Archivo del Autor: Jonathan López

Editorial # 36

DarAi??o Fritz

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 36.

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La historia lineal de los vAi??nculos entre las naciones parece necesitar de algunos nudos y enredos que las paralizan por un tiempo hasta encontrar quiAi??nes los desaten para inyecAi??tarle mayor energAi??a y volver a avanzar sin piedras ni lodos que la atoren. En ese lapso de maraAi??as abunda el griterAi??o y el desentendimiento, la amenaza de la fuerza y el golpeteo incesante de la descalificaciA?n. Desde una de las trincheras se lanzan fuegos artificiales que obligan a agazaparse del otro lado, hasta que la pA?lvora deje de iluminar el cielo por cansancio de los artilleros o pAi??rdida de eficiencia. Juegan al lAi??mite pero en el fondo la pA?lvora sirve para intentar imponer condiciones aunque no caerA? a tierra. PodrA? haber daAi??os, pero no destrucciA?n. Las necesidades de convivir estA?n implAi??citas y terminan por imponerse. Que de la noche a la maAi??ana una parte quiera hacer responsable a la otra de sus propias carencias o imponerse, habla de una estrategia antigua y repetida. DespuAi??s de varias dAi??cadas de vivir en una vecindad en armonAi??a, MAi??xico se encuentra con que el vecino estadunidense ya no quiere que las hojas del A?rbol que los divide le caigan a Ai??l y de paso pretende tirarle por encima de la barda lo que no le sirve. El nudo y los enredos han vuelto a instalarse. En la dAi??cada de 1920 pasA? algo similar. Y el discurso y la vocinglerAi??a fueron bastante semejantes a los de hoy. HabAi??a xenofobia, racismo, prejuicio y desconfianza. Los factores polAi??ticos y econA?micos alimentaban el distanciamiento. El polAi??tico se llamaba anticomunismo; el econA?mico, petrA?leo y tierras. Se criticaban el atraso y la pobreza, la capacidad de gobernar, los orAi??genes Ai??tnicos y la falta de justicia. Hoy se habla de robo de mano de obra, se criminaliza a migrantes y hasta se proponen militares extranjeros para combatir el narcotrA?fico. La diplomacia de Washington alucinaba con una confabulaciA?n mexicano-soviAi??tica que instalarAi??a el comunismo aquAi?? y por ende en LatinoamAi??rica, una amenaza para la Doctrina Monroe. La mirada de entonces era la de hombres anglosajones y protestantes, una vieja guardia republicana convencida de la superioridad moral, cultural y econA?mica de Estados Unidos, nos dice MarAi??a del Carmen Collado, lo cual no dista demasiado de la que se ve en estos dAi??as en Washington. El conflicto se resolviA? cuando se avizorA? una guerra innecesaria y las voces mA?s moderadas pudieron imponerse. Aquella experiencia que abre la portada de esta ediciA?n de BiCentenario ameniza el anA?lisis del presente y puede servir de proyecciA?n de una vecindad seguramente distante para los prA?ximos cuatro aAi??os.

DespuAi??s de aquellos desencuentros vino una crisis econA?Ai??mica como la de 1929, que ubicA? como uno de sus blancos a los migrantes mexicanos que llegaron en grandes cantidades tras la primera guerra mundial para trabajar en la agricultura, el tendido del ferrocarril y la industria. La prisiA?n y fuertes multas fueron las dos armas que se esgrimieron para despojarse de ellos. Su economAi??a ya no los necesitaba. La participaciA?n de un cA?nsul en Los A?ngeles con sensibilidad para afrontar el problema y creatividad para resolverlo fue relevante aquel aAi??o. Rafael de la Colina organizA? la repatriaciA?n de mA?s de 30 000 mexicanos que vivAi??an en California para llevarlos hasta Guadalajara, Guanajuato y la Ciudad de MAi??xico. Su testimonio agudo describe las mismas dificultades del migrante de hoy en Estados Unidos o en tantas partes del mundo: discriminaciA?n, explotaciA?n laboral, desconocimiento, indefensiA?n y olvido.

