los tAi??tulos de losAi??artAi??culos indican la orientaciA?n de cada uno. ConAi??una rA?pida ojeada el lector percibe que los tAi??tulos se refieren, en primer lugar, a los recursos naturalesAi??y despuAi??s a las maravillas del MAi??xico antiguo.Ai??En correspondencia, los contenidos se centran enAi??las posibilidades agrAi??colas de MAi??xico, se refieren aAi??las escenas que se desarrollan en diversas actividadesAi??econA?micas, detallan las caracterAi??sticas del territorioAi??nacional, mencionan lo que se puede encontrar enAi??Ai??l (desiertos, haciendas, jardines divididos por canalesAi??de agua), y enfatizan los distintivos de cada sitioAi??arqueolA?gico (las tallas en piedra, la raza olvidadaAi??de la misteriosa ChichAi??n ItzA?, el lustre del MAi??xicoAi??antiguo).

MAi??xico es el paAi??s vecino. Y de acuerdo con losAi??adjetivos utilizados hasta el cansancio, es un paAi??sAi??interesante, con tesoros maravillosos y paisajes fantA?sticos,Ai??o pintorescos. Es romA?ntico, es misterioso.Ai??Pero no todo es enamoramiento, los pies de fotoAi??son el espacio utilizado para hacer comentarios deAi??distinta Ai??ndole, muchas veces insidiosos. Como elAi??que acompaAi??a a la imagen publicada en el nA?meroAi??de julio de 1916 con el tAi??tulo ai???Casa en el campoAi??cerca de CA?rdobaai???. En ella aparecen, en primer plano,Ai??cuatro personajes, dos adultos y dos menores,Ai??de los que se dice son una familia campesina que,Ai??como buena parte de la poblaciA?n en MAi??xico, poseeAi??muy pocas cosas. La leyenda afirma: ai???los bueyesAi??bien alimentados de las haciendas no se sentirAi??anAi??orgullosos de que los hambrientos peones sean consideradosAi??sus igualesai???. A?A quAi?? responde ese comentario?Ai??A?QuAi?? se quiere evidenciar?

Captura de pantalla 2013-10-23 a las 13.30.31En algunos casos, encontramos en esos pies deAi??foto comentarios de admiraciA?n. Por ejemplo, paraAi??los tarahumaras. Junto a unaAi??imagen sin autor (que ha sidoAi??atribuida a C. B. Waite), en laAi??que un grupo de tarahumarasAi??posan para el fotA?grafo, mirandoAi??a la cA?mara, se les reconoceAi??por su resistencia fAi??sica y suAi??capacidad para correr, tantoAi??de hombres como de mujeres.Ai??TambiAi??n por el volumen deAi??producciA?n de plata que hizoAi??de MAi??xico uno de los paAi??sesAi??que mA?s contribuyA? a la producciA?nAi??mundial ai??i??la imagenAi??muestra una vista de un pobladoAi??minero, La Luz, cerca de Guanajuato, queAi??contrasta visiblemente por su pobreza. Y, en otros,Ai??se percibe la nostalgia por Porfirio DAi??az, bajo cuyaAi??administraciA?n el paAi??s tenAi??a calma y estaba en vAi??asAi??de progreso; o se hace referencia a la ultramodernaAi??ciudad de MAi??xico, en la que se podAi??a pasar del sigloAi??XVI al XX al cruzar una calle. Esto A?ltimo, es lo queAi??dice el pie de foto que acompaAi??a la fotografAi??a delAi??edificio de correos, la A?nica que muestra algo de laAi??modernidad de MAi??xico de la que a veces se habla.

