Carlos Noriega Hope le cambia la cara a El Universal Ilustrado

María Estela García Concileón
Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 49.

El centenario de la revista cultural tuvo un brillante proceso de crecimiento a partir de que el periodista especializado en cine se hizo cargo de su dirección, tres años después de fundarse. Incorporó una variante de herramientas impactantes para su difusión y, sobre todo, animó el debate acerca de la cultura en sus páginas.

Carlos Noriega Hope, ca. 1928, inv. 23253, SINAFO. Secretaría de Cultura-INAH-MÉX. Reproducción autorizada por el INAH.

Carlos Noriega Hope, ca. 1928, inv. 23253, SINAFO. Secretaría de Cultura-INAH-MÉX. Reproducción autorizada por el INAH.

El periódico El Universal surge en México en octubre de 1916, después de la lucha armada revolucionaria. Siete meses más tarde, cuando el país inicia un periodo de pacificación a partir de la validación del constitucionalismo, se incorpora los jueves, junto a la edición del periódico, la revista El Universal Ilustrado como suplemento de divulgación. En sus inicios, la publicación semanal navegó a la deriva bajo la dirección sucesiva de los periodistas Carlos González Peña, Xavier Sorondo y María Luisa Ross (también colaboradora de El Universal). En el caso de Ross, desde que asumió la dirección en 1917, quiso hacer un semanario hogareño. Insertó en sus páginas retratos de damas y niños, estableció secciones de recetas útiles, de consejos para las mamás y lecciones de bordado. Publicó artículos sobre la hora del té, entre otros. La intención fue buena, pero sus textos eran en su mayoría aburridos.

El vuelco del semanario comenzaría el 4 de marzo de 1920, cuando la casa editorial designó como director a Carlos Noriega Hope, un joven que abandonó sus estudios de abogado para dedicarse al periodismo y quien se había especializado en cine y acababa de regresar de Los Ángeles enviado para cubrir información sobre la boyante industria cinematográfica. El nombramiento se justificaba por sus artículos y crónicas de cine, sus reportajes y un premio obtenido como narrador en un certamen. Su juventud se reflejó en la edición que se transformó de manera incesante desde que se hizo cargo a partir del número 148. Cada dos o tres números suprimía secciones, inauguraba otras, cambiaba la presentación, introducía modificaciones que la renovaban.

Noriega Hope fue uno de los promotores del periodismo cultural. Se dedicó a él desde los 23 hasta los 38 años, en que falleció. Se consagró en cuerpo y alma de manera particular a El Universal Ilustrado y durante cerca de tres lustros fue su animador. En el número del 10 de mayo de 1923 narró lo que representaba su victoriosa batalla de cada semana:

Si en alguna actividad humana se requiere intuición, esa actividad es el periodismo. Por más que la práctica logre dar los postulados exactos, hay un margen inmenso, nunca previsto, siempre aguardado con paciencia, que no vacilo en llamar intuitivo. Y es que, a la manera de un observador dramático, el periodista sólo ve al tiempo con largas miradas interminables, al tiempo, que está siempre preñado de noticias.

Noriega Hope define esa intuición como “el sexto sentido que nos indica lo que es periodístico”, y explica: “El Universal Ilustrado se hace solo. Es decir, va sedimentándose cada ocho días gracias al proceso de la intuición, hasta plasmar cada número. Como todas las obras del periodismo moderno, es una obra común.” Más lejos dice:

“Los periódicos tienen que renovarse y mientras ese afán de renovación sea más perfectible, el periódico será mejor […] La tarea es bastante pesada. Lo más fácil, realmente, en un periódico ilustrado es guardar una proporción juiciosa, una ponderada arquitectura, en cada número”.

En unos comentarios publicados en el número del 29 de septiembre de 1921, Noriega Hope hace lo que podría llamarse su profesión de fe: “El ideal de esta revista es un ideal frívolo y moderno, donde las cosas trascendentales se ocultan bajo una agradable superficialidad. Porque es indudable que todos los periódicos tienen su fisonomía y su espíritu, exactamente como los hombres.” Indica allí algunas de esas modalidades y agrega: “Los hay frívolos y aparentemente vacíos, pero que guardan, en el fondo, ideas originales y una humana percepción de la vida. Quizá este semanario, dentro de su espíritu frívolo, guarda el perfume de una idea.”

Casi en paralelo a sus inicios como director de El Universal Ilustrado, otro periodista mexicano, Pedro Malabehar, fundaba en abril de 1920 el semanario Zig-Zag, y durante dos años de vida se convertiría en un rival digno que estimuló a Noriega Hope a superarse en cada número de su revista. Cuando Zig-Zag sucumbió, en junio de 1922, el joven director brindó generosamente las páginas del Ilustrado –como algunos solían llamarlo– a quienes allí colaboraban y llevó al magazine al primer puesto en el periodismo cultural de la época. El espíritu abierto del director a todas las tendencias nacionales e internacionales –tanto artísticas como políticas—, aunado a un grupo activo de redactores y corresponsales, permitió que sirviese para la propagación del nuevo ambiente intelectual.

[…]
Para leer el artículo completo, consulte la revista BiCentenario.

PARA SABER MÁS

MIQUEL RENDÓN, ÁNGEL, Por las pantallas de la ciudad de México. Periodistas del cine mudo, Guadalajara, Universidad de Guadalajara, 1995.

SCHNEIDER, LUIS MARIO, “El vanguardismo”, en Ruptura y continuidad. La literatura mexicana en polémica, México, FCE, 1975.

El Universal Ilustrado, en https://cutt.ly/9txbiev

Un siglo de El Universal Ilustrado, en https://cutt.ly/ItxbtXG

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