Como contraposiciA?n, en la otra punta de cualquier esAi??cala comparativa, estaban actrices y actores mexicanos que intentaban destacar en Hollywood por esas fechas. Dolores del RAi??o, Guadalupe VAi??lez y RamA?n Novarro pudieron dar cuenta de una migraciA?n exitosa, aunque temporal, y a la que a pocos se le ocurrAi??a reprochar. Una muestra de que el tema migratorio es un fenA?meno de la pobreza.

A la mirada exterior le sigue el espejo propio. En MAi??xico hubo en el A?ltimo siglo poblaciones migrantes que recibieron un trato similar al que se ha documentado para los mexicanos al norte del rAi??o Bravo. Lo vivieron los chinos en la primera dAi??cada del siglo xx y ahora los centroamericanos. Sin embargo, esto no es lineal. Otros inmigrantes como los hA?ngaros, que llegaban hacia fines del siglo XIX y principio del XX, pudieron establecerse sin inconvenientes y aprovechar el desconocimiento que se tenAi??a de MAi??xico en su paAi??s para promocionarlo, aunque implicara ocultar una realidad abundante en inequidades.

Los aAi??os de la segunda mitad del siglo XIX y los comienzos del siguiente han sido ricos en circunstancias y hechos que fueron moldeando cambios relevantes. A partir de historias personales relatamos en este nA?mero de BiCentenario el aporte a la medicina militar que dio el mAi??dico Francisco Montes de Oca con su insistencia en ofrecer una mejor atenciA?n de las enfermedades y avances en la salubridad, hasta llegar a crear en 1881 la Escuela PrA?ctico MAi??dico Militar (EPMM). Otro caso a destacar se sitA?a en YucatA?n y lleva el nombre de Pedro Guerra. La casa de fotografAi??a que abriA? en 1877, a la que se sumarAi??a su familia posteriormente, retratA? durante 90 aAi??os a generaciones de yucatecos y los acontecimientos de la penAi??nsula. Hoy es parte de un acervo que lleva su nombre con mA?s de 500 mil imA?genes.

En esos aAi??os se fue enraizando una prA?ctica gubernamental que se ha convertido en uno de los fenA?menos mA?s lacerantes para el paAi??s. Una descripciA?n de cA?mo era la corrupciA?n en el siglo XIX muestra que desde el Estado se podAi??an generar fortunas, en tanto la impunidad protegAi??a su prA?ctica. MA?s que un rasgo genAi??tico, se trata de una relaciA?n con las instituciones que perdura por dAi??cadas, argumenta el autor.

En este nA?mero 35 hay otras narraciones por descubrir: el compromiso de Gustavo Garmendia con la causa revolucionaria, la figura del charro en la cultura nacional, la tradiciA?n tan acendrada de festejar a nuestras madres o la historia de una mujer independentista, tambiAi??n madre, traicionada por el confort de su marido. Hasta la prA?xima.

El cruce del JordA?n

DarAi??o Fritz

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 36.

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La imagen da lugar a dudas y conjeturas. Adivinanzas y acechanzas. A?Una jornada normal para un barquero que ayuda a cruzar a una mujer de una costa a otra a cambio de unos mA?dicos pesos para que pueda hacer el mandado, visitar a un familiar o ir al trabajo? A?Un solitario y solidario remero sobre una improvisada madera que lleva a buen puerto a su vecina? A?Una vAi??a vehicular inundada y un hombre que lo ha perdido todo, pero que aA?n estA? dispuesto a salvar a su madre de las inclemencias de la tormenta? A?Alguna opciA?n mA?s modesta a las trajineras de Xochimilco? Puede resultar gracioso cA?mo, ante la adversidad, los seres humanos encontramos las maneras menos sutiles, o mA?s burdas, las de creatividad inusitada o de arrojo imprevisible, para superar una situaciA?n. Cuando poco tenemos, cuando lo hemos perdido todo quizA?, cuando no hay alternativa y sentimos que la guadaAi??a del personaje de capa oscura y rostro sin develar puede pasar sobre nosotros, hay un instinto de sobrevivencia, un reflejo por poner las manos antes que enterremos la nariz en el piso, para lograr ese instante mA?s de vida, asirnos a algo, como sea, para continuar, para estar. Pero, sobre todo, importa tambiAi??n estar secos, y decentes, llegar a la otra orilla impolutos, con el menor roce de huAi??medad posible. AsAi?? sea en la pobreza o con todos los quehaceres de nuestra cotidianidad resueltos: ingresos, trabajo, familia, confort. Que el agua no nos toque, ni mancille nuestra integridad.