Los autores

En cuanto a los autores de los artAi??culos, encontramosAi??a antiguos representantes consulares de EstadosAi??Unidos en MAi??xico (como E. H. Thompson o FrederickAi??Simpich); otros eran ingenieros vinculados aAi??compaAi??Ai??as mineras (entre ellos Walter W. Bradley),Ai??visitantes estadunidenses que recorrAi??an las haciendasAi??adquiridas por compaAi??Ai??as de connacionales (esAi??el caso de J. E. Kirkwood), o eran funcionarios delAi??departamento de Agricultura del paAi??s vecino (E. W.Ai??Nelson). No faltaron fotA?grafos, reporteros, comerciantes,Ai??viajeros particulares, es decir, una legiA?n deAi??estadunidenses que se desplazaron por el territorioAi??nacional, de norte a sur, del golfo al PacAi??fico, haciendoAi??levantamientos e inventarios de lo que podAi??aAi??verse en Ai??l y sus instantA?neas muestran un recorridoAi??por un paAi??s rico, poco poblado y agradable tantoAi??para turistas A?vidos de conocer lugares diferentesAi??como para inversionistas en busca de A?reas atractivasAi??para sus capitales. Entre los fotA?grafos aparecenAi??mA?s de quince nombres (entre ellos James H. Hare,Ai??John H. Hall, C. M. Tozzer,Ai??Franklin Adams y tresAi??mujeres: Helen Olsson-Ai??Seffer, Harriet ChalmersAi??y Janet M. Cummings).

Esos fotA?grafos queAi??podAi??an ser particulares oAi??funcionarios del gobiernoAi??estadunidense, miembrosAi??de su ejAi??rcito o de compaAi??Ai??as,Ai??como UnderwoodAi??and Underwood o Galloway,Ai??reprodujeron porAi??decenas escenas pintorescas, paisajes rurales, retratosAi??de pobladores de diversos puntos de la RepA?blicaAi??mexicana, trabajadores en sus faenas. TambiAi??nAi??propagaron imA?genes emblemA?ticas de la arquitecturaAi??antigua (Mitla, Chichen ItzA?, TeotihuacA?n,Ai??Xochicalco). National Geographic publicA? esas fotografAi??asAi??desplegadas a pA?gina entera en la mayor parteAi??de los casos y distribuidas en diversos artAi??culos,Ai??de tal suerte que un conjunto de fotografAi??as dedicadasAi??a un tema particular, por ejemplo, a los volcanesAi??de MAi??xico, no sA?lo estA?n en el artAi??culo especAi??fico,Ai??sino aparecen en ese y otros.

Las fotografAi??as

En las fotografAi??as de gran tamaAi??o, ademA?s de lasAi??vistas rurales, bucA?licas e idAi??licas, y de los paisajesAi??imponentes, tomados desde cierta altura, en generalAi??vacAi??os de gente, pero siempre evidencia de la fertilidadAi??de los suelos y de los diversos cultivos agrAi??colas,Ai??predominan los personajes tAi??picos por su atuendoAi??y oficio. Esos personajes eran ya conocidos por haberseAi??difundido en las revistas ilustradas publicadasAi??despuAi??s de los aAi??os 30 del siglo XIX, productoAi??del trabajo de artistas mexicanos. Por ejemplo en elAi??libro titulado Los mexicanos pintados por sAi?? mismosAi??y, luego, en MAi??xico y sus alrededores. Los fotA?grafosAi??extranjeros que visitaron o vivieron en MAi??xico enAi??la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX,Ai??se encargaron de retomar esas imA?genes y de multiplicarlasAi??y distribuirlas, a travAi??s de postales, en lasAi??que a diferencia de las litografAi??as que les sirvieronAi??de modelo, acentuaron los rasgos de pobreza y desaliAi??oAi??de muchos de los tipos mexicanos que popularizaron.Ai??Es sabido que gran parte de esas postalesAi??eran mercadeadas por la Sonora News Company.Ai??National Geographic, con su creciente circulaciA?n,Ai??contribuyA? a difundirAi??esas imA?genes.