El agua ocupa la mayor superficie de la tierra, forma parte elemental de nuestro cuerpo, es imprescindible para la vida diaria, la imploramos para acabar con un tA?rrido dAi??a de primavera, la disfrutamos en vacaciones de playa, sin embargo le rehuimos en el momento en que puede dominar nuestro espacio inmediato. Hasta la Biblia nos dice que las aguas del JordA?n se abrieron para dar paso al pueblo israelita y luego cayeron sobre los soldados egipcios que merecAi??an ahogarse y morir antes que cruzarlo. El hombre y la mujer parecen leAi??vitar, mientras el remo improvisado da el paso hacia atrA?s para seguir avanzando sin levantar una gota que irrite las aguas taciturnas que los rodean. A?Es invierno o verano? Hasta allAi?? la imagen tambiAi??n da lugar a duAi??das, conjeturas y adivinanzas. El abrigo, el paAi??uelo en la cabeza de la mujer, el cielo y las montaAi??as grises de una imagen de por sAi?? sin colores, aciertan en la tesituAi??ra de que estamos en diciembre o enero de cualquier aAi??o ya lejano. Pero el remero, otra vez, nos plantea la incA?gnita. La camisa suelta y abierta, un pantalA?n corAi??to ajustado ai??i?? serAi??a demasiado impropio pensar en calAi??zoncillos- y posibles mocasines como calzado, tienden a confundir el momento con un simple dAi??a de paseo sobre unas aguas que ojalA? no hayan estado estancadas.

Recuerdos de un mAi??dico militar mexicano.

MarAi??a Eugenia Arias GA?mez
Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 36.

Tenedor de libros, en principio, la influencia de un maestro de raAi??ces griegas alentA? a Edmundo calva cuadrilla a estudiar en la escuela mAi??dico militar. Desde allAi?? comenzarAi??a una extensa carrera en la medicina que incluyA? la formaciA?n en la universidad de Wisconsin, la docencia y la actividad profesional en centros pA?blicos y privados.

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Edmundo Calva Cuadrilla, originario de PaAi??chuca, Hidalgo, naciA? el 20 de noviembre de 1922 y fue el segundo de los once hijos que procrearon Maximiliano Calva Paredes, campeAi??sino, minero, asAi?? como pequeAi??o comerciante, y Carmen Cuadrilla Valencia de Calva, dedicada al hogar. En la entrevista que me concediA? en la Ciudad de MAi??xico, el 21 de febrero de 2006, recordA? que ai???Ai??ramos felicesai??? y que, por consejo de la abuela materna, Ai??l y sus hermanos asisAi??tieron a escuelas primarias particulares; que tuvo calificaciones buenas, que, con envidia de sus nietos, no le dejaban tareas y que poAi??dAi??a dedicar tiempo a practicar deporte, como el box, y a sus labores. A estas las considerA? ai???como una cosa naturalai??? porque desde niAi??o don Maximiliano le enseAi??A? a trabajar, siendo su primera obligaciA?n barrer las calles, luego participar en los negocios paternos y a veces en diversas actividades con otras personas. Le encantaba pasear en el campo ya fuera caminando, montando en burro o a caballo, y cuando iba a visitar familiares y amigos en Atotonilco El Grande, de donde era su papA?. AdemA?s, le gustaba leer libros, entre ellos los de la colecciA?n El Tesoro de la Juventud, lo que influyA? mucho en su formaciA?n y que su progenitor comprA? para integrar la modesta biblioteca que habAi??a en casa.

En principio, no quiso cursar la secundaria, pero estudiA? la carrera de tenedor de libros, que hizo en una academia en un aAi??o, en vez de dos, y el director del plantel sugiriA? que el joven Edmundo pasara a la Escuela BancaAi??ria Comercial. Ai??l mismo escribiA? buscando informes y al recibir la respuesta sintiA? como que ai???la cabeza se le sacudiA?ai???; le notificaron que requerAi??a la secundaria y fue entonces que aceptA? hacerla. IngresA? al Instituto CientAi??fico y Literario de Hidalgo, del que guarda una opiniA?n ai???muy bonitaai??? porque sus profesores, ai???que no tenAi??an doctorados ni maestrAi??asai???, daAi??ban sus clases con tanto interAi??s y entusiasmo, que lo motivaban a estudiar francAi??s ai???que en aquel tiempo era el idioma dominante en la culturaai???, asimismo historia, geografAi??a y otras materias. ContinuA? el bachillerato en el InsAi??tituto y quien impartAi??a raAi??ces griegas, el docAi??tor Carlos SA?nchez, lo impactA?. Preguntando acerca de este, supo que se habAi??a formado en la Escuela MAi??dico Militar, a lo que agregA?: ai???A?Existe esa escuela?ai???. Desde ese momento, su sueAi??o fue entrar ahAi?? porque pensA? que tendrAi??a una cultura como la de su maestro. Se enterA? tambiAi??n, que para lograrlo debAi??a tener cartas de recomendaciA?n y buenas calificaciones, aunque Ai??l sA?lo contaba con estas. Don EdAi??mundo mencionA? que tuvo otras dos opciones: ser ingeniero o quAi??mico y que al final, Ai??l ai???fue todo esoai??? en su especializaciA?n.

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El general brigadier mAi??dico cirujano reAi??tirado Edmundo Calva Cuadrilla pertenece a la xxv generaciA?n egresada de la Escuela MAi??dico Militar, que estudiA? entre 1941 y 1946 en el plantel ubicado entonces en la calle de Arcos de BelAi??n. En sus aAi??os de alumno le enAi??cantaron todas las materias bA?sicas y clAi??nicas; asimismo, cumplir y hacer las cosas ai???por una razA?n de honor, de deber, de satisfacciA?n para el paAi??sai???. Casi al tAi??rmino de su carrera, conoAi??ciA? a la mujer de su vida, Juanita Mercado DomAi??nech, quien cursaba matemA?ticas en la Escuela de IngenierAi??a y era hija de su maestro, el mAi??dico militar hidalguense SerafAi??n MerAi??cado; la vio por primera vez cuando saliA? del consultorio del papA? y ai???de ahAi?? vino todoai???, pues a partir de entonces se quisieron. Desde que la perdiA?, aA?n le llora. Tuvieron cuatro hijos que fueron el orgullo de ambos y cuya primera formaciA?n se debiA? muchAi??simo a su esposa; son Edmundo, doctor en biologAi??a molecular por la Universidad de Wisconsin, quien regresA?Ai??a MAi??xico; Juan JosAi??, quien luego de terminar medicina en la unam, realizA? un posgrado en CanadA?, volviA? tambiAi??n a nuestro paAi??s y laboAi??ra como infectA?logo en el Instituto Nacional de NutriciA?n; MarAi??a del Pilar es mAi??dica por la Universidad AnA?huac, donde trabaja e inAi??vestiga enfermedades y defectos congAi??nitos, y Alberto quien estudiA? en el TecnolA?gico de Monterrey y hace consultorAi??a de empresas. Tiene tambiAi??n varios nietos y dos bisnietos.

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En la entrevista, el doctor Calva rememorA? que cuando era joven le gustaba practicar esAi??grima y equitaciA?n en la Escuela; que despuAi??s nadA? con Juanita en el club deportivo y que, hasta hace pocos aAi??os, su pasiA?n fue seguir nadando a diario en recuerdo a ella. Entre otros datos de su trayectoria, cabe distinguir que durante varios decenios ha sido docenAi??te en su alma mater y que, a sus 94 aAi??os, aA?n imparte la cA?tedra de BioquAi??mica General Avanzada en la Escuela Militar de Graduados de Sanidad. Es uno de los fundadores de la ComisiA?n de Estudios HistA?ricos de la Escuela MAi??dico Militar y, actualmente, su coordinaAi??dor. Entre otros aportes, rescatA? de la basura las tesis de los alumnos que se formaron en la instituciA?n, las cuales datan de 1917 a 2010 y se resguardan en el fondo reservado que lleva su nombre y pertenece a dicha ComisiA?n. Ha escrito artAi??culos de investigaciA?n bA?sica sobre su especialidad mAi??dica, asAi?? como otros de diAi??vulgaciA?n acerca de la historia de su Escuela.