Captura de pantalla 2013-10-23 a las 13.34.11

La selecciA?nAi??de las fotografAi??asAi??hecha por losAi??editores de NationalAi??GeographicAi??parece obedecerAi??al deseo de ilustrarAi??los textos,Ai??utilizando lasAi??imA?genes con lasAi??que contaba laAi??revista, suministradasAi??mediante regalos o por compra, pues en esa Ai??poca la revistaAi??no contaba todavAi??a con su propio equipo de fotA?grafos.Ai??Varias de las incluidas en un artAi??culo estA?nAi??relacionadas con el tema del mismo, pero otras sonAi??de lugares distantes o sin relaciA?n con el contenido.Ai??Los pies de foto, de diversa extensiA?n, contribuyen aAi??subrayar lo que se quiere mostrar con determinadasAi??imA?genes.

Sobre los temas de las fotografAi??as, ya se ha dichoAi??cuA?les son los dominantes. Falta aAi??adir que algunosAi??asuntos que no mencionan los textos de los artAi??culosAi??estA?n abordados en las imA?genes, como la deportaciA?nAi??de indios yaquis, los festejos del Centenario,Ai??la revuelta de Pascual Orozco y la expediciA?n punitivaAi??que perseguAi??a a Villa. La particularidad es queAi??si bien esos temas aparecen en las imA?genes, Ai??stas seAi??incluyen en nA?meros cuya publicaciA?n es posteriorAi??al momento en el que ocurrieron los hechos. LasAi??fotografAi??as del trasladoAi??de yaquis a la penAi??nsulaAi??yucateca se publicanAi??en diciembre de 1910,Ai??las del desfile con motivoAi??de las fiestas delAi??centenario en mayo deAi??1911, la que muestraAi??a las tropas de OrozcoAi??en 1914. Es decir, unAi??aAi??o o dos despuAi??s deAi??los acontecimientos.Ai??En cambio, en julio deAi??1916 National GeographicAi??incluyA? fotografAi??asAi??que muestran al ejAi??rcito estadunidenseAi??en la expediciA?n punitiva,Ai??apenas cuatro meses despuAi??s deAi??iniciada.

El Centenario y la revoluciA?n

En torno a la celebraciA?n del centenarioAi??de la independencia deAi??MAi??xico solamente encontramosAi??nueve fotografAi??as. Las tres primerasAi??son de cadetes en uniformeAi??de gala. Son diferentes tomas deAi??alumnos del Colegio Militar, elAi??West Point de MAi??xico. Un nutridoAi??pA?blico en ambas aceras de una calle observa elAi??desfile de la caballerAi??a de ese colegio en una de esasAi??fotografAi??as que ocupa toda la pA?gina. En las siguientes,Ai??mA?s pequeAi??as, los cadetes se ven formandoAi??vallas en diferentes puntos de la ciudad. El pie deAi??foto indica que la fama de estos ai???que defendieronAi??el Castillo de Chapultepec del ejAi??rcito americano esAi??histA?ricaai???. Varias pA?ginas mA?s adelante el lector seAi??encuentra con otras fotografAi??as alusivas al desfile, laAi??mayorAi??a de gran tamaAi??o, en las que varios personajesAi??representan a los antiguos mexicanos, portandoAi??atuendos vistosos y tocados de plumas. SegA?n losAi??pies de foto, esos individuos eran ai???descendientes deAi??aquellos a quienes representabanai???.

En cuanto a las imA?genes sobre la lucha armada,Ai??son muy pocas y sin explicaciA?n de por quAi?? fueronAi??elegidas esas en particular. La que encabeza aquellasAi??que tocan de alguna manera el tema de la guerraAi??es una imagen, acreditada a Aultman y Dorman,Ai??publicada en mayo de 1914, que muestra a parte deAi??las tropas de Pascual Orozco. DespuAi??s, observamosAi??a un tAi??pico revolucionario. Se trata de una imagenAi??atribuida a Shirley C. Hulse en la que aparece unAi??jinete ai??i??con sombrero y cananasai??i?? posando para laAi??cA?mara. El pie de foto informa que fue tomada aAi??peticiA?n del retratado. Hulse es, asimismo, autor deAi??varias fotografAi??as publicadas en la revista. En unaAi??de ellas aparecen, en primer plano, dos soldaderasAi??viendo a la cA?mara, que las capta caminando al ladoAi??de los soldados federales a los que acompaAi??an. PortanAi??sombrero y el rebozo amarrado, cargando probablementeAi??a sus hijos.