En adelante, los lectores hallarA?n una seAi??lecciA?n sucinta de la entrevista que realicAi?? a este personaje; conocerA?n distintos momenAi??tos de su estancia como alumno, maestro y profesional en la Escuela y el Hospital Central Militar; su presencia eventual en otros centros del mismo sector o del medio civil pA?blico y privado en MAi??xico, asAi?? como parte de su posterior formaciA?n en Estados Unidos. A la par, encontrarA?n datos sobre sus vivencias y prA?cticas cotidianas; su sentido de pertenencia a ambas instituciones miliAi??tares; cA?mo concibe su mundo y preserva sus cA?digos de valores.

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La vAi??spera de Armadillo BerlAi??n.

AgustAi??n Cadena
Universidad de Debrecen

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 36.

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Poco antes de que el primer cohete estallara en el cielo y las campanas de la iglesia comenzaran a llamar, el forajido Armadillo Berlin despertA? de una pesadilla. Estaba dormido ai??i??en su sueAi??o se veAi??a dormidoai??i?? en la misma habitaciA?n que su madre, en una cama prA?xima a la suya. De repente empezA? a soAi??ar ai??i??dentro de su sueAi??o empezaba a soAi??arai??i?? que una mexicana a quien ya desAi??pierto reconocerAi??a como Clementina Aguiar le daba la espalda y lo dejaba solo en medio de un llano oscuro. Caminaba desnuda y por sus muslos escurrAi??a la sangre de su desfloraciA?n. Pero no habAi??a sido Ai??l quien la violara, sino otro hombre: un ser oscuro, invisible, que surgiA? de entre las sombras y vino a despojarlo. Armadillo Berlin intentA? gritar; soAi??A? que lo hacAi??a: lanzaba gritos muy neAi??gros, desesperados, que sacudieron su sueAi??o y rebotaron dentro de Ai??l como en el interior de una tumba. Gritaba en espaAi??ol la palabra ai???putaai??? para llamar a Clementina Aguiar, para recuperarla. Gritaba tambiAi??n para que su madre despertara y se levantara a consolarlo metiAi??ndole en la boca su pezA?n envejecido, diciAi??ndole, mientras lo arrullaba, que todo habAi??a sido una pesadilla. Pero ni una ni otra podAi??an oAi??rlo y Ai??l seguAi??a gritando. En su sueAi??o querAi??a escapar del sueAi??o del llano, pero no podAi??a.

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Ese sueAi??o ya lo habAi??a tenido antes, otras veces. Clementina lo provocaba en su hombrAi??a, desafiA?ndolo; lo miraba como si quisiera que Ai??l la protegiera, con esos ojos de A?ngel mestizo y esa mirada de demonio que tenia; lo miraba sonriAi??ndole, invitA?ndolo. Ella lo habAi??a hecho cobarde, lo habAi??a hecho tentarse demasiado el coAi??razA?n, olvidar que en la vida habAi??a que aceptarlo todo y no hacer cuentos de nada, no preguntarse nada. En el sueAi??o, los pechos oscuros de la mexicana se erguAi??an hacia Ai??l hinchados de desprecio.

Armadillo Berlin venAi??a de una familia ilustre. Era nieto por lAi??nea materna del capitA?n Kenneth Moon, que habAi??a participado en la guerra de Texas. Y su padre era mAi??dico militar y habAi??a salAi??vado del escorbuto a varias poblaciones. En esa Ai??poca optimista servAi??a de mucho pertenecer a una familia respetable. HabAi??a granAi??des esperanzas de que las cosas mejoraran. El presidente LinAi??coln estaba cumpliendo las promesas que hiciera para su nuevo perAi??odo presidencial: terminar de unir la naciA?n y luego curar sus heridas. En el pueblo de Armadillo Berlin, para empezar, se habAi??an restablecido las guarniciones de los fuertes. Esto mantenAi??a a raya a los indios comanches, kiowas y kikapoos, que aterraban a las poblaciones texanas. Los soldados habAi??an logrado desviarlos hacia la frontera. De ese modo, los A?nicos que seguAi??an haciendo incursiones en territorio civilizado eran los indios mescaleros y las partidas de bandidos blancos y mexicanos que andaban por todas partes. Al principio, Armadillo Berlin peleA? contra ellos.