En el mismo nA?mero de 1914 hay un par de fotografAi??as,Ai??sin autor, en que se muestra primero unaAi??campana y, en la siguiente, un caAi??A?n. La leyenda alAi??pie de esta segunda fotografAi??a informa que ese caAi??A?nAi??fue construido con el material de la campana.Ai??Es decir, no hay ningA?n comentario adicional, niAi??positivo ni negativo, de lo que ocurre en MAi??xico.

De igual manera, dos aAi??os despuAi??s, sin relaciA?nAi??con el tema del artAi??culo, de julio de 1916, se incluyenAi??varias imA?genes en que se alude a la persecuciA?nAi??a Villa tras su incursiA?n a territorio de Estados Unidos.Ai??Por ejemplo, encontramos dos del capitA?n D.Ai??H. Scott del ejAi??rcito estadunidense, que muestranAi??a las tropas de ese ejAi??rcito acampando al sur de Columbus.Ai??Los pies de foto describen el paisaje dondeAi??se asientan los campamentos. Los textos aludenAi??a las condiciones en que viven temporalmente losAi??soldados. En ese nA?mero hay dos de la compaAi??Ai??aAi??Underwood and Underwood, en que vemos trenesAi??con tropas mexicanas. La primera es una imagendividida en dos por la vAi??a del tren. A la izquierdaAi??las tropas de Estados Unidos esperan al borde deAi??la vAi??a. A la derecha, el tren estacionado en otra vAi??aAi??tiene su techo cubierto por tropas mexicanas. En la segunda, en primer plano aparece un tren conAi??el techo tambiAi??n cubierto por tropas mexicanas.Ai??AquAi?? sobresalen varias mujeres, algunas viendo a laAi??cA?mara. Se seAi??ala el hecho de que en todos los campamentosAi??se encontraba siempre ai???una secciA?n paraAi??que las mujeres y los niAi??os vivieranai???. En conjunto yAi??por su nA?mero, el tema de la expediciA?n es el centralAi??en las imA?genes publicadas.

Captura de pantalla 2013-10-23 a las 13.31.15La mirada de National Geographic

El conjunto de artAi??culos, fotografAi??as y pies de fotos,Ai??enmarcados por los tAi??tulos escogidos, muestranAi??cA?mo la revista National Geographic mantuvo suAi??mirada en los tesoros de su vecino MAi??xico, transmitiendoAi??una imagen de tranquilidad apenas alterada,Ai??pareciera ser, por algunos acontecimientos violentos,Ai??como si estos fueran aislados y no llegaran aAi??causar inestabilidad. La percepciA?n prevalecienteAi??es la de un MAi??xico que se hubiera detenido en elAi??tiempo, en el periodo previo a la revoluciA?n. En losAi??textos no se habla de la lucha, en las fotografAi??as escasamenteAi??se asoma y, no es, por lo tanto, suficienteAi??para cambiar la representaciA?n de MAi??xico. CuandoAi??en octubre de 1919 se publica el A?ltimo artAi??culoAi??analizado, MAi??xico estaba cerca de cumplir una dAi??cadaAi??en armas, pero National Geographic se habAi??aAi??esmerado en no mostrar esto.

PARA SABER MA?S:

ai???La tarjeta postalai??? en Artes de MAi??xico, nA?mero 48, Conaculta,Ai??1999.

Arturo Guevara Escobar, FotA?grafos de la RevoluciA?n,Ai??http://fotografosdelarevolucion.blogspot.com/

National Geographic en http://ngm.nationalgeographic.com/

MarAi??a Esther PAi??rez Salas, Costumbrismo y litografAi??a enAi??MAi??xico: un nuevo modo de ver, MAi??xico, UNAM-Instituto deAi??Investigaciones EstAi??ticas, 2005.

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