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Diego Rivera y su visiA?n del teatro mexicano.

Mauricio CAi??sar RamAi??rez SA?nchez
FES CuautitlA?n-UNAM

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 36.

Historia, cultura y mA?sica constituAi??an el verdadero teatro del paAi??s, a entender del muralista. AsAi?? lo reflejA? en una de sus A?ltimas obras que realizara en el frente del teatro de los insurgentes, inaugurado en 1953 con una comedia interpretada por Cantinflas.

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El mural de Diego Rivera en el Teatro de los Insurgentes resulta significativo por resumir la historia de esta manifestaciA?n artAi??stica, desAi??de la Ai??poca prehispA?nica hasta el siglo xx. En su realizaciA?n el artista optarAi??a por la utilizaAi??ciA?n de mosaicos, que tenAi??an como finalidad la perdurabilidad de las obras expuestas a las inclemencias, que se enfrentan en un espacio exterior. Con ello el mural y el teatro buscaAi??ban ser un punto de referencia en el sur de la Ciudad de MAi??xico.

El Teatro de los Insurgentes fue concebido por el empresario JosAi?? MarAi??a DA?vila, quien contratA? al arquitecto Alejandro Prieto, para que se encargara de su realizaciA?n. En la faAi??chada se habAi??a considerado, en un principio, la elaboraciA?n de una obra con cada puesta en escena, pero al calcular el enorme costo que ello representarAi??a se inclinaron por la ejecuAi??ciA?n de un mural, que se encomendA? a Diego Rivera. Ai??ste realizA? La historia del teatro en MAi??xico, con una extensiA?n de 550m2. La fecha de apertura del recinto se programA? para el 30 de abril de 1953 con Yo ColA?n, una comedia con la actuaciA?n estelar de Mario Moreno Cantinflas. El libreto fue de Alfredo RobleAi??do y Carlos LeA?n; la direcciA?n estuvo a cargo de Ernesto Finance; y la mA?sica de Federico Ruiz. El contenido de la historia hacia refeAi??rencia al descubrimiento de AmAi??rica, desde un punto de vista jocoso.

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A travAi??s del Teatro de los Insurgentes se pretende descentralizar la vida nocturna que se concentraba en el centro de la ciudad. AsAi??, en esos aAi??os la diversiA?n de la gente se conAi??centraba en las carpas, que verAi??an su declive en los aAi??os sesenta, salones de baile y teatros. En este espacio, destinado a la presentaciA?n de todas las actividades relacionadas con las artes escAi??nicas, Diego Rivera tuvo la oportuAi??nidad de mostrar su interAi??s por la mA?sica y la danza, lo que incluso habAi??a sido una constante en sus murales.

De igual manera, perfecciona la utilizaciA?n del mosaico de piedra que ya habAi??a usado en el mural inconcluso del estadio de Ciudad Universitaria y en la Fuente de TlA?loc, del CA?rcamo de Lerma, de la segunda secciA?n del bosque de Chapultepec. La inclinaciA?n por utilizar esta tAi??cnica se debe a que el mural se concibiA? para ser expuesto en un espacio exterior y, en contacto con espectadores en movimiento. Con ello, la obra terminA? por imponerse al espacio arquitectA?nico.

03. Detalle, lado izquierdo

La importancia del Teatro de los InsurgenAi??tes radicaba en que se habAi??a construido en el sur de la Ciudad de MAi??xico, que se encontraAi??ba en plena expansiA?n. Cabe recordar que el Centro Cultural Universitario serAi??a construido hasta finales de los aAi??os setenta, con lo que este espacio era el A?nico de su tipo hasta ese entonces. Por lo mismo, la razA?n de que se eligiera a Diego Rivera para la ejecuciA?n de la obra no obedeciA? simplemente a la amistad del artista con el arquitecto Alejandro PrieAi??to, encargado de la realizaciA?n del inmueble. Resulta claro que a travAi??s de la figura de este muralista, pero sobre todo de su obra, se traAi??taba de situar al teatro en un espacio urbano, que pretendAi??a distinguirse como moderno y, con ello, atraer al pA?blico hacia esta zona, que se encontraba en plena expansiA?n.

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Para leer el artAi??culo completo, consulte la revistaAi??BiCentenario.